lunes, 15 de octubre de 2012

Verdades
LA VICTORIA NO TIENE SUSTITUTO
 Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Esta frase se le atribuye al general Douglas MacCarthur y hoy más que nunca tiene plena vigencia.
¡Si lo sabremos quienes hemos ganado y perdido elecciones! Porque, ciertamente, una victoria electoral cuesta mucho y una derrota nunca deja de ser dolorosa. Por eso, un triunfo siempre se celebra. Lo que no tiene sentido es “celebrar” una derrota, como en algún momento pareció estar en el ambiente la semana pasada.
Por lo tanto, insisto, en política, como en cualquier otra competencia, ciertamente “la victoria no tiene sustituto”. En consecuencia, la derrota hay que admitirla y asimilarla como tal. Nunca banalizarla. Sacar lecciones de ella para poder triunfar en la siguiente lucha. Aprender de los errores y causas que la originaron y nunca desentenderse de su amarga experiencia.
Porque de la derrota también hay que extraer lecciones para luego convertirla en victoria. Pero se la debe analizar con ánimo autocrítico, buscando a fondo sus causas y haciendo todo cuanto sea posible para que de su análisis surja la estrategia que pueda revertirla en un triunfo.
Esa es una deuda que la MUD tiene con los seis millones y medio de electores que votaron por Capriles y que, en su mayoría, guardan sentimientos encontrados frente al resultado electoral del pasado siete de octubre. Por cierto que, en esta materia, he leído todo tipo de análisis y múltiples teorías, incluso las más descabelladas. Y se me ocurre que tal vez cada una tenga algo de certidumbre, vista dentro de su conjunto analítico.
Porque en esta materia, desde luego, no se puede pecar de simplista. Pretender una única causa sería absurdo. Son varias, sin duda, y en ellas existe un entresijo de razones, algunas de las cuales todavía no podemos conocer por su complejidad.
Me cuento entre quienes creían en las posibilidades de triunfo de Capriles. Cuando sostuve tal opinión, me apoyé siempre en lo que sentía en el ambiente y en los resultados de encuestas serias. Percibía (y percibo) un innegable malestar colectivo frente al régimen y particularmente con respecto a su jefe único, candidato a la reelección, hoy lamentablemente ratificado.
Este descontento no se limita sólo a quienes adversamos el régimen. Va mucho más allá y está presente en amplios sectores populares, incluyendo las bases chavistas. No puede ser de otra manera, desde luego. El país marcha hacia el despeñadero y cada vez con mayor velocidad. Los problemas se han agravado peligrosamente sin que el régimen los solucione, y ello a pesar de que nunca como ahora un gobierno había manejado miles de millones de bolívares, gracias a los cuantiosos ingresos por concepto del petróleo, cuyos precios jamás habían alcanzado niveles tan altos como los de hoy.
En este contexto, la inconformidad es algo lógico y natural. Lo que no resulta lógico ni natural es que la mayoría de los electores, que la sufren, terminen votando a favor de quien es el principal culpable de la catastrófica crisis que vive hoy Venezuela. Por eso, justamente, cabía esperar otros resultados este siete de octubre pasado.
Y de pronto nos sale el CNE anunciando unos escrutinios francamente increíbles. Fue la misma película de procesos anteriores, el mismo guión y el mismo elenco. Luego de un día de fiesta electoral, con millones de electores esperanzados haciendo largas colas, vino la oscuridad de la noche y con ella, la misma espera y su incertidumbre. Y luego el desvanecimiento de la esperanza de un cambio abrió paso a un resultado electoral que no parecía compadecerse con lo que habíamos visto en la campaña electoral, pocos días y horas antes.
Por supuesto que también habíamos comprobado -y denunciado- la falta de escrúpulos de un régimen corrupto y ventajista como pocos, que utilizó todos los dineros de los presupuestos oficiales para financiar su milmillonaria campaña y echó mano a los demás recursos del Estado para favorecer a su candidato reeleccionista.
Tampoco podemos obviar la grotesca actuación del CNE, que no sólo avaló el ventajismo vergonzoso del régimen, sino que además lo auspició al cubrirlo con el manto de la impunidad y del más abyecto celestinaje. Y si esa fue su actitud pública, como todos pudimos darnos cuenta, entonces también hay derecho a suponer cuántas otras tropelías y fraudes todavía ocultos fueron capaces de ejecutar a favor del candidato reeleccionista, su jefe político innegable.
