martes, 18 de febrero de 2014

MUERTE, REPRESIÓN, CENSURA Y MENTIRAS
Gehard Cartay Ramírez
Estas son las cuatro palabras que definen al presente régimen, casi desde su arribo al poder hace ya 15 años.
Pero, más que palabras, son elementos propios de toda dictadura. Y a esta situación estamos hoy enfrentados los venezolanos. Enfrentados a un régimen que ahoga las libertades públicas, apela al terrorismo contra sus ciudadanos, utiliza asesinos armados contra estudiantes, censura televisoras y radios, y miente para falsificar la realidad de sus delitos de lesa humanidad y de lesa patria.
Esa perversión dictatorial viola los derechos fundamentales de los venezolanos, comenzando por el más importante: el derecho a la vida. Ya son centenares los asesinados por organismos de seguridad del Estado desde 1999, para no referirnos a los 250.000 ciudadanos que ha matado la delincuencia en ese mismo lapso.
Porque, por desgracia, aquí somos víctimas de un Estado terrorista y criminal. Un Estado que usa todo su poder para imponer un proyecto político y económico postcomunista, ya fracasado en todas partes, incluyendo Cuba, que -como se sabe- es el modelo que copia desde hace tiempo.
Esa degeneración del chavismo está en sus cromosomas. Una secta militar golpista que armó una conspiración durante una década, traicionando su juramento de lealtad a la Constitución, no podía actuar de otra manera una vez llegada al poder. Un grupo de felones desalmados, como los del 4 de febrero de 1992, que irrumpieron en la política con ametralladoras, montados en tanques, matando venezolanos, usando indebidamente el armamento de la República y pretendiendo derrocar un gobierno legítimo, no podía nunca actuar democráticamente. Era “pedirle peras al olmo”.
Chávez y su claque siempre aspiraron el poder total, y su acción golpista de 1992 -continuada hasta hoy- demostró cuánto despreciaban (y desprecian) la democracia. Que haya habido luego elecciones -siempre bajo el signo del fraude y el ventajismo aplastante del Estado- no demuestra su supuesto espíritu democrático, pues han convertido su golpe de Estado de entonces en una “gesta heroica”, como para demostrar que mucho más importante es el asalto golpista al poder que acceder a él mediante una elección democrática. Así de sencillo.
¿Son acaso demócratas quienes, como ellos, no aceptan la disidencia, mucho menos la protesta? ¿Son acaso demócratas quienes, como ellos, infiltran terroristas en las manifestaciones estudiantiles pacíficas para luego reprimirlas a sangre y fuego? ¿Son acaso demócratas quienes, como ellos, usan armas de guerra y gases tóxicos contra estudiantes desarmados, violando la Constitución, como si estuviéramos ante un conflicto bélico y no en el ejercicio de un derecho humano fundamental?
(Y mientras todo esto acontece, la delincuencia “sigue con el moño suelto”, pues quienes deben combatirla están ocupados reprimiendo estudiantes. Por cierto, en esos mismos días dos sacerdotes salesianos fueron asesinados en Valencia por menores de edad, y un tercero resultó gravemente herido, el padre David Marín, de grata recordación en Barinas.)
 Esta actitud terrorista va acompañada por la mentira compulsiva. Todas las manifestaciones de protesta legítima son calificadas desde el poder como golpistas. Claro, “cada golpista juzga por su condición”, aunque ellos saben muy bien que los estudiantes no dan golpes de Estado, pues sólo los militares pueden hacerlo. Las otras mentiras contra la oposición y los estudiantes, repetidas por Maduro y combo, ya son ridículas: imperialistas, fascistas, escuálidos, apátridas y un largo sartal de estupideces.   
La semana anterior se confirmó, una vez más, lo siniestro de la cúpula podrida que ocupa el poder. Dos estudiantes asesinados por oficialistas, casi 200 detenidos sin fórmula de juicio, muchos de ellos torturados, según organismos de defensa de los derechos humanos, Amnistía Internacional y el Foro Penal Venezolano, son el trágico desenlace de su acción represiva contra manifestaciones pacíficas del estudiantado venezolano.
Como se sabe, el 12 de febrero pasado -Día de la Juventud- el estudiantado caraqueño salió a protestar por los hechos violentos, dirigidos por terroristas del régimen, ocurridos en diversos puntos del país contra manifestaciones estudiantiles, con saldo de heridos y detenidos, ninguno de ellos, por cierto, de las bandas armadas oficialistas. Fue una manifestación multitudinaria y pacífica, que terminó de la mejor manera, hasta que los llamados “colectivos” dispararon contra los estudiantes, con los lamentables resultados ya conocidos.
La acción criminal se repitió luego en Chacao, con otro estudiante muerto. Y ha continuado, pues el régimen sigue reprimiendo violentamente toda manifestación pacífica, al tiempo que adelanta una campaña de desprestigio contra los estudiantes, en medio de una feroz censura y autocensura de los medios televisivos y radiales, que han ocultado todo desde el principio. Sólo las televisoras internacionales han informado y alguna de ellas fue sacada del cable por órdenes del oficialismo.
Llegará el momento en que la cúpula del régimen será juzgada por sus crímenes de lesa humanidad. Ni que se escondan debajo de las piedras podrán impedirlo. La historia no los absolverá.
 Twitter: @gehardcartay
(LA PRENSA de Barinas - Martes, 18 de febrero de 2014)

