jueves, 22 de marzo de 2018

TOTALITARISMO CONFESO Y CORRUPTO


TOTALITARISMO CONFESO Y CORRUPTO
Gehard Cartay Ramírez
Acaba de declarar la inefable presidenta de la fraudulenta “constituyente” madurista que ellos “no entregarán más nunca el poder”.
Tamaña confesión no hace sino ratificar lo que ha sido su intención desde que una mayoría de venezolanos ingenuos e irresponsables eligieron al golpista Hugo Chávez Frías como presidente en las elecciones de 1998.
Aquel despropósito eleccionario de entonces, digno de una novela de García Márquez por su carga de realismo mágico, abrió la puerta a todos los demonios y permitió que, en menos de dos décadas, Venezuela, que en 1998 era uno de los países más ricos del mundo, se convirtiera en lo que es hoy: un país arruinado y pobre, con inseguridad, hambre y desabastecimiento –de las que siguen huyendo casi tres millones de compatriotas–, con la inflación más alta del mundo y con una pandilla de ladrones de cuello rojo en el poder que han saqueado ya más de 950.000 mil millones de dólares, de los cuales se han robado casi la mitad.
Si a su despropósito de “no entregar más nunca el poder”, lo que es consustancial a todo régimen socialista y comunistoide, se agrega su desorbitada corrupción mil millonaria, tan grande que ha sido capaz de saquear y quebrar una de las economías petroleras más fuertes del planeta, entonces ya sabemos que el chavomadurismo tiene otra razón adicional para seguir pegado de la teta financiera de Venezuela y “no entregar más nunca el poder”.
Resulta entonces muy claro el por qué se empeñan en realizar elecciones presidenciales a su conveniencia (“no entregar más nunca el poder”), con un CNE que hace lo que sea y como sea para beneficiar siempre al chavomadurismo, como está harto demostrado. Y sin embargo, la oposición democrática ha venido participando en casi todos los comicios celebrados desde comienzos del 2000, en virtud de que la electoral siempre ha sido su vía para derrotar al actual régimen.
No obstante, también es cierto que a estas alturas resulta imprescindible continuar planteando la exigencia de plenas garantías y condiciones que hagan confiable el sistema electoral, hoy exclusivamente en manos de quienes mandan en Venezuela. Y no se trata, como lo demuestran casi todas las elecciones en las que ha participado la oposición –salvo las parlamentarias de 2005 y las que ilegal y fraudulentamente pretenden hacer en mayo próximo–, de un simple capricho abstencionista, como algunos quieren presentarlo.
Por cierto que no deja de ser masoquista el absurdo argumento de algunos opinadores, según el cual la oposición democrática no tiene derecho a exigir ahora elecciones pulcras y transparentes por el hecho de haber participado en todas las anteriores, caracterizadas por el fraude, el ventajismo y las constantes violaciones a la Constitución y las leyes.
O que, por haber ganado las parlamentarias de diciembre de 2015 –seguramente por un descuido del oficialismo–, tenga que seguir tolerando el descarado y perruno respaldo del CNE al régimen, como sucede hoy cuando una “constituyente” fraudulenta, que nadie eligió y sin atribuciones al respecto, convoca unas elecciones presidenciales a destiempo, violando la Constitución y pretendiendo la insólita y surrealista situación de que un presidente electo ahora tome posesión en febrero del año que viene (¡!).
Por lo demás, la oposición democrática tiene que estar conciente de que ese despropósito de “no entregar más nunca el poder” no es una simple amenaza ni un argumento más del régimen para asustar o provocar a los electores que se le oponen. Se trata, sin duda, de un objetivo que siempre ha estado presente en su afán hegemónico de permanecer en el poder todo el tiempo que le sea posible.
Por lo tanto, no hay que llamarse a engaño e insistir en la lucha por mejorar las condiciones y garantías electorales para participar en cualquier elección futura. Lo contrario sería caer en el juego diabólico del régimen y su despropósito de eternizarse en el poder, disfrazándose de demócratas si consigue que algunos opositores lo legitimen en ese perverso empeño.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 20 de marzo de 2018.
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lunes, 19 de marzo de 2018

