jueves, 7 de diciembre de 2017

DEL SOCIALISMO A LA TRAGEDIA HUMANITARIA




DEL SOCIALISMO A LA TRAGEDIA HUMANITARIA

Gehard  Cartay Ramírez
Todos los regímenes socialistas o comunistas, sin excepción, han terminado en grandes fracasos, luego de producir tragedias humanitarias absurdas.
Lo grotesco es que esos mismos regímenes prometieron algo que parecía lo más próximo al paraíso terrenal. Prometieron más libertad, derechos humanos, bienestar y progreso. Pero cuando llegaron al poder esos mismos partidos comunistas o socialistas degeneraron en totalitarismos criminales y violadores de los derechos humanos, e hicieron retroceder sus pueblos, condenándolos al atraso, el hambre y la pobreza.
Así fue en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que se constituyó con Rusia y sus vecinos, luego en la China de Mao Tse Tung, los países de la Europa Comunista, la Cuba castrocomunista, el Chile de Allende, Vietnam, Corea del Norte, Laos y la Nicaragua sandinista.
El gran error del socialismo o comunismo –ambos son lo mismo, como lo anotó alguna vez Fidel Castro– estriba en que nunca quiso reconocer la primacía de la persona humana sobre el Estado, a fin de que éste estuviera a su servicio. Hizo exactamente todo lo contrario: someterla al poder omnímodo de aquél. Al convertir al Estado en lo esencial y poner todo lo demás a su servicio, contrarió el orden natural de las cosas, y allí está la clave su estruendoso fracaso como sistema político, económico y social.
Porque lo única verdad es que la persona humana es el alfa y omega de todo. Y es a su servicio que deben estar el Estado, la economía y todo cuanto le concierne como centro de la creación. Desconocer esta realidad supone ir a contracorriente de la naturaleza humana, lo que justifica entonces el derecho a la rebelión, como lo proclamó en su momento Santo Tomás de Aquino (1225-1274).
De tal manera que allí está el gran error conceptual del socialismo o comunismo. Lo que sucede es que casi siempre se han presentado con un falso ropaje humanista, en virtud de que son –insisto– una ideología colectivista en esencia, que privilegia al Estado y no al ser humano en sus derechos y deberes. Por ello siempre sacrifican la libertad, la propiedad privada y la iniciativa particular, con lo cual derivan, indefectiblemente, en dictaduras y tiranías de la peor especie.
Esa perversión ha traído como consecuencia grandes tragedias humanitarias, que han costado centenares de millones de vidas humanas, muchas más que las producidas por las guerras o por el genocidio nazi. Desde los fusilamientos en masa de campesinos por órdenes de Lenin en los inicios de la revolución soviética, pasando por las prácticas criminales estalinianas posteriores, hasta las grandes hambrunas tanto en la Rusia como en la China comunistas, sin dejar de lado el paredón castrista al mando del Ché Guevara o las matanzas colectivas del dictador camboyano Pol Pot, el socialismo comunista siempre figurará entre los grandes crímenes contra la humanidad.
Sin embargo, al final y por mandato de la historia, invariablemente desaparecen, a veces de manera fulminante, como sucedió con la URSS o la Europa comunista, y otras mutando hacia economías de mercado, con una oligarquía comunista al frente del Estado como sucede hoy en China y Vietnam.
Ahora mismo, Venezuela se adentra en una experiencia similar, a pesar de que vivimos en pleno siglo XXI y de que nuestro destino superior debiera ser otro en virtud de sus riquezas naturales y demás potencialidades, todas ellas capaces de asegurarnos progreso y bienestar, si fueran otros los gobernantes. Por desgracia, sufrimos ahora un serio retroceso en esa lucha histórica por nuestra superación.
La llegada al poder de unos militares golpistas y aventureros, acompañados por seudointelectuales marxistas y comunistas, hoy convertidos casi todos en ladrones y peculadores del tesoro público, ha significado la destrucción de la Venezuela en ascenso que éramos hasta 1998. Hoy la han convertido, paradójicamente, en una nación hambrienta y empobrecida, a pesar de ser una de las más ricas del mundo en materia de recursos naturales, entregados a mafias rusas, chinas, cubanas e iraníes, en conjunción con la cúpula podrida que manda.
Frente a este cataclismo, dicho sea sin exagerar, hay todavía algunos compatriotas que preguntan ¿qué va a pasar?, como si fueran de otro país, en lugar de preguntarse (y responderse): ¿qué vamos a hacer?, algo que a todos nos envuelve, y a la que Santo Tomás dio respuesta hace ya varios siglos…
  @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 28 de noviembre de 2017-
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lunes, 27 de noviembre de 2017

“NI LAVAN NI PRESTAN LA BATEA”