jueves, 13 de febrero de 2014

ESTAMOS MAL Y VAMOS PEOR
Gehard Cartay Ramírez
El país está peor que antes, salvo en las épocas de las guerras de Independencia y Federación.
La anterior no es una afirmación exagerada. Basta mirar el entorno para darnos cuenta de la colosal crisis que nos agobia. Una crisis de proporciones inéditas, tanto en el campo político y moral, como en lo económico, social y general.
Esa crisis nos toca a todos, menos a la cúpula podrida del régimen en razón de su carácter de élite privilegiada en un país cuya gente se empobrece cada vez más. Los demás somos víctimas de la creciente pobreza, la inflación galopante, la inseguridad generalizada, los servicios públicos colapsados y un sin fin de calamidades.
Este fin de semana se publicaron cifras y estadísticas al respecto, dadas a conocer por empresas consultoras y reputados académicos, aparte del mismísimo Fondo Monetario Internacional. Todos sus datos coinciden en que bajo el actual régimen Venezuela es el país petrolero con los peores indicadores.
Esos estudios, por supuesto, no harían falta para darnos cuenta de la crisis que nos agobia. Basta simplemente constatar la inseguridad que produce su ración diaria de asesinatos y violencia, hacer mercado, conversar con la gente, sufrir nuestros pésimos servicios públicos -es decir, contactar nuestra dramática realidad- para confirmar que estamos peor que antes en todos los sentidos.
Sin embargo, los datos a que hago referencia reflejan la profundidad de la problemática venezolana. Veamos algunos: “En 15 años el precio del petróleo venezolano aumentó 363% y lo que vemos es escasez de divisas y una inflación 9 veces más alta que el promedio de América Latina y 41 veces por encima de los países industrializados”, dijo David Alayón, de Director de Kapital Consultores (El Nacional, 09-02-2014)
Dicho en lenguaje llano lo que afirma es que mientras nuestro petróleo ha sido vendido cada vez más caro desde que el chavismo llegó al poder, esos dólares han sido despilfarrados, robados y regalados. Por desgracia, esos petrodólares ahora son escasos y los precios de alimentos, bienes y servicios cada vez más caros, por lo que Venezuela tiene hoy la más alta inflación de América y del mundo.
Por su parte, British Petroleum informó que mientras la producción de los demás países petroleros aumentó en 27%, “la de Venezuela cayó 18% entre 1997 y 2012”. El Fondo Monetario Internacional también informó que la economía venezolana registró en 2013 una brusca desaceleración; que su tasa de inflación es de 56,2%, la más alta del mundo; y que su déficit fiscal (15%) es el más elevado del planeta.
Por contraste, agrega el informe, Noruega, un país petrolero como Venezuela, tiene en cambio una inflación de apenas el 1,73%, superávit fiscal de 12,3% del Producto Interno Bruto y ahorros superiores a los 800 mil millones de dólares por concepto de venta de petróleo. ¡Todo lo contrario a Venezuela!
Otros datos vergonzosos para el régimen de Maduro y su combo es que Venezuela tiene peores indicadores económicos que Libia, un país en guerra civil, luego de la dictadura de Kaddafi, e Irán, al que se le han impuesto ahora sanciones económicas por su programa nuclear. ¡Y aún así estamos peores que ellos!
Mientras tanto, un grupo de países latinoamericanos se aprovechan de la crisis de Venezuela, producida por el chavismo desde 1999. Así, Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y Nicaragua nos venden comida, luego de que el extinto presidente y sus compinches destruyeran nuestra producción agropecuaria e industrial. México, por su parte, abre parte de su industria petrolera a la inversión privada y avanza en esta materia, mientras PDVSA está prácticamente hoy en ruinas si se la compara con su pasado esplendoroso.
Estamos, pues, cada vez peor. Esta es una realidad que nadie puede negar. Que no necesita estudios ni estadísticas para corroborarlas. A los venezolanos sólo nos basta sufrirla en carne propia, como lo venimos haciendo desde largos años ya.
Sin embargo, es importante que desde afuera lo analicen y comenten. Hoy Venezuela es un ejemplo de lo que no debe ser un país que estaba condenado al éxito y hoy vive su más dramática crisis en mucho tiempo.

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 11 de febrero de 2014)

