LA SOBERANÍA COMO EXCUSA
Gehard Cartay Ramírez
Los regímenes autoritarios siempre se esconden detrás del concepto de soberanía para pretender excusar sus delitos y tropelías.
Ese es precisamente el comportamiento del actual régimen venezolano ante la lluvia de acusaciones que se le hacen todos los días desde el exterior por sus crímenes de lesa humanidad, entre ellos, constante violación de los derechos humanos, asesinatos de estudiantes y otros opositores, creciente número de presos políticos incomunicados, torturas y vejaciones, así como la persecución judicial contra líderes de la disidencia.
Algunos casos emblemáticos, como los de Leopoldo López, María Corina Machado, los alcaldes Scarano y Ceballos, o antes el de la ex jueza Afiuni, junto a los de centenares de estudiantes que han sido detenidos sin fórmula de juicio, algunos de ellos torturados salvajemente, delatan en Venezuela la existencia de una dictadura, por más que se apoye en sus tribunales y fiscales para judicializar su constante persecución de los adversarios.
Por eso hoy en todo el mundo la fama del régimen de Maduro -al igual que el presidido antes por Chávez- es la de un gobierno dictatorial, violador de los derechos humanos y perseguidor implacable de quienes no comparten su proyecto político. Pero, al igual que toda dictadura, los voceros del régimen venezolano siempre apelan al argumento chantajista de la “soberanía” nacional ante las acusaciones que -con toda razón- se le hacen desde afuera.
Acuden así a un concepto de soberanía anacrónico y absurdo, propio de los feudos y las monarquías de hace varios siglos, pero no del actual mundo globalizado donde la democracia tiende a ser un sistema planetario y la defensa de los derechos humanos no conoce fronteras. Según estos regímenes autoritarios, “soberanía” significa que ellos pueden hacer lo que les dé la gana en sus respectivos países, y nadie de afuera -o de adentro- puede entrometerse.
Obviamente, ese concepto de soberanía ya está periclitado. Hoy día ningún gobernante puede hacer lo que quiera en su país, sin incurrir en violaciones a la Declaración de los Derechos Humanos, los Tratados Internacionales y el Derecho de Gentes. Hoy día los mandatarios tienen límites en el ejercicio de sus gobiernos, y ningún país puede permanecer indiferente a la suerte de otros en donde, por ejemplo, se conculquen los derechos humanos, se cometan crímenes de lesa humanidad o se desconozcan los principios democráticos.
El moderno concepto de soberanía respeta, desde luego, la autodeterminación de los pueblos y la no-injerencia en sus asuntos internos. Pero el Derecho Internacional ha evolucionado de tal manera que los derechos humanos están por encima de cualquier consideración. En otras palabras, el sagrado respeto a la persona humana trasciende a cualquier Estado de cualquier país, lo que implica -sin duda- una gran conquista para el desarrollo de toda la humanidad presente y futura.
Hay que detenerse a pensar, por ejemplo, qué habría sucedido si la comunidad internacional hubiese actuado tempranamente contra Hitler, Stalin o Mao durante sus respectivas dictaduras, bajo las cuales murieron, en su conjunto, 60 o 70 millones de personas. Para ejecutar libremente tales prácticas criminales y perversas, todos ellos alegaron la soberanía de sus Estados y detrás de ella escondieron el trágico final de esos millones de hombres, mujeres y niños que murieron en los campos de concentración judíos, en los gulag soviéticos de Siberia y durante la descomunal hambruna china en los años cuarenta del siglo pasado.
Ese concepto utilitario, desnaturalizado y cínico de soberanía es el mismo al que hoy apela el régimen chavista para intentar tapar sus crímenes de lesa humanidad, sus violaciones reiteradas a la Constitución Nacional, a la legislación venezolana, a los convenios internacionales y a los derechos humanos. De allí que la estrategia en ejecución sea la de alzarse contra la comunidad internacional, desconocer sus organismos y decisiones y encerrarse en las fronteras del país -al estilo de castrocomunismo en Cuba- para impedir que sea castigado.
