martes, 17 de julio de 2012

Verdades
EL PAPEL DE LA FUERZA ARMADA
 Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Que no se equivoquen el presidente saliente ni su cúpula militar.
La Fuerza Armada Nacional (FAN) no es socialista, ni revolucionaria, ni chavista, como lo dicen irresponsablemente, tanto el Gran Hablador como algunos generales felones, en abierta violación a su juramento de lealtad a la Constitución Nacional.
Que no se equivoquen, a cuenta de que pueden hacer campaña electoral en los cuarteles -violando la Constitución y las leyes-, abusando de su poder y también de la paciencia de los militares institucionalistas. Y que no sigan hablando tantas pendejadas, sólo con el propósito de asustar a la gente con ese “cuento chino” de que la Fuerza Armada es una legión de corifeos y jalamecates “rodilla en tierra” del actual presidente y que, por tanto, no va a reconocer la victoria electoral de Henrique Capriles Radonski el próximo siete de octubre. Que se bajen de esa nube el golpista de 1992 y sus generales politiqueros.
La FAN no es ni puede ser “socialista, revolucionaria o chavista”, amigos lectores. “La Fuerza Armada Nacional -tal como lo manda el artículo 328 de la Carta Magna- constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación con el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley”.
Y agrega, de seguidas, como para que no queden dudas y para desmentir la cháchara de esos militares metidos a dirigentes del partido oficialista: “En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Vea usted, amigo lector: más claro no canta un gallo: La FAN sólo está al servicio de la Nación, es decir, de todos nosotros. Nunca puede estarlo al servicio de persona (incluido el presidente de la República, por supuesto) o de parcialidad política alguna.
Por eso, con toda razón, la Conferencia Episcopal Venezolana -que reúne a los obispos católicos del país- este viernes pasado en documento público exigió a la Fuerza Armada Nacional “que esté al servicio de la Nación y no al de una parcialidad”, tal como reza el mandato constitucional ya citado.
Lamentablemente, el actual régimen ha pretendido hacer todo lo contrario desde 1999. Esta perversión suya -la de controlar todas las instituciones del Estado para ponerlas al servicio de la autocracia del führer sabaneteño- y la gigantesca crisis nacional creada por el actual desgobierno, convierten a la institución militar en un factor decisivo en el desenlace de la actual situación.
Por eso, hablar del papel constitucional que está obligada a cumplir la FAN como institución constituye hoy un deber ciudadano. Nadie puede sustraerse de esa responsabilidad, sobre todo, porque ha sido este absurdo régimen el que pretende convertir a la Fuerza Armada en una guardia pretoriana al servicio de su jefe único o en una milicia marxistoide o nazifacista (como en la Cuba de Fidel Castro o en la Alemania de Hitler, que, para el caso, también son la misma vaina) al servicio de sus intereses políticos, partidistas y electorales.
Por eso, los venezolanos también tenemos derecho a reclamarle a nuestra  Fuerza Armada Nacional que actúe en función de los principios constitucionales vigentes y se niegue a ser destruida, como lo pretende el actual “proceso revolucionario”.
Pero no sólo eso. Tenemos derecho a exigirle también que sea realmente garante de la institucionalidad democrática, y nunca el soporte armado de un proyecto político que ha destruido las instituciones, dividido al país y sembrado el odio entre los venezolanos, aparte de conducirnos a la más severa crisis económica y social que este país haya podido sufrir nunca antes.
La soberana decisión de la inmensa mayoría de los venezolanos en las próximas elecciones es de obligatorio cumplimiento para todos, y la Fuerza Armada Nacional tiene que ser su garante, en virtud de su condición de custodio de las armas y del monopolio de la violencia.
Ese ha sido el llamado de Capriles Radonski y su promesa, como próximo Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, de respetarla como una institución esencialmente profesional, sin militancia política, al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna.

Cursilería cómica y perversa
Esta es la filosofía que inspira la campaña electoral del oficialismo.
Se trata de una milmillonaria operación propagandística, a costa del bolsillo de todos los venezolanos, que busca -como es costumbre del chavismo como fiel émulo del nazifasciocomunismo- apelar a los sentimientos primitivos de las mentes cándidas e ingenuas para engañarlas en este nuevo proceso electoral.
Y es, sin duda, una perversa campaña, no obstante su cómica cursilería. Frases como “el corazón de mi patria”, “el candidato de la patria” o “el bolívar este” (para referirse al Gran Hablador), o llamar “candidato de la antipatria” (¿?) a Capriles Radonski, aparte de cursis y desproporcionadas, encierran una mentalidad maniquea, estúpida y francamente fascistoide.
Pero revelan también la peor catadura moral de los propagandistas del régimen, incluido su propio jefe, aquejado  hoy como nunca de esa especie de cáncer que significa el culto a su personalidad.
Y es que sólo un déspota puede hacerse llamar “el candidato de la patria”, pretendiéndose la encarnación misma de la Patria, lo cual es un fraude desde todo punto de vista. Porque la Patria somos todos los venezolanos, pero nadie lo es en particular. La Patria es un patrimonio común, y nunca el de un sujeto en concreto.
Lo peor de todo es que el supuesto “candidato de la patria”, “el Bolívar este”, nos ha convertido prácticamente en una colonia cubana, nos ha hipotecado a China, nos ha puesto al servicio de rusos, iraníes y bielorrusos, y hasta ha llegado al colmo de importar gasolina desde el imperio mismo.
Bien lo decía mi madre, que en paz descanse: “la lengua es castigo del cuerpo…”






