martes, 16 de abril de 2013


HUELE A FRAUDE
Gehard Cartay Ramírez

Imposible no pensar que la “victoria” del candidato del régimen este domingo no es producto de un fraude premeditado y organizado.
Para comenzar, las mismas cifras que anunció el CNE son las que inducen a tal conclusión. Pareciera que fueron acomodadas y maquilladas, puestas allí -como una minúscula hoja de parra- para tapar la desnudez electoral de Maduro y su cúpula podrida.
Esas cifras reflejan una diferencia de apenas 234.935 votos, es decir, un punto porcentual a favor del candidato oficialista. Esta mínima diferencia acrecienta aún más las sospechas del fraude cometido. Pero no sólo se trata de este importante dato. Hay más: el régimen disminuyó este domingo su votación del pasado siete de octubre de 2012 en 685.794 votos. En cambio, Capriles aumentó 679.099 votos. Son números que ponen en evidencia que aquí hubo algo extraño y que sólo podría explicarlo una práctica fraudulenta, dirigida a evitar la derrota del régimen.
Si no, amigos lectores, ¿cómo se explica que siendo automatizado el sistema electoral se hayan tardado más de cinco horas para anunciar los resultados? Y ello, sin dejar de mencionar que el régimen, sospechosamente y al terminar las votaciones, desconectó internet y produjo un black out en las redes sociales y en la propia plataforma tecnológica del CNE.
Además, ayer, aquí en Barinas y en otros sitios del país, han  comenzado a aparecer cajas con comprobantes de votación, que quieren desaparecer para impedir el reconteo planteado por Capriles. Estos datos “no son conchas de ajo” y abonan las evidencias de que hubo algo irregular en los escrutinios finales.
Pero el fraude no es sólo en los resultados oficiales. Como nos consta a todos, y como siempre ha sucedido desde el año 2000 para acá, el CNE fue ciego, sordo y mudo ante los abusos del ventajismo corrupto y corruptor del régimen. Así, permitió la violación de la Constitución y de las leyes, al permitir que el alicaído candidato oficialista y su cúpula podrida utilizaran los recursos del Estado para favorecer su campaña electoral. Y lo hicieron a plena luz del día, con absoluta desvergüenza, como si ellos fueran sus dueños y no el pueblo venezolano, por lo cual les está prohibido usarlos y aprovecharse de ellos.
El CNE nunca impidió este vulgar peculado de uso y abuso del Patrimonio Público, tampoco la Contraloría y la Fiscalía de la República, obligados por ley a investigar y sancionar tal delito, y mucho menos los tribunales de justicia. Si hubo alguna sanción, siempre fue contra los opositores, y todas ellas con el propósito de amedrentarlos y acobardarlos, cosa que no lograron.
Fue así como miles de millones de bolívares de los presupuestos oficiales se usaron en la campaña electoral del usurpador. Fue así como los medios televisivos y radiales del Estado se convirtieron en canales de propaganda a favor del candidato oficialista. Fue así como todo tipo de bienes públicos, aviones, equipos y vehículos fueron utilizados con el mayor desparpajo en la campaña del partido del régimen. El CNE nunca lo impidió. Todo lo contrario: se diría que lo permitió y estimuló criminalmente.
El Comando Simón Bolívar ha documentado ya miles de denuncias concretas al respecto y serán denunciadas nacional e internacionalmente, a los fines de dejar al descubierto la inequidad y la desigualdad que caracterizaron la recién finalizada campaña electoral.
 Como lo dijo Capriles, su lucha y la nuestra fueron contra la gigantesca corrupción del régimen, contra los milmillonarios recursos del todopoderoso Estado venezolano, teniendo en contra todas las instituciones llamadas a garantizar la pulcritud del proceso y la necesaria igualdad ante la ley, comenzando por el CNE que actuó siempre para favorecer al candidato oficialista, como lo viene haciendo desde hace una década.
El mismo día de las elecciones, el CNE permitió que hordas violentas del régimen entraran impunemente a centros de votación a amenazar miembros de mesas y electores, sin que se tomaran medidas para evitarlo. En algunos casos, se robaron incluso las papeletas electorales, hicieron disparos y agredieron a la gente. El ya sospechoso y politizado Plan República apenas si actuó en los casos más escandalosos, pero, en general, se permitió a estos malandros oficialistas cometer todo tipo de tropelías, pues se sentían, sin duda, guapos y apoyados.
Finalmente, otro hecho notable: de nada les sirvió en esta breve campaña, y a pesar de lo reciente del hecho, la manipulación de la muerte de Chávez para establecer una conexión emocional con “su hijo”, como se auto presentaba Maduro en los mítines. Lo demuestra el hecho de que cerca de setecientos mil electores chavistas no se tragaron el cuento y votaron por Capriles.
Por todas estas razones, podría decirse -parafraseando lo que dijo el difunto Chávez en diciembre de 2008- que la de Maduro y su cúpula podrida sí es, en verdad, “una victoria de mierda”. El tiempo, que todo lo decanta y todo lo pone en su sitio, se encargará de demostrarlo pronto. 

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 16 de abril de 2013)

sábado, 13 de abril de 2013

EN PRESENCIA DE ANDRES BELLO


DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ
CON MOTIVO DE LA INAUGURACIÓN DE LA PLAZA “ANDRES BELLO”  DE LA CIUDAD DE BARINAS


(Barinas, 29 de junio de 1983)

En gesto que compromete nuevamente mi gratitud y solidaridad el Concejo Municipal del Distrito Barinas, que preside el doctor Ezequiel Mota Cárdenas, me ha honrado al designarme orador de orden con motivo de inaugurarse -como parte de la programación aniversaria especial de la ciudad- la plaza que llevará el nombre de Don Andrés Bello.
Ha querido de esta manera el Ilustre Cabildo barinés rendir homenaje al más notable hombre de letras que ha dado el país. Y lo hace, justamente, con una obra de ornato y de esparcimiento para la ciudadanía. Esta plaza, sin duda, es un símbolo, no sólo de eficacia y progreso, sino, además, de esfuerzo humanizador para la ciudad en que vivimos.
Encuentro, pues, que esta iniciativa que hoy felizmente se pone en servicio público está, al propio tiempo, justificada dentro de lo que recibimos por herencia de Don Andrés Bello: el amor, el cultivo y el respeto a la naturaleza, dominándola, sí, sin violentarla; armonizándola, sí, con otros elementos de progreso, sin dejar, desde luego, que pierda su natural encanto y su lozanía. 0 como la describía Bello en La Agricultura de la Zona Tórrida:

Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes
el vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!