La soberanía, pues, no existe en los términos concebidos por las dictaduras y los gobiernos que aspiran a convertirse en estas. Y es lógico que así sea: no puede utilizarse la soberanía para excusar los crímenes y delitos de los gobiernos genocidas, forajidos, terroristas, narcotraficantes y antihumanitarios. Frente a estos últimos, la comunidad internacional tiene perfecto derecho a intervenir, bien por las vías diplomáticas, jurídicas y económicas o, incluso, por las vías de hecho, es decir, militarmente.
Ningún gobernante puede pretender, a estas alturas de la historia, convertir a su país en un coto cerrado para atentar contra su pueblo o contra los demás, para violar los derechos humanos o para poner en peligro la paz y el orden internacional.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 16 de diciembre de 2014.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Abogado por la Universidad Central de Venezuela (1973), dirigente político demócrata cristiano, Diputado al Congreso de Venezuela (1974-1992), Gobernador del Estado Barinas por elección popular (1992-1996), escritor y columnista de prensa, autor de varios libros sobre historia contemporánea venezolana.
lunes, 8 de diciembre de 2014
VAMOS A PAGAR
VAMOS A PAGAR LA DEUDA SOCIAL DE GOBIERNOS ANTERIORES CON LAS MADRES Y LOS NIÑOS BARINESES
PALABRAS DEL GOBERNADOR
GEHARD CARTAY RAMIREZ
AL COLOCAR LA PRIMERA PIEDRA DEL HOSPITAL MATERNO INFANTIL DE BARINAS,
TRASMITIDAS POR LA RED DE EMISORAS DEL ESTADO BARINAS
(Barinas, 01 de diciembre de 1994)
Barineses, barinesas:
Me siento emocionado, pero al mismo tiempo muy orgulloso y optimista, al colocar hoy la primera piedra de la que será una de las obras más significativas para las madres y los niños barineses en estos años finales del siglo XX y probablemente de buena parte del venidero siglo XXI: el Hospital Materno Infantil de Barinas (Aplausos).
Sé que esta obra constituye una muy sentida necesidad de la región. Han sido muchos quienes la han planteado desde hace tiempo como una justa reivindicación en beneficio de las madres de menores recursos, que muchas veces no tienen donde parir o traer sus hijos al mundo. Se trata, por supuesto, de una enorme deuda social de los gobiernos anteriores con las madres y las niñas y niños barineses, especialmente, insisto, con aquellos que provienen de hogares pobres y desvalidos, y que ahora nosotros vamos a cancelar como es debido (Aplausos).
Las cifras oficiales sobre los problemas sociales del estado Barinas, antes de nuestra llegada a la gobernación, retrataban una verdad vergonzosa y una crisis de alarmantes proporciones. Lo peor de todo es que era, ciertamente, un contrasentido y una paradoja llena de cinismo e injusticia, que siendo Barinas una entidad de tantas riquezas y posibilidades, en todos estos años, sin embargo, se hubiera consolidado una penosa situación de pobreza y miseria extremas entre la mayoría de sus habitantes, situación que debió haber sido atendida oportunamente y, sin embargo, nunca mereció la atención de los gobernantes de tiempos más recientes.
A quienes, por fuerza de los hechos, nos iba a corresponder heredar las consecuencias de esa falta de grandeza y de responsabilidad tenía entonces que llenarnos de estupor e indignación sus desastrosos resultados: pobreza en aumento alarmante, economía crónicamente deprimida, crisis de la salud, desempleo sostenido, precarias condiciones de los servicios públicos, ausencia de inversiones, liderazgos ineptos y anomia institucional, entre otras limitaciones para la región.
Tengo a la mano algunos datos estadísticos de esa dramática realidad que conseguimos en junio de 1993, al asumir la Gobernación del estado. Según esas cifras, el mayor problema de todos era la pobreza, acentuada dramáticamente entre 1982 y 1992. Según datos de la Fundación para el Crecimiento y Desarrollo (FUNDACREDESA) este flagelo afectaba entonces a más del 82 por ciento de los barineses, cuyas condiciones socioeconómicas eran calificadas de precarias, con la circunstancia agravante de que más del 40 por ciento de la población se ubicaba en un grupo de pobreza extrema.
