viernes, 11 de octubre de 2013

LAS BURDAS MENTIRAS DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
El país se desplaza hacia un profundo abismo, mientras el régimen sigue con su campaña de mentiras y de engaños, incapaz de enfrentar la grave crisis que sufrimos.
Esa actitud criminal incluye ocultar a la opinión pública la magnitud de la tragedia económica y social que se avecina. Porque si algo ha caracterizado a este régimen desde hace casi 15 años es su falta de transparencia y de claridad. Se diría que actúa, en sus siniestros propósitos, desde la sombra y la oscuridad.
Para intentar justificar su colosal fracaso entonces acude también a todo tipo de mentiras y de engaños. Y como la base fundamental de esta actitud es no reconocer nunca su responsabilidad absoluta en la crisis que ellos ahondaron desde 1999, entonces siempre culpan a la oposición venezolana, al imperio mesmo, al capitalismo o a las faces de la luna, pero jamás pueden aceptar que ellos, y sólo ellos, son los culpables del desastre político, económico y social en que estamos envueltos hoy.
Maduro, como antes su predecesor y tutor, siempre está “lavándose las manos” ante los problemas. Esta actitud ponciopilatesca, cobarde e irresponsable, lo lleva siempre a refugiarse en la mentira, no importa cuán increíble pueda ser, lo que se traduce en una falta absoluta de respeto a los venezolanos, sean o no partidarios de este régimen.
Recordemos ahora, por ejemplo, sus mentiras sobre la enfermedad del difunto presidente anterior. Con qué cinismo y caradurismo le dijo al país que aquel “se estaba recuperando”, que “habían hablado por espacio de cinco horas”, que ya estaba “haciendo ejercicios en su habitación”, que “había hecho algunos nombramientos y estaba al frente del Estado”.
Puras mentiras, absolutas mentiras. Nada era verdad como lo comprobaron posteriormente los hechos. Todo indica que Chávez nunca se recuperó, luego de la intervención quirúrgica que le fue practicada y que estuvo sometido a un coma provocado o sencillamente cayó en la inconciencia generalizada. En una situación tan grave como esta no podía ejercer sus funciones y ha debido ser relevado como la manda la Constitución. Sin embargo, Maduro se esmeró en esconder la verdad a propios y extraños, lo que dice mucho de su “talento” para mentir.
Sobrevino la muerte del interfecto, sin que nadie supiera la verdad de los hechos, gracias a la campaña de mentiras y engaños de Maduro y su cúpula podrida. Sin embargo -como dice el refrán popular-, "la mentira siempre sale”. Ya se han ido conociendo las circunstancias que rodearon aquella muerte. Y como “la mentira también tiene patas cortas”, por aquello de que quien miente a veces lo olvida y se contradice luego, resulta que ahora el propio Maduro habla de “la gravedad y de los dolores terribles” del aquel paciente moribundo, sin reparar que por esos días había dicho que se estaba recuperando y hasta hacía ejercicios diariamente.
Si pudo mentir en aquel caso tan importante para sus partidarios y el país entero, nadie puede hoy dudar de que mentirá siempre. Por eso, en estos meses que tiene en el Palacio de Miraflores, la mentira sigue siendo su filosofía y la base de su régimen.
A él, desde luego, parece no importarle que ya nadie le crea sus embustes, por estrafalarios e insólitos. Sigue diciéndolos, cada vez más absurdos y sin respaldo en la terca realidad de los hechos. Acude a los más inverosímiles y ridículos, convertido hoy en el hazmereír de los mandatarios latinoamericanos. Así como aquí nadie le cree, afuera tampoco. Y eso nos afecta como país serio en la comunidad internacional.
Bastaría recordar algunas mentiras demasiado gruesas y cómicas, como aquella del “magnicidio”, como siempre sin pruebas que lo confirmen. O esa otra según la cual Estados Unidos y el ex presidente colombiano Álvaro Uribe “planeaban invadir Siria tan sólo con el pretexto de “asesinarlo” a él, y así “desviar la atención mundial sobre su magnicidio”. O la última, al explicar que no fue a la reciente reunión de la ONU en Nueva York, donde participaron casi todos los jefes de Estado del planeta, “porque Obama y su gobierno tenían organizado un complot para asesinarlo”.
Si no fuera porque resultan cómicas, lo cierto es que estas acusaciones sólo pueden ser hechas si se tienen las pruebas que las comprueben. Por eso mismo, el gobierno estadounidense se las exigió inmediatamente, lo que, por supuesto, no sucederá jamás porque ya se sabe que estas mentiras, luego de ser lanzadas a la opinión p
lica, nunca son compos a la opir quien las hace er lanzadas a la oponiñon pso, el gobierno estadunidense le exigiras y engaños ública, nunca son comprobadas por quien las hace.
O es que acaso no recordamos esas otras hablando del “golpe eléctricoopositor” para explicar el pésimo servicio de energía eléctrica. O la del “saboteo de la oposición” para incendiar refinerías e instalaciones de PDVSA. O esa otra del“saboteo opositor” en la producción agropecuaria e industrial para acaparar y producir escasez, por ejemplo, todas las cuales no son sino burdas mentiras que nunca se han comprobado, ni se comprobarán.
¿Hasta cuándo abusarán de la buena fe de su gente?
@gehardcartay
(LA PRENSA de Barinas - Martes, 08 de octubre de 2013)

miércoles, 9 de octubre de 2013

ANTE UNA HORA DRAMÁTICA Y UN COMPROMISO MAYOR

ANTE UNA HORA DRAMÁTICA Y UN COMPROMISO MAYOR

DISCURSO DE ORDEN DEL DIPUTADO
 GEHARD CARTAY RAMÍREZ
 ANTE EL CONCEJO MUNICIPAL DE PEDRAZA, ESTADO BARINAS

(Ciudad Bolivia, 05 de julio de 1990)





Celebramos hoy una de las fechas más importantes de la venezolanidad: la de nuestro nacimiento como nación libre y soberana.
Y me complace que sea justamente aquí, en la Plaza Bolívar de Ciudad Bolivia, ante tan calificado y numeroso auditorio, que pueda hoy consignar algunas reflexiones, a propósito de tan trascendente fecha patria, en esta hora dramática que vivimos los venezolanos y que nos coloca ante un compromiso mayor con nuestro país y su gente.