Naturaleza y hombre, paisaje y humanidad, allí están unidos. Así como esta plaza que modestamente también conjuga los dos elementos. Y que expresa, por otra parte, una voluntad de hacer y de crear, a pesar de las limitaciones presupuestarias pero poniendo en movimiento la imaginación y la vocación de servir a los demás.

***

Se trata de una empresa difícil esta de hablar hoy de Don Andrés Bello. La dimensión política, literaria y humana del personaje constituye una verdadera tentación para quien la asuma con pasión.
Se trata de una vida provechosa y fructífera, agitada en sus inicios y reflexiva en sus últimos veinte años. Una vida prematuramente aventajada, tanto que siendo maestro del joven Simón Bolívar no media entre ellos sino una corta diferencia de edades. El de Bello es un talento excepcional, brillante, genial y hasta extraño en aquel ambiente bucólico de la Caracas anterior a la lucha de Independencia.
La quietud y pasividad de aquellos años, los últimos de la etapa colonial, tal vez sirvieron para que se desbordara la fuerza arrolladora de la inteligencia de Bello. Su contacto permanente con la naturaleza y el paisaje de la Caracas de entonces, la ciudad de la eterna primavera, le permitirá atesorar una exquisita sensibilidad que luego verterá en su poesía naturalista. Al igual que otros hombres de su época, Bello asumirá con obsesionada imaginación la tarea de estudiar lo que le rodea, trátese del pensamiento o del paisaje tropical que está a su alrededor.
Todo aquello que absorbieron sus ojos y su clara inteligencia, lo llevará por siempre consigo. Y no abandonará jamás lo que la naturaleza de su tierra le exhibió y entregó para que la tradujera en poesía. Donde quiere que esté en los años futuros, también lo acompañará la visión permanente del paisaje venezolano. Porque, como dice Pedro Grases, “Andrés Bello llevará para siempre impreso en el alma el paisaje de su tierra, que habrá de darle el tema fundamental de sus más grandes poemas, escritos en Londres, del mismo modo que las cercanías de Caracas le habían dado el motivo de naturaleza en sus primeras composiciones”.
El joven Andrés Bello, si sus compatriotas lo juzgáramos con criterios de hoy, fue un caso excepcional pocas veces visto en la historia de la inteligencia. No sólo estudia la naturaleza y, lo que es más importante, la interpreta, sino que además aprende francés e inglés, ciencias médicas, geografía -de la que fue maestro de Bolívar-, matemática, filosofía e historia, aparte de las ya sabidas investigaciones sobre latín y las ciencias escolásticas.
Al lado de ese espíritu que todo lo quiere aprender y al mismo tiempo enseñar, está también su conciencia revolucionaria. Junto a otros jóvenes de entonces, Andrés Bello lucha contra el colonialismo y por la libertad. Estará al lado de los conspiradores que tratan de derrumbar la opresión española. Participa en reuniones, hace sugerencias sobre la forma de conducir el proceso, en fin, está activo al lado de la causa independentista.
En 1810 saldrá para Londres, en compañía de Simón Bolívar, a gestionar el reconocimiento para el nuevo gobierno venezolano instaurado luego de la obtención de la independencia. Y allí se quedará 19 largos años, siempre en contacto con poetas, escritores y literatos. Allí producirá buena parte de su obra, Alocución a la Poesía y Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, entre otras, aparte de los estudios sobre gramática y sus trabajos periodísticos. También por estos años, Andrés Bello acometerá sus trabajos sobre Derecho Internacional y otras materias jurídicas que alcanzarán su esplendor cuando resida en Chile, años más tarde.
En 1829 volverá a pisar el continente americano, al residenciarse en tierra chilena. Ya no es el joven de Caracas o Londres. Es el hombre en toda su plenitud de facultades y de objetivos. Tiene 48 años y viene precedido por una justa fama que se ha ganado con su talento y su trabajo. Y los chilenos saben que reciben a un hombre excepcional, que ya quisieran para sí otros países del nuevo continente.
En el país austral, Bello despliega una afanosa actividad, febril e intensa. Trabajará en diversos campos y en todos ellos dejará huella indeleble. Bello será múltiple en su esfuerzo: periodista, gramático, legislador, poeta, filósofo, educador, organizador, político. Su talento generoso entrega a su segunda patria, Chile, todo lo que pueda dar su inteligencia, agradecido, sin duda, de la hospitalidad y el cariño que le rodean.
Y allí morirá, colmado de honores, tanto o más de los que pudo recibir aquí en su país. En el fondo, su ejemplo en tierra extraña a la que lo vio nacer, no deja de ser también una forma de demostrar lo mucho que su país podía darle, y le dio, en efecto, a la causa latinoamericana.