martes, 10 de julio de 2012


Verdades

CANSÓN, REPETITIVO Y FASTIDIOSO

Gehard Cartay Ramírez

@gehardcartay

Así lucen, luego de largos 14 años, el régimen y especialmente su jefe único.
Ambos están agotados desde todo punto de vista: carecen de fuerza, vigor y empuje, envejecidos en sus ideas anacrónicas y en sus promesas refritas. Llegan así al final de su experiencia histórica, vencidos por el peso muerto de una gestión de gobierno catastrófica, inmoral, corrupta e insensible, que ha destruido las instituciones democráticas y convertido la República de Venezuela en una autocracia dictatorial, pretendidamente bolivariana, para ofensa póstuma del Libertador.
Analícese, por ejemplo, la verborrea presidencial que padecemos desde 1999. Al principio, pudo tener algún impacto y mereció la atención de buena parte del país. Lo explicaba entonces la circunstancia de una lógica expectativa ante la llegada al poder de alguien que se auto presentaba como la personalización del cambio y la honestidad.
Muchos no caímos en esa trampa, entre otras razones porque no podíamos creer en la palabra de un felón golpista, armado además de una ignorancia delirante -como la calificaría luego Uslar Pietri-, y quien ya había hecho público su ideario fasciocomunista en los famosos decretos que tenía listos, si hubiera tenido la valentía y la inteligencia que se requerían para derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992.
Pero millones de incautos sí le creyeron, a pesar de sus antecedentes golpistas, y en las elecciones de 1998 criminalmente lo eligieron presidente. Digo criminalmente, por las consecuencias posteriores de su régimen. Pero no sé si muchos lo hicieron de manera ingenua, aunque ya entonces sí sabían quién era el personaje golpista y traidor a su juramento como militar institucional. En todo caso, el mal ya estaba hecho al votar por el funesto personaje, y hoy la mayoría de quienes lo apoyaron se lamentan de aquel error.
Volvamos a lo del discurso ripioso y repetido del führer sabaneteño. Cualquier estudio semiológico y psiquiátrico lo revela como propio de un carácter paranoide y megalómano. Las mismas frases hechas, los mismos lugares comunes, la pose teatral, la catarata de cursilería que por lo general lo adornan, ya son de por sí claras razones para insistir en lo que ha terminado siendo una letanía repetitiva y fastidiosa.
Pero a todo ello hay que unir la liturgia castro comunista que lo caracteriza en la parte “conceptual”, aunque el término tal vez no sea exacto en este caso. Lo que hemos oído desde 1999 es una vulgar copia de los discursos de Fidel Castro, este sí orador portentoso y carismático en su tiempo. Pero su imitador ha tenido que conformarse con calcar todo ese lenguaje ñangaroso de los años sesenta (el imperialismo yanqui, la oligarquía, los cipayos y lacayos imperialistas, los traidores a la patria, los vendepatria, los pitiyanquis, y un largo etcétera de ripios fidelistas, cuyos derechos de autor por parte del copión de aquí nos han salido carísimos a los venezolanos por los miles de millones de dólares que nos ha cobrado la dictadura de los Castro desde hace una década).
El régimen luce igualmente cansado y fastidioso. Un régimen epiléptico, por lo general “con arrancadas de caballo y paradas de burro”. Un régimen que nunca concluye lo que inicia, que todos los día anuncia planes y misiones que no pasan del papel, y las pocas que logran ponerse en ejecución mueren de mengua al poco tiempo. Un régimen hablador de paja, inepto como pocos y sin gerencia que traduzca sus proyectos en obras y hechos tangibles. Un régimen sin una obra material importante, a pesar de los 950 mil millones de dólares dilapidados, robados y malgastados desde 1999.
(Valga, al respecto, una anotación que revela en toda su magnitud la falta de una magna obra de la que pueda ufanarse el actual régimen para convertirla en el ícono de eficacia y eficiencia: los escenarios escogidos por el Gran Hablador para sus peroratas y actos oficiales siempre son obras de gobiernos anteriores: el Teatro Teresa Carreño, la Sala Plenaria de Parque Central, la Plaza Diego Ibarra, la Avenida Bolívar, sin hablar del Metro de Caracas, a través del cual movilizan gratuitamente a sus seguidores cada vez que hace falta, etc., etcétera. Y aquí, la familia real usa el Gimnasio Cubierto, la Ciudad Deportiva, el Teatro Orlando Araujo o el de PDVSA, ninguno de los cuales es obra suya.)
¿Por qué entonces alguien puede extrañarse de que una cara nueva y fresca como la de Capriles Radonski, con un discurso breve y efectivo, respaldado por una obra de gobierno como alcalde y gobernador, se esté convirtiendo en un fenómeno electoral de cara al próximo siete de octubre?
Porque es obvio que ante el cansancio y fastidio que hoy sienten los venezolanos frente el actual presidente y su pésimo régimen, lo lógico es sustituirlo por una figura distinta, un verdadero relevo. Aquí, como en todas las cosas de la vida, se pone en práctica que “lo que no sirve se bota”, y por eso las grandes mayorías elegirán a Capriles Radonski como el nuevo Presidente de la República.   

LA PRENSA de Barinas, martes 10 de julio de 2012.

martes, 3 de julio de 2012

Verdades
EL REGIMEN ESTÁ DESESPERADO
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

