martes, 19 de junio de 2012


Verdades
EL CONTRASTE
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay

Para desgracia de la candidatura reeleccionista del jefe único del régimen, el candidato de la Unidad Democrática arranca esta campaña electoral en mejores condiciones.
El país entero lo percibe así, y la razón es muy clara: la gran mayoría de los venezolanos están hartos del presente régimen por su incapacidad y corrupción. Y están hartos especialmente del candidato oficialista, quien ya luce alicaído, repetitivo, sin nada nuevo que decir y arrastra tras de sí casi 14 años de pésimo gobierno, a pesar de haber dilapidado billones y billones de bolívares.
El actual presidente vive su peor momento político, electoral y humano. Tiene frente a sí un barranco de grandes profundidades, y no lo digo por sus problemas de salud, sino por sus muy menguadas posibilidades de seguir en el poder después del siete de octubre próximo. A estas alturas, muy pocos dudan ya que lo espera su peor derrota, agotada como está la paciencia de los venezolanos y creciendo como crece entre nosotros el deseo de un cambio de gobierno para bien del país.
El régimen y su apolismado candidato han perdido el rumbo definitivamente. Lucen desconectados del sentimiento popular y de la realidad nacional. Viven en otro mundo, mientras Venezuela se cae a pedazos. Sólo bastaría, a este respecto, escuchar los últimos discursos de führer sabaneteño para comprobar que estamos ante alguien que habla de temas que no le dicen nada sus compatriotas, confundido ya en sus largas telarañas mentales y pensando que sus opiniones aún reflejan las del país, siendo todo lo contrario.
Y frente a él -para empeorar aún más las cosas en el campo oficialista- se viene haciendo patente un contraste profundo cuando se lo compara con Henrique Capriles Radonski, el candidato de Unidad Democrática. Un contraste que afecta todavía más al jefe único del régimen, pues la candidatura juvenil de Capriles Radonski envejece aún más la ya cansona y repetida candidatura del golpista de 1992.
(Si quisiéramos traer a colación alguna comparación al respecto, esta situación se semeja a una contienda donde un boxeador viejo, enfermo, cansado y ya sin reflejos va a enfrentar a uno joven, saludable, descansado y con sus reflejos enteros. Me viene a la mente el combate entre Sonny Liston y Cassius Clay allá por los años sesenta. Y como en aquél histórico combate, en este de octubre próximo también ganará el contendiente que está en mejores condiciones, es decir, Capriles Radonski.)
Así es como el antes llamado Polo Patriótico ha terminado convertido en un Polo Patético, apenas a cuatro meses de las elecciones presidenciales y con nulas posibilidades de revertir una derrota que ya luce indiscutible.
Porque, desde cualquier punto de vista que se le analice, este panorama sombrío para el régimen y su candidato vitalicio no es posible mejorarlo en tan poco tiempo. Todo lo contrario: a medida que pasen los días, las perspectivas seran peores para ellos, por mucho dinero que tengan y a pesar también de su descarada falta de escrúpulos para apelar a cualquier maniobra que les permita seguir en el poder. Sin embargo, ya las cosas no son como antes.
En cambio, lo que está ocurriendo con la candidatura triunfante de Capriles Radonski es un fenómeno que alcanza su pleno desarrollo en los tiempos justos de esta campaña electoral. Y vea usted, amigo lector, qué bien funciona el ritmo que le ha puesto a su candidatura: frente a un candidato encuevado como el oficialista, Capriles Randonski anda recorriendo el país, en medio de un ambiente de triunfo y alegría contagiosos, como se pudo palpar el pasado sábado aquí en Libertad.
La candidatura de Capriles Radonski ya le quitó la calle al candidato del regimen y este no las volverá a tomar así lo carguen en una carroza, como lo hicieron el día de su inscripción en el CNE, ni que lo “empalen”, como a Evita Perón en Argentina, cuando la exhibían ante su gente poco antes de morir de cáncer.
Frente a un candidato que ya no dice nada nuevo, que sólo repite las mismas cosas desde hace 14 años, cansado y enfermo, sin ánimo ni vigor y cuyas promesas refritas ya no entusiasman ni siquiera a su propia gente; la candidatura arrolladora y dinámica de Capriles Radonski, en cambio, marca el paso de la campaña y sus propuestas de cambio y esperanza dictan la agenda electoral.
Los venezolanos, en su mayoría, están tomando la firme decisión de cambiar esta terrible experiencia de gobierno que han resultado el actual régimen y su candidato, y apostar por un futuro mejor, con oportunidades para todos, donde la familia vuelva a reunificarse y el progreso sea lo más importante para construir un país mejor.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 19 de junio de 2012.