***

A este hombre, esbozado así a grandes rasgos, par las limitaciones de tiempo y de conocimiento, es a quien venimos hoy rendir nuevamente el homenaje de la inmortalidad y el reconocimiento de todos los tiempos.
Con estas breves palabras, dichas en alta voz por quien siente profundamente los valores de la venezolanidad, y Bello es una de sus mayores glorias, cumplo el honroso encargo que sobre mis hombros pone el Concejo Municipal del Distrito Barinas. Permítanme decir, finalmente, que se trata de una tarea grata y feliz. Yo me siento estrechamente vinculado a sus directivos, y los sé ansiosos por hacer una obra de contenido popular y social. La han cumplido, a pesar de todas las dificultades de orden económico, poniendo especial énfasis en la imaginación y en la vocación de servicio que deberían ser la norma de todos los que asumen responsabilidades de dirección pública.
Aquí la dejamos, Don Andrés, en compañía de su paisaje y de su sol, cobijado por el follaje de los árboles y el arrullo de los pájaros. Permítanos sentirnos orgullosos de su presencia en esta ciudad llanera que mañana celebra un nuevo aniversario de su fundación.
Muchas gracias.

martes, 9 de abril de 2013


RESCATEMOS A VENEZUELA!
Gehard Cartay Ramírez

Si Henrique Capriles repite su votación del siete de octubre pasado no hay duda de que derrotará a Nicolás Maduro.
Esto es muy importante tenerlo en cuenta, pues nos obliga a quienes lo hicimos entonces a votar de nuevo por él. Ninguno de nosotros, en consecuencia, debe abstenerse este domingo, y si nos trazamos la meta de llevar a alguien más a votar por Capriles, la victoria puede ser, además, contundente.
Hay dos poderosas razones para hacer la anterior afirmación, y paso a explicarlas a mis lectores.
La primera: está más que comprobado que la alicaída candidatura de Maduro tiene graves problemas para superar la votación de Chávez en octubre pasado. Maduro es un candidato malo, gris, mediocre, sin ángel ni carisma, sin discurso ni atractivo electoral. Por eso se oculta detrás del caudillo muerto y hasta dice que es su hijo. Sabe que él es nadie, electoralmente hablando. Pretende ser un clon de Chávez y se ha convertido en una caricatura suya, lo que es peor.
Maduro además, es un personaje oscuro, alguien que salió de la nada. Nadie sabe porqué es candidato. Muy pocos conocen su trayectoria pasada, que incluye una larga estadía en Cuba entrenándose como agente al servicio de la tiranía castrista. Él ha dicho que en algún momento fue sindicalista, pero los hechos niegan esa posibilidad. Un personaje como este, enigmático, misterioso y, por tanto, altamente sospechoso, no puede  ser presidente en un país que se precie de sí mismo y exija la mayor transparencia a sus líderes.
Por otra parte, dentro del electorado proclive al régimen, la diferencia entre Chávez y Maduro es del cielo a la tierra, lo cual opera en contra del candidato oficialista de una manera irremediable. El elector periférico del régimen, ante la ausencia de su líder y jefe único, no percibe en Maduro a alguien que calce los puntos para sustituirlo.
Y en la medida en que promuevan el mito Chávez, este podría ser un auténtico bumerán de efectos totalmente contrarios para un candidato que como Maduro tiene tantas limitaciones de todo tipo. El efecto de comparación entre uno y otro puede resultar contraproducente.
Por estas poderosas razones, el trasvase de votos del fallecido presidente al candidato oficialista será muy difícil y sólo podría operar en el segmento de los llamados votos duros que tenía Chávez, los cuales no parecen ser suficientes para ganar estas elecciones.
De allí, y esta es la segunda razón, que con un candidato tan malo como Maduro, el oficialismo se enfrenta ahora a su peor escenario electoral desde 1998. El régimen se encuentra hoy en la mayor orfandad de liderazgo, luego de tantos años de haber tenido uno único, indiscutible e irremplazable, por la propia voluntad de Chávez. Y al no haberse preparado uno de recambio, entonces la situación del liderazgo oficialista se complica y se convierte en un obstáculo, no solo frente a las elecciones del 14 de abril próximo, sino también por lo que respecta a su propia subsistencia como movimiento político.
Capriles, en cambio, es hoy un candidato crecido, que se dirige hacia una victoria electoral que algunos consideraban improbable hace pocas semanas, luego de su derrota en octubre pasado. Sin embargo, Capriles dio entonces una gran batalla frente al fallecido presidente, acortando las distancias y disputándole sus espacios electorales. Por eso ahora, frente a un candidato tan malo como Maduro, muchos le ven reales posibilidades de triunfo.
Capriles, además, es un líder realmente popular, con una trayectoria transparente y clara. No es un improvisado, ni alguien impuesto a dedo como sí lo es Maduro, quien nunca ha sido elegido por el pueblo para ningún cargo de gobierno. Nunca -insisto- una comunidad lo eligió para que la gobernara. No tiene, por tanto, una obra de gobierno. Por eso mismo, ahora usurpa la Presidencia de la República sin que nadie lo haya elegido, y es el candidato presidencial del PSUV sin que sus bases lo hubieran escogido mediante una elección directa y universal.
 Con Capriles pasa todo lo contrario. Fue elegido candidato presidencial por voluntad popular. Ha sido, además de parlamentario y presidente de la Cámara de Diputados en 1999, alcalde y gobernador reelecto desde el año 2000, con una obra notable que exhibir. Sabe gobernar y conoce la realidad nacional como pocos. Maduro, en cambio, no puede mostrar ninguno de estos  atributos.
Todo ello, sin olvidar que Capriles ha resultado un buen candidato, fajador, con pegada y amplia capacidad de convocatoria, sobre todo entre los jóvenes, donde el oficialismo pareciera estar muy debilitado, luego de 14 años de estar en el poder.
Lo que está planteado este domingo no es sólo elegir un nuevo presidente, sino algo más importante aún: liberar a Venezuela de un régimen incapaz y corrupto, y con Capriles como presidente trabajar para hacerla grande, fuerte y próspera, como todos queremos que sea.