La propia Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI) reafirmó los datos de FUNDACREDESA cuando situó al Estado Barinas dentro de los estados que presentaban niveles de pobreza superiores a la media nacional, colocándolo en el puesto ocho (8) entre veintidós (22) estados del país, ordenados -de acuerdo con este problema- de mayor a menor. La OCEI señalaba concretamente que, en 1990, 40.428 hogares barineses -más de 200.000 personas- no satisfacían sus necesidades básicas, particularmente en lo que se refería a viviendas inadecuadas (catalogadas así por carecer de servicios indispensables y presentar hacinamiento crítico), bajo nivel de instrucción y alta dependencia económica.
Y al lado de la pobreza crítica, también estaban los graves problemas de la desnutrición. El Estado Barinas acumulaba entonces cifras alarmantes en este sentido, sin que nada serio se hubiera hecho para neutralizar esta desgraciada situación que sufrían importantes segmentos de su población, especialmente los sectores lactantes, preescolar y escolar.
Las cifras del año 1992, aportadas por el Instituto Nacional de Nutrición, indicaban que la entidad ocupaba entonces el primer lugar en desnutrición aguda, específicamente en el nivel que agrupa a los niños de preescolar entre dos y seis años, y en el escolar de siete a catorce años, indicando, además, que el 24,22 por ciento de los niños menores de 15 años presentaban algún grado de desnutrición, cifra que duplicaba el promedio nacional. Con relación al indicador peso/edad, Barinas presentaba una situación preocupante por cuanto el 35 por ciento de los niños tenía pesos y tamaños menores a los promedios nacionales, lo cual coincidía con los porcentajes de los sectores ubicados en los niveles de pobreza crítica.
Por lo que respecta a la problemática de la salud en nuestra entidad regional resaltaban la deficiente prestación de servicios, sobre todo en atención primaria y secundaria, así como en los de medicina especializada. La red de ambulatorios y hospitales no funcionaba a cabalidad, mientras crecían las enfermedades prevenibles, no existían programas de saneamiento ambiental y la debilidad estructural del Gobierno Regional en materia de atención materno infantil constituían graves problemas que incidían negativamente en la salud de la mayoría de la población, especialmente entre madres y niños.
En este contexto, junto a otras medidas concretas y eficaces, la construcción del Hospital Materno Infantil se nos planteó entonces como una prioridad inaplazable, y no como una consigna demagógica, tal como fue tratada durante estos últimos años. Y esto hay que decirlo porque es una verdad que no puede ofender a nadie, aunque sí avergonzar a quienes hicieron muchísima demagogia con la promesa reiterada de construir el Hospital Materno Infantil, aunque nunca cumplida en el pasado reciente, pero hoy puedo asegurarles que los recursos para su inmediata construcción ya están debidamente contemplados en el Presupuesto Fiscal de 1995 (Aplausos).
Hubiéramos querido iniciarla a principios de 1994. No fue así, porque en todo este tiempo hemos tenido que afrontar dos grandes desafíos. Uno, como es obvio, la elaboración del respectivo estudio de factibilidad y el correspondiente proyecto de la obra, empresa para la que hemos contado con un grupo de de arquitectos e ingenieros de la región que han puesto lo mejor de su talento e inteligencia para concebir un Hospital Materno Infantil, moderno y funcional, como lo merecen las madres y niños de nuestra tierra.
Y el otro ha sido nuestra lucha constante contra los múltiples obstáculos que algunos sectores politiqueros de Barinas y del nivel central de decisiones gubernamentales en Caracas han venido poniéndole a la construcción del Materno Infantil. Esto debo decirlo públicamente porque los barineses deben saber la verdad al respecto.
Pudiera decirse que hemos estado en presencia de una especie de conspiración contra la construcción del Hospital Materno Infantil de Barinas. Se ha apelado a los argumentos más absurdos y pueriles para tratar de impedir el inicio de esta obra: desde un supuesto peligro porque la obra se va a edificar en el cono de aproximación del aeropuerto de la ciudad, pasando por los supuestos efectos de la contaminación sónica de los aviones, hasta llegar al exabrupto de plantear nuevos estudios y análisis sobre la conveniencia de la obra, algo que hasta el más lerdo puede corroborar (Aplausos).
