lunes, 18 de febrero de 2013

¿QUÉ CELEBRA EL RÉGIMEN?
Gehard Cartay Ramírez
Resulta absurdo, sin duda, que el régimen celebre el aniversario de un golpe de Estado contra un gobierno legítimo, en desconocimiento de la Constitución Nacional y que, por si fuera poco, fracasó por la cobardía de su cabecilla principal.
Pero, aún así, los golpistas del 4 de febrero de 1992 tienen el tupé de celebrar aquel nefasto y sangriento acontecimiento. Se olvidan que entonces murieron centenares de venezolanos por su desfachatado  e imperdonable crimen. Se olvidan, además,  que, también desde entonces, se abrieron en la Fuerzas Armadas fisuras y grietas que han venido minando el prestigio y el profesionalismo de la institución militar, hasta convertirla en una guardia pretoriana, cuyos jefes actúan como grotescos voceros de un partido político.
Olvidan, por supuesto, que a pesar de su traición a la Constitución, el liderazgo de entonces y los gobiernos de los presidentes Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, los trataron con respeto y consideraciones que ellos, por cierto, le han negado a sus presos políticos, sometidos a juicio por causas menos graves que la felonía del 4 de febrero de 1992. CAP indultó a algunos y Caldera sobreseyó al cabecilla de aquella traición a la democracia, y a vuelta de muy pocos años toda salieron en libertad, una situación que muchos venezolanos hoy rechazan y condenan.
Pero entonces, entre 1992 y 1993, casi todo el liderazgo político del país -y buena parte de los venezolanos, como se confirmaría cinco años después- planteó el perdón a los golpistas y les recomendaron que se incorporaran a la lucha democrática.  Todos los candidatos presidenciales (Caldera, Fermín, Álvarez Paz, Velásquez) prometieron liberarlos y conducir un proceso de reconciliación en las Fuerzas Armadas.
Al final, y porque fue quien ejecutó aquella medida, el presidente Caldera ha sido catalogado como el único culpable de que los facciosos de 4 de febrero, comenzando por su cabecilla, hayan sido puestos en libertad y no han faltado quienes lo acusen de ser el culpable de que lo eligieran presidente, lo que, como bien se sabe, es responsabilidad exclusiva de aquellos que, en mala hora, votaron por el teniente coronel golpista.
Está muy claro entonces que la democracia fue generosa y sumamente compasiva con los golpistas de 1992. Algunos –la mayoría, incluyendo a muchos que votaron por el actual régimen y luego se arrepintieron- piensan ahora que fue debilidad e irresponsabilidad. Otros creyeron que esa medida contribuiría a la conciliación y la paz, y sin duda pecaron de ingenuos, como lo demostraría el tiempo. La democracia creó así su propio Frankestein, el mismo que luego iniciaría su destrucción para abrir paso a un sistema autoritario, caudillista, anacrónico, militarista y corrupto, inspirado, por propia confesión de sus jefes, en la dictadura castrocomunista de Cuba.
Fue así como en 1998 un militar golpista, con propósitos abiertamente antidemocráticos –contenidos en los frustrados decretos que tenía preparados en caso de triunfar el golpe contra CAP- fue electo presidente de la República. Por supuesto que en tal ocasión se disfrazó de demócrata, abjuró del golpe de 1992, catalogó a Fidel Castro como un dictador, ofreció estar sólo cinco años en el poder, dijo que no era socialista,  anunció una cruzada contra la corrupción y prometió villas y castillos.
Después de largos catorce años de estar en la presidencia, con todos los poderes a su disposición y altísimos precios petroleros que ha despilfarrado y regalado, su gestión ha resultado todo lo contrario.
Todos los problemas que prometió resolver se han agravado y ha creado otros nuevos y complejos. Hoy su régimen es una colonia castrocomunista, a plena luz del día y una realidad que nadie puede negar, porque sería como negar que el sol sale todos los días. Por su fuera poco, y olvidando lo que dijo en su campaña electoral, estableció la reelección presidencial indefinida, luego se proclamaría socialista, la corrupción se ha desbordado desde el más alto nivel de la República y Venezuela es un país en vías de disolución, probablemente para incorporarlo a la República de Cuba.
¿Qué celebran entonces, si lo que hoy acontece en el país no es una fiesta sino la muerte de la democracia?

 (LA PRENSA de Barinas - Martes, 05 de febrero de 2013)