 LA PRENSA de Barinas - Martes, 09 de abril de 2013.







viernes, 5 de abril de 2013

FRENTE AL FUTURO

DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ
ANTE EL CONCEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO BOLÍVAR DEL ESTADO BARINAS

(Barinitas, 12 de febrero de 1983)


Contento, como se siente en casa propia, hablo esta tarde desde la ilustre Tribuna del Concejo Municipal del Distrito Bolívar.
Sé que se trata de un compromiso mayor decir unas palabras en esta ciudad de Barinitas. La historia, las gentes y las luces que han nacido por estas tierras obligan a elevarse interiormente para compensar la generosidad de Ustedes al permitirme esta magnífica oportunidad para reflexionar en alta voz.
Barinitas es tierra elevada, empinada sobre la pendiente llanera que se inclina hacia el Apure. Tendida como está a los pies de la cordillera andina, recoge en sus tierras aledañas y en sus gentes esa cordialidad y gentileza propia del hombre de las montañas. Pero recibe también, por el abra que la comunica al llano, la calurosa y alegre compañía del hombre de las tierras planas. Barinitas es, pues, encrucijada de serranía y llano, síntesis hermosa y simbólica de dos espíritus nacionales, de dos maneras de ser venezolanos y de dos nobles caracteres de la psicología nacional.
Esta es la Barinitas de siempre, respetada, querida y estimada por los barineses, a pesar de las rencillas parroquiales que antaño surgieron y que aún forman parte del modo de ser arisco y agresivo que llevamos por dentro los venezolanos. La Atenas de Barinas llegaron a llamarla en las épocas en que un empalagoso modernismo buscaba en cada rincón de nuestros países el símil que nos llevara a compararnos con otros Continentes. Pero Barinitas no necesitaba adjetivos prestados, ni sustantivos de imitación. Ella sóla se bastaba para proyectar por sí misma su condición de ciudad culta y sensible a las más variadas manifestaciones artísticas y culturales. No en balde aquí nacieron Alfredo y Enriqueta Arvelo Larriva, poetas de alto valor nacional, a cuya obra se le han brindado los mayores reconocimientos por parte de la inteligencia y la cultura del país. Alfredo, por cierto, cumplirá cien años de haber nacido el próximo 25 de mayo y, a tal efecto, yo aprovecho esta singular circunstancia para invitar a la Municipalidad y al pueblo bariniteño y barinés en general, a conmemorar tan significativa fecha en los términos más justos y trascendentes a su memoria de venezolano excepcional.
Desde esta ciudad de relevantes hijos y de historia que trasciende, venimos este 12 de febrero a conmemorar un nuevo aniversario de la Batalla de La Victoria y, por consiguiente, a celebrar el Día de la Juventud Venezolana.

***

Se atropellan los recuerdos para hablar de aquella fiera batalla del 12 de febrero de 1814.
Lo que sucedió aquel día no tiene nada que envidiarle a cualquier epopeya anterior o posterior. No solamente se trataba de una simple batalla militar. En La Victoria se enfrentaron ese día dos fuerzas telúricas que después han continuado su lucha permanente: la juventud contra la barbarie. Aquélla, simbolizada por José Félix Ribas, uno de los más brillantes guerreros al servicio de la causa libertadora. Y la barbarie, representada por José Tomás Boves, realista cruel y sanguinario, al decir de los historiadores de antes y de ahora.
La paradoja de toda aquella confrontación fue todavía más singular. Boves era, en cierta forma, el caudillo ignorante y perverso, mercenario de aquellos tiempos, que arrastraba tras su carisma de líder populista a las masas desposeídas y ansiosas de justicia y pan. Rivas, por el contrario, era el joven militar ilustrado, representante de la Venezuela libertaria que emergía entonces contra la opresión española, causa muchas veces incomprendida y huérfana del apoyo de los grandes núcleos humanos a quienes más tarde favorecería, y a los que luego interpretaría fielmente, con su estirpe de pueblo, el catire José Antonio Páez.
Estas dos fuerzas extraordinarias fueron las que lucharon bravamente en un día como hoy, hace ya ciento sesenta y nueve años. Como tenía que ser, los jóvenes vencieron a los bárbaros. Tras largas horas de combate, la batalla, iniciada con el alba, culminó bien entrada la noche. La gesta heroica de La Victoria valió la pena. El sacrificio y la muerte de jóvenes promesas, abrieron paso a las legiones de la libertad encabezadas por Simón Bolívar. Y se derrotó el mito de que el pueblo sólo seguía a los bárbaros. Aquél día, los jóvenes señalaron el camino para que el pueblo humilde y hambriento de entonces hiciera suya la causa de la Independencia.