***

“No creo en la Historia nacional -escribió alguna vez Don Mario Briceño-Iragorry- como fuente de romántica complacencia; juzgo, en cambio, con sentido jaspersiano, que sus datos, como espejo del hombre, nos ayudan a conocernos a nosotros mismos en la riqueza de lo posible”.
Esa línea de continuidad que conlleva la Historia debe ser tomada como su impulso vital. Y debe ser asumida con sentido realista, pero con ambición; con los pies en la tierra, pero poniendo alas a la imaginación. Y, sobre todo, siendo consecuentes con la idea de que ahora somos nosotros -como antes fueron ellos, los Padres Fundadores que hicieron posible el 5 de Julio de 1811- los continuadores de la Patria en desarrollo. Mañana serán nuestros hijos, y después los hijos de nuestros hijos. Porque así es la Historia: una constante batalla, un diario trajinar, un cuotidiano afán.
Por eso debernos hablar de los nuevos 5 de Julio que nos aguardan, en lugar de venir este mañana a recordar los episodios de aquel 5 de Julio. Las circunstancias en que se encuentra Venezuela en este momento obligan a una profunda meditación sobre el presente y el porvenir de la Patria. No tendría sentido, por tanto, venir hoy y aquí a rememorar con sentido patriotero y solemne las razones de esta fecha que casi todos conocemos desde las aulas de la escuela, ni tampoco los episodios históricos que se sucedieron alrededor de tan trascendente acontecimiento.
Se impone, sí, al rememorar el significado extraordinario de la Declaración de Independencia suscrita hace ya 179 años, afrontar los desafíos que la hora presente y futura nos plantean a los venezolanos de este nuevo tiempo. 
Porque no tendría sentido enorgullecernos de aquella fecha en la cual los Padres Fundadores de la Patria nos declararon independientes, si hoy pareciera que algunos se empeñan en entregarnos de nuevo a poderes extranjeros, bajo el argumento de que necesitamos más recursos financieros para salir de la crisis en que nos hundieron precisamente quienes ahora juegan al papel de salvadores de esta pobre Venezuela, convulsa y enferma.
Porque hay que decir, además, que si ayer estábamos atados por las cadenas de la opresión a la España imperial, hoy nos quieren encadenar de nuevo a otro yugo: el yugo del Fondo Monetario Internacional, el más poderoso imperialismo de la modernidad financiera y un mecanismo diabólico que superpone los intereses de las naciones más ricas por sobre las más pobres, sometiéndolas a sacrificios inaceptables.
 Se diría, pues, que los venezolanos de hoy estamos obligados a luchar por una nueva independencia, por un nuevo 5 de Julio. No se trata ya de esforzarnos por ser independientes políticamente, ni tampoco por obtener derechos que sempiternamente -como antes sucedió- nos fueron negados y desconocidos, de hecho y de derecho, por una autoridad ilegitima y usurpadora. Tampoco se trata de luchar por nuestra autodeterminación y autonomía plenas. Sería exagerado plantear estas cuestiones en términos absolutos y radicales. Somos un país libre, ciertamente, con una democracia funcional -aunque tambaleante y descreída-, con autoridades legítimamente constituidas  -aunque no siempre acatadas- y con una cierta dosis de autodeterminación en el concierto de las naciones. Nadie podría dudar de todas estas conquistas y muchas otras más, por modestas y rutinarias que a veces puedan parecer.
La que no podemos olvidar, al lado de todo lo anteriormente dicho, es que Venezuela soporta hoy una de las más grave crisis de toda su Historia, bajo el peso agobiante de una deuda descomunal que no es precisamente la contraída con los bancos extranjeros, sino con nuestro propio pueblo, el menos favorecido en los tiempos de la abundancia grosera de la Venezuela Saudita, y el más castigado y esquilmado en estos tiempos de escasez.
Lo que no podemos negar es que el país está acogotado por todo tipo de problemas, sean grandes o pequeños, pero sin solución inmediata por ahora. La que no podemos ocultar es que hoy por hoy a Venezuela la arropa una grave crisis moral, económica y política. Lo que no podemos esconder es que nuestros gobernantes actuales cada día se muestran más incapaces para sacarnos del atolladero inmenso en que nos encontramos, mientras un reducido sector de nuestra clase política, económica, militar y sindical continúa saqueando el Tesoro Público, como si estuviéramos francamente ya al final de una era y se impusiera entonces tomar el botín, antes de abandonar la nave que naufraga.
Vivimos, pues, un ciclo histórico que debe cambiar, y sin duda alguna va a cambiar por la propia dinámica de la Historia. Nuestra tarea no puede ser otra que la de impedir que esos cambios nos desborden y que sectores del autoritarismo caudillista y de la antipolítica puedan conducirlos por los atajos del retroceso. Porque hay que decirlo de una buena vez: Hay factores golpistas subterráneos que sigilosamente viene acechando (*) y sería estúpido no detenerlos a tiempo e impedir que lleguen al poder.
Nuestra tarea consiste en canalizar y liderizar esos cambios necesarios e inaplazables y, desde luego, protagonizarlos para avanzar y no para retroceder. Tenemos entonces que prepararnos para las nuevas luchas contra los verdugos de la Patria de hoy: los malos gobiernos, la mediocridad, la corrupción, la demagogia, el centralismo y la entrega del país a los centros financieros internacionales. Pero también contra los posibles verdugos del mañana, esos que representan el militarismo, el golpismo, el neoautoritarismo, el fascismo, el anacronismo, el caudillismo y cualquier tentación totalitaria del signo que fuere.  
Por eso he hablado de los nuevos 5 de Julio que todavía nos aguardan. Vamos a asumirlos con sentido de Historia, aprendiendo la lección y asimilando todo cuanto guardan de experiencia. Vamos a apoyarnos en los hechos gloriosos del pasado de la Patria para producir los nuevos cambios que el país reclama, porque la grandeza del ayer debe ser la palanca para la grandeza del mañana.
Y esa, y no otra, es la lección de la Historia.
***