jueves, 6 de febrero de 2014

¿HASTA CUÁNDO?
Gehard Cartay Ramírez
Leí hace poco una afirmación que me llamó a reflexión: la destrucción del país le está saliendo “barata” al régimen (Alonso Moleiro, Tal Cual, 02-02-2014).
Lo de “barata” aludía al conformismo, la apatía y el miedo  de algunos sectores y también a la inexplicable posición de la cúpula de la MUD, negada a hacer oposición de calle ante el desgobierno actual, que nos lleva aceleradamente al desastre.
Y es que, en verdad, si nada hacemos ante esta criminal actitud del régimen; si no somos capaces de salir a protestar ante los gravísimos problemas que nos azotan; si dejamos que esta tragedia continúe… será muy “barato” para Maduro y su combo completar la destrucción del país iniciada en 1999.
En cambio, a los venezolanos nos va a salir muy costoso no enfrentar al régimen, ahora y aquí, para impedir que se salga con la suya. Y no podrá extrañarnos que quienes vengan después nos califiquen de cobardes y de no haber asumido nuestra responsabilidad histórica en esta hora aciaga que vive Venezuela.
Por eso, cuando se afirma que al régimen de Maduro le está saliendo “barato” su empeño en seguir destruyendo al país, nos estamos refiriendo a la falta de una respuesta enérgica ante esta auténtica traición a la patria que significa tronchar el futuro de los venezolanos. Porque si en cualquier otra nación estuviera ocurriendo el desastre que hoy sufrimos aquí, lo más seguro es que ya el pueblo hubiera obligado al régimen cuando menos a rectificar, si no es que tal vez habría logrado su sustitución.
Ojo: que nadie se equivoque, como decía el extinto. No estamos llamando a la guerra civil, ni a la violencia, ni al enfrentamiento entre venezolanos. Nada de eso. Ni a la guerra, porque aquí quienes tienen las armas son el régimen y los malandros; ni a la violencia, porque hemos demostrado que nuestro camino siempre ha sido -a pesar del fraude y el ventajismo- por la vía electoral; ni al enfrentamiento, porque el discurso del odio ha sido siempre monopolio exclusivo del chavismo.
Hoy en Venezuela hay protestas todos los días y en todas partes por el desastre que sufrimos desde 1999. Pero ha llegado la hora de organizar un movimiento de resistencia multitudinario y eficaz, pacífico y ciudadano, capaz de producir el cambio democrático del régimen, como lo demanda la mayoría de los venezolanos.
Esa protesta popular en las calles, pacífica y responsable -insisto-, está garantizada por la Constitución Nacional. Es nuestro derecho y nuestro deber. Hacer uso de ambos es lo que exige la hora actual, en lugar de estar cayendo en la trampa del supuesto diálogo con el régimen.
Ya está muy claro que el régimen no cree en el diálogo verdadero. Lo suyo siempre ha sido y sigue siendo la confrontación. Y está más que demostrado que cuando invita a “dialogar” es otra treta más, porque luego insulta y amenaza a la oposición y la sigue cercando, tal como lo recomiendan sus patrones castrocomunistas.
Por esa misma razón, hay que movilizar a la gente. Si continuamos como hasta ahora, las consecuencias podrían ser las de acostumbrar a los venezolanos a que acepten esta pesadilla y, lo que sería peor, que se acostumbren a vivir con ella. Por si acaso, hay algunos signos al respecto, como las largas colas para comprar ciertos productos cada vez más escasos, y que la gente las haga con una cierta resignación que ya es preocupante. Los cubanos tienen más de 50 años en eso, y se acostumbraron a vivir cada vez peor. 
Uno de los más grandes pacifistas del siglo XX, Mohamma Gandhi, apeló a la resistencia pacífica en las calles para combatir al imperialismo británico y lograr la independencia de la India. Y lo logró, sin armas -porque no las tenía-, ni violencia, porque no creía en ella.
Ahora mismo, en Ucrania, antigua República Soviética, el pueblo acaba de demostrar nuevamente la eficacia de la resistencia pacífica en las calles, derrotando el empeño del gobierno ucraniano en unirse a Rusia y no a la Unión Europea. Y eso que sus problemas tal vez sean menores que los nuestros, pero la resistencia en Ucrania es una lección para nosotros, al demostrar lo que vale el coraje del pueblo en las calles, detrás de una idea y una lucha poderosas contra el despotismo.    
Aquí en Venezuela, con una gravísima crisis que nos empobrece cada vez más, con la delincuencia matando a venezolanos cada día, con la más alta inflación del continente, con especulación y desabastecimiento como nunca, con corruptos e ineptos en el poder bajo la tutela castrocomunista de Cuba, entre otros males, debemos movilizarnos ya si no queremos terminar como el pobre pueblo cubano.
Twitter: @gehardcartay
(LA PRENSA de Barinas - Martes, 04 de febrero de 2014)