***

Para los jóvenes de ahora hay una nueva Batalla de La Victoria en cada desafío que se nos presente.
Sólo que ahora la lucha no se libra por la fuerza ni con las armas, sino con la inteligencia y el estudio. Pero los desafíos de esta hora son tanto o más fascinantes como aquellos de 1814. Hay muchas cosas por transformar y en todas ellas la juventud tiene que jugar un papel estelar. Ya no nos corresponde, como a aquellos jóvenes de 1814, luchar para ganar la libertad suprimida. Ahora nos toca construir un nuevo país para que -sin perder la libertad ganada- podamos darle más contenido de eficacia y de justicia a las avances obtenidos y por obtener.
Los jóvenes de hoy somos optimistas. Practicamos un sano realismo para no dejarnos tentar por las falsas ilusiones que conducen a los fracasos. No aceptamos, por esto mismo, a los negadores de siempre, a quienes predican el fatalismo y pregonan el desastre futuro.
No creemos en quienes superponen sus fracasos políticos y personales por encima de los mismos intereses nacionales. No queremos a quienes andan por allí contagiando pesimismo, tal vez porque saben que serán derrotados por la Venezuela pujante y prometedora que encarnan los jóvenes de este bravo pueblo.
Con ese optimismo razonable tenemos que asumir las tareas presentes y futuras. Sabemos que Venezuela es un país de insospechadas posibilidades, tierra buena para el esfuerzo y el trabajo creador. Sus numerosos y valiosos recursos naturales, unidos a su más importante capital, su gente, colocan a este país en envidiable posición frente a la actual y la venidera coyuntura mundial.
Lo que exigen los jóvenes es el diseño de un proyecto nacional que permita combinar todas nuestras capacidades para enfrentar los problemas y adelantar las transformaciones que demandan las nuevas realidades de hoy.
Venezuela tiene extraordinarias ventajas estratégicas para acometer con coraje ese proyecto ambicioso y audaz con que soñamos sus líderes jóvenes de hoy.
El país dispone de diversas variedades geográficas y climáticas, así como de insospechadas riquezas minerales y energéticas localizadas en su subsuelo, la más importantes de las cuales, la llamada Faja Petrolífera del Orinoco, plantea inimaginables posibilidades de explotación y comercialización desde el punto de vista petrolero. Tenemos, así mismo, y a pesar de los depredadores insatisfechos todavía, inmensas reservas territoriales y madereras que convenientemente explotadas pueden ser aprovechadas por las venideras generaciones.
Somos, además, y valga la pena recordarlo este 12 de febrero, un pueblo joven. Los venezolanos somos gente tentada por las innovaciones, por sus posibilidades, y -lo que es más importante- por sus objeticos de progreso. Tenemos aún mucho por hacer. En esta visión progresista nos conforta nuestra carencia de traumas históricos y sociales, que si bien han afectado a otros países de larga historia, no existen en nuestra formación como comunidad nacional.
No hemos padecido, por otra parte, problemas de integración social. Si alguna vez las diferencias de orden racial impidieron nuestro avance, la llamada Guerra Federal -en medio de su vendaval de verbalismo y de promesas incumplidas- borró este tipo de contingencias. Por eso mismo, nuestro proceso histórico no registra traumas significativos.
Debe destacarse -a reserva, por supuesto, de la inconformidad que hemos planteado en diversas oportunidades sobre el particular- nuestro alentador proceso de afirmación democrática. 25 años de ininterrumpido ensayo democrático, otorgan al proyecto venezolano una particular significación de madurez que debe hacernos racionalmente optimistas frente al futuro.

***

Existen los problemas, claro está, de toda nación en desarrollo y nadie podría atreverse a negarlos. Hace escasos años, bajo una conducción errática y grandilocuentemente incapaz, el país vivió los locos años de la abundancia. Lo tuvimos todo a manos llenas entonces. Lo que nos falló fue un liderazgo conciente de que después de la abundancia se asomaría la crisis que tercamente nos advirtió con elocuencia de buen profeta Juan Pablo Pérez Alfonso.
Los recursos petroleros venezolanos, gracias al alza de sus precios en los mercados internacionales, fructificaron en sumas mil millonarias de dinero como si se tratara de un nuevo milagro de la multiplicación de los panes que nos recuerda el Evangelio. Sin embargo, y como lo ha apuntado amargamente Arturo Uslar Pietri en alguna ocasión, tal vez hubiera sido mucho pedir que esa súbita abundancia se manejara con prudencia y buen cálculo de inversiones y resultados.
Ahora nos enfrentamos a los desastrosos resultados de aquella irresponsable gestión de quienes alguna vez tuvieron el descaro de llamarse a sí mismos “los hijos de Bolívar”.
Ya no volverán, al menos en lo inmediato, aquellos días de desenfreno financiero. Venezuela, por tanto, debería prepararse para enfrentar una nueva situación, muy distinta por cierta, a la que parece estar terminando por estos días.  Y si bien es cierto que un país petrolero como el nuestro estará siempre sometido a los vaivenes de los precios internacionales del crudo, lo aconsejable sería, aunque volviéramos a los tiempos de abundancia, sacar las lecciones de la presente crisis. En otras palabras, hacer realidad la vieja consigna uslariana de sembrar el petróleo, o esa otra, nunca cumplida ni siquiera por quien la propuso, de administrar la abundancia con criterio de escasez. En todo caso, y aunque los efectos de las nuevas circunstancias tal vez tardarán algún tiempo en presentarse con todo su rigor, las generaciones de relevo tenemos que saber que será a nosotros a quienes corresponderá montarse en el potro de las dificultades y dominarlo reciamente, como un buen jinete llanero sabría hacerlo.
Habrá que moderar los comportamientos consumistas en extremo de algunos venezolanos. Habrá que gastar menos. Habrá que importar menos. Habrá que producir más. Habrá que trabajar más. El reto no es otro que conducirnos con sobriedad y austeridad, con disciplina y con esfuerzo para que el trabajo bendiga sus frutos generosos y buenos.
Habrá que hacer un esfuerzo realmente colosal ahora que la fiesta parece terminar. El país no está aún preparado para afrontar este cambio de situaciones. Por eso, justamente, se requiere una alta dosis de conciencia y patriotismo para salir airosos de esta dura prueba a que nos somete el dios petrolero que hasta ahora nos hizo felices, flojos a imprevisores.
El desafío está ante nosotros. Y sin embargo, ¡qué fascinante empresa para los jóvenes de hoy, líderes del mañana, esta lucha contra las dificultades que nos llamó a vencer el Libertador Simón Bolívar en alguna hora angustiosa!
La fecha no podía ser más propicia para estas dolorosas reflexiones. No volvamos a mirar nuevamente al pasado, como no sea para aprender la lección de sus errores. Miremos hacia el futuro y desafiémoslo con el coraje de que podamos ser capaces los nuevos hijos de la Patria.
Muchas gracias.
                       



miércoles, 3 de abril de 2013

EL DESAFÍO DE LA DEMOCRACIA


DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ
ANTE EL CONCEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO ZAMORA DEL ESTADO BARINAS

(Santa Bárbara de Barinas, 23 de enero de 1983)