sábado, 16 de febrero de 2013

COLONIA CASTROCOMUNISTA
Gehard Cartay Ramírez
Los países más fuertes y desarrollados siempre han colonizado a los más débiles y atrasados.
      Los países colonizadores siempre han sometido a sus víctimas por la fuerza y por lo general han conseguido resistencia a sus pretensiones.
Sin embargo, con el chavismo en el poder estas dos premisas resultaron falsas.
Hoy nuestro país, potencia energética que siempre fue, rico en petróleo y minerales, modernizado y en vías de desarrollo, con casi un millón de kilómetros cuadrados y cerca de 30 millones de habitantes, ha sido convertido en colonia de la dictadura castrocomunista cubana que manda en un país de 110.861 kilómetros cuadrados y 11 millones de habitantes, atrasado, pobre y subdesarrollado.
Lo peor de todo es que, para convertirnos en su colonia, la tiranía de Fidel Castro y su hermano no han tenido que someternos por la fuerza, como lo intentaron antes y fueron derrotados por la democracia venezolana y nuestras Fuerzas Armadas Nacionales, a principios de los años sesenta del siglo XX. Todo lo contrario: hoy, el jefe del régimen en Venezuela (convertido por los suyos en anzuelo electoral con el remoquete de Corazón de mi patria, en un acto de cinismo único), admirador y pupilo del dinosaurio cubano, les ha entregado nuestro país como símbolo de su amor y pasión por la revolución cubana, pendejada que pudo ser comprensible en sus años juveniles, pero estupidez monumental y traición a la Patria en estos tiempos.
No deja de ser tragicómica esta actitud criminal del régimen venezolano: nos entrega como colonia a la dictadura castrocomunista cubana y, de paso, paga miles de millones de dólares al efecto. En otras palabras, pagamos para ser colonia de la tiranía de Fidel y Raúl Castro. Mayor cretinismo es difícil de conseguir en la historia latinoamericana.
Lo peor de todo es que Cuba no tiene nada útil y provechoso que darnos a cambio de los miles de millones de dólares que ha recibido de este régimen. No tiene tecnología, ni adelantos científicos, académicos o económicos que pudieran servirnos. Hace 50 años fue una potencia azucarera, pero el castrocomunismo acabó con aquello, lo que no ha sido obstáculo para que el régimen venezolano pague “técnicos” cubanos para que dirijan nuestros centrales azucareros, que hoy poco producen y van camino a la ruina.
Cuba no tiene nada útil que darnos, insisto. ¿Qué podemos esperar de un pequeño país que tiene medio siglo detenido en el tiempo, pasando hambre y necesidades, con un pueblo empobrecido por una tiranía monárquica, donde miles han preferido desafiar a los tiburones con tal de llegar a las costas de Florida, Estados Unidos, donde habita el mayor exilio cubano? Este sólo hecho pone de manifiesto la estafa histórica que ha resultado la llamada Revolución Cubana.
En realidad, de allá sólo se reciben las baratijas ideológicas y el ripioso catecismo comunista que repite el régimen, así como el asesoramiento de las temibles prácticas de persecución y seguimiento al adversario, cursos de propaganda política, tácticas de control sobre la gente (lo que aquí llaman el Estado Comunal) y una asesoría militar vergonzosa y humillante para la Fuerza Armada Nacional, esa que hace ya casi 50 años derrotó la invasión armada de los Castro.
Por cierto que el ex ministro de la Defensa, general Rafael Montero Revette, denunció la semana pasada algo que ya se sabe: que oficiales cubanos entrenan a la Milicia chavista, ejército paramilitar e inconstitucional. Y por su lado, el ex guerrillero Héctor Pérez Marcano, quien participó en la invasión castrocomunista de Machurucuto en 1967, reveló que cada día llegan de Cuba cuatro aviones con militares, quienes son instalados en Fuerte Tiuna (El Nacional, 25-01-2013).    
Lo más grave es que hoy el centro de decisiones sobre Venezuela se ha trasladado a Cuba. Todo se decide allá, bajo el mando de Fidel y Raúl Castro, mientras que los segundones chavistas de aquí sólo son obedientes mandaderos. Mayor humillación es imposible de conseguir en nuestra historia.
Piénsese, por un momento, si aquí hubo antes un presidente que fuera a otro país a pedir consejos sobre cómo manejar su gobierno, tal cual lo hizo quien hoy convalece en La Habana. Tampoco hubo ninguno que viajara a tratarse en un hospital de Washington, por ejemplo, y fuera poco menos que secuestrado por las autoridades de Estados Unidos. Mucho menos hubo una cúpula oficial que, en cambote, viajara a cada rato a un país extranjero a recibir órdenes sobre cómo afrontar los asuntos públicos, algo que sólo es de la exclusiva competencia de los venezolanos.
Obviamente que si tal aberración hubiera sucedido, ¡habría que imaginarse el berrinche que hubieran armado nuestros otrora antiimperialistas ñángaras, esos mismos que hoy callan vergonzosamente ante el grotesco espectáculo de una Venezuela convertida en colonia de la dictadura castrocomunista!
Por cierto que este domingo El Nacional publicó un extenso reportaje con datos precisos sobre la entrega de recursos del país que también ha hecho el régimen a China e Irán. Al primero se le ha cedido la exploración, explotación y comercialización de nuestros recursos minerales en todo el territorio nacional (oro, diamantes, hierro, plata, cobre, aluminio, uranio, bauxita, estaño, coltán, fosfatos y carbón), aparte de contratarles la elaboración de mapas y datos sobre nuestras riquezas, algo que atenta contra la seguridad nacional e integridad territorial. A Irán le han concedido la explotación de calizas y minerales no metálicos en varias partes, incluido el Estado Barinas. Y a Cuba, como era de suponer, le han entregado también la explotación de oro, diamantes, níquel y las salinas.
Las generaciones futuras seguramente maldecirán a estos auténticos traidores a la patria.   