Yo, particularmente, he tenido que enfrentar esas argumentaciones en reuniones con técnicos del Ministerio de Sanidad, de donde -por paradójico que parezca- han salido los mayores cuestionamientos contra el Materno Infantil. Pero estoy convencido de que todas esas argumentaciones tienen una vulgar motivación política subalterna, producto de la inquina y la mezquindad de algunos círculos oficialistas que no aceptan que mi gobierno haya decidido construir esta obra ya, sin más dilaciones y, lo que es muy importante destacar hoy aquí, con recursos propios de Gobernación de Barinas, pues no contamos hasta ahora con un sólo bolívar proveniente del presupuesto nacional de la República (Aplausos).
Hoy iniciamos, pues, la construcción de esta necesaria e impostergable obra como lo es el Hospital Materno Infantil de Barinas. Se trata de una obra de extraordinaria envergadura, concebida, proyectada y financiada totalmente por el Gobierno Regional que presido, y que ojalá en el futuro pueda recibir, como es lo lógico y lo natural, los respectivos aportes provenientes del Gobierno Nacional.
El Hospital Materno Infantil será edificado cumpliendo las exigencias médico sanitarias del caso: tendrá siete módulos, divididos en salas de hospitalización con 150 camas, quirófanos, maternidad, pediatría, consulta externa, emergencia, etc., etcétera, parques infantiles, así como amplios estacionamientos, todo ello dentro de un moderno concepto de atención especial a la madre y al niño, con muy pocos antecedentes en el país. Estará ubicado sobre una amplia superficie de cinco hectáreas -a la que podrá accederse por vías rápidas-, que le ha vendido de manera simbólica al Gobierno Regional el Alcalde Miguel Ángel Rosales Aparicio, a quien debemos agradecerle su muy importante colaboración porque lo sabemos también comprometido con esta causa en beneficio de las madres y los niños de nuestra región.
Por cierto que el doctor Samuel Darío Maldonado, nuestro muy distinguido anterior alcalde -hombre comprometido profundamente con Barinas y sus mejores causas y, como todos sabemos, médico de gran sensibilidad social, aquí presente-, me ha sugerido hace pocos momentos el nombre de una insigne enfermera que ayudó a traer al mundo muchos barineses, entre los que me incluyo: doña Heriberta Núñez, con el cual pudiéramos bautizar este Hospital Materno Infantil1, cuya construcción estamos iniciando hoy, primero de diciembre de 1994, aquí, precisamente al lado del barrio Primero de Diciembre, en la parte baja de la ciudad de Barinas, y cuya primera etapa esperamos concluir, Dios mediante, el primero de diciembre del próximo año.
Debo, finalmente, agradecer al doctor Miguel Azán, Contralor General del estado Barinas, su decidido apoyo en esta lucha por la construcción del Hospital Materno Infantil, y reconocer en él a uno de sus principales adalides, no ahora, sino desde hace muchos años, a través de sus programas radiales y de su trayectoria como comunicador social.
Termino estas palabras agradeciendo a Dios por haberme permitido cumplir con esta sentida aspiración de los barineses y pedirle igualmente su ayuda para que esta obra podamos ponerla en funcionamiento en el menor tiempo posible en beneficio de las madres y los niños barineses.
Muchas gracias (Aplausos).
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1 Diez años después, al concluirse el Hospital Materno Infantil, y ya fallecido el doctor Samuel Darío Maldonado, fue bautizado con su nombre, sin duda que también con toda justicia.
Abogado por la Universidad Central de Venezuela (1973), dirigente político demócrata cristiano, Diputado al Congreso de Venezuela (1974-1992), Gobernador del Estado Barinas por elección popular (1992-1996), escritor y columnista de prensa, autor de varios libros sobre historia contemporánea venezolana.
LA VERDADERA ESENCIA DEL RÉGIMEN
LA VERDADERA ESENCIA DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
Cincuenta
y seis años después del derrocamiento popular de la tiranía perezjimenista,
Venezuela vuelve a transitar el túnel oscuro de otra experiencia dictatorial.