La campaña electoral comienza con el régimen dando muestras indiscutibles de desesperación.
Pudiéramos decir, repitiendo una frase que alguna vez esgrimió el léxico chavista (ahora actualizada por los hechos) que “Capriles los tiene locos”.
Porque, aunque lo nieguen, y de la boca para afuera simulen no tomarlo en cuenta con la mentira de que el candidato vitalicio del régimen está “sobrado”, las circunstancias dicen exactamente lo contrario: están preocupados por el avance del candidato de la Unidad Democrática, que a estas alturas amenaza con ser un fenómeno electoral indetenible, adueñado ya de las calles de Venezuela y, lo más importante, del apoyo de la mayoría de sus conciudadanos.
Sin duda, la desesperación de la cúpula podrida del chavismo es inocultable. Lo dicen, por una parte, su falta de escrúpulos, ahora potenciada al máximo, cuando apelan a todo tipo de peculado y corrupción para robarse los recursos públicos de todos los venezolanos en función de favorecer la candidatura tatareta del führer sabaneteño.
Por la otra, la manipulación descarada de todos los poderes públicos para apuntalar la enfermiza ambición de su jefe único por quedarse en la presidencia hasta que se muera. Véase, si no, la abyecta actitud del Consejo Nacional Electoral, ciego, sordo y mudo ante los abusos de poder del candidato oficialista y su régimen, sin contar todas las trácalas que por debajo de cuerda viene haciendo para favorecerlo.
Las madamas del CNE han tenido el tupé de llamar a los medios privados de comunicación para “exigirles equidad, objetividad y respeto a las leyes electorales”, pero en el mismo acto han dicho que el organismo electoral “no tiene potestad” para regular las cadenas televisivas y radiales del Gran Hablador, ni para sancionar y acabar con la utilización corrupta y grotesca de los canales de televisión del Estado venezolano, convertidos en vulgares instrumentos de propaganda de la alicaída candidatura del golpista de 1992.
Todo cual quiere decir, en dos platos, que el CNE permitirá y auspiciará el más salvaje ventajismo oficialista que hayamos presenciado en mucho tiempo y que no hará nada para impedirlo, sino todo lo contrario. Y quienes vamos a derrotar al régimen y su CNE este siete de octubre debemos estar conscientes de toda esta bellaquería institucional.
En paralelo, el tribunal “supremo” intenta acorralar a Globovisión, llegando al extremo de pretender su embargo, sin tener facultades para ello y sólo en función de complacer a su jefe único. Mientras tanto, miles de millones de bolívares de los presupuestos nacionales, regionales y municipales se dilapidan en la campaña electoral del candidato vitalicio, marcada por el derroche, la corrupción y el cinismo. Y todo ello, mientras millones de venezolanos viven en la más espantosa pobreza, miseria, hambre y desempleo.
Afortunadamente, la voluntad de cambio de los venezolanos derrotará todas estas maniobras, corruptelas y trampas del régimen. Y no será la primera vez que la voluntad popular derrotará un autócrata y su pandilla, enfermos de poder, que desde su chiquero de podre y corrupción, creen que pueden perpetuarse gracias a los recursos públicos.
Antes, otros como ellos, ya fueron derrotados. Y ahora les tocará a ellos mismos.    
La estatua de Arvelo Torrealba, “pirateada”
Absolutamente grotesca, por decir lo menos, la mudanza de la estatua de Alberto Arvelo Torrealba, que engalanaba la avenida que lleva su nombre -obra de mi gobierno-, para ser reubicada en la llamada Plaza de los Poetas, frente a la Alcaldía de Barinas, responsable de tal saqueo.
¿A cuenta de qué se produce este abuso que mutiló un patrimonio de todos los barineses, como lo es la citada avenida y su estatua? Porque ambas constituyen una sola obra. La verdad es que este vandalismo oficialista -un verdadero acto de “piratería cultural”- no tiene justificación alguna. Porque lo ocurrido con la estatua de Arvelo Torrealba tiene visos delincuenciales. Primero la desmontaron de su pedestal, apropiándose indebidamente de la misma, y luego la “enfriaron”, como hacen los ladrones con los carros que se roban, para terminar ahora poniéndola en la plaza de marras, con el agregado del mal gusto y la chapucería respectivas.
Lo correcto hubiese sido mandar a hacer otra estatua del poeta o, al menos, una copia de la existente. ¿O será que en la danza de miles de millones de bolívares en que flota el actual régimen no había unos recursos para tal fin? Total, simple y llanamente “piratería”, apañada por algunos corsarios de la cultura regional…

domingo, 1 de julio de 2012

Sesión del Concejo Municipal del Municipio Barinas, en la oportunidad de celebrarse el Día de Barinas el 25 de mayo de 1981. El diputado Gehard Cartay Ramírez pronuncia su Discurso de Orden. Lo escuchan, entre otros, los doctores Luciano Valero, Ministro de Relaciones Interiores, José González Puerta, Gobernador de Barinas, Ezequiel Mota Cárdenas, Presidente del Concejo Municipal, y Monseñor Rafael Angel González Ramírez, Primer Obispo de Barinas.  

sábado, 30 de junio de 2012

LA BARINAS POSIBLE

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL DIPUTADO
 GEHARD CARTAY RAMÍREZ
ANTE EL ILUSTRE CONCEJO MUNICIPAL DE BARINAS CON MOTIVO DE LOS 404 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD

(Barinas, 25 de mayo de 1981)

Era el año de 1577.
Envuelta entre la bruma y la neblina de la cordillera, aspirando el perfume eterno de los frailejones andinos, una caravana de hombres baja por la montaña verde y fría, entre pedruscos y florecillas moradas.
Adelante, encabezando la legión, viene el capitán Juan Andrés Varela, comisionado por el gobernador Francisco de Cáceres para descubrir, conquistar y poblar los llanos que se extienden a partir del piedemonte. Lo acompañan otros hombres, fascinados por la aventura y la codicia. Allí están el capitán Francisco Graterol, uno de los fundadores de Mérida, combatiente feroz y compañero del capitán Pedro Bravo cuando ambos enfrentaron al Tirano Aguirre. También figuran el capitán Hernando Cerrada o Martín Hernández o Francisco Villalpando, todos venidos de Mérida, audaces y valerosos, tanto o más como su jefe Juan Andrés Varela.
La expedición ha salido de Mérida, un poblado fundado hace apenas unos 19 años al pie de las nieves eternas que se posan a lo alto de las montañas. Han tomado rumbo al este, hacia Mucuchíes y Las Piedras, por el páramo de Santo Domingo, tierra de caquetíos y jirajaras, una ruta tortuosa que más tarde llamarán Los Callejones.
A unas 16 leguas la expedición se detiene, mientras el viento silba a su alrededor, a orillas del brioso río, espumoso y empedrado, que caracolea bajando hacia las llanuras que se miran desde lo alto. Sobre una terraza plana y amiga, entre flores rojas y amarillas, el descanso permite descubrir el sitio cuyo valor estratégico reconoce inmediatamente el capitán Varela. Sabe que ese lugar le ofrece entrada y comunicación con Mérida y Trujillo, y protección y defensa ante la ofensiva de los indios de la región.