(LA PRENSA de Barinas - martes, 29 de enero de 2013) 

martes, 22 de enero de 2013

LOS RETOS DE LA OPOSICIÓN
Gehard Cartay Ramírez

A estas alturas de la ya larga confrontación con el régimen actual, la oposición democrática no ha podido superar algunos retos.
El primero de ellos es el asumir una actitud autocrítica frente a su desempeño. No se ha querido revisar lo actuado, ni mucho menos reconocer los errores cometidos, con el fin de corregirlos, como lo recomienda el objetivo fundamental de vencer al adversario en este combate tan desigual y complejo.
Esa falta de autocrítica, al igual que otros asuntos, se pretende justificar con el muy manoseado argumento de que no podemos “desmotivar” al electorado opositor. Así se ha construido un auténtico círculo vicioso: no se revisan los errores tácticos y estratégicos, pero continúa presente la desmotivación en ciertos sectores que podrían estar al lado de la lucha democrática.
Lo mismo sucede frente al absurdo empeño por copiar el discurso chavista. Algunos repiten como loros el cuento chino de la supuesta “Cuarta República”, utilizan los mismos adjetivos del régimen y han terminado cediendo al chantaje que encierra ese discurso malévolo. Por supuesto, al lado de quienes lo hacen por ingenuidad o ignorancia, están los que acuden a esa actitud por un calculado interés en descalificar a los partidos históricos y sus dirigentes, con el propósito de presentarse  como alternativas nuevas.
Así es como insisten en lo de la “vieja” y la “nueva” política, cuando, en realidad, como lo ha planteado el Partido Social Cristiano Copei, lo que hay que diferenciar es la buena de la mala política. El problema no es de viejos o nuevos políticos, ni de vieja o nueva política. Al lado de los viejos políticos deshonestos y bellacos hay también viejos políticos honestos y  capaces. Lo mismo puede decirse de los nuevos políticos. Al fin y al cabo, todos están hechos de la misma pasta humana.
Y en cuanto a la “vieja” y la “nueva” política puede decirse lo mismo, pues tales adjetivos son un cartabón arbitrario y caprichoso que se utiliza a conveniencia. La  política siempre ha sido la misma, tanto en los tiempos de la Independencia, como ahora. La diferencia está en la buena política que -por ejemplo- representó la lucha de Bolívar y la mala política que implicaron los despropósitos del comandante golpista Pedro Carujo. Hoy sucede lo mismo, si comparamos la acción de un régimen destructor como el actual, frente a gobiernos anteriores que construyeron la democracia.
El segundo reto de la oposición democrática es entender que la lucha debe ir más allá de lo meramente electoral. Nuestro combate no puede agotarse en sólo concurrir a elecciones (y, de paso, aceptando las inicuas condiciones impuestas por el régimen), sin ocuparnos de las protestas sociales, reivindicativas y populares, así como de sus respectivas soluciones. Si sólo nos limitamos a lo electoral, nunca vamos a fortalecer nuestra opción como fuerza emergente en todos los sectores colectivos.
Vale la pena, a este respecto, señalar lo que ocurre actualmente. El país atraviesa una gravísima y peligrosa crisis institucional por las razones de todos conocidas. Sin embargo, hay dirigentes opositores que parecieran no percatarse de ello, y hasta existen aquellos que ni siquiera han tomado una posición acorde con la gravedad de la crisis, como si todo estuviera encausado en un clima de normalidad. Otros, entre ellos, el más destacado, han terminado dando declaraciones lastimosas y anodinas.
Y es que, al lado de lo electoral -que tendrá su momento, tal vez más temprano que tarde-, el país también exige respuestas ante las graves violaciones a la Constitución Nacional y la inaceptable colonización del régimen -y de la República- por parte de la dictadura castrocomunista cubana. Frente a estos despropósitos, estamos obligados a movilizar pacíficamente al país. ¿O habrá que recordar que, por ejemplo, Gandhi logró derrotar al todopoderoso imperio inglés y liberar a la India poniendo en práctica su famosa tesis de la resistencia pacífica?
La política, como casi todo en la vida, se mide por los resultados. Hasta ahora, a pesar de los innegables avances logrados especialmente a partir de 2008, la oposición democrática sigue acumulando derrotas. Al lado de un sistema electoral diseñado y manejado para beneficiar al régimen, existen fallas imputables al manejo que ha hecho la dirección opositora de ciertas estrategias erradas y a candidatos que no dieron la talla en los comicios pasados. De allí que también sea un imperativo descifrar algunas señales que han enviado los electores, tanto nacional como regionalmente, incluyendo el de los abstencionistas, a quienes no se puede seguir culpando de las derrotas sufridas.
Los retos de la oposición deben ser afrontados con honestidad y sinceridad. Para ello son imprescindibles la autocrítica y la revisión de lo actuado, la sustitución de los liderazgos fracasados, la corrección del rumbo y la adopción de mecanismos de lucha que vayan más allá de lo meramente electoral.
Ahora que se abre ante nosotros otra etapa de la lucha contra la incapacidad y la corrupción del régimen, su fracaso en la solución de los gravísimos problemas que sufren los venezolanos y ante su autoritarismo y vulgar dependencia castrocomunista, entonces con mayor razón sus adversarios estamos obligados a actuar correctamente y a no volver a equivocarnos.

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 22 de enero de 2013)  