No menos cierto tampoco es que el régimen tiene una poderosa y bien financiada maquinaria electoral y que aún goza de un importante respaldo popular. Nadie puede negarlo. Pero de allí a obtener tan contundente votación, realmente hay razones para dudarlo.
Habría que analizar, por otra parte, las fallas de la campaña electoral de Capriles, que las hubo, qué duda cabe. ¿O alguien puede decir que fue perfecta, a juzgar por sus resultados? Quizá faltó más contundencia en el ataque al candidato oficialista y su nefasto régimen y mayor amplitud puertas adentro, incorporando a todos sin distingos. Tal vez el discurso mostró en algunos casos cierto parecido al del candidato oficialista, lo cual no resultaba conveniente.
También resulta obvio que no le llegó a los sectores más pobres, donde todavía hay un apoyo importante al régimen -que no se pudo neutralizar a pesar de lo alcanzado en este segmento-, y todo ello a pesar del amplio respaldo obtenido por el candidato de las fuerzas democráticas, especialmente entre los jóvenes y las mujeres.
En todo caso, el país parecía ganado para un cambio de presidente y de gobierno. De modo que algo pasó para que no fuera así, y es allí donde hay que detenerse en el análisis. Por supuesto que razones estratégicas aconsejan no bajar la guardia de cara a las elecciones de gobernadores, cuya naturaleza es distinta a las presidenciales. Pero, posteriormente, habrá que hundir el bisturí del análisis autocrítico para revisar lo ocurrido el siete de octubre.
Por ahora, no está demás insistir en que “la victoria no tiene sustituto”, y que en política no aplica el axioma deportivo según el cual “lo importante es competir”. En política, por el contrario, “necesario es vencer”, como también lo advirtió Simón Bolívar en algún momento.

 LA PRENSA de Barinas - Martes, 16 de octubre de 2012

lunes, 8 de octubre de 2012

Verdades
UNA Y OTRA VENEZUELA
 Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Eso fue lo quedó claro, una vez más, este domingo siete de Octubre.
Hay una Venezuela que inexplicablemente apoya un régimen anacrónico y destructor del país, y otra que apuesta por un país moderno, plural y civilizado. Hay una Venezuela atada a un proyecto autoritario y caudillista, propio de nuestro peor pasado, y otra que viene luchando por incorporar al país a la modernidad plena.
Este domingo se impuso la primera, de acuerdo con los resultados oficiales del CNE. Una mayoría de electores han preferido continuar con lo que ha sido hasta ahora un régimen nefasto desde todo punto de vista, en lugar de haberse decidido por el cambio que requerimos para alcanzar el progreso y el bienestar para todos, algo que nos ha negado sistemáticamente durante largos 14 años el régimen del presidente reelecto el siete de octubre pasado.
Por desgracia, se ha impuesto -una vez más- la Venezuela clientelar, esa que vive de las ubres del Estado venezolano sin reparar el descomunal daño que le viene ocasionando al país del futuro, es decir, a sus propios hijos. Por desgracia, es la misma Venezuela clientelar que no aspira mejorar su calidad de vida en general, sino que se conforma con recibir las migajas que caen de la mesa donde se harta la cúpula corrupta del régimen, mientras destruye nuestro futuro.
Gracias a esa Venezuela absurda, el país continuará hundiéndose en los próximos años. Por eso, hoy nadie, ni siquiera esa Venezuela masoquista que votó por el continuismo, puede tener esperanza alguna en que el régimen reelecto pueda cambiar las cosas para bien de todos. Ya hay señales de que el presidente reelecto no va a rectificar en lo más mínimo, sino que -todo lo contrario- se siente ahora autorizado para continuar su tarea de destrucción nacional.