“Y luego incontinenti el Dho. Sor. Capitán se apeó del cavallo y estando a pie con su espada desnuda en la Mano y en la otra una rodela, tornó a decir las mismas palabras en alta vos que dicho tenía, y viendo que no había nadie que se lo contradijese dixo que en señal de posesión y por posesión se paseaba por allí y con la espada en la Mano comenzó a cortar de las yervas…”

Quien así escribe es la mano nerviosa de don Juan Pérez de Sotomayor, escribano de la legión, mientras garabatea rápidamente el Acta de Fundación. Acababa de nacer, en ese instante, Altamira de Cáceres, el 25 de mayo de 1577 *.
Pero, aparte del ritual y las formalidades, aquello no es un pueblo, ni siquiera una aldea. Apenas se ha construido una pequeña choza de madera y paja, que más tarde el propio Juan Andrés Varela bautizará como “Iglesia de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de Santiago”, un nombre probablemente inmodesto para la primitiva y rústica construcción. Más allá se levanta otra choza que será la sede del Cabildo. Y después, como de costumbre, se repartirán las tierras y las encomiendas de indios a los vecinos presentes: Miguel Baltazar de Bedoya, García de Carvajal, Juan Páez, Martín Hernández, Alonso de Velazco.
La nueva población fundada, en verdad, no tendrá mucha suerte. Al poco tiempo, algunos vecinos comienzan a abandonarla, camino de sus familias e intereses, ubicados en Mérida. Hasta el propio Capitán Varela regresará a aquella ciudad, dejando el mando de Altamira de Cáceres en manos de su lugarteniente Martín Hernández.
Medio siglo más tarde, en 1628, la población será mudada a la Mesa de Moromoy, “un sitio muy cómodo y capaz, donde espero ha de tener mucho aumento en lo temporal y espiritual…”, según le escribe al Rey el gobernador Juan Pacheco Maldonado, al darle a conocer la noticia de la fundación de Nueva Trujillo de Barinas, hoy Barinitas.
Pero tampoco en esta meseta hubo suerte. En 1674 el pueblo fue víctima de temblores y terremotos, mientras la pobreza, por otra parte, se extendía entre sus pobladores. Las actividades agrícolas y pecuarias se redujeron alarmantemente y de nuevo la gente empezó a abandonar la población, para establecerse más abajo, en las llanuras del Troncón.
Aquí, en este último sitio, nacerá San Antonio de Los Cerritos, población que por Real Cédula del 4 de diciembre de 1762 llevará el nombre de Barinas, la misma Muy Noble y Muy Leal que hoy crece aceleradamente hacia su progreso. Aquí detuvo su periplo de “ciudad viajera”, como la ha llamado Virgilio Tosta. Bajó de la sierra hasta estas llanuras de sol y calor, siempre cortejada por su inmenso cielo azul y a la diestra de su inseparable compañero de ruta, el río Santo Domingo.
Y hoy, sobre esta tierra generosa, por atenta y cordial invitación de su Ayuntamiento, nos reunimos nuevamente para celebrar los 404 años de su fundación, un largo trecho de nuestra historia que ahora recordamos para seguir haciéndola, con mayor tesón y esfuerzo, en los días que están por venir.


¿Qué podría yo decir en homenaje a nuestra ciudad y de su grandeza, como no sea recordar su historia pasada, ofrecer nuestro concurso actual, el de sus hijos, para su desarrollo futuro y pedir a Dios porque el futuro recompense sus esfuerzos y logros?
Esta Barinas nuestra ha vivido una historia de altibajos y sobresaltos como pocas ciudades venezolanas. Por ser una ciudad progresista de más de 10.000 habitantes a comienzos del siglo 19, su mejor ofrenda a la revolución independentista fue la de entregar su brillo y su esplendor a la causa libertadora. En ella estuvo el general Bolívar en 1813, cuando conducía su Campaña Admirable. Y a ella volvió años después en 1820 y 1821, cuando entonces era “una triste aldea pajiza”, arrasada por la guerra y la violencia. Aquí estableció el Libertador su Cuartel General y por una de esas casualidades de la Historia, en este mismo suelo, donde anunció el armisticio con Morillo, también anunciará un año después la reanudación de la guerra, exigiendo a los patriotas: “Mostraos tan grandes en generosidad como en valor”. Y desde aquí, tal vez en una noche de desaliento e incomprensión, también escribirá su renuncia a la Presidencia, “cansado de mandar ocho años esta república de ingratos”.
Esta Barinas es la misma que, asombrada y sorprendida, presenció la legendaria hazaña del catire José Antonio Páez aquella noche en que recobró su libertad perdida, huyendo de la Cárcel Colonial, hoy convertida en Casa de la Cultura, no sin antes dejar en su vetusto portón la marca de su sable y de su audacia. Frente a esta vieja cárcel, el ejército de las ánimas hizo correr despavoridos las huestes sanguinarias de Puy para facilitar la proeza del Centauro Llanero y la vida de un centenar de prisioneros, “destinados a morir en el silencio de la noche, a manos de los verdugos españoles”.
Esta Barinas es la misma que vio entonces pasar una y otra vez sus “cinco jinetes del apocalipsis”: las guerras civiles, el hambre, las enfermedades, los caudillismos y los malos gobiernos, y cuya larga noche de vicisitudes en el siglo pasado alcanzó a ver, sin embargo, destellos de luz en la política, la cultura y la educación con la creación, en 1851, de una Escuela Normal, la erección del famoso Colegio “Simón Bolívar” en 1852, y la acción civil y civilizadora de Napoleón Sebastián Arteaga y su periódico liberal “La Antorcha Barinesa”, entre 1840 y 1850.
Esta Barinas es la misma que vio luchar al general Ezequiel Zamora en su cruzada guerrera contra los privilegios y la opresión y por la libertad e igualdad de todos, hermosas banderas detrás de las cuales marcharon legiones de desposeídos, hambrientos de justicia social. Por desgracia, durante este dramático episodio de la Guerra Federal, ninguna otra ciudad sufrió tanto como la nuestra, cuyos restos prácticamente desaparecieron otra vez bajo las llamas de la pasión y la violencia políticas.
Esta es la Barinas que soportó estoicamente la soledad, la miseria y el atraso de comienzos de siglo, aquella que hizo escribir a algún poeta estos versos entre tristes y amargos:

Con extremo dolor el alma mía
te ve infeliz, postrada y abatida,
tú, que altanera, levantaste un día
llena de orgullo tu cabeza erguida.