martes, 15 de enero de 2013

Verdades
VENEZUELA, PAÍS INSÓLITO
Gehard Cartay Ramírez
Entre las cosas gravísimas que están sucediendo en este insólito país hay dos que sobresalen por encima de las demás, que son bastantes.
La primera es la descarada violación de la Constitución Nacional por parte del régimen de facto que se instauró el pasado 10 de diciembre usurpando el poder, sin que nadie lo haya elegido y, por si fuera poco, con la complicidad del Tribunal Supremo de Justicia y las demás “instituciones” que el chavismo controla.
La segunda la constituye la penosa circunstancia de que 200 años después de habernos independizado del imperio español ahora Venezuela sea una colonia del castrocomunismo cubano.
Una y otra cosa son gravísimas y ponen en entredicho la existencia misma de nuestra República.
Analicemos la primera: violar la Constitución Nacional es atentar contra el pacto que sostiene la existencia de la República y que garantiza nuestros derechos y deberes como nación. Y no es un asunto de “formalismos” ni de “leguleyería”, como afirma el usurpador, apelando a su enciclopédica ignorancia.
Violar la Carta Magna es un desconocimiento a la primera ley de la República y demuestra, a todas luces, el talante autoritario y dictatorial del régimen. Porque si sus jerarcas desconocen la Constitución, la violan y no la cumplen, allí está la esencia de lo que muchas veces hemos repetido sobre el particular: que estamos en presencia de un régimen que se considera por encima de la norma constitucional y de las demás leyes. Por tanto, convierte su voluntad omnímoda en la regla que se cumple, mientras desconoce el Estado de Derecho y el Principio de la Legalidad.
En cualquier democracia que se respete a sí misma, la Constitución es la carta de navegación de las instituciones, y estas, en el cumplimiento de sus principios y finalidades, se ciñen escrupulosamente a sus mandatos. Por tanto, no es cualquier cosa violar sus normas para convertirla, como acaba de hacerlo el chavismo, en simple papel sanitario. Lo peor de todo es que quien ha venido fungiendo como jefe único del régimen desde 1999 fue el principal promotor de la Constitución, lo que nunca le impidió, como no le impide hoy a sus partidarios, violarla y desconocerla cada vez que les da la gana.
Lo ocurrido el pasado 10 de enero es suficientemente ilustrativo al respecto. El régimen sencillamente acordó, con la venia del TSJ, “meterse por el bolsillo de atrás” -para citar una frase célebre del enfermo de La Habana- el articulado de la Constitución que rige el inicio de un nuevo período constitucional. De modo que prefirió desconocer el mandato de la Carta Magna al respecto y colocarse en situación de ilegitimidad absoluta, razón por la cual Venezuela hoy no tiene Presidente de la República, ni comandante en jefe de la Fuerza Armada, mientras un sujeto usurpa el poder acompañado de unos “ministros” a quienes ya se les venció su período. Y todo ello con el “visto bueno” de sus conmilitones del más alto tribunal.
 Vayamos ahora la segunda perversión chavista: la de haber convertido a Venezuela en una colonia del castrocomunismo cubano. Esta alta traición a la patria es tan o tal vez más grave que la anterior. Porque si el Libertador Simón Bolívar resucitara ahora mismo, seguramente repetiría -ante esta aberración- aquello de que había “arado en el mar”. Porque eso es lo que significa la sumisión del régimen a la tiranía cubana. Significa que hemos dejado de ser una nación independiente y que hemos vuelto a ser parte de un imperio, esta vez el de los hermanos Castro de Cuba.
Hoy, para vergüenza de todos, pero muy especialmente de la cúpula del régimen, nuestro destino se decide en La Habana, a donde acuden los altos jerarcas del chavismo a pedir instrucciones a la gerontocracia castrista -Fidel y Raúl Castro, los dos ancianos que mandan en Cuba desde hace más de medio siglo- sobre lo que deben hacer aquí en el manejo del poder.
Porque nunca antes (léase bien: nunca antes) Venezuela había dejado de ser una nación soberana, como ahora lamentablemente sucede. Nunca antes, habíamos presenciado este espectáculo humillante y ominoso de un régimen que, sin vergüenza alguna, acude a un gobierno extranjero para discutir asuntos del exclusivo interés nacional, lo que constituye, sin hipérbole de ninguna naturaleza, un acto de traición a la patria que deberá ser condenado más temprano que tarde y enjuiciados sus culpables con la pena máxima.
Se trata, lamentablemente, de una situación tragicómica. Trágica, por lo que significa que la Patria de Bolívar hoy sea colonia de un país extranjero, al convertirse el actual régimen venezolano en un títere de la vergonzosa dictadura cubana.
 Y, al mismo tiempo, no deja de ser cómica toda esta penosa situación porque Cuba es un pequeño y atrasado país, propiedad de un par de dinosaurios que lo han condenado a una tiranía espantosa y a vivir en las peores condiciones de hambre y miseria. Cuba posee un territorio nueve veces menor que el nuestro y tiene menos de la mitad de los habitantes de Venezuela, no produce nada, carece de todo tipo de tecnología y de adelantos científicos y ha subsistido en los últimos 50 años gracias a los millonarios subsidios de la extinta Unión Soviética y, ahora, de los petrodólares venezolanos que les ha venido regalando el actual régimen, a cambio de baratijas ideológicas y de supuestos médicos y técnicos cubanos.
No está lejos el tiempo en que toda esta situación tendrá que cambiar. Pero, para que ello sea posible, también tenemos que cambiar quienes nos oponemos a este régimen: cambiar los liderazgos, las estrategias y los procedimientos. Pero a eso nos referiremos otro día.

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 15 de enero de 2013)