“NI LAVAN NI PRESTAN LA BATEA”
Gehard Cartay Ramírez
El peor gobierno de la República Civil, entre 1959 y 1998, es mejor que el régimen que sufrimos desde 1999.
Lo rotundo de esta afirmación ya explica porqué Venezuela sufre hoy su peor crisis en todos los sentidos. En casi 19 años, con colosales ingresos de petrodólares como nunca antes, el actual régimen destruyó la Venezuela en ascenso que veníamos siendo. Por contraste, y al estilo de una maldición gitana, el chavomadurismo nos dejará como ominoso legado un país arruinado e hipotecado, empobrecido y miserable, con los viejos problemas de siempre agravados y los nuevos que crearon desde 1999, más graves aún.
Los venezolanos vivimos una injusta tragedia por culpa del régimen actual. No hay derecho a que un país con tantos recursos de todo tipo hoy esté sumido en la pobreza, el hambre, la inseguridad y la delincuencia. No hay derecho a que hoy sea tan difícil comprar comida suficiente y la poca que se consigue hay que adquirirla a precios exhorbitantes, que suben cada semana de manera vertiginosa.
No hay derecho a que esa megainflación nos haga cada día más pobres, porque aquí y en todo el mundo no hay nada que empobrezca más. Y lo peor es que el régimen no hace nada para paliar en algo la dantesca tragedia que el chavomadurismo ha engendrado en todo este tiempo. Por desgracia, tuvieron mucha capacidad para destruir la Venezuela progresista que hubo hasta 1998. Pero luego de eso, se saben incapaces e ineptos para sacar al país adelante. Y es que ciertamente están imposibilitados para hacerlo, porque los destructores nunca pueden construir nada… 
Aquí todo el mundo sabe que fue el chavomadurismo el que acabó con el país. La cínica excusa de la mentira de la “guerra económica”, inventada para intentar sacudirse la responsabilidad de haber creado esta colosal crisis contra los venezolanos, nunca la ha creído la gente. Lo único cierto es que aquí la vida cada día es más dura y difícil, todo es más caro y escaso, mientras todo el mundo se queja amargamente de que los sueldos y salarios no alcanzan para nada… 
Lo peor es que chavomadurismo no tiene excusa alguna para haber creado este infierno en Venezuela. Lo primero que hay que poner de relieve es el contexto en que se ha desarrollado su ejercicio político y administrativo. Por un lado, les tocó ejercer el poder en un país con altos ingresos petroleros -en promedio 100 dólares por cada barril durante más de 10 años. Tamaña riqueza, bien administrada, hubiera servido para resolver todos nuestros problemas (sí, amigo, lector, ¡todos!) y garantizar así un mejor destino para los venezolanos.
Y por el otro lado, el actual régimen ha sido uno de los que más tiempo ha detentado el poder, después de la autocracia guzmancista del siglo XIX y la tiranía gomecista del siguiente. Ya son 17 años de ejercicio pleno y absoluto del poder, sin que hayan tenido contrapesos de ninguna especie y, como ya se señaló, en medio de una super abundancia de recursos económicos como nunca antes.  
Cuando hablo de problemas que se pudieron resolver resalto, en primer término, aquellos que han impedido mejorar la calidad de vida de los venezolanos: empleo digno para todos, reducción de los altos niveles de pobreza, eficiencia en la prestación de los servicios públicos, funcionamiento cabal de los centros de salud pública y guerra contra la delincuencia -que, por cierto, ha asesinado más de 300 mil venezolanos desde 1999-, entre otros retos a superar.
Y al lado de estos grandes objetivos, la continuación del mejoramiento de la infraestructura física del país, un esfuerzo que se venía haciendo de manera eficaz desde la década de los años cincuenta del siglo pasado, y que hoy se ha abandonado. Ahora no hay construcción de modernos hospitales, centros de salud y medicaturas rurales y urbanas, escuelas, liceos y universidades, viviendas populares y de clase media, equipamiento y consolidación de barrios en ciudades y pueblos, redes de electrificación en todas partes, autopistas y carreteras, vías de penetración en zonas de producción agropecuaria, creación de fuentes alternas de energía, etc., etcétera.
El chavomadurismo ha destruido a Venezuela y quiere seguir en esa tarea para hacerse cada vez más ricos, mientras nos siguen empobreciendo al resto de los venezolanos. Pretenden quedarse en el poder más tiempo, pero no gobiernan porque no solucionan nada y empeoran todo. Como dice el refrán popular: “Ni lavan ni prestan la batea…” 
No podemos renunciar a la lucha por desalojarlos del poder cuanto antes y abrir paso a los mejores para que gobiernen y sepulten definitivamente a la peorrocracia chavomadurista.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 24 de noviembre de 2017.


