domingo, 13 de marzo de 2016

¿QUÉ PRETENDE EL RÉGIMEN?



¿QUÉ PRETENDE EL RÉGIMEN?
Gehard Cartay Ramírez
     Hay que preguntarse qué pretende el régimen con su absoluto desprecio por la gravísima tragedia que sufrimos hoy.
     ¿Pretende un gran estallido social, un autogolpe o un golpe de Estado? Y no hablo de una guerra civil, porque para que la hubiere tendrían que existir dos bandos armados. Aquí, como se sabe, sólo tienen armas el régimen y los malandros. Y el armamento de la República, que tiene en custodia la Fuerza Armada Nacional, no podría en teoría ser usado contra el pueblo, aunque nunca se sabe.
      Pareciera que la cúpula podrida que manda se siente desahuciada y rebasada por la crisis que creó a partir de 1999. Sabe que se le acabó su margen de maniobra. Sabe que nada o casi nada puede hacer ya para siquiera paliar la hecatombe económica y social que hoy sufrimos en Venezuela. Y debería saber -aunque muchos chavistas concientes sí lo saben- que el régimen es el verdadero problema y que no habrá solución si no es desplazado del poder cuanto antes.
      A estas alturas, esa cúpula no tiene perdón por el infierno en que nos ha metido a todos, sin incluirlos a ellos, con millones de dólares dentro y fuera del país, robados a los venezolanos. Nos han saqueado como jamás antes lo hizo gobierno alguno. Porque nunca antes nuestro país recibió los ingresos milmillonarios por venta de petróleo como los que ha percibido el actual régimen desde hace una década.
       Porque no hay que olvidar que con un precio promedio de 100 dólares por barril petrolero (entre 1994 y 1999, gobernando Caldera, fue de nueve dólares/barril), este régimen ha dilapidado y robado más de 990 mil millones de dólares, una montaña de dinero que nos habría resuelto todos -sí, amigo lector, ¡absolutamente todos!- nuestros problemas. Con mucho menos de esa cantidad fueron reconstruidos Europa y Japón, luego de la Segunda Guerra Mundial.
      Y sin embargo, hoy sufrimos una absurda tragedia humanitaria, sin comida, ni medicinas suficientes, con la inflación más alta y los salarios más bajos del mundo. El gran crimen del chavismo es habernos empobrecido a todos, porque, al fin y al cabo, eso es lo que hace la inflación: al encarecerse el costo de la vida, nuestros ingresos se encogen simultáneamente. El resultado no es otro que el empobrecimiento general.
      En tales circunstancias la existencia a los venezolanos se nos ha vuelto una pesadilla. Hoy los pobres son más pobres que antes (a pesar del discurso oficialista que dice lo contrario y repetido aún por algunos opositores pendejos) y la clase media está en camino a su extinción. ¿Cómo puede hoy un profesional promedio, por ejemplo, comprar una vivienda o un carro -algo que se hacía en la República Civil, entre 1958-1999, sin mucha dificultad- y hoy es sencillamente imposible? Menos puede hacerlo un obrero con su sueldo mínimo y, desde luego, le está prohibido a cualquier pobre desempleado.
      Para empeorar aún más las cosas está también la tragedia de la inseguridad. Aquí pocas veces habíamos presenciado tanto irrespeto por la vida de los venezolanos y sus bienes. A nuestra gente la están matando como si fueran moscas: más de 300.000 asesinatos desde 1999. No hay quien no haya sido robado en su casa o en la calle. No hay respeto a la propiedad privada. Delincuentes y malandros invaden finas y terrenos particulares. Y la ley es letra muerta.
      Está también el viacrucis de los servicios públicos: escasea el agua potable en todas partes, a pesar de que somos un país con inmensas riquezas acuíferas, y hay suficientes demostraciones de que marchamos a un colapso del servicio de energía eléctrica. Y pensar que antes de 1999 Venezuela exportaba electricidad y existía un servicio de agua potable bastante eficiente.
      Sin embargo, la cúpula podrida que manda nada hace por enfrentar todos estos problemas. Por el contrario, deja que se agraven hasta que lleguemos al colapso final. La pregunta, insisto, es qué buscan acelerando todo este caos ya insoportable.
      Resulta ya obvio que aquí puede producirse un gravísimo estallido social, dada la arrechera y la indignación de la gran mayoría de los venezolanos. Si el régimen está jugando a ello, debería saber que un turbión de esa naturaleza se los llevará en los cachos a ellos mismos. Y lo de un supuesto autogolpe les abriría la puerta a todos los demonios, al igual que cualquier otra salida golpista y militarista.
      El cambio de la cúpula podrida, por lo tanto, tiene que popular, democrática y urgente. No hay otra opción. Pero debe ser ya mismo.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 08 de marzo de 2016

