miércoles, 18 de abril de 2018

LA OPOSICIÓN EN SU LABERINTO


LA OPOSICIÓN EN SU LABERINTO
Gehard Cartay Ramírez
A pesar de ser mayoría entre los venezolanos, no la tiene fácil la oposición venezolana frente a las presuntas “elecciones” del mes que viene.
Para comenzar, sus fuerzas están divididas en este momento. Diversos motivos, que no voy a entrar a analizar en profundidad ahora, la han partido en dos toletes, de los cuales el más grande se muestra hoy reacio a participar en la convocatoria del tramposo CNE del régimen. Sus razones son valederas, sin duda, aunque su debilidad es haber adoptado una actitud omisiva, lo que nunca arroja frutos en la política y en cualquier actividad.
Pero su argumentación para no ser comparsa de la tramoya electoral del régimen de Maduro es impecable. Nadie en su sano juicio cree en la imparcialidad, decencia y pulcritud del “árbitro” electoral madurista. Nadie, insisto, ni siquiera los participacionistas opositores, quienes sólo apuestan al milagro de una avalancha de votos a su favor como única manera de “evitar” el fraude.
Lamentablemente para ellos, esa avalancha luce difícil ahora, mientras no convenzan a la mayoría opositora que no parece dispuesta a votar por evidentes razones. Pero, además, tienen en contra nada menos que la ausencia de casi cuatro millones de opositores que han abandonado el país en busca de lo que les niega aquí el chavomadurismo.  Y no hay manera de contar con esos votos, si acaso los convencieran, ya que el CNE se niega abrir el registro de electores en el extranjero, como está obligado a hacerlo, justamente porque al régimen no le conviene.
Si esto pareciera ser así, entonces se anula también el argumento de que “si todos votamos, gana Falcón”, o la falsedad de que este sólo perdería por culpa de quienes no voten. Así las cosas, la opción participacionista no parece viable, al menos en este momento. Y aunque todos sabemos que la política es muy dinámica, el tiempo es muy corto de aquí al 20 de mayo para cambiar las cosas, si es que se producen esas “elecciones”.
Por lo demás, la oposición participacionista tiene otra grave dificultad para atraer a la mayoría opositora negada a votar: el haber adoptado una posición unilateral en contra de la mayoría de la MUD y sectores de la sociedad civil, que anunciaron que no participarían, lo que rompe la unidad entre quienes adversamos al régimen. Y eso no es poca cosa, sumada a la debilidad de los grupos partidarios que apoyan su candidatura –a la que no voy a entrar a calificar, como tampoco a sus adherentes–, donde, por ejemplo, existe una fracción de mi partido Copei, y no su totalidad.
En abono de su tesis los participacionistas alegan que en 2015 la oposición ganó las elecciones de la Asamblea Nacional con el actual CNE y sus condiciones. Se trata de una media verdad, porque ciertamente ganó –ojo: en unidad total, no hay que olvidarlo tampoco, y ese no es el caso actual–, pero por un descuido del régimen y su CNE, quienes desde entonces se propusieron no volver a incurrir en aquel error y lo han demostrado con creces hasta el día de hoy.
Si alguien lo duda, allí está el recuerdo de las recientes elecciones de gobernadores, a las que también concurrió unida la oposición, y aún así “perdió” la mayoría de los estados, incluido Lara (cuyo gobernador derrotado es ahora el candidato participacionista), y las de alcaldes, donde sólo hubo participación de algunos sectores opositores. Tampoco debe olvidarse, por ejemplo, el fraude desvergonzado que se le hizo al candidato a gobernador de Bolívar, Andrés Velásquez, hecho que también se repitió en otras entidades, pero cuyos candidatos no tuvieron las gónadas para denunciarlo con pruebas ante el inefable CNE actual.
Y todo ello para no hablar de la “elección” de la constituyente madurista, parapeto con el que ahora justifican todas sus tropelías inconstitucionales y legales, incluyendo la convocatoria del 20 de mayo. No hablemos tampoco del desconocimiento sistemático que el régimen le ha hecho a la Asamblea Nacional como representación legítima de las dos terceras partes de los venezolanos. ¿O faltarán otros ejemplos para convencer a alguien de la vileza del madurismo y su organismo electoral?
¿Si todas estas canalladas las hicieron tratándose de la Asamblea Nacional, gobernadores y alcaldes, no cree usted, amigo lector, que con más razón lo harán cuando lo que está en juego es el “premio mayor”, es decir, la presidencia de la república?
En todo caso, no niego que tienen razón quienes reclaman una posición más proactiva por parte de la oposición que ha decidido no participar y, por lo visto, pareciera quedarse hasta ahora de brazos cruzados. Sobre este punto tratará mi columna de la semana próxima, si Dios quiere.
   @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 17 de abril de 2017.
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sábado, 14 de abril de 2018