Esta es la Barinas que pugna por sobrevivir años más tarde, cuando sus viejas calles olvidan los nombres altisonantes y fatuos de las montoneras de ocasión para cambiarlos por los apellidos heroicos que hicieron la Patria: Bolívar, Sucre, Páez, Briceño Méndez, Arismendi, Pulido, Plaza, Cedeño, Carvajal, Cruz Paredes.
Esta Barinas es la misma que cobijó durante varios años al eminente médico Rafael Medina Jiménez. La misma que vio nacer al poeta Alberto Arvelo Torrealba, el niño y el hombre apasionados con el río que corría serpenteando por estas llanuras, el hombre de letras y leyendas, cantador de Florentino y el Diablo, barinés como el que más, y a cuya memoria se le rinde homenaje con la próxima inauguración de un Museo que llevará su nombre.
Esta es la Barinas de claras noches azuladas, bañadas de luna y serenata, que conocieron nuestros antepasados recientes. La Barinas donde entonces todos cultivaban el afecto y la hermandad, mucho antes de que se nos hiciera grande y de que las migraciones internas la poblaran tan densamente. La Barinas cordial y humana de antaño, la misma de aquellos hombres y mujeres, sencillos y buenos, afables en el trato y fáciles en la amistad.
Es también la Barinas pequeña y pueblerina, pero acogedora y romántica que nos ha descrito -con tanta dedicación como constancia- don César Acosta, aquel insigne Cronista de la Ciudad, a cuya memoria y amor por esta tierra debemos páginas perdurables que hablan de nuestro pasado más reciente. Es la Barinas que atestiguó el ejemplo magisterial del bachiller Elías Cordero Uzcátegui, cuya obra de maestro de generaciones aún está presente en el corazón de tantos barineses. La Barinas que nos contara en nuestra niñez la prodigiosa historia fabulada de mi tío abuelo paterno, don Domingo Cartay Rodríguez, con su carga de pasión y emoción por Ezequiel Zamora y Joaquín Crespo y sus revoluciones nacidas en los campos polvorientos de estas llanuras.
Es también la Barinas que hoy muestra su rostro de ciudad rejuvenecida gracias a la obra emprendedora de un Luciano Valero, cuya gestión como gobernante está presente en la transformación de esta ciudad de nuestros días. La Barinas que hoy es sede de una Universidad única en su tipo, verdadero ensayo revolucionario en la educación superior venezolana, y en la que habrán de formarse los profesionales del agro que requerimos para convertirnos en la nación capaz de sembrar en su suelo la semilla de la definitiva transformación venezolana.
Pero también es la Barinas que ha ido cambiando apresuradamente en estos últimos años. La que ha dejado de ser un pueblo pequeño para convertirse en una ciudad de propios y extraños. Nos duele, sin embargo, que poco a poco vaya perdiendo mucho de su personalidad de siempre. Tal vez la idea del progreso implique la transformación de muchas de sus tradiciones. Pero nos negamos a aceptar que el desarrollo nos desarraigue de su modo de ser tan nuestro. Queremos, sí, que sea mejor para nuestros hijos. Lo que deseamos es que esas tantas cosas vertidas sobre nuestra textura de pueblo y esa limpia estirpe de espiritualidad que le dan su personalidad a cada una de nuestras poblaciones venezolanas puedan combinarse de tal forma que no se conviertan en obstáculos para el progreso, sino en ingrediente básico para la mejor ciudad de mañana.