FUGA DE TALENTO Y JUVENTUD


FUGA DE TALENTO Y JUVENTUD
Gehard Cartay Ramírez
Nunca se podrá medir exactamente la inmensa magnitud de la tragedia que ha significado para Venezuela el chavomadurismo en el poder.
Cuando este nefasto tiempo haya pasado, los historiadores se asombrarán –aún más que nosotros hoy– del descomunal daño que la cúpula podrida ahora en el poder le hizo a los venezolanos de ahora y a los que vendrían después.
Por de pronto, y luego de 20 años mandando, nadie duda que han destruido a Venezuela. La han destruido en todos los aspectos. Han destruido la economía de uno de los países más ricos del mundo. Han destruido a PDVSA, que hace apenas veinte años era la quinta empresa más poderosa del planeta. Han destruido la agricultura y la cría. Y han convertido a Venezuela en un Estado fallido.
Como resultante de esta criminal destrucción, ahora los venezolanos somos más pobres cada día. Ahora somos más pobres porque nuestra moneda no vale nada, aquí y afuera. Ahora somos más pobres porque nuestros salarios cada vez alcanzan menos para comprar la comida y los bienes indispensables, cada día más caros y escasos. Ahora somos más pobres porque nuestras oportunidades de superación son cada día más limitadas. Por contraste, la mafia del actual régimen se hace cada día más rica y de manera obscena.
Han destruido al Estado y las instituciones. Han convertido a Venezuela en un Estado forajido, vinculado a los más siniestros intereses y a la peor corrupción de todos los tiempos. Hoy en nuestro país el poder sólo es usado para enriquecer aún más a la oligarquía que lo detenta. Eso nunca había ocurrido en las groseras dimensiones actuales.
Pero la mayor destrucción del chavomadurismo en el poder ha sido la de nuestro futuro como nación, todo lo cual perjudica especialmente a su juventud, es decir, a los venezolanos del mañana. Desgraciadamente, bajo el presente régimen, y como consecuencia de sus nefastas políticas económicas y sociales, nuestro país poco o nada puede ofrecerles hoy a sus ciudadanos y, en particular, a los jóvenes.
De ser un país que en el pasado recibió miles de inmigrantes de todas partes, Venezuela ha pasado a ser hoy un país donde millones de sus hijos ahora emigran hacia otras latitudes, huyendo de la tragedia chavomadurista que nos ha arruinado como nación y empobrecido como pueblo.
Son compatriotas que se escapan del hambre, la violencia y la escasez que sufre Venezuela. Muchos prefieren adentrarse en un mundo de riesgos y abandonar su tierra, y no seguir siendo castigados por la dramática crisis que soportamos aquí. Lo grave es que se trata de un fenómeno que tiende a masificarse, tal como ocurre con las migraciones de centroamericanos y mejicanos hacia Estados Unidos, o las producidas en otras latitudes por guerras y fenómenos telúricos.
Se calcula que son más de tres millones los venezolanos que se han marchado, la mayoría de ellos jóvenes profesionales, capaces y en plenitud de condiciones físicas e intelectuales. Hoy, en lugar de haber sido incorporados a trabajar por su país, son, por el contrario, prácticamente echados, al negárseles oportunidades y mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
Esto nunca había ocurrido antes, insisto. Se trata de un hecho inédito hasta ahora. Y como consecuencia de la quiebra y la ruina de Venezuela a manos del actual régimen, el país enfrenta lo que algunos especialistas denominan “la descapitalización del conocimiento”, todo lo cual pone en grave peligro el futuro del país.
Tan grave fenómeno también lo han llamado “fuga de cerebros”. Gente joven y capaz, formada en nuestras mejores universidades, que se marchan afuera buscando oportunidades que ahora se les niegan en su propio país. Son -insisto- profesionales en distintas ramas, científicos e intelectuales, profesores universitarios, en fin, talentos que necesitamos aquí, pero a quienes el régimen actual les niega su valía, como ocurre con los docentes de educación superior, por citar un caso, quienes hoy devengan sueldos miserables.
Por desgracia, el actual régimen ha liquidado intelectual y educativamente en estas dos décadas a tres generaciones. Al haber estrangulado como nunca antes la educación universitaria y, en su lugar, privilegiado sus universidades oficialistas piratas, le han hecho un daño brutal al país. Así, junto al desastre económico, el chavomadurismo ha incrementado también la pobreza intelectual, con impredecibles consecuencias para el futuro de la nación venezolana.
Lo grave, insisto, es que esto nunca había ocurrido en nuestro país. La diáspora venezolana, que ha desintegrado la familia venezolana y alejado tantos talentos que necesita el país, es otra desgracia más del chavomadurismo en el poder.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 13 de marzo de 2018.
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miércoles, 14 de marzo de 2018