sábado, 1 de febrero de 2014

CULPABLES DE NADA
Gehard Cartay Ramírez
El actual régimen viene destruyendo el país desde hace ya 15 años, y sin embargo todavía tiene el tupé de culpar a los demás de la plasta que han puesto. 
Los culpables, según ellos, siempre son los demás. Los culpables siempre han sido, son y serán -según dice su discurso mentiroso- “el imperialismo”, “la Cuarta República”, el “Puntofijismo”, “la derecha”, “la CIA”, “los escuálidos”, “los traidores a la patria”, y un largo etcétera de estupideces. Pero nunca son ellos.
Todo esto a pesar de que el régimen controla desde hace tiempo todo el poder y todas las instituciones, como pocas veces lo hicieron algunos gobiernos anteriores. Habría que advertir que estos últimos nunca manejaron la montaña de petrodólares que el chavismo ha despilfarrado y robado desde 1999. Esto demuestra que, a pesar de que han tenido todo el poder y mil millonarios recursos, en lugar de resolver los problemas del país, los agravaron… y de qué manera, amigo lector.
También demuestra la colosal mentira en que se sostiene ese discurso chavista que culpa a los otros de su fracaso. Ninguno de esos presuntos culpables tiene nada que ver con la crisis creada desde 1999. Porque si bien es cierto que entonces quienes hoy mandan heredaron muchos problemas, también es cierto -insisto- que en todo este largo tiempo y con la montaña de petrodólares que malgastaron y dilapidaron no han podido resolverlos satisfactoriamente.
Véase a este respecto cómo Alemania, que quedó en la más absoluta ruina al terminar la Segunda Guerra Mundial en 1945,  resolvió en 15 años su gravísima crisis… y todo ello con mucho menos recursos que los que ha malgastado el chavismo. Japón, tan arruinado como Alemania luego de aquella guerra, en sólo 15 años se puso de pie. Hoy ambos países son formidables potencias económicas del mundo moderno.
Sirvan estos dos ejemplos para poner de manifiesto la gigantesca incapacidad e ineptitud del actual régimen, que en 15 años ha destruido a Venezuela, a pesar de que han manejado y dilapidado muchísimo más dinero y más tiempo que el que invirtieron alemanes y japoneses para reconstruir sus países. 
En cambio, aquí el chavismo hizo todo lo contrario. Convirtió a una nación petrolera y en vías de desarrollo, como lo éramos en 1998 -con problemas, claro está, pero nunca de la magnitud de los de ahora-, en lo que hoy por desgracia somos: un país con una economía destruida; una deuda colosal, después de haber dilapidado los más cuantiosos recursos que hemos tenido en nuestra historia; más pobreza, miseria y desempleo que antes; servicios públicos colapsados, desabastecimiento, carestía e inflación como nunca y, por si fuera poco, más de 250.000 asesinatos en 15 años.
La explicación a este desastre está en que el régimen siempre ha tenido un sólo propósito: permanecer en el poder a toda costa, para lo cual pretende controlarlo todo, liquidando la economía privada y su aparato productivo, y destruyendo, por tanto, la iniciativa particular de los ciudadanos.
 Fíjese usted, amigo lector, lo que ahora sucede con el control de cambios, una política económica errada y absurda, pero que le permite al régimen especular y controlar el manejo de nuestros dólares. Pues bien, luego de haber encarecido el dólar en el mercado paralelo y de sucesivas devaluaciones que han liquidado el valor del bolívar como signo monetario, ahora el régimen convierte en “chivos expiatorios” a los venezolanos que han utilizado sus cupos de CADIVI en dólares para viajar al exterior, culpándolos de la escasez y la carestía de la moneda estadounidense.
Esta es otra mentira más que, como siempre, pretende trasladar a los demás lo que es de la exclusiva responsabilidad del régimen y sus desacertadas políticas económicas, al tiempo que utiliza la situación de CADIVI para limitar a los venezolanos la compra de dólares para viajar al exterior. Como siempre ocurre, aquí “la soga revienta por lo más delgado…”
 Porque la verdad es que los dólares para viajeros apenas alcanzan el 6% del gasto total de las divisas en dólares. En cambio, CADIVI autorizó en 2012 importaciones fraudulentas por 23.000 millones de dólares, según denuncia del economista José Guerra (Tal Cual, 25-01-2014). Por si fuera poco, el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (SITME) entregó entre 2010 y 2012 la bicoca de 27.000 millones de dólares, “y no se sabe dónde están esas importaciones”, advirtió también Guerra.
Como siempre sucede, y al igual que en este caso concreto, el régimen vuelve a culpar a los demás de lo que son sus exclusivos errores. Afortunadamente, cada vez son menos quienes creen esos cuentos chinos.
 Twitter: @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 28 de enero de 2014.

martes, 28 de enero de 2014


EN LOS 227 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE GUANARITO

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE UN PROYECTO  DE ARVELO TORREALBA PARA LOS LLANOS OCCIDENTALES VENEZOLANOS

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR  EL GOBERNADOR DEL ESTADO BARINAS,
GEHARD CARTAY RAMÍREZ,
EN LA SESIÓN SOLEMNE DEL CONCEJO MUNICIPAL DE GUANARITO, ESTADO PORTUGUESA


(Guanarito, 24 de enero de 1995)



Agradezco profundamente la distinción que me han conferido la Alcaldía y la Cámara Edilicia del Municipio Guanarito del Estado Portuguesa, al designarme orador en esta Sesión Solemne con motivo de los 227 años de la fundación de esta pujante localidad.
Fray Andrés de Grazalema fue el fundador del Pueblo de Nuestra Señora de la Paz de Guanarito, allá por 1768, según el Hermano Nectario María, sin fijar el día, “el cual hubo de ser en la festividad de Nuestra Señora de la Paz”.
El fraile Grazalema era andaluz y capuchino. Hombre aventurero y de probado coraje, recorrió ríos y tierras de esta parte de los llanos occidentales. Los hoy ríos Cojedes, Portuguesa y Apure lo vieron transitar en sus distintas correrías hasta llegar a este lado del entonces río Guanarito, donde fundara la población del mismo nombre.
Con el tiempo, Guanarito fue ciudad importante. En 1787, escribió mi paisano Virgilio Tosta, “contaba con 1779 habitantes, residentes en 92 casas. De estas viviendas, 30 se encontraban en el pueblo y 62 dispersas en los campos. La población estaba formada por 673 blancos, 37 indios libres, 880 personas de color, también libres, y 189 esclavos”.
Tosta afirma que los capuchinos evangelizaron a la mayoría de la población. La actividad ganadera era notable y laboriosa: “Había 147 pequeños hatos donde pastaban 24.790 cabezas de ganado vacuno, 1504 de ganado caballar y 155 mulas”. “Guanarito -prosigue señalando Tosta- ya no correspondía a la Provincia de Caracas, pertenecía a la de Barinas”.
La población progresó considerablemente en los años siguientes, aún cuando a comienzos del siglo XIX comenzó a declinar, producto de los estragos de la revolución independentista, de la cual no podía sustraerse -según anota el profesor Manuel Pérez Cruzatti- por ser “un pueblo con sed de justicia y amante de la libertad”. En efecto, el cantón de Guanarito tendría su diputado en el Congreso Constituyente de 1811, el médico José Luis Cabrera, quien al lado de Unda, electo por Guanare, y Pérez de Pagola, por Ospino, formarían una trilogía entusiasta y fervorosa al servicio de la Independencia.
Durante la Guerra Federal, Guanarito también sobresalió al lado de los ideales de Zamora y Falcón. Era la revolución de los indios, como algunos la llamaron, no despectivamente, sino en reconocimiento a la fiereza de sus hombres. A su cabeza estuvo Martín Espinoza. “Dicen que era de El Pao de San Juan Bautista -ha escrito José León Tapia- y desde joven se fue a Guanarito y Morrones, deambulando por todos estos caseríos a la orilla del río, donde trabajaba como bonguero y vendedor de fustas fabricadas por él mismo. Tenía un callo en el hombro de tanto empujar la palanca en el fondo de los cauces. Hasta que en una de esas ausencias, los godos le violaron la mujer y la hija para hacerle nacer el odio”, agrega Tapia.
“Desde entonces -sigue relatando el escritor barinés-, comenzaron las andanzas a caballo, seguido por la indiada de Guanarito, pidiendo sus resguardos de tierra y respeto en sus derechos, contenidos en los protocolos que guardaban sus ancianos desde el tiempo de la Colonia”.
Lo dicho, independientemente de la fatal suerte que acompañó luego a Espinoza,  no hace sino reafirmar la importante contribución de esta población a la causa federal, reconocida tanto por Falcón como por Zamora. Con el tiempo, Guanarito también alumbraría con las luces de la cultura y el periodismo desde las páginas de La Campana y a través de briosos intelectuales de la época.