Esa ciudad posible es la que nos congrega hoy a todos. Su proyección y diseño tienen que hacerse a partir de su situación actual. En verdad, Barinas ha venido insurgiendo últimamente como un innegable centro de atracción en esta zona del país. A ello han contribuido diversos factores. Destaca, entre otros, su privilegiada posición geográfica. Cada vez más, nuestro estado adquiere mayor relevancia como productor agrícola y pecuario. Esa circunstancia ha convertido a Barinas en la capital agropecuaria por excelencia, sin dejar de ser también un centro potencialmente industrial y de servicios. Nos hemos deslizado, imperceptiblemente, hacia un tipo de ciudad moderna, sin que estuviéramos debidamente preparados para ello.
Hay que enfrentar entonces con decisión el futuro de nuestra ciudad. Debemos adelantar con previsión suficiente todo género de acontecimientos relativos a su crecimiento futuro. Esto significa abandonar toda improvisación y no dejarnos tentar por esa vieja costumbre tan venezolana, según la cual tratamos de resolver los problemas en la medida en que se van presentando.
Esta norma tiene mucha validez en materia de urbanismo. Cualquier diseño o trazado de una avenida, de un conjunto residencial o de un centro administrativo o comercial signa por largos años el desarrollo de la ciudad. De allí que sea fundamental para Barinas formular un ambicioso Plan de Desarrollo Urbano, capaz de modelar y regular su crecimiento por lo menos hasta los próximos cincuenta años. Si lo concibiéramos con criterios modernos y previsivos, le evitaríamos a quienes vienen detrás de nosotros que hereden una ciudad anárquica y desordenada.
Un plan así concebido debe sujetarse al principio fundamental de que la ciudad sirve al hombre, y no -como acontece ahora en muchas partes- este a aquella. Quienes practicamos una filosofía esencialmente humanista pensamos que la persona es objeto de partida y punto final. Así como entendemos que la política, la economía y la cultura existen para la persona, pensamos que la ciudad también existe en virtud de ese propósito altamente humano.
Muchas ciudades se han convertido en verdaderas prisiones del hombre moderno, cuya impotencia frente al monstruo de concreto lo hace sentirse más anónimo e infeliz. Sabemos que Barinas está lejos aún de ser una metrópolis con problemas de conducta social desequilibrada, por efectos de los problemas colectivos. Pero esa realidad no nos puede hacer indiferentes frente al objetivo necesario, sobre todo cuando aún estamos a tiempo de modelar una ciudad verdaderamente humana, que pueda ofrecer a cada uno de sus habitantes la cabal satisfacción de sus necesidades y el estímulo solidario para la realización plena de sus facultades y aptitudes.
Con la ciudad, como es de suponer, han crecido también sus problemas. La Barinas de hoy ya no comienza en la Plaza Zamora ni termina en La Carolina -como hace 30 años- o en el Campo de La Mesa, como acontecía 20 años atrás. Ahora la ciudad se extiende hacia todas partes, llegando muy cerca de Punta Gorda o de Los Guasimitos y hasta de La Vizcaína. Es el proceso normal de toda ciudad en crecimiento el que obliga a unir el centro urbano con las aldeas o poblaciones que la rodean.
Lo que más nos angustia como barineses es que el crecimiento ha aumentado también su secuela de marginalidad social. Cada día más y más hombres y mujeres llegan a Barinas en procura de mejores oportunidades. Vienen del campo, ya sea de Los Andes o de los Llanos, o bien de tierras extrañas. Se establecen en los alrededores de la ciudad. Construyen sus ranchos sin atender requisitos de seguridad y sanidad alguna. Así han ido surgiendo nuevos barrios, sin calles ni cloacas, sin escuelas ni parques. De esa manera, la pobreza también crece junto al progreso y nos obliga a todos a luchar por mejorar las condiciones de quienes soportan miseria y angustia, recostados a las orillas de la Barinas de hoy.
También nos preocupa el desarrollo ordenado de la ciudad. Tenemos que hacer grandes esfuerzos para evitar que Barinas se nos convierta en una ciudad caótica y anarquizada, como tantas otras ciudades venezolanas. Este riesgo lo podemos enfrentar  y vencer con suficiente antelación, pues aún estamos a tiempo. Supone, en consecuencia, un programa integral de zonificación que incluya racionalmente los sectores residenciales, comerciales e industriales, debidamente demarcados y separados. Si se cumple rigurosamente esta separación de áreas urbanas, todos los sectores se beneficiarán y la ciudad será aún un lugar digno y agradable para vivir.
Otras tareas, sobre las cuales se ha venido insistiendo bajo esta administración, son las relativas a la vialidad de la ciudad. Tarde o temprano, deberán ampliarse algunas de sus arterias centrales de mayor importancia, como la Avenida Medina Jiménez o la Marqués del Pumar, a fin de descongestionar el cada vez más intenso tráfico automotor. Y en materia de vialidad rápida debemos agilizar la ampliación y continuación de la Avenida Industrial, hasta unirla con la parte sur y la parte alta de la ciudad, así como la construcción, ya en proyecto, de una vía alterna a la actual Avenida 23 de Enero. Por supuesto que habrá que construir, igualmente, una moderna avenida que sustituya la actual entrada a Barinas por la carretera que nos une con el vecino Estado Táchira.
Del mismo modo, estamos obligados a garantizar áreas verdes y recreacionales a la niñez y a la juventud barinesas. No debemos permitir que el progreso inhumano nos construya una ciudad de cemento. La urbe moderna reclama áreas verdes y recreacionales, no sólo como lugares de esparcimiento, sino como medio eficaz contra la contaminación de cualquier género.
La ciudad será cada vez más exigente con nosotros mismos. Por ello, debemos pensar en soluciones permanentes en materia de servicios públicos y médico-asistenciales, así como en lo relativo a programas de vivienda y equipamiento de barrios. Debe estar muy clara, en este sentido, la idea de que debemos ayudar en primer término a los que menos tienen, a los más débiles, a los más pobres. A ellos, fundamentalmente, deben dirigirse los esfuerzos para dotarlos de viviendas cómodas e higiénicas, de servicios públicos eficaces y de mejores posibilidades de superación personal y colectiva.
Todas estas urgencias conforman el sustrato humano que le es fundamental a toda ciudad y que, gracias a Dios, están presentes en la conciencia de las autoridades municipales y de los gobernantes actuales.
Tenemos derecho a pensar en una Barinas mejor, pero sobre todo en una ciudad que pueda ofrecer dignidad y comodidad a sus habitantes, es decir, mejorar en verdad sus niveles de calidad de vida. La ciudad, hoy en día, debe ser antes que nada una comunidad humana y espiritual. No se trata de una simple agrupación de individuos, como obviamente parece ser concebida por planificadores y tecnócratas irrespetuosos de la dignidad humana. La ciudad debe combinar sus recursos de orden material con las invalorables exigencias espirituales de su gente.
A esta última, sobre todo, deben estar dirigidos los esfuerzos por mejorar nuestra Barinas de hoy. Sus problemas, como ya se ha dicho, son importantes desafíos a nuestra capacidad como dirigentes. No podemos dejar que nos arropen. Debemos demostrar, por el contrario, que podemos superarlos resueltamente y con éxito. De lo que se trata, entre otras cosas, es de ampliar sus servicios públicos, y entre todos estos, fundamentalmente los relativos al transporte, aseo urbano, viviendas, seguridad, cloacas, agua potable abundante, electricidad y mejoramiento de calles y avenidas. Batallar a fondo por la solución de estas necesidades constituirá el mejor aporte al progreso de la Barinas de hoy y de mañana.
La ciudad que queremos no es una simple ilusión, sino un sueño realizable, como todas las grandes ideas de los visionarios y precursores. No será, por supuesto, una tarea fácil. Requerirá constancia y esfuerzo para superar los obstáculos que se presenten en el camino. Pero debemos pasar por encima de todos ellos, aún cuando puedan escasear los recursos, o los planes y proyectos parezcan difíciles de ejecutar.
De la osadía y voluntad que le pongamos al empeño de construir esta Barinas posible, irá surgiendo la ciudad que queremos. Una ciudad que sea reflejo fiel de la cordialidad y la amistad que siempre nos han distinguido a los barineses. Pero, sobre todo, una ciudad que pueda satisfacer las mejores expectativas de los barineses nacidos aquí y de los barineses venidos de otras tierras.