miércoles, 9 de marzo de 2016

LO PRIMERO ES LO PRIMERO


LO PRIMERO ES LO PRIMERO
Gehard Cartay Ramírez
     Nadie puede hoy en día dudar que el objetivo urgente y prioritario sea la sustitución del actual régimen, a fin de detener la catástrofe que significa su continuación en el poder.
     Todo lo demás es secundario. Lo que está en juego es el destino de Venezuela: si sigue hundiéndose en manos de la cúpula podrida que manda desde 1999 o si, por el contrario, paramos este desastre y elegimos un gobierno que trabaje por rescatarla de la crisis y enrumbarla hacia el progreso y el desarrollo.
      Por lo tanto, la dirigencia opositora debería tener claro este objetivo y no andar perdiendo tiempo y recursos en otros menos importantes. Y aún cuando aún no se haya definido -hasta el momento en que escribo estas líneas- cuál será el mecanismo para salir de esta tragedia, debe suponerse que tendrá que ser ejecutado este mismo año y cuanto antes.
      Se discuten en la oposición democrática varias alternativas: la enmienda constitucional para recortar el período presidencial actual; la reforma constitucional sobre el mismo asunto; el referendo revocatorio y hasta la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. Resulta obvio que debe acordarse la vía más expedita, pues la urgencia del caso así lo requiere.
      En este sentido, la alternativa que se apruebe -seguramente la enmienda constitucional o el referendo revocatorio, o ambos a la vez- tiene sus lapsos, tanto en su tramitación por la Asamblea Nacional como en la necesaria consulta popular que debe aprobarla. Ya estamos entrando al primer trimestre de 2016 y aún no hay definición al respecto, pero es obvio que los tiempos son muy ajustados.
      La pregunta entonces sería si, planteadas así las cosas de manera urgente, habría tiempo aún para realizar las elecciones de gobernadores en diciembre. A esta fecha no se ha abierto el registro electoral y menos aún se conocen los lapsos de convocatoria, presentación de candidatos y campaña electoral al efecto. Por cierto, tampoco se ha fijado la fecha de las elecciones primarias en las cuales deberán escogerse los candidatos de la MUD.
      Si lo primero es lo primero, parece obvio que la Unidad Democrática le otorgue prioridad absoluta al cambio del régimen cuanto antes. Allí puede estar el comienzo de una nueva era venezolana, al salir de esta nefasta experiencia y prepararnos todos para superarla y trabajar por una Venezuela mejor.