ELECCIONES SÍ, PERO COMO DEBE SER



ELECCIONES SÍ, PERO COMO DEBE SER
Gehard Cartay Ramírez
La oposición democrática lo que está exigiendo es que las elecciones se realicen como lo mandan la Constitución y las leyes.
Sólo eso, amigo lector. Por desgracia, algo tan normal y corriente en un país democrático, aquí el régimen chavomadurista lo hace imposible. Esta patética situación demuestra, una vez más, la verdadera naturaleza del actual régimen y su control totalitario sobre instituciones que sólo deberían regularse por el Estado de Derecho y el ordenamiento legal. Por lo tanto, que la oposición tenga que negociar su participación en unas elecciones, ya es otra demostración de que aquí no existe una verdadera democracia.
Todo esto es aberrante desde cualquier punto de vista. Y así lo observa la comunidad de países democráticos que han venido denunciando la calamitosa situación de Venezuela. Para ellos es anormal que se tenga que negociar, como si estuviéramos en una guerra, algo que ya está definido por la Constitución y las leyes. Piensan, con razón, que esta es otra república bananera, donde el capricho totalitario de quienes están en el poder obliga a sus oponentes a sentarse en una mesa a discutir lo que no debería tener discusión alguna.
Pero así estamos en este desgraciado país. Precisamente porque el régimen no respeta las instituciones democráticas ni las leyes, la oposición tiene que discutir si se participa o no en unas elecciones que, según la Constitución venezolana, tienen fecha y están abiertas a todos los que deseen intervenir en las mismas. Pero como en los hechos no es así, entonces los opositores deben pasar por las horcas caudinas que supone negociar lo que el Estado de Derecho nos garantiza a todos y que debería ser de obligatorio cumplimento.
La actual tragedia venezolana, al igual que en otras ominosas épocas, es la de que aquí una cosa es la letra de la Constitución y otra la que dicta el régimen a través de sus verdugos institucionales. Se trata de un drama que nos ha retrocedido más de un siglo en nuestro devenir republicano y nos pone ante el mundo civilizado y moderno como un país donde la democracia cada vez se hunde más y, en paralelo, se consolida un modelo político y económico que hace tiempo debería estar en el basurero de la historia.
Pero, como dice la popular canción, “eso es lo que hay”. Y frente a tales adversidades, la oposición democrática no puede cruzarse de brazos. Debe continuar su lucha por mejores garantías electorales y porque se cumplan los lapsos eleccionarios que establecen la Carta Magna y las leyes de la materia. Y en esa lucha debe hacerse acompañar por los países democráticos que nos vienen apoyando, escandalizados con la dictadura chavomadurista y la tragedia humanitaria que nos afecta como pueblo.
Algunos pragmáticos y oportunistas no entienden la dimensión ética y moral que implica esa lucha y se contentan con recoger las migajas “participacionistas” que el régimen sacude en la mesa de conversaciones y que su lastimero colaboracionismo les hace presentar como si fueran un gran logro.   
Sin embargo, mientras esas condiciones electorales y políticas no se garanticen plenamente, con el aval de la comunidad internacional, la lucha no ha terminado y sería  una estupidez hacerle el juego a los intereses electorales del régimen, que sólo buscan beneficiarlo para continuar en el poder todo el tiempo que le sea posible. No creo que sea muy difícil entenderlo.
Por supuesto que la vía electoral sigue vigente y debe ser abordada como cuestión de principios por parte de los demócratas. Pero esa vía debe garantizarnos a todos que nuestra participación no va a ser una farsa en modo alguno, ni que vamos a convalidar un fraude y mucho menos permitirle al régimen que se siga burlando de la buena fe de los venezolanos.
Elecciones sí, pero como debe ser. 
 @gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 06 de marzo de 2018.
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martes, 13 de marzo de 2018