martes, 12 de junio de 2012

Verdades
DESPRECIO POR LO NUESTRO
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay

Esta es la característica fundamental del actual régimen.
   Desde hace ya casi 14 años, un profundo desprecio por lo venezolano y un favoritismo estúpido por lo de afuera -lo cubano, lo chino, lo ruso, lo iraní, entre otras cosas- marcan las preferencias del régimen chavista.
Esta criminal actitud tiene una sóla razón de ser, como todo lo que hacen el fuhrer sabaneteño y su banda: disminuir nuestras potencialidades como nación para poder apuntalar su nefasto proyecto personal y político.
Y es que en la medida en que liquiden nuestra estima como nación y nuestras potencialidades de superación, así como lo han hecho con el aparato productivo nacional y la iniciativa personal y privada de cada uno de nosotros, el régimen puede lograr su sueño dorado: convertirnos en un país miserable y postrado, como convirtieron a Cuba los hermanos Castro durante su larga dictadura comunista de 50 años.
Durante estos casi 14 años de desprecio por lo nuestro, el régimen ha demostrado una comprobada eficacia para acabar con las cosas buenas del país. Ojalá esa misma eficacia la hubiera aplicado en la solución de nuestros múltiples problemas.
Así, por ejemplo, con sus políticas de exclusión y totalitarismo ha provocado la fuga de talentos y cerebros más importante que hayamos registrado en nuestra  historia.
Los primeros que quieren irse, desde hace por lo menos diez años, al no constatar horizontes de progreso y desarrollo en el país, son -desgraciadamente- los más jóvenes.
Esa migración de nuestra juventud estudiosa ha sido una peligrosa constante desde entonces. Lo grave es que tal comportamiento demuestra la falta de fe de nuestros muchachos frente al futuro venezolano. Y eso es lo peor que puede ocurrirle a un país: que su generación de relevo renuncie a serlo y que asuma tal actitud en protesta por la existencia de un régimen atrasado, corrupto e ineficiente como el que padecemos desde 1999.
Pero esta ola de pesimismo no se queda allí: el régimen, con su actitud excluyente y antipatriótica también ha empujado al exterior a centenas de miles de venezolanos profesionales y capaces, mientras importa gente chapucera y de menor preparación desde Cuba y China, tan sólo porque le sirven como mercenarios ideológicos. Prefiere que se vayan los nuestros y traen de afuera gente que no tiene ni por asomo la capacidad profesional de los venezolanos que ha obligado a emigrar.
Ha sido así desde el paro petrolero de finales de 2002 y principios de 2003, cuando el jefe único del régimen anunció el despido de 20.000 técnicos, empleados y trabajadores de PDVSA, en lo que constituye la más criminal violación de los derechos humanos y laborales que se haya registrado a nivel mundial, hecho por el que algún día sus autores tendrán que ser juzgados como criminales de lesa patria.
Desde entonces, buena parte de esos calificados profesionales petroleros venezolanos tuvieron que abandonar el país con sus familias, buscando oportunidades de empleo en el exterior. Hoy, más de 5.000 ingenieros petroleros trabajan en grandes empresas en Estados Unidos y Canadá; más de 2.000 están en Colombia y otros miles más en el Medio Oriente.
La verdad es que deberían estar aquí con nosotros, trabajando para engrandecer PDVSA y fomentar nuestro desarrollo. Por desgracia, el actual régimen los declaró parias en su propio país, y hasta los persiguió con saña en el exterior, tan sólo porque tuvieron la valentía de expresar su inconformidad frente al desastre producido por el actual régimen.
Y al igual que esos técnicos petroleros, otros miles de profesionales venezolanos siguen radicándose fuera de nuestras fronteras. Se sabe, por ejemplo, de más de 2.000 médicos que están trabajando en España y otros tantos en diversos países europeos y latinoamericanos.
Estamos, pues, ante una auténtica estampida de valiosos profesionales calificados, y resulta criminal que el régimen los haya empujado a asumir tal actitud, no sólo al perseguirlos -como ocurrió con los ingenieros petroleros-, sino también al suplantarlos por gente de otros países, como ha pasado con los médicos venezolanos, contra quienes, además, adelantó en su momento una campaña de insultos y ofensas.
Y conste que no tengo más espacio para referirme al también desprecio absoluto del régimen por nuestros productores agropecuarios, hoy hostilizados, vejados y arruinados, mientras se les compra carne y productos agrícolas a los todopoderosos ganaderos y agricultores de Centro y Sur América.
¿Habrá que añadir algo más para demostrar el desprecio del régimen por lo nuestro?
¡El cambio va!
La multitudinaria marcha que acompañó el domingo en Caracas a Capriles Radonsky a inscribirse como el candidato presidencial de las fuerzas populares y democráticas debe tener aún temblando al régimen y su alicaído candidato. Para ellos ya comenzó la cuenta regresiva: ¡serán derrotados este siete de octubre!
  