***

Como la mayoría de los pueblos recostados a nuestros ríos, los primeros años del presente siglo fueron duros y difíciles para Guanarito.
Aquí, en el sur oeste venezolano, las vías fluviales dejaron de ser navegables en su mayoría, por efectos de la sedimentación de sus cauces y la destrucción de sus cabeceras. La acción depredadora del hombre, lamentablemente, no se hizo esperar en sus funestas consecuencias.
Porque la mayor parte del comercio de exportación e importación se hacía entonces por los ríos tributarios del Apure, que luego se enlazaba con el soberbio Orinoco para salir al Atlántico, hacia el continente europeo, y viceversa. Por eso mismo, los españoles fundaron pueblos a la orilla de los ríos, no sólo por la necesidad del vital líquido, sino por ser aquellos vehículos de comunicación más veloces que el tránsito a caballo o a pie.
Sobre este tema en particular quiero centrar mi discurso de hoy ante ustedes, amigas y amigos de Guanarito, por su relación estrecha con esta tierra y con los llanos occidentales, y convertir en la parte medular de estas palabras las ideas que un venezolano de excepción, paisano de Barinas, gobernador de mi estado entre 1941 y 1945, el poeta Alberto Arvelo Torrealba, autor de Florentino y el Diablo, vertió en 1952 en Caminos que andan (Panorama y Destino del Oeste Venezolano), un libro extraordinario sobre lo que pudieron haber sido estos llanos del suroeste venezolano si se hubieran conservado las nacientes fluviales y los recursos forestales, la navegación de los ríos y las óptimas condiciones de estas llanuras para el desarrollo agrícola.
Estaba muy interesado en lograr, según sus propias palabras, “una proyección geoeconómica de los Llanos Occidentales, frente al régimen ya definidamente torrencial de los veneros hidrográficos que drenan el flanco Este de la Montaña Andina”.
Se trata de una profunda y elaborada reflexión sobre temas en los cuales no era precisamente un especialista doctorado aquel abogado y poeta. Pero sus ansias por conocer aspectos que le apasionaban lo llevaron a profundizar sobre los mismos con tanta erudición como cualquier especialista en las materias allí abordadas. Sus conversaciones con agricultores, sus consultas a libros de autores especializados, la observación directa que le facilitaba su inteligencia y agudeza innata y su comprensión lógica del los temas globales, fueron ejercicios intelectuales que le ayudaron en la concreción de aquel proyecto que tenía en mente.
Fue así como concibió Caminos que andan, obra que lo convirtió -al menos en su país- en un precursor indiscutido de la ecología y la conservación de los recursos naturales, mucho antes, por cierto, de que esta temática se pusiera de moda y llamara la atención del mundo moderno.
Lo esencial de este libro de Arvelo Torrealba postula como fundamental la circunstancia de que, ya a mediados del siglo pasado, los Andes Venezolanos, en sus zonas medias y altas, se encontraban superpoblados y sus tierras exhaustas y en avanzado estado de erosión, mientras que los Llanos Occidentales estaban despoblados, a pesar de la feracidad de su suelo. El futuro le daría la razón a Arvelo Torrealba en aquel planteamiento de principios de los años cincuenta, aunque sus predicciones, lamentablemente, también se cumplieron en materia de destrucción de cuencas hidrográficas y forestales.
Pero en aquel entonces su idea tropezó con ciertos inconvenientes, entre ellos, la creencia generalizada de que las tierras de nuestros llanos eran pobrísimas, de bajo rendimiento y anegadizas, aparte de estar infestadas por enfermedades terribles. Arvelo Torrealba, por el contrario, sostenía que los suelos llaneros acumulaban “hondos estratos de humus” y que ofrecían mejores condiciones de vida a quienes los habitaban, por haberse erradicado ya algunas enfermedades como la malaria, “rezago imaginativo de la otra Venezuela”, agregaba.
“Hoy por hoy -sostenía hace ya 40 años- es difícil desconocerles a los Llanos Occidentales su potencia agrícola de primer orden. De sus 60.000 kilómetros cuadrados la mitad, por lo menos, están cubiertos de selvas de infiltración, cuya honda capa de humus, en una superficie de 3.000.000 de hectáreas, es inmenso pliego probatorio exhibido ante todos los que conocen la comarca”.
Por desgracia, desde hace algún tiempo ya, pueden constatarse las consecuencias trágicas de no haberlo oído y seguido en sus sabias recomendaciones: se están secando aceleradamente las cabeceras de los ríos y agotándose sus reservas forestales, con las lógicas consecuencias de sequía y deterioro del medio ambiente. Por supuesto que todo esto ha afectado severamente el régimen hidrológico de la zona, pues las inundaciones atacan en forma recurrente a las zonas altas de los llanos, mientras los ríos disminuyen de manera dramática su volumen durante el verano y, paradójicamente, crecen y se desbordan en la estación lluviosa.
Parte muy importante del proyecto arveliano contenido en aquel libro de 1952 son sus reflexiones sobre los ríos de los llanos occidentales, a los que justamente bautizó “caminos que andan”, y que constituyeron otra pasión vital del poeta en todo tiempo y lugar. Ya lo había demostrado suficientemente, como gobernante y hombre de Estado, cuando estuvo al frente de los destinos de su natal Barinas, entre 1941 y 1945.