ASÍ NO…



ASÍ NO…
Gehard Cartay Ramírez
Las elecciones democráticas son la vía legítima para elegir y cambiar gobiernos.
En lo personal nunca lo he dudado. Todas las posiciones que he ocupado como dirigente político han sido por votación popular y democrática. De manera que para mí ha sido un principio esencial.
Por eso mismo siempre he sostenido que la vía electoral debe ser utilizada en lo posible. Se trata de un mecanismo de participación y, sobre todo, de movilización popular. Líderes como Rafael Caldera, por ejemplo, siempre acudieron a ellas a fin de consolidar sus partidos políticos, amén de haberles servido para acceder al poder, luego de varios intentos.
Por desgracia, el régimen ha logrado imponer el escepticismo frente a sus elecciones. Ha logrado aquí, por ahora, imponer “la desesperanza inducida” que el castrocomunismo hizo realidad en Cuba en los sesenta años que lleva tiranizándola. Para ello, los de aquí cuentan también con los abstencionistas inútiles que existen en el campo opositor.
Pero con ello también han dejado claro para todos que hay elecciones y “elecciones”. Cuando las elecciones son transparentes y pulcras expresan la voluntad general. Así se constituyen en un medio que siempre debe emplearse por parte de los demócratas.
Sin embargo, cuando son fraudulentas y tramposas, como aquí desde 1999, entonces no son viables, a pesar de que la oposición democrática, aún en tales circunstancias, ha participado –con la excepción de las parlamentarias de 2005– para dejar constancia de que su lucha se encausa por las vías constitucionales y legales.
Por lo tanto, pareciera absurdo continuar en ese empeño, sabiendo que los resultados están cantados de antemano. Así no. Ya está bueno ya. Sería una estupidez y una ingenuidad inaceptables continuar participando con un CNE que sóloobedece al régimen y actúa para beneficiarlo siempre, con sus trampas y fraudes.
Porque hay que recordar que desde hace 18 años el régimen controla todo el proceso eleccionario, a través de un órgano electoral incondicional que, por cierto, sigue siendo el mismo. Por lo tanto, aquí no hay imparcialidad ni garantías para quienes disienten del régimen. Por supuesto, y pretendiendo en cierto modo guardar las apariencias, ellos desde el poder han adjudicado algunos triunfos parciales a la oposición, aunque luego anulen y persigan a los elegidos.
Porque allí es cuando se desnuda su carácter antidemocrático. Así ocurrió en diciembre de 2015, cuando descuidaron sus mecanismos fraudulentos y se coleó por allí una victoria electoral opositora que le permitió ganar la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional. Ya sabemos cómo luego la desconocieron y han anulado todas sus decisiones, aparte de haberla despojado de los recursos presupuestarios que le corresponden según la Constitución y las leyes.
Por lo demás, está ya más que comprobado también que no se pueden seguir realizando elecciones con este CNE y su abultado registro electoral, el mismo que se han negado a revisar, auditar y depurar por razones obvias. No se puede tampoco continuar acudiendo a las elecciones que convoquen si va a continuar empleándose el actual proceso automatizado para votar, desprestigiado y en desuso en todas partes por ser manipulable (¡hasta los rusos lo usaron para influir en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, según investigaciones del FBI!).
Tampoco podemos seguir aceptando el mecanismo de “escrutinios” del actual CNE, al cual sólo acceden sus partidarios y lo manejan con el mayor secreto para anunciar sus “resultados” a altas horas de la madrugada, mientras en la mayoría de los países democráticos se van difundiendo en tiempo real por los medios de comunicación.
Ya está bueno ya, pues. Ya está bueno de seguir tolerando un CNE en el que casi nadie confía, por lo cual se hace necesaria su sustitución por gente honesta e imparcial. Ya está bueno de seguir tolerando una “constituyente” fraudulenta, que hace lo que le da la gana, pretendiendo sustituir la Constitución y las leyes, sin tener autoridad para semejante despropósito.
De allí que, en lugar de refugiarnos en una abstención desmovilizadora y eunuca por omisiva e inofensiva, lo que esté planteado es aprovechar la realización de las elecciones fraudulentas convocadas para el 22 de abril para producir una movilización ciudadana en todas partes exigiendo un nuevo CNE, un nuevo registro electoral, así como elecciones manuales y, por supuesto, una nueva convocatoria a comicios presidenciales, pero en cumplimiento de la Constitución y las leyes, las cuales deberán celebrarse a finales de este mismo año.
Lo peor que podría pasar es que quienes luchamos contra la dictadura chavomadurista –tal como lo ha dicho el padre Ugalde– convirtamos en inocua pasividad el rechazo a esa tramposa votación de abril y nos crucemos de brazos en nuestras casas.
  @gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de barinas - Martes, 27 de febrero de 2018.
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