martes, 8 de enero de 2013

GOLPE DE ESTADO CONTINUADO
Gehard Cartay Ramírez

Artículo 333: Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Los golpistas que mandan en Venezuela desde hace ya 15 largos años continúan desarrollando el golpe de Estado que iniciaron en 1992.
Esa ofensiva se ha radicalizado en estos últimos días. Ahora, cuando está a punto de iniciarse un nuevo período constitucional en medio de gravísimas circunstancias -como la indiscutible ausencia de quien acaba de ser reelecto presidente de la República-, la actitud golpista de la cúpula oficial no puede ser más descarada y grosera.
Para pretender justificar lo injustificable -es decir, la violación de la Constitución Nacional-, estos segundones que hoy encabezan los Poderes Públicos apelan a los argumentos más grotescos. Uno de ellos es la absurda tesis de que no existe un nuevo período constitucional, por lo que el enfermo presidente podría juramentarse cuando le dé su real gana. La  otra posición, inmadura y descabellada, es la de que podría prestar juramento desde La Habana, capital del imperio castro comunista al que hoy pertenece Venezuela, donde convalece el presidente y paciente.
Ambas cosas son de una gravedad extrema. La primera es causa suficiente para desconocer legítimamente al régimen, tal cual lo ordena el artículo 333 de la Carta Magna. Porque, sin duda, cuando un gobierno viola la Constitución Nacional, automáticamente se coloca en contra de ella. En consecuencia, pierde legitimidad por tal delito y, por tanto, todos los ciudadanos -tengan o no autoridad- tienen el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.
Ni más ni menos, a eso nos autoriza el precepto constitucional. Y desde luego que también se lo ordena a las instituciones del Estado, incluyendo la Fuerza Armada Nacional, sin que ello implique una conducta golpista, sino todo lo contario: esas instituciones están obligadas a actuar para reparar la gravísima situación que significa que un régimen desconozca la Constitución Nacional.
La segunda cuestión también le quita legitimidad al actual régimen, pues el juramento del presidente entrante nunca podría realizarse en suelo extranjero. En este caso, no operaría la ficción de que la embajada venezolana en Cuba pueda considerarse territorio venezolano, algo que hoy no es reconocido por las modernas normas del Derecho Internacional.
La Constitución es muy clara al respecto, tal como expresamente lo reconoció y explicó -paso a paso, por cierto- el actual presidente en su alocución, antes de someterse a la nueva operación de la que hoy convalece. Por tanto, y aunque el oficialismo las descalifique como “meras formalidades”, resulta inaceptable que se viole la normativa constitucional en el caso que comentamos. 
Lamentablemente, eso es lo que viene haciendo el chavismo en el poder desde hace ya 12 largos años. Pudiera decirse, sin incurrir en exageración alguna, que en todo este tiempo los golpistas que -por ahora- mandan en Venezuela han violado casi todos (por no decir todos) los artículos de la Constitución vigente.
Por supuesto que, ante tal felonía, la alcahuetería de la asamblea nacional, del tribunal supremo, de la fiscalía general y de la cúpula militar ha terminado creando una insólita impunidad a favor del actual régimen. Estamos, pues, como en los tiempos de la dictadura de Hitler en la Alemania de los años 30 y 40 del siglo pasado, cuando la Constitución y las leyes fueron sustituidas por la voluntad de aquella tiranía. Ya sabemos cómo terminaron todos: Hitler suicidado y sus compinches ahorcados en Núremberg. El juicio de la historia, sin embargo, les ha sido mucho más severo y categórico.
(Por cierto que en 1992 los golpistas que dirigen el actual régimen no se cansaron de justificar su felonía de entonces argumentando que el gobierno de CAP “había devenido en una dictadura, que como tal se arroga todos los poderes del Estado”. Que, por tanto, era necesario “asegurar la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y las Leyes, cuyo acatamiento estará siempre por encima de cualquier otra obligación”. Y finalmente -vaya cinismo al compararlo con lo que ellos mismos hacen hoy- que también aquel gobierno “violaba de manera diaria y sistemática la Constitución y las Leyes que juraron cumplir y hacer cumplir” (El Nacional, 24-06-1992). Por cierto que las cosas entonces no llegaron a tales extremos, como ahora sí sucede, precisamente cuando mandan quienes hacían estas denuncias.)
He citado las previsiones que incluye la Constitución Nacional para garantizar su plena vigencia, justamente ahora cuando el régimen continúa violándola, marchando aceleradamente hacia una dictadura militarista y antipopular. Y lo hago para que estemos concientes de nuestros derechos y obligaciones cuando aquí se quiere instaurar una nueva tiranía.
Lo hago para que sepamos que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante la barbarie gorila que hoy pisotea la primera ley de la República y pretende imponer su perversa voluntad por encima de la Carta Magna.


LA PRENSA de Barinas - Martes, 08 de enero de 2013.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

COPEI, INSTRUMENTO AL SERVICIO DEL PUEBLO

Mensaje del diputado
 GEHARD CARTAY RAMÍREZ,
 Secretario General del Partido Social Cristiano Copei en el Estado Barinas, a través de la red regional de emisoras de radio, al conmemorarse el 33 aniversario de su fundación.

(Barinas, 13 de Enero de 1979)

Barineses; barinesas:

Arribamos hoy a un nuevo aniversario del Partido Social Cristiano Copei. Se cumplen este 13 de Enero treinta y tres años de la fundación de la Democracia Cristiana venezolana.
Ha querido la Providencia Divina y la voluntad popular que celebremos tan importante acontecimiento después de haber sido escogidos por las mayorías venezolanas para dirigir el país durante los próximos años. Ha sido una decisión tomada por el pueblo, después de habernos escuchado y oído durante la pasada campaña electoral, y luego de haber vivido una frustrante y equívoca gestión de gobierno durante los últimos cinco años del acontecer nacional.
Hemos vuelto de nuevo al gobierno después de estar luchando en las trincheras de la oposición. Hemos vuelto al poder porque somos alternativa de esperanza del pueblo venezolano. Volvemos con absoluta conciencia de la responsabilidad asumida. Volvemos con mayor experiencia, renovado el entusiasmo y crecida todavía más nuestra vocación de servicio. Volvemos también con nuestra humildad de siempre, sabiendo que fuimos escogidos para servir y no para ser servidos. Volvemos sabiendo que el poder es un instrumento para transformar el actual estado de cosas, y no el botín que permite el enriquecimiento de arribistas y oportunistas. Volvemos para sustituir la corrupción actual por la probidad y la honestidad en el manejo de los dineros públicos. Volvemos porque el pueblo espera un cambio verdadero, y nosotros debemos a realizarlo.
La lucha que acabamos de librar ha templado las fibras revolucionarias del Partido. Ha fortalecido la mística de los copeyanos. No pocas dificultades tuvimos que sortear -conjuntamente con nuestros aliados- para obtener la victoria electoral de Luis Herrera Campíns, hoy Presidente Electo de la República (Aplausos). Enfrentamos a un gobierno poderoso en términos políticos, económicos y financieros, como pocos en nuestro devenir republicano. Enfrentamos a un adversario que lo tenía todo a manos llenas, respaldado por el gobierno más rico de toda la historia del país.
Nada de eso les sirvió, porque nosotros, a diferencia de ellos,  siempre estuvimos robustecidos y plenos de voluntad, capacidad de sacrificio y -por sobre todo- optimismo. Tuvimos un Candidato Nacional y a un pueblo decidido a nuestro lado. Sabíamos y sabemos cuánto envuelve el compromiso que hicimos -y que hoy ratificamos plenamente- con quienes creyeron en nuestra palabra y no se dejaron seducir por las mentiras del adversario.
Y aquí estamos, a la altura de estos 33 años, reiterando todas y cada una de las ofertas hechas al electorado por Luis Herrera, Copei y los partidos que nos acompañaron en esta lucha.
 Y esperamos, con la ayuda de Dios y de  todos, cumplir la promesa fundamental de hacer un gobierno amplio y no sectario. Un gobierno consecuente, y no olvidadizo. Un gobierno con sensibilidad social y humana, y no indolente. Un gobierno con capacidad crítica, y no soberbio. Un gobierno tolerante, y no prepotente. Un gobierno eficaz, y no ineficiente. Un gobierno respetuoso de la Ley y enemigo de la arbitrariedad. Un gobierno con aliento histórico y alejado del inmediatismo delirante que acabamos de derrotar los venezolanos (Aplausos).
Dijimos que íbamos a hacer un gobierno de animación, y esperamos hacerlo. Un gobierno de imaginación, y no de rutina. De consulta y diálogo, y no de palabrería hueca. De planificación, y no de gestos impulsivos. De reflexión y de estudio, en lugar de improvisación.
Luis Herrera y Copei -en unión de nuestros aliados- ofrecimos un gobierno serio. Un gobierno de carácter. Un gobierno que garantice la seguridad y tranquilidad a todos los venezolanos. Un gobierno que administre con sentido de eficacia los recursos del país, y los convierta en obras de beneficio popular que hoy reclama todo el pueblo. Es nuestro compromiso y debemos a cumplirlo, con la ayuda de Dios y de todos ustedes, insisto.
Hoy más que nunca el Partido Social Cristiano Copei sabe que debe gobernar escuchando a los demás, y no sólo escuchándose a sí mismo. Esta responsabilidad de tener abiertos oídos y ojos para ver y escuchar a todos, nos obliga a hacer un gobierno de prioridades, que jerarquice las necesidades y problemas de Venezuela y de Barinas para entrar de lleno a su resolución y satisfacción efectivas.
Consecuente con nuestros principios ideológicos, en Copei sabemos que este próximo gobierno debe tener como centro y guía de su acción a la persona humana. Por tanto, debe gobernar respetando la libertad real y esencial del hombre y elevando a sus justos términos la dignidad de la persona humana, que es -por otra parte- el principio básico de la ideología demócrata-cristiana. 
De allí que nos hayamos comprometido también a hacer un gobierno de participación, cuyo instrumento fundamental será el Estado Promotor, es decir, el Estado que estimule la acción personal y social de todos los compatriotas y habitantes del país, de manera que contribuyan al engrandecimiento de la Patria venezolana.
Compromiso esencial del Presidente Electo y del Partido ha sido y es la lucha por la superación de la marginalidad social. Este compromiso con los pobres nos llevará a tomar decisiones orientadas a mejorar la situación de millares de venezolanos que viven en las peores condiciones de vida y que no han sido atendidos con la urgencia que lo merecen. Ese pueblo, que ha sido un convidado de piedra en los últimos años, será la primera preocupación del gobierno a instalarse próximamente.
Deberá merecer nuestra especial atención la situación de los barrios de la ciudad de Barinas y de las poblaciones del interior. Viven allí miles de personas dentro de la mayor pobreza, sin educación, sin servicios públicos eficaces, sin empleo ni oportunidades de trabajo. A ellos deberá ir, en primer término, la acción resuelta y definida de la administración del Presidente Herrera. Y así como a los barrios, también habrá que ocuparse de nuestros pueblos barineses, que hoy se encuentran abandonados y olvidados por la acción oficial.