Señores Concejales:
Señoras y señores:
Hoy es un día doblemente significativo.
Estamos conmemorando los 404 años de la fundación de nuestra ciudad y 100 años de haberse declarado al Gloria al Bravo Pueblo como el Himno Nacional de la República de Venezuela. Nuestro Canto Nacional es la mejor invitación para insuflar nuestros espíritus y prepararnos para la siembra del esfuerzo y la mejor cosecha de la esperanza.
Al agradecer esta magnífica oportunidad de hablarle a mi ciudad natal -a la que estamos unidos para siempre-, no puedo menos que expresar mi solidaridad a su Ilustre Concejo Municipal por haberme hecho acreedor a tan inmenso honor. Tengo una especial vinculación con la mayoría de sus miembros, a quienes sé profundamente imbuidos de la mejor vocación de servicio social, y con su Presidente, el doctor Ezequiel Mota, mi hermano de ideales y de compromiso con el futuro.
Barinas nos convoca a todos para seguir adelante, luchando por su desarrollo y bienestar. Esta ciudad de todo nuestro afecto requiere del concurso de todos, por encima de banderías políticas o de intereses de cualquier tipo, para dar lo mejor de nosotros mismos en el cumplimiento del desafío fascinante de su porvenir.
No tardemos en responder a su reclamo.
     Muchas gracias.
   
   
   

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(*) En 1983, dos años después de haber sido pronunciado este discurso, investigaciones de la historiadora barinesa Mercedes Ruíz Tirado en el Archivo de Indias, España, determinaron que la fecha exacta de la fundación de Altamira de Cáceres, de acuerdo con el acta respectiva, fue la del 30 de junio de 1577.  
 

miércoles, 27 de junio de 2012


¿ESTADO COMUNAL… O COMUNISTA?
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

El actual regimen se encamina hacia una dictadura comunista, a juzgar por el paquete de leyes que acaba de dictar.
La más importante de todas, en función del proyecto dictatorial del actual presidente y su cúpula podrida, es la Ley de Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y otras Atribuciones, con la que se pretende establecer el mal llamado Estado Comunal, cuando, en realidad, es simple y llanamente un Estado Comunista al estilo de la actual dictadura castrista de Cuba.
La verdad verdadera es que a través de la citada ley se persigue eliminar gobernaciones y alcaldías, con el propósito de establecer una relación directa entre el Presidente de la República y los Consejos Comunales que controla su partido, a quienes se les entregarán las competencias que actualmente corresponden a los gobiernos regionales y municipales.
No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que en un sistema personalista como este, sin instituciones elegidas por el pueblo (gobernadores y alcaldes, en este caso), se liquidaría todo el sistema de contrapesos que por definición es la democracia. Las opciones quedan entonces al descubierto y, en el fondo, vienen a ser una sóla cosa: en una primera etapa, despojar de sus competencias y recursos a los gobiernos regionales y municipales, y luego, ineluctablemente, hacerlos desaparecer.
No es nueva esta pretension de establecer un régimen donde el caudillo tenga una relación directa y vertical con grupúsculos que, a su vez, dicen representar a las comunidades, aunque, en realidad, sólo son comisarios politicos del régimen para controlar todo en función de una perversa ambición vitalicia de poder. 
Se trata del mismo esquema que el teórico neofascista Norberto Ceresole le recomendó al fuhrer sabaneteño cuando lo asesoraba poco antes de llegar al poder, y que resumiera en la ecuación caudillo-ejército-pueblo. En el fondo -por aquello de que fascismo y comunismo son la misma miasma-, se trata del mecanismo de dominación que impera en Cuba para permitir que la dictadura de los hermanos Castro siga imponiendo su yugo a aquel sufrido pueblo.
 Y es también lo mismo que hizo el fallecido dictador libio Mohammar Gadafi, quien acabó con todas las instancias de gobiernos regionales, municipales y locales, y creó una suerte de “consejos comunales”, a los cuales directamente les entregaba dinero, siempre y cuando estuvieran identificados con su dictadura y le profesarán acatamiento y lealtad perruna.
En nuestro caso, la fulana Ley de Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y otras Atribuciones resulta absolutamente inconstitucional e ilegal desde todo punto de vista. En efecto, por una parte, viola la Constitución Nacional en sus capítulos referidos a las competencias exclusivas de los Estados y Municipios. Y por la otra, contradice las leyes especiales que se refieren a las funciones de gobernaciones y alcaldías.
Debo recordar, a estos efectos, que la Constitución Nacional de 1961, al igual que la actual, señalaba muy claramente las competencias y atribuciones del Poder Público en sus respectivos niveles nacional, regional y municipal. En 1989, al aprobarse la elección directa de gobernadores y alcaldes, comenzaron a promulgarse leyes específicas mediante las cuales se precisaba el alcance de las competencias en referencia.
Fue así como en 1990 se discutió y sancionó la Ley de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público. En aquellos debates legislativos me correspondió, siendo diputado al Congreso Nacional, actuar como portavoz parlamentario de mi partido al momento de discutirse y aprobarse el referido instrumento legal, que otorgó y transfirió entonces funciones propias y específicas a las gobernaciones y municipios.
La actual Constitución Nacional de 1999 mantuvo ese marco de referencia. Lamentablemente, esta nueva ley obligará a los gobiernos regionales y municipales a entregar sus competencias y recursos presupuestarios propios a las Consejos Comunales, contrariando lo establecido en la Carta Magna. Se trata de otro golpe de Estado perpetrado por los golpistas que, por ahora, ejercen el poder. Un verdadero golpe de Estado contra gobernadores y alcaldes y contra la descentralización, la regionalización y el nuevo federalismo.
Este adefesio jurídico obligará a gobernaciones y alcaldías a entregar algunas de sus competencias exclusivas, como la administración y manejo de centros de salud, deportivos y culturales,  la recolección de desechos sólidos, programas sociales e industriales, construcción de obras, prestación de servicios públicos diversos, etcétera, etc.
    Por esas razones, en el supuesto negado de que el actual regimen ganara las elecciones y con el paquete de leyes dictadas últimamente, sólo los idiotas pueden negar que seremos otra Cuba castrocomunista.
    Queda muy claro entonces que al golpista de 1992 y candidato vitalicio a la reelección hay que derrotarlo y, en su lugar, elegir a Capriles Radonski como nuevo presidente de la República, un hombre que viene de ser alcalde y gobernador y está resteado con la regionalización, la descentralización y el nuevo federalismo.
LA PRENSA de Barinas - Martes, 26 de junio de 2012.