martes, 5 de junio de 2012

Verdades
CORRUPCIÓN, INCAPACIDAD Y CINISMO
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay

El actual régimen pasará a la historia como el más corrupto, incapaz y cínico que haya visto la historia venezolana de todos los tiempos.
Y observe usted, amigo lector, que unos cuantos de igual calaña han pasado desde los orígenes de lo que hoy es Venezuela. Pero nunca -insisto- uno que los haya superado a todos, como el que encabeza el Gran Hablador.
Porque, ciertamente, en el pasado los hubo ladrones, ineptos y cínicos. Pero ninguno llegó a los extremos del régimen que desde hace ya casi 14 años sufrimos. Con el agravante, para este último, de que ha sido el que ha dilapidado los mayores ingresos de los venezolanos en toda su historia por concepto de la venta de petróleo, a un promedio de 100 dólares por barril, algo nunca visto antes.
Por eso, precisamente, es el régimen más corrupto que hemos padecido. Los anteriores gobiernos resultaron en esta materia unos simples “roba gallinas”, como lo dijo un ex presidente hace algunos años. Hoy, por el contrario, los chavocorruptos han perfeccionado todos los mecanismos de peculado y asalto a los dineros públicos, elevando el monto de lo robado a niveles increíbles, saqueando nuestro país como si fuera su hacienda personal.
Su jefe único, por ejemplo, maneja discrecionalmente -es decir, como le viene en gana- los presupuestos nacionales, uno público (aprobado por la Asamblea Nacional) y dos secretos (PDVSA y Fonden). Y a nadie rinde cuenta. No tiene contralor que lo controle y no hay ninguna institución que lo obligue a ello, a pesar de que la Constitución y las leyes así lo disponen.
Esta conducta irregular es imitada por los demás funcionarios públicos que dependen de él. Así, el presupuesto de todos nosotros los venezolanos -porque no es propiedad privada de la cúpula podrida que manda- se ha convertido en una auténtica caja negra: nadie sabe en que se gastan mil millonarias cantidades de dinero, mientras se convierte al Estado en un instrumento al servicio exclusivo de los proyectos personales y políticos del jefe único del régimen y su banda. Y después se llenan la boca hablando de “inclusión”…