UNA OPORTUNIDAD PERDIDA PARA BARINAS


UNA OPORTUNIDAD PERDIDA PARA BARINAS
Gehard Cartay Ramírez
Ya nadie duda hoy en día que la presencia de la familia Chávez en el poder durante dos décadas se convirtió en una extraordinaria oportunidad perdida para Barinas.
Por donde se le analice, medidos tanto por el largo tiempo en que han ejercido la Gobernación del estado como por los cuantiosos recursos que han manejado en estos casi 20 años -todo ello sin mencionar que durante la mayor parte de sus gestiones los gobernadores Chávez eran padre y hermano del entonces presidente de la República-, fácilmente se puede llegar a la conclusión de que sus gestiones han estado por debajo de las expectativas que crearon en su momento.                                                  
Cuando uno y otro fueron elegidos y reelegidos (el padre en 1998, 2000 y 2004; el hermano mayor en 2008 y 2012), la mayoría de quienes votaron por ellos lo hicieron pensando que “Barinas saldría ganando”, dados sus vínculos familiares con el barinés Hugo Chávez Frías, entonces todo poderoso presidente de la República en una época de bonanza financiera que nunca antes vivió Venezuela.
Porque era lógico suponer que la elección del padre y luego del hermano mayor como gobernadores de Barinas podía ser beneficiosa para la región. Eso no tiene discusión, sobre todo si se toma en cuenta que cada presidente, a su turno, ha hecho cosas importantes por su terruño natal.
Sin embargo, en el caso de los Chávez, su elección no resultó tan auspiciosa como lo esperaban sus paisanos. No puede olvidarse que Chávez fue el primer presidente barinés titular de la historia. Antes hubo algunos encargados provisionalmente, pero nunca un nativo de Barinas ocupó la primera magistratura nacional por tan largo tiempo y con tanto poder y recursos financieros. Apenas el general Juan Vicente Gómez lo supera como el presidente que más tiempo estuvo en el poder, veintisiete largos años.
De modo que, desde este punto de vista, los barineses tenían lógicas expectativas con la elección del teniente coronel Chávez Frías como presidente de la república. Lamentablemente, esas esperanzas se esfumaron, no sólo en Barinas, sino en toda Venezuela. Así se perdió una oportunidad extraordinaria, no sólo para trabajar en función de sus promesas electorales, sino también para haber iniciado una nueva era de progreso y desarrollo en nuestro devenir histórico y especialmente en su región.
El balance, a nivel regional en estos casi 20 años, es realmente pobre: lo más destacado en materia de obras tal vez sean el central azucarero de Sabaneta, nunca concluido, ni puesto en marcha; la terminación del hospital Materno Infantil, iniciado por mi gobierno en 1994; el nuevo estadio La Carolina (lamentablemente construido donde estaba el anterior, con lo que perdimos una instalación deportiva que aún tenía muchos años de utilidad en el futuro) y algunos programas de vivienda. De resto, no hay más nada importante que resaltar.
La verdad es que a pesar de todo este prolongado tiempo y de la cantidad de recursos mil millonarios que han manejado, se puede concluir que no existe, realmente, una obra de gobierno como la que esperaba el pueblo de Barinas con la familia Chávez al frente de la gobernación. Y es que no hay otra forma de explicar la eficacia o ineficacia de un gobierno, como no sea analizando su tiempo y los recursos de que dispuso.
Porque, desgraciadamente, esa ineficacia chavista ha multiplicado los graves problemas de Barinas entre 1999 y 2017. Hoy la región se encuentra azotada por la pobreza crítica, la marginalidad, el desempleo, la ruina de la producción agropecuaria, la pésima vialidad rural, la inseguridad, los ineficientes servicios públicos, la escasez de agua potable y de energía eléctrica, entre otros problemas que no fueron enfrentados ni resueltos desde 1999 hasta hoy.
La permanencia del maestro Chávez y su hijo Adán por 19 años, a la que ahora hay que sumar la actual gestión de otro de sus hijos, equivaldría a cuatro períodos constitucionales de la República Civil, por ejemplo, entre 1958 y 1978, durante los cuales Barinas tuvo doce gobernadores adecos, copeyanos e independientes y una obra que mostrar.
Al estilo de un feudo de la Edad Media, la familia Chávez ha gobernado casi 20 años y hoy Barinas está peor que antes. Por eso, mucha gente atribuye el reciente “triunfo” del Chávez de turno como gobernador a las conocidas maniobras del CNE, y no a la voluntad mayoritaria de los barineses, quienes no tienen ninguna razón para prorrogar el mandato de aquellos que los han arruinado en estos 20 años nefastos. 
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 10 de abril de 2018.
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jueves, 12 de abril de 2018