La
afirmación parecerá exagerada para algunos. Puede sonar tremendista a otros. Y,
sin embargo, se corresponde con la verdad de estos oscuros tiempos que
padecemos los venezolanos.
Habrá, desde luego, quienes afirmen que no estamos en una
dictadura porque este artículo de opinión puede ser publicado y cada quien
puede decir todavía lo que le parezca. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla.
Aquí quien opina asume los riesgos de hacerlo. Y ya hay televisoras cerradas,
como RCTV, periódicos quebrados por CADIVI o comprados por testaferros del
régimen, radios clausuradas, periodistas presos, etc., etcétera.
Por supuesto, no faltaran los cínicos o ingenuos que
argumentarán que aún hay elecciones. El problema es que las dictaduras también
las hacen, como bien se sabe, y siempre las ganan. Y así por el estilo.
Lo que sucede es que estamos frente a lo que pudiéramos
llamar una dictadura de nuevo cuño -con mecanismos más “refinados” y además
“legitimados” por su Poder Judicial-, muy parecida a la que el PRI mejicano
impuso por más de setenta años. Tiene también algunos visos del fenecido
régimen pinochetista, sobre todo por su acentuado carácter militarista, aunque
allá, al final, la propia cúpula militar desconoció al general Pinochet luego
de que el mismísimo régimen realizara un referendo para consultar al pueblo
sobre la conveniencia o no de su continuación. Ya sabemos los resultados de
aquel proceso que devolvió Chile a la democracia.
Aquí, sin embargo, el proceso opera a la inversa. Allá
evolucionaron de una terrible dictadura a la democracia plena. Aquí vamos al
revés. Y eso es lo que explica que aún queden ciertas rendijas democráticas que
al chavismo le ha resultado difícil cerrar. Por eso no es una férrea dictadura
como la perezjimenista, sino de otro tipo, light
si cabe el término, porque aún tiene que convivir -aunque le disguste- con
ciertas formas democráticas. Pero, en lo que le sea posible, tratará de
eliminarlas.
¿Cuáles
son los elementos que caracterizan a esta dictadura en cierto modo singular y
ya en ciernes sobre Venezuela? Son varios y todos ellos muy elocuentes.
Por
una parte, estamos frente a un régimen que no oculta su deseo de prolongarse
indefinidamente en el tiempo. Toda dictadura siempre busca ese objetivo, pues
consideran que no tienen fecha de vencimiento. Que van a estar en el poder por
siempre, tal como a cada rato lo proclaman.
Por
la otra, no puede olvidarse que toda dictadura, en especial si representa una
involución al haber obtenido el poder por la vía de los votos -casos de
Mussolini y Hitler, entre otros-, desmantela la democracia y sus instituciones
para ponerlas al servicio de su objetivo de permanecer en el poder como sea.
En
este propósito, por paradójico que parezca, las democracias -afirmaba el
intelectual francés Jean François Revel- siempre son presa fácil, por la
sencilla razón de que constituyen el único sistema que puede destruirse desde
adentro utilizando, perversamente eso sí, sus propios mecanismos, tal como
ocurre en Venezuela desde que el chavismo ganó las elecciones en 1998, luego de
haber intentado criminalmente llegar al poder por la vía del golpe de Estado.
A
este respecto, resulta obvio que la estrategia autoritaria del régimen persigue
el desmantelamiento de las instituciones democráticas y el desconocimiento de
la soberanía popular representada en el voto. Esta perversión podría agravarse
en la medida en que pierde apoyo popular y hasta de su propia gente, como lo
evidenciaron las elecciones del PSUV:
¿Habrá que recordar también la actitud represiva del
régimen, que no sólo incluye la utilización siniestra de sus fiscales y
tribunales, sino también de organismos policiales y algún componente de la
Fuerza Armada? ¿Habrá que citar, nuevamente, el creciente número de presos
políticos, exiliados y perseguidos, aparte de los viles asesinatos de
estudiantes y opositores a manos de sus fuerzas paramilitares, que hoy son
clara demostración de la naturaleza dictatorial del régimen?