Todo ello explica porque ha surgido la chavoligarquía como nuevo grupo de plutócratas, que viene sustituyendo a los antiguos amos del valle caraqueño en el control de grandes bancos, seguros, empresas y del mundo de las altas finanzas. En estos casi 14 años han logrado tal propósito, sin conseguir a su paso ninguna frontera o límites que lo detengan. Por supuesto que han contado con la protección del régimen, que además les garantiza una criminal impunidad. Y después se llenan la boca hablando de “honestidad revolucionaria”…
Pero no sólo son una manga de ladrones, sino también de incapaces. El actual presidente suma ya tres períodos constitucionales de los anteriores (por ejemplo, los gobiernos de Jaime Lusinchi (1984-1989), Carlos Andrés Pérez (1989-1993), Ramón J. Velásquez (1993-1994) y Rafael Caldera (1994-1999), un largo tiempo que le pudo haber servido para realizar una obra extraordinaria, sin precedentes en el país. Porque muchísimo dinero y mucho tiempo, como los ha tenido el Gran Hablador, no justifican al régimen más inepto e incompetente que hemos conocido en Venezuela.
Algunos de los anteriores presidentes de la era democrática entre 1959 y 1999 -y lo señalo para establecer algún parámetro de comparación histórica- realizaron una acción de gobierno de vastas proporciones en muchísimo menos tiempo. Pueden citarse, entre ellas, las grandes obras en materia de siderurgia, electrificación, vialidad, petróleo, educación, cultura, salud, viviendas, el Metro de Caracas, etc., etcétera. Y ello sin referirnos al caso típico de la dictadura de Pérez Jiménez, que siempre ha sido citada como muestra de “la efectividad y eficacia militar”, algo que debería avergonzar a un régimen como el actual, presidido por un teniente coronel que, además, se hace llamar “Comandante- Presidente”.
Y unido a la corrupción y la incapacidad del régimen, aparece su escandaloso cinismo. Pocas veces antes gobierno alguno exhibió tanto caradurismo y desvergüenza juntos. Siendo -como lo es su cúpula- una cáfila de corruptos e incapaces, siguen, sin embargo, dándose golpes de pecho para fingir una honestidad que no tienen y una capacidad de la que carecen. Cantan loas al Che Guevara, quien -por cierto- no se distinguió como un inocente niño de pecho, pero, al menos, no fue ladrón porque el dinero le importaba un comino, muy al contrario de ellos, todos hoy convertidos en supermillonarios a costa de los dineros del Estado.
   Corrupción, incapacidad y cinismo, las características fundamentales que hoy definen al presente régimen y taras que lo condenarán ante la historia. ¡Si lo sabremos los barineses, que sufrimos desde hace casi 14 años este desastre que los suyos definen como “la cuna de la revolución”!  