Venezuela -ya se ha dicho- vive hoy una grave crisis a todos los niveles. Hay un vacío de conducción en las altas esferas del Poder Público y una peligrosa falta de representatividad y de solidaridad social en los organismos de dirección popular.
Eminentes pensadores e historiadores han reconocido esta dramática y angustiosa realidad. Y es que no se necesita, en verdad, haber estudiado algo para palpar la situación: el pueblo, con su inmensa sabiduría, sabe que vivimos una grave crisis porque nadie como él la siente y la sufre.
El país hierve en comentarios, susurros y presagios de mal agüero. Hasta de Golpe de Estado escuchamos hablar en estos días, tanto pública como privadamente, en los periódicos y en la charla amistosa. Hay como una calma tensa, una tranquilidad sospechosa que a ratos pareciera reventar ante tantas premoniciones. El país se siente en vilo porque el gobierno no gobierna y su máximo conductor gusta más de los viajes internacionales que del diario afán aquí en Venezuela, tan urgido hoy de las sabias reflexiones del estadista sobrio y de las necesarias decisiones que reclama la crisis.
Vivimos una difícil coyuntura. A ella hemos llegado a fuerza de marchas y contramarchas. Hubo un tiempo, todavía cercano, en que pudimos aprovechar todo lo que teníamos y quienes nos gobernaron entonces no supieron, no pudieron o no quisieron trabajar para que esa riqueza nacional pudiera beneficiar a todos los venezolanos. Hace escasos años, bajo esa misma conducción errática, el país vivió los locos años de la abundancia. Lo tuvimos todo a manos llenas en aquel tiempo. Lo que nos faltó fue un liderazgo conciente de que, luego de la abundancia, asomaría la inmensa crisis que tercamente nos advirtió Pérez Alfonzo, y que ahora todos padecemos.
Tuvimos entonces malos administradores de nuestros recursos. A pesar de que teníamos recursos financieros, los que gobernaban se empeñaron en endeudar, sin ninguna necesidad, aún más al país. Fue así como se esfumaron recursos milmillonarios, sin utilizarlos para combatir la pobreza y el desempleo, garantizar la seguridad de personas y bienes y mejorar los servicios públicos.
Fue así como se produjo la paradoja de un país con abundantes recursos, cuyo gobierno dilapidó cuanto tenía y terminó endeudado con la poderosa banca internacional. Aquel fenómeno absurdo fue llamado economistas norteamericanos y europeos “el Efecto Venezuela” para describir lo que no debe hacerse desde el gobierno en materia económica, fiscal y social.
Hoy vivimos las funestas consecuencias de la improvisación y a incapacidad de aquellos gobernantes. Ellos seguramente no verán las más funestas consecuencias de lo que en mala hora le hicieron al país. Corresponderá a otros líderes enfrentarlas y luchar por superarlas en el porvenir inmediato.
Por ahora, como dice la propaganda oficialista, Venezuela es otra. Por ahora somos un país más pobre, con más dificultades y menos posibilidades. Más del 60 por ciento de los venezolanos viven en situación de pobreza crítica, mientras la clase media cada día se empobrece más, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. La inflación no cesa de golpearnos todos los días. El desempleo crece cada vez con mayor fuerza. La agricultura y la cría están virtualmente quebradas por los efectos de las medidas gubernamentales. La muerte acecha a todos en cualquier camino o vereda, porque el país ha sido tomado por todo tipo de delincuentes y no hay seguridad en ninguna parte.
Vivimos de escándalo en escándalo. Hemos perdido la capacidad de asombro ante los desmanes de la corrupción y de los corruptos. Ahora se habla de rebatiña de contratos entre dirigentes del gobierno, y por Barinas anda un ejército de comisionistas vendiendo contratos de obras públicas, a cambio de un porcentaje para la corrupción o para el silencio, porque también aquí se compra a muchos que deberían vigilar el manejo de la administración nacional y regional.
La corrupción lo ha invadido todo, al punto de ser hoy Venezuela un país de delitos sin delincuentes, porque la impunidad campea mientras la justicia parece caminar en sentido inverso a la realidad.