VOTAR PARA ELEGIR


VOTAR PARA ELEGIR
Gehard Cartay Ramírez
El problema no es votar o abstenerse. El problema es votar para elegir. Y eso exige garantías plenas de que, en efecto, será reconocida la voluntad popular.
En mi caso particular no he sido abstencionista. Por el contrario, he votado en todos los procesos electorales desde que me convertí en elector, salvo en 2005, cuando los partidos opositores acordaron abstenerse. Por lo demás, en mi caso personal, debo insistir en que los cargos políticos que he ejercido siempre han sido por elección popular.
De modo que creo en el voto. Pero creo en el voto efectivo. Lamentablemente, hay que admitir que, desde 1999, ese voto ya no tiene la efectividad que establecen la Constitución Nacional y las leyes electorales. Lo que ocurrió entonces es que la oposición democrática estaba obligada a participar en todas esas elecciones anteriores, aún sin garantías plenas, para convencer a la opinión pública internacional de que no era una oposición golpista, argumento que el régimen utilizó hasta el cansancio en su contra.
Hoy en día, esa misma opinión pública internacional –la ONU, la OEA y casi un centenar de gobiernos extranjeros– es la que ahora sostiene que el sistema electoral venezolano está viciado y no garantiza la voluntad del pueblo, dados su falta de transparencia, sus trampas y el apoyo incondicional del CNE al régimen de Maduro.
La pregunta, a estas alturas, es la de si continuaremos asistiendo a la farsa electoral del chavomadurismo o si, por el contrario, estamos obligados a seguir exigiendo garantías plenas para que nuestro voto elija realmente y que no se perderá por las marrullerías del actual organismo electoral.
Así de sencillo, amigo lector. Y por eso insisto en que el problema no es votar o abstenerse. De lo que se trata es de establecer mecanismos y políticas que garanticen a todos los venezolanos que las elecciones serán limpias y transparentes, y no como hasta ahora, convertidas en una especie de caja negra, cuyo contenido sólo conocen el régimen y su CNE.
Hay al menos tres cosas concretas que deben corregirse a este respecto. En primer lugar, un nuevo CNE, designado de acuerdo a los artículos 295 y 296 de la Carta Magna. Desde el año 2000 se han venido designando rectores adscritos al régimen, violando la Constitución Nacional. Ya es hora de acabar con estas prácticas ventajistas, y así hay que exigirlo.
Segundo: hay que auditar el actual registro electoral y abrir uno nuevo con participación de los venezolanos residentes en el exterior. El registro electoral actual está viciado en extremo para favorecer al régimen.
Tres: debe revisarse la automatización del proceso electoral, especialmente luego de las denuncias de la empresa Starmatic sobre vicios e irregularidades al respecto. Tal vez debería pensarse en volver al proceso manual, utilizado hoy en la mayoría de las democracias avanzadas del mundo, visto que todo proceso automatizado es susceptible de ser programado para que produzca determinados resultados.
(Sobre las múltiples irregularidades y vicios de CNE y los procesos electorales convocados desde 1999 recomiendo el libro ¿Elecciones auténticas en Venezuela? Un análisis sobre la imparcialidad, el registro y el sistema automatizado, escrito por Antonio Canova González, Rosa E. Rodríguez Ortega y Tomás Arias Castillo, profesores universitarios y especialistas en temas electorales y administrativos)
Hay tiempo para plantear y resolver estos tres aspectos, pues las elecciones auténticas deben ser convocadas para diciembre de 2018, de acuerdo con lo señalado por la Constitución Nacional. Y ello se explica suficientemente por cuanto se pretende convocar el proceso electoral presidencial ahora en mayo, nueve meses antes de la fecha en que debe posesionarse el nuevo presidente de la República.
Por eso insisto en que debemos continuar la lucha por lograr plenas garantías electorales en Venezuela. Es nuestro derecho y nuestro deber. Y si yo estuviera en el lugar del candidato  Henry Falcón estaría planteando tales exigencias como absolutamente indispensables para participar en un nuevo proceso electoral para elegir al presidente de la República.
Ciertamente lo menos que podemos exigir como electores es que se respete nuestro voto, es decir, el voto de todos. Y por eso hay que insistir ahora en este asunto vital, antes de cualquier otro proceso electoral.
   @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 03 de abril de 2018.
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martes, 3 de abril de 2018