Su pasión por “los caminos que andan” tuvo motivaciones de distinto orden: unas nostálgicas, pues los ríos -como ya señalé antes- habían sido en el pasado las vías de comunicación que permitieron la salida de los productos de exportación y también la entrada de los artículos que venían del exterior, desempeñando así un papel estelar en la economía llanera durante varios siglos. Arvelo Torrealba tuvo también motivos de orden ecológico en virtud del importante papel que cumplen los ríos en la formación del paisaje de los llanos, en la prevención y control de inundaciones y en su utilización para las labores de riego con fines agropecuarios. Y hay finalmente razones de estratégica planificación del potencial desarrollo de la región, si fuera posible -como lo vislumbraba aquel sueño permanente del poeta- volver a convertir los ríos en vías de comunicación y progreso, al igual que lo fueron antes y lo siguen siendo en muchas partes del mundo de hoy.
Pero no se queda Arvelo Torrealba en estos comentarios generales. Va más allá, al recordar la antigua función que cumplían los ríos de entonces al entrelazar diversas localidades ubicadas en las riberas de los afluentes: “Desde el puertecito de Torunos sobre el (río) Santo Domingo, para Barinas, para Guanare desde el de Guerrilandia sobre el (río) Guanare y desde (el río) Payara para Acarigua y Araure, el destino de aquellas rutas era unir pueblos de variadas latitudes. (El Real, Santa Inés, Santa Lucía, San Vicente, Bruzual, Nutrias, Puerto de Nutrias, Apurito, Guasdualito, Arismendi, Guadarrama, El Pao, San Fernando de Apure, Río Negro, Ciudad Bolívar). Caminos de vitalidad permanente para el Sur de Venezuela. Café, caco, tabaco, manteca, añil, iban río abajo con el empuje del trabajo local, permutados, en el río arriba, con medicinas, muebles, víveres y toda clase de mercancías”.
Lamentablemente, aquel hermoso y dinámico movimiento finalizó por diversas razones que explica así el poeta con honda preocupación: “Las contiendas civiles, la penurias de los gobiernos que debieron dejar los álveos a su propia abandonada suerte, la quema sistemática del agro, la tala sin renuevos, desataron a corto plazo la respuesta trágica de la naturaleza ante el flagelo humano. Al remanso apacible siguieron -escombro de cascadas- las oscuras torrenteras, despeñadas por donde bajaban antes gárrulos manantiales. El don del agua honda pasa a ser privilegio de cuatro o cinco meses. Para el resto del año campean los playones adustos”.
Lo demás vino por añadidura: “Tras la pérdida de varios vapores, lanchas y bongos en la aventura de remontar el Santo Domingo, el Guanare y otras vertientes, éstas terminaron por bloquear su propio camino, interferido por arenales y carameros. Desolación y silencio señorearon en los cauces antes fecundos, mientras la gente ribereña, espectadores pasivos del desastre, aislados, desarticulados en cautiverio sin cárcel ni cadenas, huyeron unos y se entregaron otros a la condena inapelable del hambre y el paludismo”.
En materia ecológica, a pesar de haber sido uno de sus precursores en Venezuela, Alberto Arvelo Torrealba terminó arando en el mar. Así como escasamente se conoce esta interesante y patriótica faceta suya, opacada por la muy celebrada que tiene como poeta popular llanero, igualmente hay que afirmar que muy pocos la han estudiado y menos aún quienes le hicieran caso -entre ellos los gobiernos siguientes- a sus tempranos y sabios planteamientos.
Si traigo a colación todas estas reflexiones del gran poeta barinés es porque, en un ejercicio de ensoñación 40 años después, pudiéramos imaginar lo que hoy serían estos llanos occidentales de Portuguesa y Barinas si se hubieran puesto en ejecución aquellas ideas progresistas y audaces. Sin duda, Guanarito sería hoy un emporio agrícola y ganadero, superior a su actual grado de desarrollo, como también lo serían todas estas poblaciones ubicadas en la planicie que se desliza hacia el brioso río Apure.   
Pero estamos aún a tiempo para cumplir aquellos hermosos sueños de Arvelo Torrealba, de cuyo nacimiento se cumplen noventa años el próximo 4 de septiembre, para lo cual se cumplirá una programación n especial en Barinas, con justos homenajes y significativas obras en su memoria.
Aún estamos a tiempo -insisto- de rescatar aquellas ideas progresistas y hacerlas realidad para impulsar el desarrollo de estas planicies, tan extensas como prometedoras.
Porque si bien es cierto que por estas fechas rememoramos el pasado de Guanarito en sus 227 años, lo fundamental hoy es prefigurarnos su porvenir y luchar para que sea luminoso y progresista, y en ese compromiso están comprometidos sus hijos y sus amigos.
Por estas razones, hoy he venido hasta acá, como vecino y llanero, a consignar ante ustedes estas inquietudes y a agradecer, una vez más, al alcalde Valmore Betancourt, amigo y compañero de generación y de luchas, y a la Cámara Municipal, por esta extraordinaria oportunidad que me han brindado para reflexionar en voz alta y convocarlos a la lucha por un destino mejor.
Muchas gracias.