***

Yo digo todas estas cosas no para sembrar pesimismo, sino para que seamos realistas en la dura lucha que nos corresponde a los venezolanos de hoy. Una lucha, por cierto, que debemos librar con optimismo y realismo para no volver a caer en los errores y fallas que ahora criticamos.
Como lo he afirmado en otras ocasiones, Venezuela tiene inmensas posibilidades y condiciones para superar esta gravísima crisis. Pero la primera de ellas no son sus riquezas materiales. La primera condición para derrotar la problemática que nos agobia es la de que una nueva mística y una nueva moral tomen el poder a todos los niveles. Sólo así será posible realizar los cambios que requerimos, con honestidad, capacidad y sensibilidad.
Los recursos económicos y naturales siempre los hemos tenido y, bajo algunos gobiernos mediocres y corruptos que hemos soportado, buena parte de ellos se han perdido miserablemente. El problema, entonces, reside en luchar por liderazgos capaces y honestos en la cima del poder, cuyo ejemplo irradie a todos los demás niveles del Estado y del gobierno.
Un liderazgo de tal naturaleza podría entonces aprovechar nuestras ventajas como país con recursos y posibilidades. Sólo así nuestra riqueza fundamental, el pueblo venezolano, volcado al trabajo creador, con empleos bien remunerados, mejor seguridad social y mayor estabilidad política -la fórmula de la que habló Bolívar en su tiempo-, puede convertirse en la columna vertebral de todo este ciclópeo esfuerzo. Y sólo así también, nuestras inmensas reservas petroleras y minerales, nuestros fértiles suelos para la agricultura y la cría, la ausencia de traumas históricos y sociales, todas estas condiciones que registramos como nación, pueden ser la base fundamental para luchar y lograr una Venezuela mejor.
Otros pueblos del mundo lo han logrado, con menos recursos y muchas más limitantes. ¿Por qué, entonces, no podemos lograrlo también nosotros, los venezolanos? ¿Será que estamos condenados por una especie de maldición permanente a sufrir los malos gobiernos, las peores dictaduras, los más criminales caudillismos, como hasta ahora lo ha demostrado nuestra accidentada historia republicana?
¿O será posible que derrotemos estas taras y entremos al siglo XXI como un pueblo que rompió amarras con nuestros males crónicos y decidió estar a la altura de las comunidades que luchan por mejorar sus condiciones de vida y aspiran a construir una sociedad más justa o más humana?
Está en nuestras mentes y manos alcanzar un mejor estadio como nación. Está en nosotros y en nadie más. Ojalá podamos lograrlo y liquidar cualquier rémora que nos regrese a ese pasado ominoso que siempre nos ha condenado como comunidad nacional.      

Ciudadano Alcalde:
Ciudadanos Concejales:
Al agradecer infinitamente su generosidad por haberme permitido hablar desde esta digna Tribuna, sólo me resta señalar que en fechas como la de hoy los venezolanos debemos reencontrarnos con nuestro destino mayor, sin temores ni equivocaciones, repitiendo las sabias palabras del joven Simón Bolívar ante la Sociedad Patriótica el 4 de Julio de 1811: “Vacilar es perdernos!”.
Muchas gracias.











miércoles, 2 de octubre de 2013

VENEZUELA EN EBULLICIÓN
Gehard Cartay Ramírez
Que este país está en ebullición, es una verdad que poquísimos podrían negar hoy, bien por estúpidos o por fanáticos.
Porque todo pareciera indicar que no se puede descartar en el futuro una explosión social, una rebelión ciudadana, un estallido popular o un reventón nacional ante la difícil situación que padecemos en todos los órdenes.
Por una situación mucho menos trágica que la actual, en 1989 se produjo El Caracazo, con saldo de muertes y pérdidas materiales, evento que -a juicio del presidente difunto y sus partidarios- fue la causa de los golpes de Estado de 1992 y de la posterior “revolución bolivariana”, como ellos llaman este desastre que sufrimos desde hace 15 años.
Ahora asistimos a una situación peor. Lo indican así la creciente indignación nacional y los comentarios de cualquier conversación cuotidiana. Se palpa en las caras de la gente, en su descontento generalizado, en su impaciencia ante esta feroz embestida de la inseguridad, el alto costo de la vida, la inflación, el desabastecimiento, la escasez, el desempleo, la crisis de los servicios públicos, el drama de la salud, el crecimiento escandaloso de la corrupción administrativa, entre otras vicisitudes provocadas por el actual régimen, sin que se ocupe siquiera por tratar de enfrentarlas y menos de resolverlas.
Como no son chismes ni “bolas” que la gente inventa, esta crisis la muestran las encuestas, entre ellas, la de IVAD, vinculada al régimen, que a principios de septiembre reveló la gigantesca magnitud del descontento popular ante la situación actual y, en particular, frente a la gestión de Nicolás Maduro.
La cifra es colosal: 66,9% considera que la situación del país es políticamente inestable. Y esto es muy grave, porque la mayoría no sabe qué pueda ocurrir en el futuro. Más grave aún es que la percepción negativa sobre la situación económica ascendió a 67,5%, lo que demuestra el pesimismo, la desconfianza y la inconformidad de las grandes mayorías ante las políticas económicas fracasadas del actual régimen.
No son inventos de la gente, insisto. El domingo pasado, el doctor Pedro Palma, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, advirtió que “vamos derecho al precipicio”. Dijo que la inflación acumulada es de 32,9%, la economía ha decrecido 4,2% en un año, las reservas internacionales registran un descenso de 24% (sus dólares en efectivo no superan los dos mil millones) y que el tipo de cambio oficial está sobre valuado 100% (El Universal, 29-09-2013).
Estas cifras revelan una economía en ruinas, luego de 15 años en los que el régimen ha dilapidado los más altos ingresos petroleros de nuestra historia (más de 950 mil millones de dólares). Y no conforme con ello, el difunto presidente, y ahora su heredero, nos han endeudado como nunca antes, entregado nuestras reservas petroleras a China Comunista y dejado a las actuales y futuras generaciones el pago una deuda colosal. Este crimen no tiene otro nombre que traición a la patria.
Lo más grave es que, en paralelo, la corrupción del régimen también ha crecido como nunca. Mientras los venezolanos se empobrecen, los jerarcas oficialistas se enriquecen a manos llenas. Hoy por hoy la gran mayoría cree que el actual régimen ha sido más corrupto de todos. Según la encuesta que venimos citando, así lo considera el 52%, mientras que el 62,8% cree que Maduro y su cúpula podrida son los responsables del avance de la corrupción en Venezuela. Por cierto que en una última encuesta de Hercom, del 28 de septiembre de 2013, esta percepción creció a 65%.
Ante una situación como esta, la indignación colectiva es su lógica consecuencia. Y esta no es infundada, ni producto de la imaginación de la gente. No es tampoco “producto de una guerra psicológica de la prensa”, como dijo Maduro. Nada de eso, amigo lector. Según esa misma encuesta de IVAD la opinión pública sitúa como principales problemas del país a la inseguridad, con un 80,8 %, luego el desabastecimiento con 54,3 %, el alto costo de la vida con 35 %, el desempleo en un 24,2 % y el servicio de electricidad en un 13,1 % (Los apagones afectan al 73% y el 62% responsabiliza de este problema al régimen y a Corpoelec, concretamente).
Ojalá, pues, no haya una salida violenta a la presente tragedia, creada por el régimen en estos 15 años. Los demócratas apostamos por una solución democrática, constitucional y electoral. Afortunadamente, también esas encuestas reflejan que al menos el 63% de los venezolanos están seguros de votar este 8 de diciembre, y que de estos casi un 60% lo hará por los candidatos de unidad democrática.