LA PRENSA de Barinas - Martes, 05 de junio de 2012.  

jueves, 31 de mayo de 2012


Verdades
LAS ENCUESTAS: ANVERSO Y REVERSO
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay


Desde hace ya tiempo las encuestas se han convertido en instrumentos de propaganda electoral, lo que implica desnaturalizarlas y desvirtuarlas en su esencia.
¿Cuál es el propósito de una encuesta, amigo lector? Uno sólo: determinar una tendencia, presente y específica, ya sea en el sector de bienes y servicios, en la realidad social o en el acontecer político o electoral.
Por tanto, una encuesta es -como se ha dicho en términos coloquiales- una especie de “fotografía en el tiempo” sobre determinados temas. No abarca, por tanto, ni un antes ni un después, no marca una tendencia -que puede revertirse más adelante-, ni encierra una verdad absoluta.
Por eso, precisamente, su utilización como propaganda electoral siempre resulta un engaño, aún en el caso de que sus resultados sean verdaderos y confiables. Por supuesto que el engaño es aún mayor cuando sus conclusiones no son resultados de estudios de campo, sino simples números o tendencias inventados por alguien para inducir al error y crear una falsa situación de favorecimiento o desfavorecimiento de determinados candidatos, según sea el caso.
Por supuesto que también hay encuestadoras serias, por desgracia muy pocas, al menos en nuestro país. Se trata de empresas especializadas que, por lo general, sólo revelan sus encuestas a sus clientes y, si estos los autorizan, entonces acceden a publicar sus resultados. No andan inventando cifras ni sacando las mismas en los medios de comunicación, como elementos de campaña electoral. Y tienen muchos años de fundadas, por cuanto su objetivo principal no son las elecciones sino los estudios del mercado de bienes y productos, siendo aquellas un factor secundario.
Acabo de leer, por cierto, un agudo artículo de opinión del escritor chileno Fernando Mires en su portal digital. ¿Por qué no creo en las encuestas?, es su revelador título. Comienza diciendo, no sin sarcasmo, que no cree en ellas como tampoco en los horóscopos, con la salvedad de que estos últimos no son sometidos a presiones e intereses, como sí ocurre con las encuestas.
Luego, ya en serio, Mires critica la falta de transparencia de las empresas encuestadoras y la falta de vigilancia y supervisión legal sobre ellas. Nadie puede demandarlas en caso de que sus resultados sean comprobadamente falsos, por lo “que actúan no al margen de la ley -como las mafias, por ejemplo- sino, lo que puede ser peor: sin ley”.
Agrega que si una empresa encuestadora no es confiable en democracia “mucho menos puede serlo en una nación regida por una autocracia o dictadura”. Y lo afirma yendo a un aserto de fácil comprobación: si un régimen así es capaz de someter al Poder Judicial, por ejemplo, “¿… va a tener escrúpulos -se pregunta Mires- en comprar, o por lo menos presionar a encuestadoras privadas?”
Finalmente, y para abreviar, el filósofo chileno afirma dos razones más para desconfiar de las encuestas: una, la sociedad no es un “objeto” mensurable y cuantificable -“una opinión individual nunca es la misma que la opinión compartida”- y, dos, las encuestas no transportan verdades objetivas, al igual que las ciencias naturales, de acuerdo con estudios al respecto citados por Mires.
En todo caso, agrego yo, las encuestas nunca han sido ni serán infalibles, aún en el caso de que sean procesadas con rigor científico y matemático. Sobran los casos en que sus proyecciones han fallado estrepitosamente, bien porque no fueron hechas como debían serlo, o porque, como también sucede, los electores luego cambiaron de opinión o, tal vez, no dijeron la verdad de sus preferencias, lo que también ocurre.
Termino estas líneas testimoniando mi propia experiencia sobre las encuestas: en 1989, con ocasión de las primeras elecciones de gobernadores de estado, fui candidato por un amplio frente regional de oposición. Luché en aquel momento contra la opinión generalizada de que yo no podía ganar aquellos comicios, pues AD siempre había sido mayoría en Barinas. Entonces, una encuesta realizada en octubre por encargo de la dirección nacional de Copei -a escasos 50 días de las elecciones- me ubicó ¡28 puntos! por debajo de mi contendor.
Los resultados de diciembre demostraron otra realidad: mi adversario fue declarado ganador por una escasa diferencia de apenas tres mil votos, en medio de numerosas denuncias de fraude que entonces no estuvimos en capacidad de procesar y que, hoy día, no tengo duda alguna que distorsionaron los verdaderos resultados.
Demás está decir que, después de conocida aquella fulana encuesta, la dirección nacional del partido me “desahució” en materia de recursos y asesoría, al dar por perdidas nuestras posibilidades de ganar la gobernación.
Insisto: las encuestas no encierran verdades absolutas y a veces se equivocan, sin descartar las que son hechas fraudulentamente para engañar incautos. 

LA PRENSA de Barinas - Martes, 29 de mayo de 2012.