Hoy cumple 25 años la joven democracia venezolana. Por esta fecha, hace ya un cuarto de siglo, el bravo pueblo de Venezuela realizó otra gran faena histórica: echar del poder a un grupúsculo indigno de pillos que humillaron al país y entronizaron una de las más crueles dictaduras que recuerdan los venezolanos.
Todavía persiste en mi mente la hora inicial de aquella madrugada histórica. En la casa de mis padres la radio sonaba a todo volumen, mientras algunos vecinos rodeaban el aparato para escuchar las noticias de Caracas. Quienes apenas éramos unos niños, no podíamos entender lo que sucedía. Mirábamos extrañados como todos se abrazaban felicitándose alegremente al conocerse la huída del déspota. Aquello parecía una noche de Año Nuevo. Las luces de las casas cercanas fueron encendiéndose poco a poco y luego todo fue fiesta y alborozo. Una mano amiga nos llevó a pasear cuando apenas despuntaba el alba. Y en la Plaza Bolívar de Barinas vimos entonces como el pueblo saqueaba el Palacio de Gobierno. Sacaban grandes retratos de aquel adiposo y pequeño dictador y los lanzaban contra las aceras, destrozándolos con furia y pasión. La gente estaba como loca, disfrutando de una libertad que les había sido negada por años y que -al fin- llegaba después de tantas luchas y sacrificios.
Pese a las explicaciones que nos dieron entonces, con los años fue como entendimos cabalmente lo que había sucedido aquella madrugada. En todo este tiempo, mi generación se ha educado en la democracia, conociéndola de cerca y tomando realmente conciencia sobre lo que ella significa. Quienes apenas deambulábamos por nuestro mundo infantil hace 25 años, supimos con el correr del tiempo lo que se logró en tan memorable jornada.
Por eso estamos hoy aquí para conmemorar los primeros 25 años de aquella fecha.

***
Yo no vengo esta mañana, sin embargo, a contar la historia de lo que sucedió aquel día. Tantas veces se ha recordado el episodio singular del 23 de enero de 1958, que parece necio e innecesario volver a hacer el recuento de los hechos.
Conviene destacar, más allá de la anécdota o de la simple crónica, que la caída de Pérez Jiménez forma parte de los tres hechos más relevantes, políticamente hablando, del presente siglo. Los otros dos son en cierta forma eslabones de una misma cadena: la muerte del general Gómez en 1935 y la llamada Revolución de Octubre de 1945. Con la desaparición física del legendario caudillo tachirense, el país abrió una primera rendija a la democracia, obra posible gracias a la habilidad de López Contreras y Medina Angarita. Sin embargo, la indecisión o la falta de claridad para fortalecer aquel tímido proyecto democrático, hizo posible, a su vez, la asonada cívico-militar del 45. Y a esta se debe, sin duda, la concreción constitucional de algunos principios fundamentales de nuestra democracia política.
Entre 1945 y 1948 la democracia incipiente y afiebrada del momento no conoció límites ni cautela. El partido entonces imperante en el poder se dejó ganar por el sectarismo excluyente al pretender arrinconar a sus adversarios ideológicos. Finalmente, y como ya lo habían advertido algunas voces, la alianza cívico-militar se derrumbó al enfrentarse sus elementos y producirse el golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948. Si el 18 de octubre de 1945 se hace posible gracias a la unión de la joven oficialidad militar y de los líderes del partido Acción Democrática, el 24 de noviembre de 1948 enfrenta a los antiguos aliados y desborda los canales democráticos hasta entonces en vigencia. El resultado no pudo ser menos desafortunado: se instaura en Venezuela una feroz tiranía que durante diez años impone la represión y el asesinato como formas de gobierno, mientras sus altos dirigentes saquean el tesoro público y se enriquecen vorazmente con los dineros de la Nación.
El país tuvo que soportar entonces a una cáfila de truhanes envilecidos, de espíritus torvos e innobles, arrellanados en el poder usurpado. Se suprimieron los derechos políticos y las libertades públicas, mientras se expulsaba del país a gruesos contingentes de venezolanos y se poblaban las cárceles con aquellos que habían tenido el coraje de denunciar la vergüenza del momento. Algunos, menos afortunados, murieron a manos de la canalla que infestaba los cuerpos policiales.
Con la aurora del 23 de enero de 1958 se abrieron paso la libertad y la democracia. Se abrieron las cárceles para liberar a los presos políticos y se permitir el regreso de los exiliados y los desterrados. Se estableció la libertad de prensa y se legalizaron todos los partidos políticos. En menos de un año se cumplió un proceso electoral que permitió la elección libre y soberana de un Presidente de la República y de un verdadero Congreso de Senadores y Diputados elegidos por votación popular.
Comenzaba así un nuevo ensayo democrático en la historia venezolana, tan rica en montoneras, falsas revoluciones y cruentos golpes de Estado.