Por eso, nadie en su sano juicio puede creer seriamente ni siquiera en las promesas de última hora que hizo el candidato reelecto (la de que iba ser un “mejor” presidente y que su régimen sería más “eficiente”, etc., etcétera) para atraerse algunos votos de su periferia electoral. Lo que dijo la noche del domingo, una vez conocidos los resultados, fue el mismo discurso de confrontación y polarización, la misma cháchara violenta y altanera, el mismo aire de exclusión y autoritarismo. Vienen, por lo visto, seis años más de lo mismo, lo cual no significa otra cosa sino que continuaremos rodando por el barranco, tal como sucede desde 1999.
Nadie entonces puede esperar cambios positivos. Quienes apoyaron el continuismo han decidido que nada cambie y que todo siga igual, aunque la mayoría de ellos, a la postre, sean los más perjudicados, al convertirse en “instrumentos ciegos de su propia destrucción”, como lo advirtiera en su momento la palabra profética del Libertador.
Nadie puede esperar que el régimen rectifique. Ya su jefe anunció también que su proyecto cuenta con el aval de las mayorías y que, por tanto, lo profundizará. Y esto es muy grave, porque tampoco nadie podrá acusarlo de haber usurpado la voluntad popular para imponer sus propósitos neo totalitarios y autoritarios.
Lo mismo pasó -guardando las distancias del caso- con Mussolini y Hitler cuando tuvieron apoyo popular. Se sintieron entonces “guapos y apoyados” y, por esto mismo, llevaron a sus países a la destrucción y el odio. Años después, algunos historiadores, si bien no los exoneraron por sus crímenes de lesa humanidad, advirtieron sin embargo que no sólo ellos fueron los culpables, sino también quienes los apoyaron electoralmente.
Algo parecido ocurrió también con Perón en Argentina. Aquel caudillo populista y demagogo tuvo un fuerte respaldo popular y prevalido de ello puso a una Argentina entonces desarrollada y próspera en el camino de la destrucción. Casi setenta años después, los argentinos siguen sumidos en una irreversible crisis, profundizada por su recurrente adicción al populismo y la demagogia de sus líderes mediocres y corruptos.
Venezuela parece haberse embarcado en una aventura similar. Lo digo con pesar, aunque quede a salvo nuestra responsabilidad personal y la de millones de compatriotas que hemos combatido desde el primer momento a este régimen de destrucción nacional. Lamentablemente, ni siquiera podemos decir “allá ellos con su responsabilidad histórica” por lo que respecta quienes reeligieron al actual presidente. Y lo afirmo porque, a fin de cuentas, las consecuencias negativas de su actitud nos van a perjudicar a todos por igual.
Pero no se trata en modo alguno de renunciar a la lucha por una Venezuela mejor. Todo lo contrario. Ahora es cuando debemos renovar nuestro compromiso al respecto, sin pesimismos de ninguna naturaleza, aunque con más realismo y trabajo que antes.
Lo último que podríamos hacer, y no nos lo perdonarían las generaciones futuras, es entregarnos ahora y no combatir por el país que queremos y merecemos. Vamos a seguir en esa lucha, donde todos somos importantes -aunque nadie imprescindible-, donde todos cabemos, no importa la generación a la que se pertenezca, porque esta no es una empresa de ningún sector en particular, sino de todos aquellos que se sientan llamados a adelantarla.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 09 de octubre de 2012

lunes, 1 de octubre de 2012

Verdades
¡EL CAMBIO VA!
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Nadie mejor que el candidato oficialista pudo explicar con mayor claridad por qué debemos derrotarlo este próximo domingo.
Fue en un discurso suyo en Maturín el pasado viernes. Al reconocer tardíamente -luego de 14 años, ¡nada menos!- los múltiples fracasos de su régimen, y apelando a su acostumbrada soberbia, agregó que nada de eso importaba ahora.
Dijo entonces: “El 7 de octubre no se trata de cualquier cosa lo que está en juego. Puede haber gente nuestra que pudiera estar inconforme por fallas de nuestro Gobierno, que no le arreglaron la calle, que no llegó la luz, que se le fue el agua, que no conseguí empleo, que no me han dado mi casa. Eso podrá ser cierto en muchos casos y yo asumo la autocrítica (…) y uno de mis compromisos para el próximo período es mayor eficiencia en el gobierno” (El Universal, 29-09-2012).