martes, 22 de mayo de 2012

Verdades
LA HEGEMONÍA COMUNICACIONAL
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com
El régimen avanza, sin escrúpulos, hacia lo que su cúpula definió cínicamente como “la hegemonía comunicacional”.
Esto significa, en dos platos, hacerse con el control absoluto de los medios de comunicación social del país para imponer su “verdad” y cerrar todos los espacios a la disidencia democrática. Así, la prensa escrita, la televisión, las radios y los medios digitales deben estar al servicio del actual régimen, mediante un ejercicio totalitario que liquide la libertad de expresión y de información.
Se trata del mismo formato de la Cuba castrocomunista desde hace ya 50 largos años. Allá, una televisora, varias emisoras de radio  y dos periódicos, son los únicos medios que existen y todos están al servicio exclusivo de la dictadura. Nadie distinto al régimen puede opinar en ellos. Lo único que se publica es lo que le interesa a los hermanos Castro y a su monarquía comunista. Demás está decir que la televisora, los periódicos y las radios son de pésima calidad y sumamente fastidiosos.
Aquí, entre nosotros, ese modelo castrocomunista de “hegemonía comunicacional” avanza, sin encontrar mayores resistencias. En tan perverso propósito aplica aquella máxima de algún gobernante ignorante y desvergonzado, según la cual a los medios “se les paga y, si no, se les pega”, es decir, si no los pueden comprar, entonces los cierran.
La primera víctima de esa ofensiva hacia la “hegemonía comunicacional” fue Radio Caracas Televisión, clausurada sin contemplaciones y en contra de la opinión de la mayoría de los venezolanos. Luego han sido cerradas varias emisoras radiales independientes, mientras pululan -sin cumplir los extremos legales- las mal llamadas “emisoras comunitarias”, casi todas en manos de activistas del régimen, utilizadas en función de adoctrinar y trasmitir consignas. 
La prensa escrita independiente y pluralista, que como se sabe no constituye una concesión del Estado, viene siendo también hostigada sin contemplaciones. Medios independientes y de gran calado entre los lectores, como El Nacional y El Universal de Caracas, y La Prensa de Barinas, entre muchos otros periódicos del interior del país, han pretendido ser arrodillados por el régimen, sin éxito. Se les niegan  la publicidad oficial, a la que tiene perfecto derecho, con el propósito de estrangularlos, algo que tampoco han logrado, mientras que, por otra parte, no se les pagan deudas millonarias anteriores. O se les hostigan con denuncias e investigaciones perversas por parte del sicariato institucional que conforman la Fiscalía General y la Defensoría (y que) del Pueblo.
“La hegemonía comunicacional” que adelanta el régimen es implacable. La ayudan, por una parte, los inmensos recursos financieros del presupuesto nacional, así como los nuevos ricos chavocorruptos, ya sean los propios funcionarios o sus testaferros, que andan por allí comprando cualquier medio de comunicación que puedan.
Por supuesto que no se detienen en consideraciones constitucionales o legales, mucho menos en aquellas de orden ético y moral. Funcionan como los viejos mecanismos nazicomunistas que, en su tiempo, impusieron Hitler  y Stalin y más recientemente los hermanos Castro en Cuba, a cuyo altar el régimen venezolano les riega incienso y mirra.  
Pero en esta cruzada nefasta no le faltan al régimen cómplices entre sus propias víctimas, gracias al oportunismo y la voracidad dineraria de algunos dueños de medios privados, vendidos al mejor postor. Son estos los que ceden a las presiones oficialistas para autocensurarse y cerrar espacios a la oposición democrática. O aquellos que, sin que se los pida el régimen, de motu propio aplican la autocensura. Creen que con esta farisaica actitud podrán salvar sus medios y su fortuna. Bien los retrató Lenin cuando habló de los ricos que son capaces de vender hasta la soga con la que los ahorcarán.
Ellos podrían alegar, desde luego, desde su óptica de dueños capitalistas, que pueden hacer lo que quieran con sus medios. Sin embargo, quienes los vemos, escuchamos y leemos también formamos parte de ellos. Por lo tanto, existe un compromiso con nosotros como usuarios, así como una indiscutible responsabilidad social por parte de sus propietarios.
Por esto mismo, cuando un medio se “vende” al régimen -o este lo compra-, o de alguna manera “se cuadra” con él, desprecia a sus usuarios y los traiciona al no garantizarles información veraz, oportuna y equilibrada, tal como lo manda el precepto constitucional.
Hay que enfrentar esta ominosa hegemonía comunicacional en marcha. Aún estamos a tiempo. Pero para que ello se logre, debemos derrotar democráticamente al régimen en octubre próximo.