***

25 años es tiempo justo para hacer un balance de sus logros y fallas, de sus aciertos y errores. Merece la pena destacar el hecho importantísimo de que nunca antes los venezolanos habíamos disfrutado de un período tan prolongado de libertades públicas como hasta ahora. Esta circunstancia cobra especial relieve si se la compara con otros países del Continente que a cada rato sufren la epilepsia de los golpes de Estado, los regímenes de fuerza y el desconocimiento de la voluntad popular como medio de acceso legítimo al poder constituido.
Los venezolanos hemos vivido ciertamente en todos estos años una experiencia excepcional convertida ahora en un ejercicio diario y rutinario, que muchas veces poco importa y en ocasiones se le enjuicia en términos injustos y subjetivos.  
Los hombres de mi generación somos lo suficientemente maduros como para intentar un balance objetivo y sereno de estos 25 años de democracia. Tal vez la circunstancia de no haber sufrido en carne propia los excesos de la dictadura, nos permite enjuiciarla sin prejuicios ni apasionamientos. Lo mismo podríamos decir sobre el ensayo democrático. El no haber actuado como protagonistas en la dura lucha contra la opresión y la tiranía, a causa de nuestra corta edad para entonces, no nos obnubila la razón como para creer ingenuamente que la democracia es perfecta y no exige cambios y transformaciones radicales. La propia historia se ha encargado de ubicarnos en el tiempo justo para revisar lo realizado, sin caer en posiciones abyectas que denostan y ofenden a la democracia y buscan su sustitución por los recovecos de la conspiración y la subversión; ni mucho menos en aquellas otras actitudes conformistas que piensan -tal vez por razones de edad o de abulia frente al futuro- que nada debe cambiar porque ya todo está logrado.
Ambas concepciones son erradas por la misma circunstancia de su ultranza. Obedecen a criterios de fanatismo o a intereses mezquinamente subalternos.
A quienes reniegan de la democracia tenemos que decirles que no todo ha sido en vano en estos años. No puede soslayarse que su principal logro es justamente el fortalecimiento de la democracia política en el país. El pueblo participa en la elección de las autoridades que conforman los Poderes Públicos. Así ha venido escogiendo con entera libertad a Presidentes de la República, senadores y diputados nacionales y regionales, y a representantes municipales. A cada período constitucional se ha unido la renovación legal y legítima de los escogidos, todo lo cual configura un vigoroso robustecimiento de la democracia representativa contenida en la Carta Fundamental de 1961.
En otros campos, sería una temeridad absurda negar los avances del país bajo el régimen democrático. En materia educativa, por ejemplo, los logros son francamente positivos si se los compara con lo realizado durante el régimen de facto depuesto en 1958. Ahora disponemos de más y mejores universidades e institutos de educación media, primaria y preescolar. Ha mejorado el nivel de la enseñanza, a pesar del fenómeno masificador que hoy amenaza la calidad de nuestra enseñanza. Lo mismo podemos decir en materia de salud y seguridad social, sin obviar, como es natural, las fallas que aún persisten en todos estos aspectos.
Desde el punto de vista económico también se han experimentado algunas mejorías. El nivel de vida de los trabajadores y sus sistemas de previsión y protección no son los mismos de hace 10 o 15 años. La industrialización, todavía débil en un país arropado por su producción petrolera, se abre paso cada día y tiende a crecer en magnitudes importantes. La industria petrolera ahora es manejada por nosotros mismos, sin haber perdido eficacia y eficiencia, aunque todavía conserve patrones mentales alejados de la propia realidad nacional.
También se han registrado avances en lo social. Se han multiplicado las oportunidades de ascenso económico y social para la mayoría de la población, y la mejor demostración de esa realidad puede encontrarse en la progresista y pujante clase media venezolana. Se han obtenido resultados alentadores en materia de vivienda, obras públicas e infraestructura. Ya no somos el país rural de hace 25 años. Somos un país modernizado, con una democracia política estable, y a pesar de los logros señalados, con serios problemas de crecimiento económico y social.

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Aún así, a los jóvenes de mi generación, esta democracia no nos satisface a plenitud. No la adoramos como una deidad inmutable e infalible. No la creemos perfecta y acabada. No la sentimos nuestra, amoldada a las inquietudes y desafíos que nos inspiran a la lucha. Por esto mismo, no la ensalzamos ni alabamos irracionalmente, como quienes imaginan ingenuamente qua no vale la pena transformarla y perfeccionarla.
El gran reto de la dirigencia futuro del país será primordialmante convertir a la democracia en un proyecto básicamente eficaz en los planos políticos, social y económico. No puede ser tarea nuestra continuar con esa palabrería hueca que no se traduce en los hechos. No podernos continuar sumidos en la retórica de ocasión, ni en la tranquilidad de conciencia de las buenas intenciones. Debemos pasar a la acción para empujar a la democracia hacia una nueva visión del país, capaz de prepararlo para las grandes tareas del porvenir.
La democracia, si quiere ser fiel a su esencia más profunda, exige ahora serias y sustanciales transformaciones. La participación, que es el signo de los nuevos tiempos, es tal vez la mayor carencia del actual proyecto democrático. Hay que ir más allá de las meras formalidades de la democracia como sistema político y que son causas fundamentales de su estancamiento y excesivo conformismo de hoy. Como alguna vez lo ha dicho acertadamente el ex Presidente Rafael Caldera: “La democracia que sustentarnos busca (...) asegurar la participación permanente del pueblo en el proceso de las decisiones. No nos satisface una mera democracia formal, en la cual el pueblo es llamado cada cierto número de años a escoger entre diversos candidatos para el ejecutivo y los cuerpos deliberantes y después  es relegado hasta la próxima consulta electoral” (*).
Para superar estas desviaciones del ensayo democrático, debemos procurar fórmulas idóneas y precisas. Una primera reflexión en este sentido nos recomienda acercar más al representante con el representado, vale decir, al elegido con el elector. El reclamo de mejorar los mecanismos de elección ahora vigentes debe ser tomado en cuenta de manera muy especial.
En el campo económico debemos luchar por la extensión de los beneficios obtenidos por la democracia política y social. Sigue siendo angustiante la falta de estrategias para obtener mejores avances económicos dentro de la democracia. Por eso debe prestarse atención prioritaria a los sectores más pobres de la población, multiplicando las fuentes de empleo, de estudio y superación.
Hay que limpiar a la democracia de sus taras más envilecidas. Hay que despojarla de su tradicional ineficacia en la prestación de los servicios públicos, de su secular burocratismo parasitario y de quienes la sirven con desgano y flojera. Hay que combatir a sus roscas oligárquicas que pretenden vivir a expensas del Estado sin retribuirle nada. Hay que combatir a los empresarios de la desidia y el oportunismo, para quienes la acumulación de riqueza personal está por encima de la función social de la productividad. Hay que combatir a los sindicalistas que hacen de su oficio un medio para enriquecerse, traicionando a la clase obrera y convirtiéndose en prósperos especuladores del fraude y la estafa contra los intereses de los trabajadores.
La democracia tiene que derrotar a la corrupción si quiere mantenerse como sistema futuro. Probablemente, la corrupción sea el mayor mal que amenaza al sistema democrático. Cada día parece crecer el número de políticos inmorales para quienes lo fundamental es el aprovechamiento personal. Y en ese propósito no vacilan en utilizar sus cargos y posiciones para desmerecer la confianza del pueblo y contribuir al descrédito de la propia democracia.
A 25 años de existencia del régimen que los venezolanos hemos sostenido desde entonces, sea esta ocasión propicia para consignar las reflexiones que hemos hecho desde esta ilustre tribuna popular. Y agradecer al Concejo Municipal del Distrito Zamora, en la persona de nuestro buen amigo y compañero de ruta, don Tobías Arias, la invalorable oportunidad de venir esta mañana a Santa Bárbara a conmemorar el primer cuarto de siglo del proyecto democrático venezolano.
Muchas gracias.