¿O habrá que recordar la definitiva eliminación de la
Asamblea Nacional como parlamento y órgano de control sobre el régimen? ¿Habrá
que citar también la judicialización de la política o la politización de la
justicia para favorecer los intereses del régimen? (“Todas las sentencias del
TSJ han sido a favor del gobierno”, tituló ayer lunes El Nacional un estudio de
expertos que analizaron 45.474 fallos dictados en nueve años.)
Si la
oposición quiere derrotar un régimen como el actual debe conocer su verdadera esencia,
especialmente cuando mimetiza sus torvos propósitos y en no pocas ocasiones
utiliza estrategias distraccionistas para confundir a los adversarios. De esta
gran verdad dependerá nuestro éxito para desplazarlo en el porvenir inmediato.
Y no
podemos equivocarnos más al respecto.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 02 de diciembre de 20|14.
Abogado por la Universidad Central de Venezuela (1973), dirigente político demócrata cristiano, Diputado al Congreso de Venezuela (1974-1992), Gobernador del Estado Barinas por elección popular (1992-1996), escritor y columnista de prensa, autor de varios libros sobre historia contemporánea venezolana.
lunes, 1 de diciembre de 2014
LA IMPOSIBLE SUSTITUCIÓN
LA IMPOSIBLE SUSTITUCIÓN
Gehard Cartay Ramírez
Aunque parezca un disparate mayúsculo, el régimen está empeñado en
sustituir la figura del Libertador Simón Bolívar por la de su extinto jefe
único.
Absurdo, pensarán también los lectores. Y así es, sin duda. Lo peor es
que en nuestra corta historia republicana ciertos dictadores o caudilletes lo
intentaron, sin éxito desde luego. Porque, al parecer, desde el poder siempre
ha existido la tentación de igualarse con Bolívar, y hasta algunos han
pretendido sustituirlo en el imaginario colectivo.
Pero, insisto, tal cosa es imposible. Bolívar ha demostrado que es
insustituible. Y lo afirmo, a pesar de que no formo parte de lo que el
historiador Manuel Caballero denominó “la religión bolivariana”. Se refería a
lo que otro historiador, Elías Pino Iturrieta, bautizó como “el culto a
Bolívar”, que durante ciento y pico de años se ha oficiado desde las alturas
del poder.
“Religión bolivariana” o “Culto a Bolívar”, ambas expresiones sintetizan
la veneración que se le ha rendido al Libertador desde que Páez trajo sus
restos a Caracas en 1842. Esa tendencia, casi siempre utilitaria por parte de los
gobernantes de turno, convirtió a Bolívar en la expresión más importante de
nuestra nacionalidad, con extremismos incluso lindantes en su concepción como
un superhombre desprovisto de errores y defectos, es decir, un héroe perfecto y
necesario siempre, etc., etcétera.
Así fue como lo hicieron una especie de deidad de
nuestro altar patrio. Pero todo esto casi siempre fue un vulgar ejercicio de
manipulación del Bolívar que se creó en el imaginario colectivo venezolano. Su
figura, paralelamente, ha sido manoseada por gobernantes inescrupulosos que -desde
Guzmán Blanco hasta los de hoy- la han aprovechado para satisfacer sus
bastardos intereses.
Sin embargo, lo que sí está fuera de toda duda es que Simón Bolívar fue
un personaje excepcional. Su genio, su capacidad como hombre de Estado, de pensamiento
y como jefe militar, lo han ubicado en un lugar privilegiado de la historia
universal. Y es que haber liberado del imperio español a cuatro naciones y
fundado una, organizándolas como repúblicas y dotándolas de Constituciones y
leyes fundamentales, constituye una hazaña admirable, pocas veces vista.
Esos logros hacen de Bolívar el venezolano de mayor proyección de todos
los tiempos y, aunque pueda parecer una exageración, será muy difícil que
cualquier compatriota suyo u otro ser humano puedan superar su colosal empresa
histórica. Fue también, por supuesto, “un hombre de carne y hueso” -como lo
llamó Francisco Herrera Luque- que cometió graves errores, al lado de sus
aciertos, que, por fortuna, son mayores.