En tan pocas palabras -cosa curiosa en él-, el Gran Hablador hizo una exacta autopsia de su régimen ya cadáver, pero (“la burra siempre coge pal monte”, dice el refrán popular), con el mayor cinismo y caradurismo ofreció que en los próximos seis años -supuesto negado- su régimen “sí iba a ser eficiente”. ¡Y tiene los riñones de hacer tal promesa cuando en 14 largos años ha presidido una de las gestiones más ineptas, corruptas e ineficientes que conozca la historia venezolana!
Lo que vino después fue la apoteosis de su vanidad personal y su egolatría enfermiza. Fue cuando insistió en que hay muchos problemas no resueltos por su régimen, algo que hace años sabemos los venezolanos, pero que eso, en su opinión,  “no tenía importancia”. Lo importante, agregó, son los comicios del siete de octubre, y frente a estos “no está en juego si asfaltaron o no la calle, si me han dado la casa o no, o si peleamos o estoy bravo con los dirigentes regionales. ¡No! Lo que está en juego es mucho más que eso, camaradas: Nos estamos jugando la vida de la patria”.
Y aquí fue cuando su paranoia explotó. Porque si él se cree “el corazón de la patria”, según la cursilería de su principal consigna electoral, entonces él mismo es “la patria”…  y los demás al carajo.
Al carajo los inmensos y numerosos problemas de los venezolanos, porque lo único importante es el candidato reeleccionista.
Al carajo los 200.000 venezolanos asesinados desde que asumió el poder.
Al carajo los millones de venezolanos que se acuestan sin comer.
Al carajo los millones de desempleados a lo largo y ancho del país.
Al carajo los millones de venezolanos que viven en la pobreza creciente.
Al carajo los millones de compatriotas que no tiene vivienda.
Al carajo los millones de venezolanos que carecen de servicios eficientes de salud.
Al carajo los millones de venezolanos que sufren los apagones frecuentes.
Al carajo los millones de compatriotas que carecen de servicios públicos eficientes.
Al carajo los millones de venezolanos que viven cada vez peor.
Al carajo todo el mundo… menos él, que se cree el imprescindible, el único que puede ser presidente, el ungido para estar en el poder hasta que se muera, mientras destruye a Venezuela, sin importarle más nadie sino su criminal ambición de poder.
¿Quién, en su sano juicio y pensando en el país, podría votar por un energúmeno como este?
¿Quién, que esté en sus cabales y le duela Venezuela, podría reelegir a alguien como este sujeto, que luego de 14 años desaprovechó una oportunidad histórica, dilapidó miles de millones de nuestros petrodólares y ha destruido al país en todo sentido?
 ¿Quién, que no esté obnubilado por el fanatismo o la estupidez, podría llegar al colmo del masoquismo para votar otra vez por alguien que ha tenido ya demasiado tiempo en el poder y todos los recursos para resolver nuestros problemas, y, sin embargo, ha hecho precisamente todo lo contrario?
¿Quién, en verdad, que no esté cegado por la idiotez, podría ser tan pendejo para creer en las promesas refritas de alguien que como el candidato oficialista va a cumplir 14 años en la presidencia, y no ha resuelto uno sólo de los problemas del país, creado nuevos problemas y agravado todos los que consiguió en 1999?
Habrá gente, por supuesto, que todavía le creerá sus mentiras al führer de Sabaneta, sobre todo su cúpula podrida caraqueña y en estados y municipios. Habrá gente que cuida sus intereses económicos, quienes han aprovechado este régimen para enriquecerse. Y habrá gente ingenua y candorosa todavía que no se han quitado la venda de los ojos.
Pero la gran mayoría de los venezolanos quiere cambio y está dispuesta este domingo a votar por Henrique Capriles Radonski para lograrlo. Las multitudinarias concentraciones en su apoyo, realizadas en todo el país, pero especialmente las de Barinas y Caracas, son evidencia irrebatible al respecto.
Son millones de venezolanos que quieren a su país, millones de jóvenes esperanzados, millones de mujeres que aspiran una Venezuela mejor, millones de trabajadores y campesinos que desean superar su nivel de calidad de vida actual y salir de la crisis que sufren, millones de compatriotas que piensan y creen en un país de oportunidades y de progreso.