   




jueves, 23 de enero de 2014

OTRA ESTAFA MÁS
Gehard Cartay Ramírez
Ni memoria ni cuenta, sino una nueva estafa a los venezolanos resultó la comparecencia de Maduro ante la Asamblea Nacional, en lo que debió ser el informe de gestión del año anterior.
Aquello fue un espectáculo grotesco. El orador tuvo serias dificultades para leer un discurso que alguien le preparó, por lo que poco sabía sobre su contenido. Frases vacías, citas absurdas y, sobre todo, un profundo desconocimiento de lo que contenía aquel texto ajeno que, al parecer, ni siquiera tuvo la previsión de leer antes con algún detenimiento.
La ocasión puso de relieve, una vez, más la falta de preparación y de capacidad del personaje, elevado al poder por su obsecuencia hacia el extinto jefe y por su vinculación con los hermanos Castro. Un personaje oscuro, de quien se ignora casi todo y que, en un golpe de suerte, llegó a Miraflores sin el mayor esfuerzo.
No hubo memoria porque ni siquiera pudo precisar los “logros” que alcanzó el régimen en el año de la cuenta, como lo manda la Constitución Nacional en su artículo 237. No hubo información sobre “resultados de gestión” -que algunos debería haber-, ni tampoco datos y estadísticas al respecto, como décadas atrás acostumbraba a hacerse en los mensajes de memoria y cuenta de los presidentes de la República.
Sucedió todo lo contrario: fue más lo que escondió que lo que pudo informar. Así, por ejemplo, ocultó deliberadamente la grave crisis económica que sufrimos hoy, como consecuencia de 15 años de políticas erradas, practicadas con el sólo propósito de imponer un proyecto económico ya fracasado en todas partes, pero que le resulta imprescindible en función de controlarlo todo.
No dijo nada tampoco sobre la terrible circunstancia de que Venezuela es hoy uno de los países con mayor inflación en el mundo, por encima de Irán, Siria y Sudán, siendo estos dos últimos países afectados por cruentas guerras civiles. Sufrimos la más alta inflación del continente americano (56,1 por ciento), mientras que países como Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Paraguay, Brasil, Ecuador y Bolivia no superan, en promedio, el 3%. Somos, además, el único país miembro de la OPEP que redujo en 2013 sus reservas internacionales, según cifras del investigador Luis Mata Mollejas, presidente de la Academia de Ciencias Económicas y Coordinador del Doctorado en Economía de la UCV (Véase la revista Zeta, No. 1953, páginas 24 y 25).
Pero Maduro no dijo nada al respecto. No dijo nada tampoco sobre la creciente devaluación de bolívar. No dijo nada sobre la merma de las reservas internacionales de Venezuela. No dijo nada sobre los niveles críticos de las reservas líquidas del país. No dijo nada sobre la escasez, el desabastecimiento de productos de primera necesidad. En cambio, sólo insistió en la necedad de la supuesta “guerra económica de la oligarquía”, argumento infantil que ya nadie cree después de 15 años continuos de régimen chavista.
No dijo nada tampoco sobre el drama de la inseguridad desbordada e incontrolable, que ya ha asesinado 250.000 ciudadanos desde 1999. No fue capaz de enfrentar esta dolorosa tragedia que enluta a la familia venezolana en general y que hoy casi todo el país clama porque sea enfrentada para no seguir sufriendo esta especie de genocidio contra nuestro pueblo.
No dijo nada tampoco sobre la galopante corrupción de la cúpula podrida del régimen y de casi todos sus funcionarios, validos y testaferros. No dijo nada sobre el colosal saqueo del patrimonio público a manos de los altos jerarcas de su régimen, todo lo cual evidencia que la corrupción seguirá rampante, estimulada desde arriba, mientras la calidad de vida de los venezolanos empeora cada día.
 Dentro de esa estrategia de ocultar su fracaso y el de su antecesor, Maduro también incurrió en el abuso de enmascarar deliberadamente una nueva devaluación del bolívar, anunciar la supuesta eliminación de CADIVI y el  traslado de unas cuantas atribuciones al SICAD, pero subiendo la tasa de cambio de 6.30 a 11,60 por dólar.
Lo demás no pudo ser más penoso: unos cuantos enroques entre sus ministros y altos funcionarios, los mismos que han fracasado desde hace varios años, lo que revela también su incapacidad para rectificar y poner punto final a esta tragicomedia de equivocaciones que nos lleva al más profundo precipicio.
Conclusión: marchamos raudamente hacia el colapso total del país, mientras la cúpula del régimen se enriquece a manos llenas y los venezolanos se empobrecen cada vez más.  
Twitter: @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 21 de enero de 2014