En estos 33 años de su fundación, el Partido Social Cristiano Copei quiere asimismo ratificar su compromiso con el Estado Barinas. A tal efecto, expusimos durante la pasada campaña electoral un ambicioso programa de gobierno regional, con metas y objetivos de seguro cumplimiento. Al hacerlo, estábamos concientes de que Barinas está llamada a ser un extraordinario polo de desarrollo de la Venezuela próxima, y requiere por ello de una acción oficial ambiciosa que le permita llegar a pasos agigantados al progreso y bienestar que se merece por sus riquezas y potencialidades.
El tiempo perdido en este sentido por quienes pudieron haber hecho mucho por Barinas, lamentablemente no será posible recuperarlo. Pero creemos, sí, que una efectiva planificación concertada que nos comprometa a todos los barineses y a quienes con nosotros aquí viven y trabajan, bajo la dirección de un gobierno regional audaz y con sentido de grandeza, podrá permitir que Barinas alcance metas de próspero y seguro desarrollo.
Quiera Dios que quienes ahora dirigirán el gobierno regional por decisión del Presidente Herrera  Campíns, lo hagan bien y en función de este sagrado compromiso. Nosotros, por nuestro lado, estaremos vigilantes, junto al partido y a los barineses, de que así sea (Aplausos).
Sabemos que son muchos los problemas que frenan nuestro desarrollo regional. Baste mencionar, entre otros, la actual estructura de la propiedad de la tierra, el abandono de de las poblaciones y del campo, la crisis médico-asistencial, la situación educativa, el deterioro de los servicios públicos, la precaria vialidad urbana y rural y el alto costo de la vida. Nuestra acción de gobierno debe comenzar por enfrentar estas limitantes, a fin de favorecer el desarrollo de la región barinesa.
No se nos escapa, tampoco, que la falta de coordinación de los organismos de Reforma Agraria, y de todos aquéllos que tienen alguna relación con la producción empresarial del campo barinés, han creado un estado de frustración entre los productores agrícolas. Tal situación requiere una atención pronta y urgente para evitar el colapso de nuestra producción agropecuaria. De igual manera, y dentro del mejor espíritu barinés, deberá iniciarse un proceso de racionalización en la lucha por conservar las cuencas hidrográficas y las reservas forestales, así como la lucha contra la contaminación del medio ambiente.
Deberá combatirse la inseguridad social reinante en el Estado, la inseguridad jurídica en cuanto a la tenencia de la tierra y el auge de la delincuencia urbana y rural. Debe merecer, asimismo, especial atención el mejoramiento de los servicios públicos en Barinas y propenderse a la ejecución de un vasto programa de construcción de viviendas populares y de clase media, a fin de combatir la difícil situación de insalubridad y miseria que hoy soportan miles de compatriotas.
No podemos fallarle a Barinas en el cumplimiento de estos compromisos. Sentimos a esta tierra en lo más hondo de nuestros corazones, y sabemos del entrañable afecto del Presidente Herrera Campíns por estas tierras barinesas, vecinas de su natal Estado Portuguesa, y por sus hijos, algunos de los cuales estarán acompañándole desde las más altas responsabilidades del nuevo gobierno.
Y Barinas, igualmente, merece ser gobernada ahora utilizando las mejores inteligencias y las más decididas voluntades, a través de un equipo de hombres compenetrados con esta región y conocedores de su difícil realidad. Sirva, pues, este 33 aniversario para reiterar nuestro compromiso de dar a Barinas lo que Barinas merece por su auspicioso porvenir y sus inimaginables posibilidades (Aplausos).
Vayan ahora unas reflexiones finales sobre el papel del Partido y de sus dirigentes y militantes en esta hora estelar de Copei. Vivimos en este instante nuestro más alto compromiso con el país. Hemos vuelto al ejercicio del gobierno gracias al brillante triunfo de Luis Herrera Campíns, pero no olvidemos tampoco que la victoria de diciembre nos consolida como la primera fuerza política del país por primera vez en la historia del partido. Tenemos, a vuelta de poco tiempo, otras luchas que librar para adecentar y prestigiar a nuestras instituciones municipales, y de ese reto -al igual que en las recientes elecciones- debemos también salir victoriosos.
Ahora Venezuela tiene plena conciencia de lo que es y deberá ser por siempre el Partido Social Cristiano Copei. Sabe que no nacimos para ser una minoría dedicada a la simple especulación intelectual e ideológica. Sabe que no nacimos para ser una mayoría disfrutante del poder para el enriquecimiento personal a costa de los dineros públicos. Ni una cosa ni la otra. Venezuela sabe que nacimos para ser un instrumento al servicio del pueblo y para transformar esta injusta sociedad que nos rodea por una nueva sociedad más justa y solidaria.
Somos un partido con presencia en todos los rincones de la Patria. Un partido con apetito de historia y de grandeza. Un partido en proyección hacia el futuro. Y estos 33 años confirman esta proyección. Porque son 33 años de historia venezolana, servida con pasión de trascendencia y sin concesiones al oportunismo. Aquí estamos hoy, desde Rafael Caldera, líder máximo y guía de esta apasionante empresa, hasta el más humilde militante del Partido, todos -absolutamente todos- concientes de lo que nos reclama el país. Aquí estamos, unidos alrededor de nuestro principio irrenunciable de ser instrumento del cambio en Venezuela. Aquí estamos, los viejos fundadores -orgullosos de su esfuerzo y su testimonio- junto a los nuevos líderes que nos hemos incorporado a la organización para seguir haciendo posible la única razón de existir de Copei que no es otra que la causa del pueblo.
En estos 33 años del Partido Social Cristiano Copei hacemos propicia la ocasión, en nombre del Comité Regional, para convocar a los barineses -sin excepción- y a todos los que habitan con nosotros en este gran Estado, para luchar juntos por Venezuela y nuestra región. Invitamos a todos, a obreros, campesinos, trabajadores, profesionales, amas de casa, deportistas, intelectuales, artistas, estudiantes; hombres y mujeres de buena voluntad, a acompañarnos en esta jornada de amplitud y solidaridad venezolanas que encabezará ahora el Presidente Luis Herrera Campíns para que todos unidos podamos construir una Venezuela mejor.