Los que luego lo han manipulado, imitado y hasta pretendido
“superarlo” hoy son simples caricaturas suyas. Terminaron siendo figuras
tragicómicas, porque al utilizarlo incurrieron en un despropósito para
aprovecharse de la permanente fe de los venezolanos en Bolívar, por una parte,
pero, al mismo tiempo, hicieron el ridículo que la historia futura destacará
con mayor carga irónica y burlesca.
Guzmán Blanco, por ejemplo, mandó acuñar monedas con
la figura de ambos, la suya en primer plano, y se hizo levantar más estatuas que
las que ya tenía el Libertador. ¿Consiguió superarlo históricamente con tal ridiculez?
Los hechos demostraron que aquella fatuidad no pasó de ser eso, precisamente.
El también general
Cipriano Castro intentó incluso imitar la gesta grancolombiana, tal como se
lo aconsejaban sus alabarderos. Así cometió a la osadía de invadir Colombia por
la Guajira, en septiembre de 1901, y sus tropas fueron derrotadas
vergonzosamente en el sitio de Carazúa -600 muertos y 300 detenidos fue el
saldo trágico-, única vez que soldados venezolanos pisaron tierra extraña para
someterla, producto de las loqueteras del Cabito.
(Véase Los días de Cipriano Castro,
biografía escrita por Mariano Picón Salas, Monte Ávila Editores
Latinoamericana, Caracas, 2006, páginas 488-494.)
Luego los generales Gómez y López Contreras también
le sacaron provecho político a la figura de Bolívar, al igual que el general Pérez
Jiménez y su “Semana de la Patria”, o aquella “segunda independencia de los
hijos de Bolívar” en 1974.
Pero nunca se llegó a los extremos actuales. Hipócritamente, el chavismo
usó, falsificó y pervirtió al Libertador y sus ideales hasta llegar al oxímoron
que llaman socialismo bolivariano, pues
Bolívar siempre se definió como liberal: “Yo fundo mi orgullo en ser más
liberal que Washington”, le escribió a Santander el 08 de mayo de 1825, y al
remitirle a Páez la Constitución Boliviana le dirá: “He conservado intactas las
cuatro grandes garantías: libertad, igualdad, seguridad y propiedad” (26 de
mayo de 1826).
Hoy, luego de haberse aprovechado politiqueramente del sentimiento
bolivariano de los venezolanos, pretenden sustituir al Libertador, ocultándolo,
mientras multiplican -a realazos- la omnipresencia del extinto jefe del régimen
chavista. Tal absurdo, como todos los anteriores, lo borrará la historia.
Bolívar, como siempre, estará allí, venciendo el olvido a través de los
siglos.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 25 de noviembre de 2014.
Abogado por la Universidad Central de Venezuela (1973), dirigente político demócrata cristiano, Diputado al Congreso de Venezuela (1974-1992), Gobernador del Estado Barinas por elección popular (1992-1996), escritor y columnista de prensa, autor de varios libros sobre historia contemporánea venezolana.
martes, 25 de noviembre de 2014
VENEZUELA ES UNA LARGA COLA
VENEZUELA ES UN LARGA COLA
Gehard Cartay Ramírez
Bajo el régimen chavista, Venezuela se ha convertido en una larga cola
humana.
Pocas veces, en verdad, los venezolanos habían presenciado esta
humillación que hoy sufrimos. Las excepciones se dieron durante las primeras
elecciones populares de 1946 y 1947, y luego en las décadas iniciales de la
República Civil instaurada en 1958 cuando las colas más nutridas sólo se veían
el día de las votaciones.
Pero nunca esta grotesca situación que hoy sufrimos en nuestro
atribulado país. Nunca antes -hay que decirlo e insistir al respecto-, los
venezolanos fuimos obligados a hacer esas largas y humillantes colas para
comprar los artículos de la dieta diaria, hoy en su mayoría desaparecidos y caros.
Nunca antes hicimos tan largas colas para adquirir medicamentos escasos y costosos.
Nunca antes estuvimos perdiendo el tiempo en largas colas persiguiendo pañales
desechables, jabones, champú, papel sanitario y detergentes de uso doméstico.
Nunca antes tampoco se vieron estas dolorosas colas de familiares frente
a las morgues del país reclamando los cuerpos de sus muertos por la violencia y
la inseguridad. Nunca antes hubo estas colas escandalosas de hombres, mujeres,
ancianos y niños enfermos en los hospitales buscando ser atendidos
infructuosamente.