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 01 de octubre de 2013)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

SIN EXCUSAS
Gehard Cartay Ramírez
Luego de 15 años en el poder y de dilapidar novecientos cincuenta mil millones de dólares, el actual régimen carece de excusas para explicar su colosal fracaso.
Por eso, cuando a cada rato lo intenta, la gente no les cree. Porque, en realidad, eso de estar culpando a la oposición de todos los males y problemas que sufrimos -cuando el régimen tiene todo el poder en sus manos desde hace tres lustros- es el colmo del caradurismo de Maduro y su cúpula podrida. Eso de estar inventando que sus opositores sabotean todo y que nada le sale bien al régimen porque aquellos lo tienen en jaque, es también el colmo de su imbecilidad, al apelar a un argumento increíble desde todo punto de vista.
¿Cómo puede ser creíble, insisto, un régimen que con tales argumentos confiesa su incapacidad absoluta? Habría que imaginarse al presidente estadounidense Obama o al ruso Putin declarando a la prensa que ellos no hacen nada por culpa de la oposición, que todo lo sabotea. Estoy seguro de que serían el hazme reír de sus países -como ocurre aquí- y de la comunidad mundial.
Porque, en verdad, resulta absurdo un gobierno que teniendo todo bajo su control no sea capaz de reconocer su culpa, no sólo al no resolver los problemas, sino también al agravarlos e, incluso, crear otros nuevos. Así, resulta sencillamente infantil culpar a los opositores por todo lo malo que ocurra. Habría entonces que pensar que el oficialismo cree que los venezolanos somos unos soberanos pendejos, dispuestos a tragarnos todo este tipo de mentiras.
Y es ya se ha convertido en una especie de disco rayado eso de que cuando algo no funciona o funciona mal, inmediatamente el régimen dice que es culpa de la oposición. Pasa casi siempre con el pésimo funcionamiento de los servicios públicos. Los continuos “apagones” son consecuencia del “saboteo de los opositores”. Lo mismo ocurre con los reiterados incendios en las refinerías e instalaciones de PDVSA. Si se va el agua, también es un “saboteo opositor”. Y, desde luego, el desabastecimiento, la escasez, la inflación y la pésima situación económica de Venezuela también son responsabilidad de la oposición, según la cantaleta estúpida del régimen.
Se diría, entonces, que aquí quien gobierna es la oposición y no el régimen chavista. Porque, como es de suponer, si los opositores tienen más poder que quienes gobiernan, ¿qué carajo hacen estos sujetos al frente del Estado? ¿Cómo es entonces que si el actual régimen controla todos -absolutamente todos- los poderes del Estado, de manera exclusiva, excluyente y sectaria, la oposición puede más que aquel, y supuestamente desbarata sus planes de gobierno, los sabotea y en la práctica, es mucho más eficiente que la rosca madurista en el poder?
(A este respecto, por cierto, vale la pena citar la aguda observación del humorista  Laureano Márquez, quien refiriéndose a esas acusaciones se preguntaba, con toda razón, si la oposición es tan eficiente saboteando, por qué no ha comenzado por sabotear el mismísimo sistema electoral que, en última instancia, siempre la ha perjudicado, dada su dependencia de la actual cúpula del poder.)  
Definitivamente, el oficialismo no tiene sentido del ridículo y abusa de su caradurismo, pretendiendo engañar a los venezolanos. Allí está lo del cuento chino de los “magnicidios” que vienen denunciando desde hace 15 años. El extinto lo hizo hasta el cansancio, y nunca aparecieron los responsables. Ahora su sucesor, imitándolo siempre, acude a la misma invención, sin pruebas serias. En un país con un presidente responsable y digno de crédito una acusación tan grave sólo sería denunciada públicamente si en verdad elementos probatorios así lo confirmaran.
Fíjese usted, amigo lector, la risible denuncia de Maduro al acusar del plan de su supuesto magnicidio al ex presidente colombiano Álvaro Uribe y al actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama… nada menos! Lo cómico es que, según esta truculenta versión, la posible invasión de Estados Unidos a Siria sólo sería la excusa para desviar la atención al producirse el magnicidio de Maduro. Bueno, ni un guionista de películas de ficción podría inventar un argumento más retorcido.
En materia de argumentos retorcidos hay otro al cual acuden los voceros del régimen: responsabilizar al capitalismo por la avasallante inseguridad que reina en Venezuela, porque ellos, por supuesto, no son culpables al efecto. Se trata de una ridícula teoría que choca contra un hecho indiscutible: en los países capitalistas por excelencia la inseguridad es mucho menor que en  esta “patria socialista”, si se las compara en base a población y delitos cometidos. Ergo, la inseguridad no podría ser un efecto directo del capitalismo.
En conclusión, el régimen nunca tiene la culpa de los problemas, y nunca es responsable de nada de lo que nos afecta, sólo de lo bueno que, por lo visto, es casi inexistente: la oposición es la culpable de todo lo malo, incluyendo la corrupción de la cúpula podrida que está en el poder.
¿Habrase visto mayor caradurismo y cinismo en nuestra historia? Ya está bueno de tanta falta de respeto a los venezolanos, incluyendo a los partidarios del propio régimen.
Twitter: @gehardcartay

lunes, 23 de septiembre de 2013

HAY QUE PROFUNDIZAR LA DESCENTRALIZACIÓN Y LA REGIONALIZACIÓN

INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO
 GEHARD CARTAY RAMÍREZ
 EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS

(Sesión del día 30 de junio de 1990)

DIPUTADO CARTAY RAMÍREZ (GEHARD). (Desde la Tribuna de Oradores)
Ciudadano Presidente; Ciudadanos Diputados:
Para la Fracción Parlamentaria del Partido Social Cristiano Copei este debate sobre el proceso de descentralización que deberla cumplirse en el país es sumamente importante.
No es necesario, desde luego, recordar que durante los últimos años hubo una presión realmente notable de la opinión pública nacional y de las regiones de Venezuela para que se tomaran las decisiones legislativas y administrativas que permitieran adelantar el proceso de descentralización. En diciembre del año pasado, el Congreso de la República aprobó la Ley Orgánica de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público. Se trata de un instrumento legal que fue trabajado cuidadosamente por la comisión designada al efecto y que trata de recoger, en la medida de sus posibilidades, las expectativas creadas a lo largo y ancho del país.
Hay algunos que han considerado, sin embargo, que esa Ley es tímida en sus alcances y que debería haber recogido con mayor contundencia las peticiones que desde el interior se le vienen haciendo al Poder Central para que, efectivamente, se produzca una verdadera transferencia de las competencias nacionales a las entidades federales.
En cualquier caso, la Ley fue aprobada por un amplio consenso y creo que conviene ahora, tal como es el propósito de este debate, realizar una revisión a fondo acerca de si realmente estamos cumpliendo con este proceso descentralizador.

Los objetivos de la Ley
La Ley está dirigida fundamentalmente a cinco objetivos: en primer lugar, como se ha dicho, busca desarrollar los principios constitucionales para promover la descentralización administrativa, atendiendo a lo establecido en el Artículo 137 de la Constitución Nacional. Se busca, por esta misma vía, atribuir a los Estados determinadas materias de la competencia nacional para los efectos de esa descentralización y, concretamente el Artículo 11 de la Ley, contempla cuáles son esas materias.
En segundo lugar, la Ley busca delimitar las competencias entre el Poder Nacional y los Estados. Así, el instrumento legal señala un régimen de delimitación donde están establecidas las competencias exclusivas de los Estados (Artículo 30); aquellas competencias en las cuales concurren el Poder Nacional y los Estados y, finalmente, aquellas que eran exclusivas del Poder Nacional, pero que ahora han sido transferidas a las entidades federales, lo cual está establecido en el Artículo 11.
En tercer lugar, la Ley determina las funciones de los Gobernadores como agentes del Ejecutivo Nacional. Sobra decir que ahora, cuando los Gobernadores de Estado han sido y van a continuar siendo electos por la voluntad popular, realmente es importante que se le dé mayor relieve a esa condición de agentes del Ejecutivo Nacional que tienen los mandatarios regionales.
La Constitución Nacional establece que el Gobernador del Estado es, además de Jefe del Ejecutivo Regional, un agente del Ejecutivo Nacional en su respectiva circunscripción. Los artículos 22 y 28 de la Ley están dirigidos a darles esa competencia a los Gobernadores.
En cuarto lugar, la Ley establece y determina las fuentes de ingresos de los Estados y la coordinación de los planes anuales de inversión de las entidades federales con los que realiza el Ejecutivo Nacional. Allí se señalan cuáles son los ingresos de los Estados (Artículos 12 al 15); se deroga expresamente la Ley Orgánica de la Coordinación de la Inversión del Situado Constitucional en su Artículo 35  y, finalmente, establece procesos de facilitación de la transferencia de la prestación de los servicios del Poder Público Nacional a los Estados.

El régimen de competencias
A los efectos del análisis que estamos haciendo en relación al proceso de descentralización y transferencia, vale la pena detenernos un poco en torno a este régimen de competencias.
Como ya se ha señalado, están las competencias exclusivas de los Estados, establecidas en los Artículos 3 y 11 de la Ley. Están las competencias concurrentes entre el Poder Nacional y el Poder Estadal. Aquí se establecen normas de procedimiento para que se produzca la transferencia expresa de los servicios enumerados en el Artículo 40 del Poder Nacional a los Poderes Estadales.
Dentro de esta fase procedimental, la Ley establece que las Asambleas Legislativas deben fijar las atribuciones que ha de ejercer la Administración local en la prestación del servicio transferido. Habría que preguntarse si realmente las Asambleas Legislativas están cumpliendo ahora con este cometido. Tengo la impresión de que salvo honrosas excepciones, las legislaturas regionales no están haciendo lo conducente al respecto y por eso sería importante, y así lo pienso proponer al final de mi intervención, que el Congreso exhorte a los Cuerpos Legislativos Regionales a cumplir con este cometido.
Por otra parte, la propia Ley establece que esa transferencia de los servicios debe operarse a través de la figura de los convenios entre la República y los Estados. Pero también el texto legal señala que es necesaria y de manera previa la intervención del Gobierno Nacional, a los fines de impulsar los procesos de descentralización y desconcentración de funciones dentro de sus respectivas dependencias. Esto lo establece el artículo 9, en donde prácticamente se le dá al Ejecutivo Nacional la posibilidad de ser la palanca de todos estos procesos. Habría que preguntarse también si efectivamente el Gobierno nacional está cumpliendo con esta disposición legal. Me temo que hasta ahora la ley ha sido letra muerta y que poco o ningún interés se aprecia, como lo señalaré más adelante, en las altas esferas gubernamentales de la República.