domingo, 19 de enero de 2014

EL DISCURSO ASESINO
Gehard Cartay Ramírez
Son múltiples las causas de la inseguridad, pero en Venezuela una muy importante ha sido el discurso asesino que el régimen impuso desde 1999.
Dos días después de haber asumido el poder, el teniente coronel Chávez justificaba que un padre de familia robara si su familia estaba pasando hambre. Aquello era apenas el anuncio de lo que vendría después: populismo exacerbado y contubernio del régimen con el hampa, convertida hoy en otro brazo armado al servicio de sus oscuros intereses de poder.
Aquello también proclamaba la filosofía del régimen que se inauguraba: en lugar de ejecutar una política económica y social dirigida a reducir la pobreza, se tomaba el atajo fácil de la demagogia apelando a la lucha de clases como mecanismo para dividir a la sociedad venezolana entre pobres y ricos. Y, al mismo tiempo, exaltando un discurso de odio para acusar a unos de ser responsables de la miseria de otros.
Ese discurso de odio tiene ya 15 años pronunciándose casi todos los días. Un discurso cargado de palabras tan peligrosas como cualquier arma. Palabras terribles como “pulverizar”, “liquidar”, “demoler” o “aplastar” a “los enemigos de la patria”, se han repetido casi todos los días por todos los medios de comunicación de masas durante tres largos lustros, dichas -por si fuera poco- desde el más alto sitial de poder en Venezuela. Y las han oído niños que después se han convertido en adolescentes; adolescentes que, en muchos casos, luego se transformarían en profesionales del hampa.
Su efecto multiplicador es, sin duda, una de las causas fundamentales del clima de inseguridad, violencia y muerte que hoy corroe a nuestro país.
Creo que esta es una afirmación irrebatible. Ya se ha dicho que, a veces, las palabras pueden ser más asesinas que las armas. Lamentablemente, en nuestro caso, ambas se vienen utilizando de manera simultánea.
Así, al tiempo que el discurso asesino del régimen ha sembrado el odio entre los venezolanos, aquel ha venido dotando de armas a los llamados “colectivos” (grupos paramilitares terroristas a su servicio), a la delincuencia presidiaria y a la que actúa libremente en las calles. Unos y otros, insisto, han sido provistos de armamento porque actúan en apoyo del régimen como bandas de choques para amedrentar y aterrorizar a sus adversarios y a la sociedad en general.
Lo afirmado se basa en otro hecho irrefutable: en Venezuela sólo el Estado tiene el monopolio de la venta y distribución de armas de fuego. Ningún particular puede vender armamento. En consecuencia, si la delincuencia y los paramilitares chavistas poseen armas resulta indubitable que es el propio Estado el que se las suministra. En cambio, los venezolanos honestos y trabajadores no las poseen y, en la práctica, aquí los únicos armados son las autoridades y los malandros.
No pueden entonces extrañarnos los casi 250 mil asesinatos desde 1999. La inseguridad, la violencia y todos esos homicidios aumentan cada día, y no por casualidad. Son la resultante de la incapacidad del actual Estado venezolano para garantizar la vida de sus ciudadanos y de su descarada indolencia para perseguir, castigar y enjuiciar a una delincuencia impune, con una capacidad de acción cada vez mayor.
Todo esto demuestra también el fracaso de las políticas sociales y económicas del régimen. Porque está comprobado que aquellas sociedades con mayores desigualdades sociales y económicas son las más propensas al crecimiento de la violencia, la criminalidad y la inseguridad. Venezuela es hoy un claro ejemplo al respecto.
Por si fuera poco, al lado de la incapacidad del régimen para ejecutar políticas destinadas a sacar a millones de venezolanos de la pobreza y de la complicidad oficial con la delincuencia, ahora se suma otra irresponsabilidad al sacar de las cárceles a peligrosos sujetos, lo que crea un cuadro de horror para la familia venezolana.
Nada de esto debería extrañarnos, insisto. No hay que olvidar que quienes dirigen este régimen insurgieron a la política el 4 de febrero de 1992 armados de metralletas y tanques de guerra, con un saldo vergonzoso de muertos y heridos. Esa fue su partida de nacimiento en la actividad política, y no han renunciado a ella.
Los recientes asesinatos de Mónica Sper, Miss Venezuela 2004 y popular actriz de televisión, y de su marido, se suman ahora a los 250 mil homicidios que se contabilizan desde 1999. Su bello rostro y su fama han hecho resaltar su muerte a manos de la criminalidad que nos agobia a todos los venezolanos. Pero, así como ella, otros miles de compatriotas anónimos han muerto a manos de la delincuencia desbordada.
Saldo sangriento producido por el discurso asesino del régimen y su permanente siembra de odios, así como de su criminal tolerancia frente a quienes le han declarado la guerra a muerte a la familia venezolana.
   Twitter: @gehardcartay
El blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas - Martes, 12 de enero de 2014