¡Por eso, el cambio va! Que nadie lo dude. Esta Venezuela de futuro se ha levantado ya definitivamente y nadie la podrá detener el próximo domingo siete de octubre cuando una aplastante mayoría elegirá a Capriles Radonski para transitar el camino del progreso y la paz para todos.
¡El cambio va! Que nadie lo dude.
La siembra del odio
El reiterado discurso del odio y la violencia que ha sembrado el actual régimen y su jefe único produjo dos muertes más este sábado anterior en Barinitas: Jaison Valero, hijo de nuestro amigo Ramón Chucho Valero, valioso luchador social, y de Omar Barazarte, en un acto de barbarie inaceptable.
Ambos crímenes no pueden quedar impunes. Y si el régimen cree que puede amilanar a este pueblo con violencia y terror tendrá su respuesta este próximo domingo, cuando lo derrotaremos por amplia mayoría. Será una forma de honrar la memoria de los caídos en Barinitas y en el país desde hace 14 años, a manos de la violencia oficialista.


LA PRENSA de Barinas - martes. 02 de octubre de 2012.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Verdades
CAPRILES Y LAS MAYORÍAS SILENCIOSAS
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Fue Richard Nixon, poco antes de ser electo presidente de Estados Unidos en 1968, quien advirtió la existencia de “las mayorías silenciosas” que, por encima de encuestas y pronósticos, deciden quién gana cualquier elección.
Esas mismas “mayorías silenciosas”, aquí en nuestro país, elegirán el domingo siete de octubre a Henrique Capriles Radonski como presidente, y pondrán fin a 14 años de desastre y ruina encabezados por el Gran Hablador y su cúpula corrupta e incapaz.
“Las mayorías silenciosas” siempre se imponen en todo proceso electoral, aunque por lo general no son advertidas por los investigadores de opinión y, lo que es más grave aún, a veces subestimadas e ignoradas. Pero los efectos de su decisión equivalen a un terremoto político electoral.
Eso es lo que va  a ocurrir aquí en menos de dos semanas. Por supuesto que habría que ser muy lerdo o estúpido para no percatarse del avance incontenible de la candidatura de Capriles Radonski y de la caída en barrena del candidato eterno a presidente vitalicio.
Cualquiera con cierto olfato político puede darse cuenta, fácilmente, de que aquí va a producirse ya un cambio de presidente y de gobierno. Cualquiera puede atisbar, sin mayores problemas, que hay un descomunal descontento frente a la corrupción e incapacidad del actual régimen y un particular hartazgo ante el presidente saliente y su cháchara fastidiosa, luego de 14 años de fracasos continuados.
Habrá algunos, cada vez más escasos, que todavía “no oyen crecer la yerba”, como bien decía Mao Tse Tung. Son aquellos que viven en la luna o son presa del miedo. Porque hasta la mismísima cúpula putrefacta del régimen sabe que tiene perdidas las elecciones. Si no fuera así, amigo lector, ¿cómo se explica su evidente desesperación -y en especial la de su jefe único y candidato perdedor-, que los lleva a despilfarrar miles de millones de bolívares en propaganda costosa e inútil y a promover una perversa campaña sucia contra Capriles Radonski, el candidato ganador?
Si no fuera así, amigo lector, ¿cómo se explica esa campaña de chantaje inaceptable en que incurre el candidato oficialista al anunciar que si pierde “aquí viene una guerra civil”, cuando todos sabemos que tal cosa no ocurrirá? ¿O ese otro penoso ruego suyo a la clase media y a los ricos para que voten por él, “que sí les garantiza estabilidad y  orden”, luego de 14 años de amenazas contra ellos, de violaciones contra la propiedad y la iniciativa privada, de invasiones y abusos, sin que pueda olvidarse aquella sentencia terrorista suya de que “no quedaría piedra sobre piedra en el este de Caracas”, zona predominante de la clase media capitalina?
Si no fuera así, amigo lector, ¿cómo se explica esa campaña paralela del régimen que pretende sembrar miedo en ciertas capas del electorado echando a rodar especulaciones y dudas sobre el carácter secreto del voto? ¿O esas otras fantasías suyas sobre una supuesta “invencibilidad” del candidato oficialista, cuando cualquiera que saque cuentas puede comprobar que en cada elección saca menos votos que en la anterior, al revés de lo que ocurre con las fuerzas democráticas? ¿O es que acaso no perdieron por paliza  el referendo de 2008 y en el voto popular en las parlamentarias de 2010, sin olvidarnos de que la oposición ha ganado en los estados más poblados del país?