El gobierno conspira contra la descentralización
     Justamente por eso es que se impone hacer una revisión del proceso que debería cumplirse de acuerdo con lo establecido en la ley de la materia. Creo que conviene denunciar acá, a los efectos de esa investigación, que no hay voluntad política del Ejecutivo Nacional para impulsar el proceso de descentralización. No tenemos noticias de lo que se está haciendo en esta materia. Se ha hablado de una Comisión Interministerial, cuyos resultados nadie conoce, y si se está haciendo lago entonces es un secreto bien guardado.
Podríamos afirmar, además, que la propia actitud del Gobierno Nacional conspira contra el proceso descentralizador y ahoga las iniciativas de algunos Gobernadores de Estado que están tomando las previsiones del caso.
Lamentablemente hay que decir que es una minoría de los Gobernadores la que está cumpliendo con el proceso descentralizador, porque hay muchos otros que no tiene ni siquiera idea de cuál es el procedimiento para desconcentrar y descentralizar a la Administración Pública y para obtener la trasferencia de algunas materias del Poder Público Nacional a las entidades federales.
Con ocasión de iniciarse este debate por parte del Diputado Aniyar, del Movimiento al Socialismo, se dijo que había casos concretos que demuestran una actitud —pudiéramos decir— realmente indiferente, cuando no en algunos casos de abierto boicot, por parte del Ejecutivo Nacional con relación a la transferencia de competencias a los Estados y al proceso que debe cumplirse en materia de desconcentración y descentralización.
Podríamos citar por caso, por ejemplo, la actitud del Ministro de Sanidad frente a iniciativas muy concretas que en el área de salud han tomado los Gobernadores de Carabobo y Aragua. Podríamos, igualmente, señalar el caso de la entrega de las salinas del Estado Zulia por parte del Fondo de Inversiones de Venezuela a un grupo privado, no obstante que ya por Ley fueron transferidas a esa entidad federal.
Igualmente podríamos referirnos al caso de los puertos, que siendo ahora competencia de las entidades federales, sin embargo, el Ministro de Transporte y Comunicaciones continúa hablando de planes concretos de privatización. Desde luego, que no estamos en contra de la privatizacón en sí misma, pero creo que debemos alzar nuestra voz de protesta por el desconocimiento del Gobierno Nacional en estas materias que ahora corres ponden a los Estados de la República.
En el diario “El Nacional” de hoy, en la columna de la periodista Alba Sánchez, “El Nacional en Palacio”, aparecen unas declaraciones del Ministro de Cordiplan que demuestran un olímpico desprecio al proceso de descentralización que deberíamos adelantar. El Ministro, al referirse a la designación de una Comisión encabezada por la Presidenta del Instituto de Comercio Exterior, que se encargará de analizar lo concerniente a la privatización de los puertos del país, dice lo siguiente, con la venia de la Presidencia (Asentimiento):”El Ministro de Cordiplan señal que este proceso es una de las decisiones más importantes del Gobierno. Viene un proceso de reestructuración, de cambios y de privatización en un área clave y fundamental para el crecimiento de la economía venezolana”. Y añadió: “Sólo en la medida en que tengamos puertos eficientes se podrá promover la economía exportadora. Esto justificaría que sea precisamente el Instituto de Comercio Exterior el que encabece la Comisión de Reestructuración de los puertos”. Y luego se refiere a la experiencia que actualmente se estaría dando con Puerto Cabello, que está siendo administrado por compañías holandesas.
De modo, pues, que como estos podríamos señalar muchos casos más, incluso, en esta misma columna periodística a que hago referencia, hay unas declaraciones del Gobernador del Estado Aragua en las cuales señala lo siguiente: “Por su parte, Carlos Tablante dijo pensar que el Presidente de la República parece ser el único, dentro del Poder Central, que comprende el proceso de desconcentración, puesto que los procesos siguen siendo sumamente lentos para las regiones”.

Acciones concretas ya
Señor Presidente: Señores Diputados: Tal como lo dije al inicio de mis palabras, realmente se impone hacer una revisión de toda esta materia y creo que el debate es conveniente a estos fines, porque si no simplemente terminarlanios quedándonos en el campo de las buenas intenciones, sin establecer acciones concretas para que efectivamente la desconcentración y la descentralización puedan ser un proceso que se opere en un tiempo realmente breve, en virtud de que estamos viviendo una nueva experiencia a nivel de nuestras entidades federales.
Con su venia, Ciudadano Presidente, la Fraccón Parlamentaría del Partido Social Cristiano Copei va a hacer las siguientes proposiciones. (Asentimiento):
Primero: Invitar al Ciudadano Ministro de Relaciones Interiores, a tenor de lo dispuesto en el Artículo 34 de la Ley de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público, y a los Ministros del Gabinete Económico, para que informen a las Comisiones de Política Interior y de Finanzas de la Cámara de Diputados, en sesión conjunta, sobre la actuación del Ejecutivo Nacional en materia de Descentralización y Transferencia de Competencias.
Segundo: Exhortar a las Asambleas Legislativas de los Estados a profundizar las actuaciones legislativas que la Ley respectiva les atribuye en su Artículo 14, a los fines de perfeccionar los procesos de descentralización y transferencia de competencias del Poder Nacional a los poderes estadales.
Tercero: Exhortar a los ciudadanos Gobernadores de Estado a definir la prestación de los servicios que, a su juicio, puedan asumir sus Estados, a tenor de 10 dipuesto en el Artículo 4° de la Ley en referencia, a los fines de adelantar el proceso de descentralización y transferencia de competencias del Poder Público a las entidades federales.
Es todo, muchas gracias, señor Presidente, señores Diputados. (Aplausos).