 

sábado, 25 de noviembre de 2017

LA IMPORTANCIA DE LA POLÍTICA LOCAL



LA IMPORTANCIA DE LA POLÍTICA LOCAL
Gehard Cartay Ramírez
De entrada, una advertencia: la política –a pesar de que algunos lo nieguen– lo abarca todo: desde recoger la basura hasta la deuda externa de un país.
Bien la define el Diccionario de la Lengua Española: “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier modo”.
Y la política, como es sabido, tiene varios niveles: el internacional, el nacional y el local. A este último quiero referirme, a propósito de las próximas elecciones de alcaldes.
Hay que recordar que, a partir de 1989, se inició en Venezuela el proceso de descentralización, regionalización y desconcentración del Poder Público, con la elección de gobernadores y alcaldes. Hasta entonces, los primeros eran designados por el presidente de la República y los segundos no existían.
Aquella fue una decisión histórica en todo sentido, pues significó una redistribución de las funciones gubernamentales al trasladarse un conjunto de competencias a gobernaciones y alcaldías. (En lo personal, siendo diputado al Congreso de la República participé en la discusión de varias leyes descentralizadoras y fui candidato a gobernador de Barinas en las primeras elecciones de diciembre de 1989. Después resulté electo como tal por el pueblo barinés en los comicios de diciembre de 1992, repetidos en junio de 1993.)
Desde entonces se configuró también una nueva forma de participación política en Venezuela. Se le quebró el espinazo a los cogollos caraqueños y creció el protagonismo de la provincia, al punto de que más tarde algunos gobernadores y alcaldes electos en 1989 fueron candidatos presidenciales en los siguientes comicios (Álvarez Paz, Andrés Velásquez, Fermín, Salas Römer, Arias Cárdenas, Manuel Rosales, Capriles), aunque ninguno resultara electo o se le desconociera el triunfo.
Ciertamente, aquella fue una experiencia útil y positiva en todo sentido. Primero, porque la gente eligió sus gobernadores y alcaldes, algo que nunca antes había hecho. Segundo, porque reconocía así sus auténticos líderes. Tercero, porque algunos de ellos hicieron gala de ideas y políticas novedosas al dejar de ser funcionarios nombrados a dedo. Otros también se las ingeniaron para conseguir más recursos presupuestarios y administrarlos con eficiencia.
Sin duda, al tener mayor autonomía, esos gobernadores y alcaldes manejaron sus presupuestos en beneficio de sus regiones. Y era lo correcto: al tener como jueces de su gestión a los electores –y no al presidente de turno, ni a la cúpula nacional del partido– estaban obligados a gobernar con prioridades, administrando lo mejor posible los recursos y ocupándose, por tanto, de los verdaderos problemas regionales.
(Vuelvo a citar mi experiencia, y perdóneseme por esto, pero viene al caso: en Barinas, por ejemplo, pudimos construir obras fundamentales sólo con cargo al presupuesto regional, sin ningún tipo de recursos nacionales, entre ellas, el Hospital Materno Infantil, las avenidas Arvelo Torrealba y Blonval López, los programas sociales, etc.).
Por desgracia, esa experiencia tan positiva la liquidó luego, en varias etapas, el chavismo al llegar al poder, pues la descentralización y la regionalización no eran compatibles con su proyecto totalitario. Desde entonces, gobernaciones y alcaldías han venido siendo despojadas de atribuciones y de recursos financieros adicionales que antes percibían.
Desde entonces, también se viene ejecutando una política perversa, sectaria y excluyente, conforme a la cual se les niegan recursos a gobernadores y alcaldes de partidos opositores, a fin de asfixiarlos económicamente, sin que al régimen le importe el daño inmenso que le ocasiona a la gente de esas entidades federales y sus municipios.
Sin embargo, estas difíciles circunstancias, en lugar de amilanarnos, debemos convertirlas en poderosas razones en la lucha por rescatar la descentralización. Y es que, justamente por ser esta última opuesta al modelo totalitario del régimen, estamos en el deber de elegir alcaldes comprometidos con sus comunidades, y no con el chavomadurismo. Porque, a pesar de que se pretenda liquidar política y financieramente las alcaldías, el voto por los candidatos opositores tiene también validez como un categórico voto protesta contra la dictadura.
Por eso mismo, hay derrotar los candidatos paracaidistas que, como en el caso del municipio Barinas, traen de afuera sin que nadie de aquí los conozca, impuestos por el régimen, sin consultar siquiera a las bases chavistas.
Por todo ello, y a pesar de los problemas y del intento por liquidarlas, hay que impedir que la mayor cantidad de alcaldías caiga en manos del chavomadurismo. Hay que conquistarlas para que sean instrumentos al servicio de las comunidades, y no del régimen. Así de sencillo.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas - Martes, 14 de noviembre de 2017
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