Vuelvo a lo de “las mayorías silenciosas” para destacar que, con su decisión este domingo siete de octubre, no sólo le van a dar triunfo a Capriles Radonski, sino que lo elegirán como presidente por una diferencia abrumadora. Y esto es muy importante destacarlo. Así no habrá duda alguna al respecto y -lo que es fundamental- se liquidará tempranamente cualquier absurda pretensión de la cúpula del régimen si intentara desconocer el triunfo ya cantado del candidato de las fuerzas democráticas y del nuevo país que tendremos a partir de próximo año.
Esa será la mejor contribución de las mayorías silenciosas a triunfo irreversible de Capriles Radonski: su contundencia absoluta, su carácter definitivo y de auténtica avalancha electoral que, al derrotar la candidatura continuista y reeleccionista del führer de Sabaneta, despejará definitivamente el camino que nos lleve a una nueva etapa de progreso y desarrollo.
“Todo tiene su final”, dice aquella pegajosa salsa de Willy Colón. En pocos días así lo comprobará el jefe único del régimen y su combo de ladrones e ineptos. El suyo fue un ejercicio de poder excluyente, cínico y concupiscente, como pocos en Venezuela. Casi 15 años de control absoluto y en medio de inmensos recursos económicos como nunca antes, gracias a los altos precios petroleros en todo este tiempo, que promediaron la bicoca de 100 dólares por barril.
Y sin embargo, nada de eso fue invertido para mejorar la calidad de vida de los venezolanos. Hoy el país está en las peores condiciones, nuestros problemas han crecido en todo sentido, hay más pobres que nunca, los servicios públicos son una calamidad nacional, el desempleo abunda en todos lados y la inseguridad ha matado casi 200.000 compatriotas.
¿Puede alguien extrañarse entonces de que las mayorías silenciosas hayan decidido darle un parao al actual régimen y elegir a Capriles Radonski como nuevo presidente, para abrirle campo a la esperanza?
Si alguien lo duda aún, este domingo siete de octubre podrá comprobarlo. Entonces, como otras veces, las mayorías silenciosas  derrotarán a un régimen corrupto e incapaz  y lo sustituirán por un gobierno de verdad, que gobierne para todos, que administre con eficiencia y pulcritud y que abra de par en par las puertas al futuro.

 LA PRENSA de Barinas - Martes 25 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012


VENTAJISMO CORRUPTO Y GUERRA SUCIA
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay


El candidato oficialista está definitivamente desesperado ante su segura derrota este siete de octubre.
Por eso apela a su grotesco ventajismo corrupto y corruptor y a la guerra sucia contra Henrique Capriles Radonski, a quien todo indica que será el ganador del venidero proceso electoral y, por tanto, el próximo presidente de la República.
Se trata, insisto, de un último y vergonzoso acto de desesperación por parte del candidato eterno a presidente vitalicio. Sabiendo, como lo saben, que tiene perdidas las elecciones presidenciales, él y su cúpula podrida acuden a este tipo de acciones miserables, que sólo sirven para desenmascararlos en toda su pestilencia inmoral, porque, en definitiva, no le van a garantizar una hipotética victoria que -por donde se analice- le resulta ya imposible de alcanzar.
Se trata, una vez más, de la miseria del poder en toda su desnudez moral. Porque nunca antes ha tenido mayor vigencia aquella máxima de Lord Acton, según la cual “el poder corrompe y el poder total corrompe totalmente”, como bajo el actual régimen. Nunca antes, amigo lector. Cualquier comparación entre los corruptos del pasado y la cúpula podrida del chavismo deja a aquellos como niños de pecho o simples roba gallinas, según dijera alguien años atrás.
Nunca antes se había usado y abusado el poder de manera corrupta e inescrupulosa como ahora. Esta práctica inmoral no sólo ha beneficiado a sus altos capitostes, hasta convertirlos en gente con grandes riquezas cuando antes eran unos “pata en el suelo”, sino que, como cualquiera puede constatarlo, ha entronizado también un ventajismo sin precedentes al usar los milmillonarios recursos del Estado venezolano para financiar y respaldar la candidatura reeleccionista del actual presidente de la República, algo nunca visto antes.