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Todas las proposiciones del Diputado Cartay fueron aprobadas por unanimidad.








martes, 17 de septiembre de 2013

¿CUÁL SOBERANÍA ALIMENTARIA?


¿CUÁL SOBERANÍA ALIMENTARIA?
Gehard Cartay Ramírez
El actual régimen prefirió destruir el aparato productivo nacional en estos 15 años y, en su lugar, acudir a importaciones masivas de alimentos.
Esto significa dos cosas: que su proyecto castrocomunista pasa por controlar la economía nacional liquidando la libre empresa -una manera de perpetuarse en el poder- y que, por lo mismo, resulta una mentira descomunal su cacareada “soberanía alimentaria”, inexistente, como bien lo sabemos hoy.
Tal actitud inescrupulosa y antinacional ha traído las dolorosas consecuencias que venimos sufriendo los venezolanos: aparte de la ruina a que han condenado a nuestros productores agropecuarios en general, ahora padecemos también el desabastecimiento y la escasez como muy pocas veces antes.
No podían ser otra las consecuencias, insisto. Lamentablemente, el régimen se propuso liquidar de manera sistemática la producción industrial y agropecuaria del país. Por eso, desde sus inicios, el difunto Chávez y su cúpula arremetieron contra los grandes, medianos y pequeños industriales. Hoy suman más de 10.000 empresas destruidas, con su saldo de centenares de miles de trabajadores despedidos.
Lo mismo hicieron con la ganadería y la cría, al propiciar la anarquía, las invasiones y el desconocimiento de la propiedad privada en el campo. Miles de fincas de grandes, medianos y pequeños productores han sido invadidas desde 1999 por grupos al servicio del régimen, bajo una pretendida reforma agraria, que no es tal. Los predios invadidos con la anuencia criminal del régimen hoy están abandonados, sin producir nada y en demostración palpable de que su propósito era destruir lo que había, sin construir nada nuevo.
Por eso, hoy estamos como estamos. Por eso mismo, desde hace al menos una década, el régimen gasta una parte importante de la chequera petrolera en comprar afuera lo que deberíamos producir aquí. Ha preferido arruinar a nuestros ganaderos y agricultores para enriquecer a los de Argentina, Brasil, Uruguay, Nicaragua y ahora a los de la vecina Colombia.    
Esta semana pasada, Maduro anunció que el régimen compraría 600 millones de dólares a los productores agropecuarios de Colombia. Inmediatamente -como es de suponer-, satisfecho y feliz, el presidente Santos confirmó la compra y detalló la millonaria venta al régimen venezolano: “Venezuela va a comprar a Colombia 40.000 toneladas de leche en polvo y de UHT, 60.000 cabezas de ganado en pie, 42.000 toneladas de carne, 6.000 toneladas de mantequilla y margarina, 20.000 toneladas de aceite de palma, 32.000 cajas de huevos fértiles y casi 1,7 millones de pollos” (El Universal, 14-09-2013).
Esa compra de Venezuela, por cierto, le ha servido de salvavidas al gobierno colombiano para conjurar, en parte, la significativa protesta agraria que se venía desarrollando en el vecino país. Por su parte, Luis Alberto Russián, presidente de la Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana, señaló que atenderán de inmediato la compra de Venezuela “porque tienen excedentes” de productos agropecuarios.
No deja de ser doloroso este panorama para los venezolanos. Colombia, un país que desde hace 50 años sufre un trágico conflicto armado en sus zonas campesinas y que hasta hace poco tuvo que librar una feroz guerra contra los carteles de la droga, ¡hoy está en mejores condiciones que nosotros desde el punto de vista de su agroproducción, al punto tal que no sólo se autoabastece sino que puede vender sus excedentes al exterior!
En cambio, nosotros no podemos hacer ahora ni una cosa ni la otra. Ya no producimos par lña droga, !uevos f0 toneladasho menos para xeportar.la otra. Ya no produc imos os carteles de lña droga, !uevos f0 toneladasa abastecernos internamente, mucho menos para exportar. El régimen, al arruinar nuestra producción agropecuaria, nos ha condenado a este drama de carecer hoy de eso que llaman “soberanía alimentaria”.
Como apreciará el lector, la comida que se le comprará a los colombianos no es exótica o que no se pueda producir en Venezuela. Todo lo contrario, pues aquí antes se producía leche, ganado en pie, carne en canal, mantequilla y margarina, huevos y pollos, entre otros renglones alimenticios, al menos para el consumo interno y en algunos casos para la exportación.
Pero gracias a la destrucción del aparato productivo nacional, ahora los que “están bailando en una pata” son los agricultores y ganaderos de otros países: tienen en Venezuela un comprador rico que no produce alimentos, pues los ganaderos y agricultores de aquí han sido condenados a la ruina por ese mismo régimen que hoy anda desesperado comprando afuera lo que antes se producía en nuestras tierras.
Lo peor, en su criminal caradurismo y cinismo, es que ahora nos salen con el cuento chino de que todo esto es culpa de “la derecha y del imperio”, como si los venezolanos fuéramos unos imbéciles.
Como si aquí no se supiera que el único culpable de la escasez y el desabastecimiento es el actual régimen, empeñado desde hace casi 15 años en destruir nuestro aparato productivo nacional, con lo cual “la soberanía alimentaria” de que se jacta es otra mentira más.
@gehardcartay

 (LA PRENSA de Barinas - Martes, 17 de septiembre de 2013)