      Y es que sólo cambiando ya el régimen podemos sustituir esta economía fracasada y ruinosa por otra productiva y eficiente. Sólo si cambiamos el régimen podemos atraer inversiones nacionales y extranjeras para abrir las fábricas cerradas y reactivar la producción agropecuaria, creando nuevas fuentes de empleo y produciendo otra vez comida, servicios y oportunidades para todos.
      Sólo si cambiamos al régimen podemos recuperar a PDVSA de su estado ruinoso actual y convertirla otra vez en una poderosa y eficiente empresa, capaz de aumentar su producción petrolera. Sólo si cambiamos el régimen se puede ejecutar una política de seguridad para la vida y los bienes de todos, que tánta falta nos hace. Sólo si cambiamos el régimen podemos recuperar nuestra democracia, hoy secuestrada por una cúpula corrupta.
     Sin embargo, hay cierta dirigencia opositora que anda perdida por sus ambiciones subalternas. Ahogados en sus proyectos personales, que ponen por encima del proyecto nacional -cambiar cuanto antes a Venezuela-, esos dirigentes sólo demuestran miras reducidas y, lo que es peor, una absoluta falta de sintonía con las reales aspiraciones de la gran mayoría de los venezolanos.
      Este tipo de dirigencia poco ayuda a la estrategia de la MUD, dirigida a lograr el cambio del actual régimen cuanto antes. Y es que siendo este un objetivo fundamental, pero difícil y complejo de ejecutar, distraernos en cualquier otro lo hace aún más complicado.
     Lo afirmo porque en todas partes hay alguna gente ensimismada con sus precandidaturas a gobernadores, en virtud de que este año deberían realizarse elecciones con tal fin. (Y digo esto sin perjuicio de las aspiraciones -legítimas o no, ese es otro asunto- de quienes piensan competir al efecto.)
     Obviamente que, analizadas las cosas con objetividad, nadie puede dudar que el cambio de régimen es muchísimo más importante que elegir ya nuevos mandatarios regionales, sobre todo cuando, desde 1999, las gobernaciones han sido reducidas a la nada por la hegemonía centralista del chavismo.
      Por eso creo que los lectores coincidirán conmigo en que, dada la gigantesca y agobiante crisis que padecemos hoy en este país, lo prioritario es resolverla ya. Y esa solución pasa por cambiar al régimen, que es el problema y, por tanto, no puede formar parte de esa solución.
      La MUD podría ganar todas las gobernaciones y eso no cambiaría nada. Porque lo importante, ahora, es cambiar al régimen. Y punto.
 @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 01 de marzo de 2016. 