martes, 19 de junio de 2012


Verdades
EL CONTRASTE
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay

Para desgracia de la candidatura reeleccionista del jefe único del régimen, el candidato de la Unidad Democrática arranca esta campaña electoral en mejores condiciones.
El país entero lo percibe así, y la razón es muy clara: la gran mayoría de los venezolanos están hartos del presente régimen por su incapacidad y corrupción. Y están hartos especialmente del candidato oficialista, quien ya luce alicaído, repetitivo, sin nada nuevo que decir y arrastra tras de sí casi 14 años de pésimo gobierno, a pesar de haber dilapidado billones y billones de bolívares.
El actual presidente vive su peor momento político, electoral y humano. Tiene frente a sí un barranco de grandes profundidades, y no lo digo por sus problemas de salud, sino por sus muy menguadas posibilidades de seguir en el poder después del siete de octubre próximo. A estas alturas, muy pocos dudan ya que lo espera su peor derrota, agotada como está la paciencia de los venezolanos y creciendo como crece entre nosotros el deseo de un cambio de gobierno para bien del país.
El régimen y su apolismado candidato han perdido el rumbo definitivamente. Lucen desconectados del sentimiento popular y de la realidad nacional. Viven en otro mundo, mientras Venezuela se cae a pedazos. Sólo bastaría, a este respecto, escuchar los últimos discursos de führer sabaneteño para comprobar que estamos ante alguien que habla de temas que no le dicen nada sus compatriotas, confundido ya en sus largas telarañas mentales y pensando que sus opiniones aún reflejan las del país, siendo todo lo contrario.
Y frente a él -para empeorar aún más las cosas en el campo oficialista- se viene haciendo patente un contraste profundo cuando se lo compara con Henrique Capriles Radonski, el candidato de Unidad Democrática. Un contraste que afecta todavía más al jefe único del régimen, pues la candidatura juvenil de Capriles Radonski envejece aún más la ya cansona y repetida candidatura del golpista de 1992.
(Si quisiéramos traer a colación alguna comparación al respecto, esta situación se semeja a una contienda donde un boxeador viejo, enfermo, cansado y ya sin reflejos va a enfrentar a uno joven, saludable, descansado y con sus reflejos enteros. Me viene a la mente el combate entre Sonny Liston y Cassius Clay allá por los años sesenta. Y como en aquél histórico combate, en este de octubre próximo también ganará el contendiente que está en mejores condiciones, es decir, Capriles Radonski.)
Así es como el antes llamado Polo Patriótico ha terminado convertido en un Polo Patético, apenas a cuatro meses de las elecciones presidenciales y con nulas posibilidades de revertir una derrota que ya luce indiscutible.
Porque, desde cualquier punto de vista que se le analice, este panorama sombrío para el régimen y su candidato vitalicio no es posible mejorarlo en tan poco tiempo. Todo lo contrario: a medida que pasen los días, las perspectivas seran peores para ellos, por mucho dinero que tengan y a pesar también de su descarada falta de escrúpulos para apelar a cualquier maniobra que les permita seguir en el poder. Sin embargo, ya las cosas no son como antes.
En cambio, lo que está ocurriendo con la candidatura triunfante de Capriles Radonski es un fenómeno que alcanza su pleno desarrollo en los tiempos justos de esta campaña electoral. Y vea usted, amigo lector, qué bien funciona el ritmo que le ha puesto a su candidatura: frente a un candidato encuevado como el oficialista, Capriles Randonski anda recorriendo el país, en medio de un ambiente de triunfo y alegría contagiosos, como se pudo palpar el pasado sábado aquí en Libertad.
La candidatura de Capriles Radonski ya le quitó la calle al candidato del regimen y este no las volverá a tomar así lo carguen en una carroza, como lo hicieron el día de su inscripción en el CNE, ni que lo “empalen”, como a Evita Perón en Argentina, cuando la exhibían ante su gente poco antes de morir de cáncer.
Frente a un candidato que ya no dice nada nuevo, que sólo repite las mismas cosas desde hace 14 años, cansado y enfermo, sin ánimo ni vigor y cuyas promesas refritas ya no entusiasman ni siquiera a su propia gente; la candidatura arrolladora y dinámica de Capriles Radonski, en cambio, marca el paso de la campaña y sus propuestas de cambio y esperanza dictan la agenda electoral.
Los venezolanos, en su mayoría, están tomando la firme decisión de cambiar esta terrible experiencia de gobierno que han resultado el actual régimen y su candidato, y apostar por un futuro mejor, con oportunidades para todos, donde la familia vuelva a reunificarse y el progreso sea lo más importante para construir un país mejor.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 19 de junio de 2012.