Muchas Gracias (Aplausos).



lunes, 17 de diciembre de 2012

Verdades
CAMBIAR PARA TRIUNFAR
Gehard Cartay Ramírez
“Al pan, pan, y al vino, vino”. La derrota de las fuerzas democráticas este domingo no puede ser edulcorada y menos frivolizada.
Y no se trata de “hacer leña del árbol caído”. Se trata de analizar con objetividad, sin apasionamientos y sin mentiras lo que, a todas luces, resulta un grave retroceso en el camino ascendente que la oposición democrática venía transitando desde 2006.
Porque sería absurdo que “los árboles no nos dejaran ver el bosque”, para continuar utilizando refranes coloquiales. Sería peor no reconocer la magnitud de este nuevo fracaso, continuar en la lucha sin tomar los correctivos quirúrgicos imprescindibles y acostumbrarnos entonces a seguir de derrota en derrota.
Lo que procede es precisamente todo lo contrario: sobreponernos autocríticamente a este resultado adverso, precisar las fallas, corregir los errores y producir un relevo en la conducción de las fuerzas democráticas y sus partidos.
Ya se ha dicho, pero nunca será suficiente repetirlo, que la política -como casi todo- se mide por los resultados. Por eso mismo, en las democracias desarrolladas y plenas, cuando los liderazgos políticos fracasan, lo primero que hacen es abrirles paso a otros, sin que por ello se afecte la continuidad de la lucha.  
Me apresuro a admitir que estas conclusiones son necesariamente tempranas, a escasas 12 horas de conocidos los resultados electorales, y que no tienen propósitos desalentadores, sino la muy clara intención de tratar de contribuir a mejorar nuestras futuras condiciones de lucha frente a un adversario corrupto, inescrupuloso y neo totalitario. Está demás advertir que, en pocos días, se librará una nueva batalla, y esta sí parece casi definitiva en el combate por sacar al país del precipicio donde hoy se encuentra.
Esta circunstancia nos obliga a levantarnos de esta nueva caída electoral tan rápido como sea posible. Y si bien es cierto que no podemos perder tiempo en lamentaciones, debe quedar claro también que lo que sí debemos hacer -insisto- es asumir autocríticamente lo sucedido, precisar sus causas reales, cambiar lo que haya que cambiar y producir un barajo en el liderazgo opositor.
Lo primero que debemos analizar es lo relativo al retroceso sufrido. Hay una clarísima diferencia entre lo sucedido el siete de octubre y lo que pasó este domingo 16 de diciembre, y no es otra que una nueva irrupción de la abstención. Millones de electores que no acudieron a votar por los candidatos democráticos contribuyeron así a su derrota. Y aunque la abstención también perjudicó a los candidatos del régimen, resulta obvio, a juzgar por los resultados, que nos hizo mayor daño a los opositores. En esta materia, el oficialismo demostró mejor capacidad para movilizar a sus votantes, y eso fue un punto a su favor.
Obviamente que la derrota opositora del siete de octubre profundizó la del domingo pasado y, por contraste, consolidó la victoria obtenida por el oficialismo. Sin embargo, no deja de llamar la atención que estados como Táchira y Mérida, donde la oposición democrática ganó en octubre, dos meses después haya perdido por diferencias significativas. Lo mismo puede decirse, pero en sentido contrario, en los casos de Lara, Miranda y Amazonas, donde el régimen ganó entonces y ahora sus candidatos resultaron derrotados.
La segunda observación tiene que ver con la magnitud de los hechos: hoy el régimen controla veinte gobernaciones de estado y la oposición democrática apenas tres, habiendo sido despojada de cuatro (Zulia, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta), entre las cuales destacan dos de los estados de mayor población electoral. (En el caso de Barinas, lamentablemente se produjo también un retroceso en comparación con las elecciones de 2008.) No son hechos insignificantes, sino todo lo contrario, que obligan a revisarnos y analizarnos con la mayor sinceridad.
La tercera observación está referida a las condiciones en que hemos participado electoralmente. No podemos seguir tolerando que las mismas se mantengan y hay que luchar por cambiarlas, sujetándolas al cumplimiento de la Constitución y las leyes. Ya sé que esta no es una tarea fácil, pero sería necio no asumirla y, en cambio, terminar resignados al ventajismo corrupto y corruptor del régimen y la complicidad abyecta del Consejo Nacional Electoral frente a sus atropellos y desmanes.
En consecuencia, tenemos que activar una enérgica resistencia popular ante tales hechos y desenmascarar a un régimen dictatorial que, frente al resto del mundo, se presenta como democrático tan sólo porque hace elecciones, pero sin que se repare en qué condiciones de ventajismo, corrupción y desigualdad se realizan estas en Venezuela.
La lucha continúa. Otros liderazgos probados, distintos a los que ya tuvieron su oportunidad hasta ahora, deberán irrumpir en la conducción democrática opositora. Hay necesidad de buscar a los mejores, a los más capacitados y sobre todo a los que nos puedan conducir a la victoria. Ha llegado la hora de la racionalidad crítica frente a lo acontecido, de la irrenunciable esperanza frente al futuro y de la constancia tenaz ante un horizonte que, a pesar de todo, anuncia cambios profundos y muy cercanos en la vida del país.   
P.S. Esta es mi última columna por este año. Martes 25 y martes primero de enero no circulará La Prensa. Por estas razones, desde ahora les envío a los lectores mi cordial saludo de Navidad y Año Nuevo. Hasta pronto, Dios mediante.