  LA PRENSA  de Barinas - Martes, 22 de mayo de 2012

martes, 15 de mayo de 2012


Verdades

EL LABERINTO DEL RÉGIMEN

Gehard Cartay Ramírez

El régimen está atrapado y sin salida dentro del laberinto que él mismo creó en los doce años anteriores.
Ahora, frente a una probable ausencia de su jefe único, se encuentra sin sustituto a la vista. Los segundones que aceptaron tal papelón, sin siquiera chistar, eunucos por su propia mediocridad y sumisión al caudillo sabaneteño -quien no permitió a ninguno prepararse para un probable relevo-, ahora se enfrentan a una situación incierta.
Ninguno de ellos es percibido en sus propias filas como posible sustituto. Nadie los considera a la altura de tal desempeño y, lo que es peor, ninguno es tomado en cuenta con seriedad, llegada la hora de considerar necesariamente quien reemplazará a su caudillo.
Toda esta situación es la lógica consecuencia por haber degenerado el actual régimen en una perversión personalista, caudillista y mesiánica, donde uno sólo decide por los demás y estos le deben sumisión, adulancia e incondicionalidad absoluta.
Y es que no podían ser otras las consecuencias. El culto a la personalidad del jefe único, su excesiva figuración como único líder sin contrapesos y la lamentable circunstancia de ser temido y obedecido, sin que nadie se atreviera a insurgir contra esta absurda situación, trajeron consigo el deplorable espectáculo de un régimen condenado a desaparecer junto a su única figura, sin dejar posibles herederos y, por supuesto, sin posibilidades democráticas de permanecer en el poder.
En este sentido, ha habido -desde 1999 hasta hoy- dos grandes equivocaciones retroalimentadas mutuamente por el caudillo y sus segundones incondicionales. El primero se creyó siempre insustituible, desconociendo así las leyes de la historia y la propia naturaleza humana. Siempre habló, entre retrechero y autosuficiente, que gobernaría hasta el 2021 o el 2030, sin darle chance a ningún otro de los suyos. Estos, a su vez, fueron incapaces de plantear la necesidad del relevo, ninguno se creyó con capacidad para sustituir al führer de Sabaneta y todos se automutilaron como líderes de futuro.
Por eso hoy el actual régimen no tiene porvenir. Porque  nunca pensó en el futuro y se ahogó en su propio presente de mediocridad y corrupción inigualables, sin reparar que los movimientos políticos sólo pueden asegurar su continuidad histórica en la medida en que sean proyectos ideológicos, y no meras aberraciones personalistas.
Así lo demostró la reciente historia venezolana en lo que respecta a los dos grandes partidos de masas surgidos en la década de los años cuarenta. Ambos plantearon sus plataformas políticas de manera autónoma a sus líderes máximos. Ambos tenían vida propia, al margen de la personalidad de sus fundadores. Ambos los sobrevivieron, y hasta hubo uno de ellos que pudo superar la defección de su máximo líder, sin que ello implicara su desaparición.
Y en cuanto a Betancourt y Caldera, sus líderes fundadores, habría que señalar que, sin dejar de ser tales, permitieron sin embargo el surgimiento de otras figuras de relevo, algunos de los cuales llegaron -al igual que ellos- a la presidencia  de la República, y se preocuparon por estimular figuras de relevo que, en todo caso, asumieron la conducción de sus partidos en un momento determinado.
(Hubo incluso, en el caso de Caldera, concretamente, la posibilidad de que se le disputara su liderazgo y hasta fuera derrotado en la contienda interna, como ocurrió en 1987 cuando Eduardo Fernández le ganara la candidatura presidencial del partido que había fundado en 1946. Que luego decidiera, cinco años más tarde, postularse como independiente, no le resta valor a aquel gesto suyo de haber aceptado disciplinadamente entonces aquella derrota.)
Nada de esto ocurrió ni ocurrirá en el chavismo por su naturaleza caudillista y personalista, con un líder único que manda a los demás y estos le obedecen ciegamente. Un movimiento así carece de dinámica interna por estar negado al relevo y no tendrá jamás una proyección histórica trascendente.
Por eso, repito, el régimen se encuentra atrapado en su propio laberinto. A estas alturas no tiene sino dos opciones: ir a la próxima contienda electoral con la candidatura de su líder único, alicaído y disminuido sensiblemente, sin posibilidades ciertas de victoria por aquello de que nadie elige a un enfermo grave para que lo gobierne; o lanzar a alguno de sus segundones “bates quebrados”, con lo que se haría más fácil la victoria electoral de Capriles Radonski como abanderado de la unidad democrática.
Cualquiera de las dos posibilidades, como se observa, los condena a una derrota inevitable.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 15 de mayo de 2012.