Porque hay que recordar aquí, una vez más, que entre 1958 y 1998 nunca tuvimos un presidente en ejercicio haciendo campaña por su reelección, abusando del poder y sus inmensos recursos económicos en una orgía de corrupción y ventajismo inigualables, como sucede en estos momentos. Entonces no existía la reelección inmediata, consagrada en la Constitución de aquel año por unos constituyentes irresponsables y adulantes que, por lo visto, no se dieron cuenta del trágico daño que le ocasionarían al país.
Desafortunadamente, con la reelección inmediata -y ahora indefinida- se abrieron las puertas al ventajismo más obsceno y desvergonzado que se haya visto en Venezuela. La verdad es que toda reelección presidencial (y de cualquier otra índole) siempre supone un riesgo. Por ello, los constitucionalistas más preclaros se han pronunciado en su contra. Pero, ahora y aquí, sus perjuicios han sido y son catastróficos en manos de un paranoico enfermo de poder, sin escrúpulos morales y éticos, para quien nada es más importante que él mismo y su obsesión por ser presidente vitalicio.
Hoy no existe la sana práctica de separar los recursos financieros del Estado venezolano de los recursos con que pueda contar el partido de gobierno. Por el contrario, los presupuestos públicos oficiales -que son propiedad de todos los venezolanos- son manejados como les dá la gana por la cúpula corrupta del régimen y su jefe único. Y, desde luego, al creer que son de su propiedad absoluta, se apropian de ellos no sólo para enriquecerse en lo personal, sino también para ofrecer el bochornoso espectáculo de una mil millonaria campaña electoral hecha a los realazos, avasallante y abusiva, pocas veces vista antes también, y que, lamentablemente para ellos, no les va producir mayor respaldo sino todo lo contrario a la hora de escrutar los votos.
Con el mayor cinismo y desparpajo, hoy casi todas las dependencias del gobierno nacional -y las gobernaciones y alcaldías que controlan- están convertidas en comandos de campaña electoral del candidato vitalicio a presidente eterno, mientras sus jefes y altos empleados no cumplen con sus responsabilidades como servidores públicos (que es lo que son, al fin y al cabo), mientras crecen los problemas en todas partes. Incluso algunas dependencias militares, violando el artículo 328 de la Constitución Nacional, incurren en la desvergüenza de poner la figura del candidato oficialista en grandes anuncios, como sucede en el Destacamento 14 de la Guardia Nacional de esta ciudad.
Pero no contentos con su milmillonaria campaña electoral peculadora a costa de los recursos presupuestarios públicos, el régimen ha puesto en marcha una gigantesca operación de guerra sucia contra la candidatura triunfante de Henrique Capriles Radonski.
Para ello acuden a las más descabelladas y engañosas acusaciones. Han inventado un supuesto programa de gobierno oculto del candidato presidencial Capriles Radonski, como si los venezolanos fueran una recua de idiotas para creerse este cuento chino. La desesperación los ha llevado a pensar que cualquier truculencia en su contra va a servir para bajarlo en las encuestas que hoy favorecen ampliamente al candidato de las fuerzas democráticas.
Y lo peor es que utilizan, a tales efectos, a ciertos personajes de la picaresca política nacional, devaluados y desprestigiados, como ciertos ex gobernadores chavistas que, en su momento, saltaron la talanquera y fueron acusados de corruptos por el jefe único del régimen y su cúpula putrefacta. Ahora los han recogido nuevamente, luego de ordenar a sus jueces que los absuelvan. Y los han dotado de maletines repletos de dólares, buscando a quien comprar en el campo opositor, creyendo que con esta burda operación delincuencial van a detener la marcha de Capriles Radonski hacia la presidencia de la República.
Nada de eso los va a salvar de su segura derrota este siete de octubre. Digan lo que digan, hagan lo que hagan, gasten lo que gasten, compren a quien compren, su alicaído candidato presidencial ya tiene marcada la derrota electoral en su frente.
Y eso lo saben hasta las piedras.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 18 de septiembre de 2012