sábado, 27 de febrero de 2016

¿HASTA CUÁNDO ABUSAN DE NUESTRA PACIENCIA?



¿HASTA CUÁNDO ABUSAN DE NUESTRA PACIENCIA?
Gehard Cartay Ramírez
           Esta es la pregunta que le hacemos los venezolanos a la cúpula corrupta en el poder.
       Pero esa claque no responde. Piensa que puede seguir burlándose del pueblo. Piensa que se puede mofar de millones de venezolanos que estamos decididos a cambiar esta situación cuanto antes. La cúpula podrida en el poder cree que la paciencia del pueblo no tiene límites. Que vamos a seguir calándonos su ineptitud, corrupción y abuso de poder por siempre. Y están equivocados: la paciencia tiene un límite.
       La paliza que recibieron en diciembre fue apenas un aviso. Pero pretenden no darse cuenta de ello y desprecian la voluntad soberana del país, harto ya del régimen que hemos padecido desde hace 17 largos años. Sin embargo, ya están advertidos. Que no vengan después a decir que los venezolanos no se lo avisamos.
       Precisamente ese cinismo y caradurismo con que han asumido su derrota de diciembre pasado los retrata como una cáfila de ambiciosos y corruptos que pretenden seguir en el poder a costa de lo que sea y como sea. Y qué equivocados están. A estas alturas todavía no conocen la fibra libertaria de los venezolanos, muy distintos al pobre pueblo cubano que tiene casi 60 años soportando la tragedia castrocomunista. Pero los venezolanos no somos cubanos. Que no se equivoquen.
      Aparte de habernos dividido con su mensaje de odio y violencia -creando resentimientos y reconcomios que antes no existían en el alma de nuestra nación-, han destruido a Venezuela como el país que venía ascendiendo hacia su desarrollo y progreso.
     Fue así como -criminalmente- enfrentaron a unos compatriotas contra otros para garantizar su permanencia en el poder, calificando a los suyos como “los buenos” y a los demás como “los malos”. Han apelado a las peores aberraciones, como esa de hacerle creer a algunos que si alguien logra superarse social, cultural y económicamente, es porque lo hizo perjudicando a los demás. La verdad es que cuando existe un decidido espíritu para alcanzar metas de progreso y crecimiento personal, resulta criminal afirmar que esos logros sólo son posibles a costa de dañar a los que no han alcanzado metas similares.
      Desde 1999 han manejado esta argumentación falsa para justificar su enfermiza ambición del poder por el poder mismo y no para ponerlo al servicio del pueblo. A la conseja maquiavélica del “divide y vencerás”, han agregado la siembra del odio entre nosotros, atavismo que llevará un tiempo desterrar en aquellos que han sido contaminados por el resentimiento contra los demás, por creerlos causantes de sus propios fracasos.
      Por si fuera poco, el régimen también ha empeorado nuestra calidad de vida. Comenzando por el derecho humano más esencial, como lo es derecho a vivir, hoy dolorosamente en Venezuela no hay Estado ni gobierno que lo garantice a plenitud. Actualmente, la inseguridad asesina todos los días a cientos de compatriotas, sin que el régimen haga algo para detener este monstruoso genocidio contra los venezolanos.
       Al igual que en esa materia, hoy también nos hemos “africanizado” en cuanto a la carencia de servicios públicos elementales en cualquier parte del mundo, como la electricidad y el agua potable. Los hospitales públicos tampoco funcionan y la gente se muere de mengua a sus puertas, esperando una atención que nunca llega.
      Para empeorar aún más las cosas, se ha vuelto una odisea conseguir los alimentos básicos para nuestra existencia y los pocos disponibles están racionados y a precios muy elevados. La cúpula por ahora en el poder acabó con la industria nacional de alimentos, creyendo que podía sustituirla comprándolos afuera a punta de petrodólares.
      También arruinó la agricultura y la cría, mediante expropiaciones e invasiones de fincas por parte de malandros de la peor calaña. Creyó que los dólares con que compraban afuera la comida -y que aquí se producía antes- le iban a durar toda la vida, a pesar de que se los robaban y derrochaban a manos llenas. Ahora Venezuela no tiene dólares ni comida, gracias a estos “genios” en el poder…
      Lo mismo pasa con los medicamentos, escasos en casi un noventa por ciento y también carísimos, por lo que ya muchos venezolanos han muerto al no poder conseguirlos. Estamos a las puertas de una tragedia humanitaria, a causa de la escasez de comida y medicinas.
      Y todo esto sucede luego de que el actual régimen ha saqueado, robado y despilfarrado más de 950 mil millones de dólares. ¡Con esa montaña de dinero ya se hubieran resuelto los problemas del país y de los venezolanos!
      Ante todo este monumental desastre hay que advertir una vez más que la paciencia tiene sus límites. Que no lo olvide la cúpula podrida que manda.

@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 23 de febrero de 2016.