LA ENFERMEDAD DEL PODER


LA ENFERMEDAD DEL PODER
Gehard Cartay Ramírez
Luego de haber arruinado al país, saqueado sus riquezas y con el 90 por ciento de los venezolanos en contra, la cúpula podrida del régimen, enferma de poder, pretende prolongar su dictadura.
No otra cosa significan las recientes declaraciones de la presidenta de la fraudulenta constiuyente madurista cuando señaló que ellos “más nunca entregaran el poder”.
Y es que cual garrapatas pegadas de la ubre gubernamental, esta cáfila de corruptos quiere continuar esquilmando a los venezolanos, como si no estuvieran suficientemente ahítos de petrodólares y narcodólares. Ya se sabe, sin embargo, que “Dios ciega a quienes quiere perder”: están tan enfermos con el poder, y envilecidos con sus inmensas riquezas mal habidas, que pretenden alargar –como sea– su ya larga estadía en él, a pesar de que cada día crece la indignación popular en su contra.
Sin embargo, enfermos de codicia también, aspiran terminar de raspar la olla. Lo harán mientras puedan, porque ellos saben que les queda poco tiempo. Y como no tienen que hacer maletas con los dólares robados a nuestro pueblo, como sí lo hizo Pérez Jiménez en 1958, ya que en estos tiempos de banca digital sus fortunas están a buen resguardo en varios paraísos fiscales, entonces pretenden continuar mancillando a los venezolanos, sometiéndolos a las peores condiciones de vida que han sufrido en mucho tiempo.
Mientras les llega el momento de ser echados del poder, la cúpula podrida chavomadurista ya ha sacado del país –con suficiente antelación– a sus familias, con preferencia hacia el “odiado” imperio yanqui o a Europa. Milmillonarios, residen en costosas  mansiones o apartamentos, mientras sus hijos estudian en universidades caras y su tren de vida es opulento y desvergonzado (famosos restaurantes, vestimenta de marca, extravagantes compras, ostentosos vehículos y yates, flamantes aviones, etc.), como si fueran descendientes de una monarquía ladrona y rica en el exilio. Entre tanto, los chavistas pobres de vaina reciben la miserable bolsa de los Clap.
 No deja de ser una monumental hipocresía y un cinismo descarado que la cúpula podrida chavomadurista no haya enviado sus familiares a Cuba o Corea del Norte, siendo como dicen ser socialistas y anticapitalistas. Si acaso, y parece que no son muchos, tal vez algunos estén en China o Rusia, hoy neocapitalistas. Pero, la verdad, los revolucionarios del régimen prefieren Estados Unidos y su detestado “capitalismo neoliberal y explotador”.
Por eso mismo, no deja de ser también un colosal monumento a su condición de farsantes incurables la muy demostrativa circunstancia de que no hayan inscrito a sus vástagos en las universidades piratas fundadas por ellos aquí, desde que llegaron al poder. Por lo visto, tampoco quieren que sus afortunados herederos se gradúen en las profesiones chimbas que allí se ofrecen.
Todo esto demuestra que, al final, en Venezuela el llamado socialismo del siglo XXI es otra gigantesca estafa histórica, como lo ha sido en Cuba o lo fue en la desaparecida Unión Soviética o en la anterior China, reconvertida hoy al capitalismo salvaje, aunque con una dictadura comunista hasta nuevo aviso.
Pero, como bien se sabe, en cada una de esas dictaduras la cúpula siempre vivió de manera opulenta, enriquecida por el saqueo criminal de los recursos de cada país, mientras a los pobres les echaban las migajas de su festín baltasariano. Dicho en otras palabras: ellos milmillonarios, mientras el pueblo llano sufría hambre y pobreza, tal cual sucede en la Venezuela actual.
Nunca los venezolanos le perdonarán al chavomadurismo haber arruinado uno de los países más ricos del mundo. Nunca le perdonarán que los empobrecieran como lo han hecho desde 1999. Nunca le perdonarán que hayan destruido miles de industrias y empresas agropecuarias, liquidando así el aparato productivo nacional. Nunca le perdonarán que los hayan sometido al hambre, la escasez de comida y medicinas, la inseguridad, el desempleo y el empeoramiento de su calidad de vida, mientras la cúpula chavomadurista se ha enriquecido groseramente.
A esa cúpula, por supuesto, le importa un comino la desgracia que ahora sufren los venezolanos como consecuencia de 18 años de destrucción del país desde el poder. A ellos sólo les importan ellos mismos. Si no fuera así, sus familiares estarían aquí, sufriendo también la crisis. Pero resulta todo lo contrario: hoy viven como magnates mil millonarios fuera de Venezuela, mientras en Venezuela sobrevivir es cada día más difícil.
Todo esto demuestra que la enfermedad del poder los contaminó hace tiempo, y como a muchos otros -según lo ha demostrado la historia- también los terminará llevando a la extinción.
@gehardcartay
LA PATILLA.COM
Martes, 27 de marzo de 2018.