Nunca antes -salvo durante el paro petrolero de 2002-
tuvimos que hacer colas para ponerle gasolina a los automóviles. Nunca antes
tuvimos que hacer colas para comprar aceites de motor y otros derivados del
petróleo, hoy escasos y caros, a pesar de que en el pasado reciente fuimos un
país autoabastecido en esta materia. Hoy la gasolina y otros derivados
petroleros escasean porque ya no somos el país productor y exportador de
petróleo que fuimos durante un siglo, sino que, por obra y gracia de otro
“milagro” del chavismo en el poder, ahora pasamos a ser importadores de
petróleo, gasolina y demás subproductos petroleros.
Nunca antes hubo colas para adquirir unos cuantos
sacos de cemento a precios astronómicamente costosos, que exceden varias veces
su costo real. Hoy es sólo un recuerdo cuando su importe era barato porque
teníamos entonces en producción varias fábricas, que luego expropió y arruinó el
régimen chavista. Nunca antes presenciamos estas colas para comprar unas pocas
cabillas, cuando antes fuimos un país que las producía en grandes cantidades,
incluso para exportarlas a los mercados internacionales. Entonces -y eso
también es ahora sólo un recuerdo- la industria siderúrgica venezolana estaba
entre las primeras del continente. Hoy nuestra industria pesada también está
arruinada, luego de haber sido intervenida por el Estado chavista.
Nunca antes, amigo lector, se hacían estas colas
interminables intentando comprar neveras, aparatos de aire acondicionado,
ventiladores y cualquier otro tipo de electrodomésticos, la mayoría
desaparecidos del mercado. Nunca antes tuvimos que hacer cola para comprar
cauchos para vehículos, hoy desaparecidos y sumamente onerosos. Nunca antes
vimos humillantes colas de personas intentando adquirir baterías para carros,
ahora escasas y carísimas. Nunca antes tuvimos que hacer colas para buscar
repuestos de cualquier tipo, hoy también desaparecidos y costosos.
Nunca antes hubo tantas colas ante los organismos
públicos para tramitar cualquier solicitud de una ciudadanía desatendida y
humillada por la corrupta burocracia del chavismo, más ocupada de sus asuntos
políticos y personales que de atender a la gente.
Por eso, Venezuela es hoy una larga cola humana. Esa es la
característica fundamental que ahora nos define como país. Porque las colas lo
que indican es que ahora somos víctimas de la escasez, el desabastecimiento, la
desatención y la insensibilidad del Estado chavista frente a sus indefensos y
olvidados ciudadanos. Por eso mismo, la gran mayoría de los venezolanos tienen
que perder muchas horas de su tiempo en largas colas buscando afanosamente algo
de comida, medicinas y otros bienes de consumo para poder subsistir y atender
necesidades primarias.
Las colas son la más evidente demostración del imperdonable fracaso del
chavismo en el poder. Son la evidencia escandalosa e irrebatible de estos
quince años de políticas económicas fracasadas. Son la manifestación vergonzosa
de un país quebrado, arruinado y esquilmado como nunca antes por una cúpula
podrida que sólo se ha aprovecha del poder para hacerse cada vez más rica,
mientras los venezolanos son cada vez más pobres.
Hay colas porque hay escasez. Hay escasez porque acabaron con el aparato
productivo privado y porque también liquidaron nuestras empresas públicas, como
PDVSA y las industrias básicas de Guayana. Hay escasez porque arruinaron a
nuestros productores agropecuarios y cerraron miles de grandes, medianas y
pequeñas industrias venezolanas.
La escasez trae consigo la carestía y la especulación. Y ambas también
traen aparejadas las colas interminables en que hoy han convertido este sufrido
país.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 18 de noviembre de 2014.
Abogado por la Universidad Central de Venezuela (1973), dirigente político demócrata cristiano, Diputado al Congreso de Venezuela (1974-1992), Gobernador del Estado Barinas por elección popular (1992-1996), escritor y columnista de prensa, autor de varios libros sobre historia contemporánea venezolana.
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