sábado, 20 de febrero de 2016

EL SOCIALISMO COMO FRACASO



EL SOCIALISMO COMO FRACASO

Gehard Cartay Ramírez
El actual régimen se cataloga como “socialismo del siglo XXI, justamente luego de que esa etiqueta ideológica resultara uno de los fraudes históricos más notables de la historia.
No tiene nada de raro, entonces, que esta tragedia que vivimos los venezolanos desde hace varios años también se defina como socialista. Cualquiera que haya leído un poco de historia sabe que el socialismo ha fracasado en todas partes porque fue incapaz de desarrollar un modelo económico que permitiera distribuir la riqueza, promover la iniciativa personal de cada quien y respetar el derecho de propiedad como una conquista humana lograda por el trabajo de hombres y mujeres.
El socialismo fracasó estruendosamente en todas partes, al igual que ha fracasado en Venezuela. Esa es la gran verdad. Primero fue la caída del Muro de Berlín y la liquidación de la Alemania Comunista por haber llevado al hambre, la miseria y al atraso aquella parte del pueblo alemán. Luego vino el derrumbe de la Unión Soviética, la gran mentira del siglo XX, considerada por sus seguidores como el paraíso socialista del mundo. Pero se acabó porque su fracaso económico fue de tal magnitud que, sin que nadie disparara un tiro en su contra, los propios rusos decidieron liquidarla. El efecto dominó no se hizo esperar: como si fueran un castillo de naipes también se acabaron las Repúblicas Socialistas satélites de la Unión Soviética.
Desde la década de los 90, China también abandonó el socialismo como sistema económico, si bien se mantiene, por ahora, un régimen comunista en lo político. Algo parecido ocurre con Vietnam, reconvertido también al capitalismo, luego de 20 años de sistema socialista marxista. A estas alturas, apenas Corea del Norte y Cuba mantienen esquemas socialistas, lo que ha significado su fracaso, tanto en el plano político, como en el campo económico y social. Ambos países son víctimas de férreas dictaduras, donde se irrespetan los derechos humanos, no hay libertades de ningún género y sus pueblos están condenados a ser eternamente pobres y miserables.
La mejor demostración del fracaso socialista lo constituye el hecho indiscutible de que en hoy en Cuba, por ejemplo, la gente huye o trata de huir hacia los Estados Unidos, aún a riesgo de que los devoren los tiburones. Nunca se ha visto que los estadounidenses huyan hacia “el mar de la felicidad” cubana. Todo lo contrario. Lo mismo pasaba entre 1946 y 1989 con la gente de Alemania Comunista que escapaba hacia la Alemania Demócrata Cristiana, pero nunca ocurría al revés. La explicación está en que el socialismo es contrario a las aspiraciones de progreso y superación del ser humano, y por eso siempre estará condenado al fracaso.
En nuestro caso, el socialismo que ofrece el régimen que padecemos desde 1999 está fundado en las mismas limitantes e ingredientes por los cuales ha fracasado en otras partes. Uno de ellos es la conversión de nuestra gente en pedigüeños de dádivas oficiales, a través de las fulanas Misiones. Se anula entonces su capacidad para ser autónomos económicamente, susceptibles, por tanto, de ceder a la presión del régimen cada vez que sea necesario. Lo mismo pasa con los Mercal y los servicios y bienes que oferta el sector público, siguiendo el esquema de racionamiento cubano, capaz de controlar así a la gente para sus fines políticos y clientelares.
No hay en estos mecanismos socialistas ningún incentivo a la superación de la persona, a su crecimiento económico y social, a su capacidad para tener su propia empresa o actividad de lucro. Sólo se busca que todos sean empleados al servicio del Estado, y no de la sociedad, de sus familias y de sí mismos.
No se persigue crear una sociedad de propietarios -como debe ser-, sino de obreros asalariados en función de las metas del régimen y su cúpula corrupta. Por eso mismo, el régimen destruyó la industria nacional y quebró al sector agropecuario. De esta forma se ha producido un empobrecimiento general, estrangulada la iniciativa personal, impedida la creación y distribución de la riqueza y casi liquidado el derecho de propiedad como uno de los derechos humanos fundamentales en toda sociedad auténticamente participativa.
¿Será esto lo que desean los venezolanos? Yo estoy seguro que no. Este es un pueblo libertario, con capacidades creadoras, sentido de progreso y espíritu de superación. Por eso mismo, no podemos a aceptar que se nos siga convirtiendo en un país más empobrecido, sumido en la miseria, la tristeza y el desamparo como ahora le ocurre al hermano pueblo cubano.
Esto tiene que acabarse pronto, como se acabó en otras latitudes del planeta que también sufrieron la maldición del socialismo.

@gehardcartay

 LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 16 de febrero de 2016