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(*) Rafael Caldera, Especificidad de la Democracia Cristiana, Caracas,
1972.

martes, 2 de abril de 2013

LOS USURPADORES Y SUS IDEAS LOCAS
Gehard Cartay Ramírez

“Yo les digo, señores, que ustedes tenían que haber rezado mucho para que Chávez siguiera vivo, porque Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas que a veces se nos ocurrían a nosotros (sic)”.
Teniente Diosdado Cabello.

Esta declaración tiene -al menos- tres interpretaciones, todas terribles para el país en caso de que los usurpadores de las “muchas ideas locas” sigan en el poder.
La primera: si el extinto presidente era “el muro de contención” de las loqueras de su entorno, esa circunstancia parece no haber servido de nada. Luego de 14 años de ejercicio pleno del poder y habiendo manejado milmillonarios recursos que nunca tuvo antes ningún gobierno en Venezuela, el finado presidente nos deja un país devastado, quebrado y dividido, con la inflación más alta del continente, cerca de 200.000 venezolanos asesinados desde 1999, el hambre, la pobreza y el desempleo en crecimiento, los servicios públicos colapsados, PDVSA en ruinas, miles de industrias cerradas, la agricultura y la cría casi inexistentes, etc.
La segunda: siendo nefasto el legado del difunto -y él era entre ellos el único cuerdo, según el teniente Cabello-, entonces lo que viene será peor, en caso de que el usurpador Maduro y su combo continúen en el poder sin el “muro de contención” que significaba su ahora fallecido jefe.
La tercera: si Chávez era “el muro de contención” de las “muchas ideas locas” que se les ocurrían al grupo de Maduro y Cabello, ¿cómo es posible que puedan hablar y pedir votos en su nombre, y fingir que desde el más allá y “desde su corazón” (sic) él los apoya?
La única explicación es la de que están urgidos de aprovecharse de la memoria del presidente muerto y explotarla para asegurarse los votos del pueblo chavista, e impedir que buena parte de estos migren hacia Capriles -lo que puede suceder-, vista la mediocre, melancólica y alicaída candidatura del usurpador.
En todo caso, lo que no se discute es que esta gente tiene “muchas ideas locas”, no sólo porque lo confiese el teniente Cabello, sino porque a todos nos consta. Recuerde el lector las mentiras de Maduro sobre la salud de Chávez, cuando ya se sabía que estaba moribundo, o tal vez muerto, quizás. Desde decir que había conversado con él, que ya estaba caminando y haciendo ejercicios, que le había firmado unos decretos (para echarle el muerto de la devaluación) y, ya en Caracas, que se había reunido por cinco horas con su gabinete. Puras mentiras, como se comprobó después, dado el estado terminal del enfermo que le impedía tales cosas.
También están otras “muchas ideas locas”. Para comenzar, haber despreciado las propias órdenes de Chávez sobre su sustitución en caso de que muriera. Las anunció al país el 8 de diciembre de 2012, y no eran otra cosa que el cumplimiento del artículo 233 de la Constitución. No le hicieron caso y con el celestinaje del Tribunal Supremo y las demás instituciones públicas, dieron un golpe de Estado. El resultado: impusieron como presidente a un sujeto que nadie eligió.
  Luego vino el espectáculo de las largas exequias del extinto. Volvieron a desconocer su voluntad de ser sepultado en Sabaneta. Por supuesto, convirtieron todo aquello en el inicio de la campaña electoral de la apagada candidatura de Maduro. Esta, que no tiene luz propia, necesita desesperadamente medrar del liderazgo del presidente muerto, y lo viene haciendo de la manera más cínica posible.
Pero las peores de esas “muchas ideas locas” son las de orden económico, pues nos empobrecen aún más a todos. La más criminal de ellas -la devaluación del bolívar del viernes rojo del 8 de febrero- se la cargaron al propio Chávez para no aparecer ellos como los responsables. A partir de ese momento, el régimen nos robó el 50 por ciento de nuestros salarios y depósitos bancarios, mientras que, al mismo tiempo, aumentó al doble el precio de los artículos de la dieta diaria y de los servicios públicos, así como de otras operaciones.
Una nueva devaluación se produjo la semana pasada con la fulana subasta de dólares. La misma triplicará su valor en bolívares, con los consiguientes efectos devastadores en el precio de productos y bienes, tanto importados como los pocos que aún se producen aquí. Con esta medida, el régimen “que tanto ama a los pobres”, los seguirá multiplicando.
Y ello, para no hablar de los asesinatos que se han incrementado con la llegada del usurpador a la presidencia, el empeoramiento de los servicios públicos, el desempleo, el hambre y la pobreza, entre otras desgracias.
Contra esas “muchas ideas locas” hay que votar abrumadoramente por Capriles.

 (LA PRENSA de Barinas - Martes, 2 de abril de 2013)