martes, 8 de mayo de 2012

Verdades
LEGADO NEFASTO
Gehard Cartay Ramírez
@gehardcartay
gehardcartay.blogspot.com

Uno de los nefastos legados que dejará el actual régimen será la anarquía y el irrespeto de ciertos sectores frente a la Constitución y las leyes, así como a las naturales reglas de la convivencia humana y del sentido común.
Como lo he señalado otras veces, esta situación deriva de varios factores. Uno de ellos, tal vez el más importante por su reiteración y efecto de imitación en algunos, es la permanente actitud transgresora del jefe único del régimen respecto a la Constitución y las leyes. Está más que demostrado que se siente por encima de la Carta Magna -gracias a la alcahuetería de las “instituciones” obligadas a hacer efectivo su respeto y acatamiento- y, por tanto, como en la popular canción mejicana, cree que “su palabra es la ley”.
Por desgracia, el actual presidente se ha convertido en el primer infractor de la República. A estas alturas, su autoritarismo ha violado casi todos los artículos de la Constitución de 1999. Allí está, por ejemplo, el absurdo grado militar (“el comandante presidente”, como le dicen sus aúlicos) en que ha convertido la Presidencia de la República, cargo civil por excelencia. O la criminal politización de la Fuerza Armada para amenazar a sus adversarios. O el desconocimiento de los principios federales, con el propósito de liquidar a gobernadores y alcaldes para imponer su vocación autocrática.
Y ello, para no hablar de su irrespeto cuando actúa como Jefe de Estado desde una nación extranjera, hoy convertida en la metrópolis del colonialismo castrocomunista que nos humilla como el país soberano que fuimos. Todos esos actos inconstitucionales implican un golpe de Estado continuado, algo que en un país democrático ya hubiera significado la sustitución legítima del régimen.
Pues bien, si tal es la actitud del primer obligado a respetar y hacer respetar la Constitución y las leyes de la República, ¿qué podemos esperar de los demás, exceptuando a los ciudadanos respetuosos del ordenamiento jurídico?
Por ese gravísimo efecto de imitación, hoy somos un país a la deriva, donde la anarquía y el desorden nos arropan cada vez más. Pareciera que en estas desgraciadas circunstancias podemos terminar convertidos en otro país africano, y no sólo por el régimen que padecemos, sino por el desconocimiento del ordenamiento jurídico y las normas elementales de la coexistencia humana.
Esa conducta infractora de ciertos sectores comienza con el irrespeto al primer derecho humano, como lo es el derecho a la vida. Casi 200 mil asesinatos en los 13 años y medio del actual régimen lo demuestran. Podría decirse que a nuestros compatriotas hoy los matan como si fueran moscas, en una especie de genocidio que contabiliza más muertos que todas nuestras guerras civiles anteriores e, incluso, que los conflictos bélicos de Colombia o del Medio Oriente.
Luego está el desconocimiento del derecho de propiedad, estimulado y perpetrado por el régimen. En la actualidad, nadie se siente seguro, no sólo de su vida, sino de sus bienes, que pueden ser ocupados por cualquier autoridad, por lo general en connivencia con delincuentes de toda laya, cuyo negocio es invadir propiedades ajenas y traficar con ellas, a excepción, por supuesto, de las grandes propiedades de los corruptos del régimen y de sus testaferros. Y no hablemos del malandraje menor que roba y asalta en la calle y en sus casas a muchos compatriotas.
A la actitud transgresora del jefe del régimen se añade su discurso de odio, intolerancia y descalificación hacia quienes no piensan como él, sin faltar sus célebres máximas escatológicas (recuerden “la victoria de mierda” de la oposición en el referendo del 2 de diciembre de 2008, dicha por cadena de radio y televisión en horario matutino. Nada hizo entonces, por cierto, la Defensoría “y que” del Pueblo, que se escandaliza por cosas de menor calibre… si las dice alguien ajeno al régimen).
   Una conducta antisocial como esa, fomenta también la ausencia de respeto por las normas mismas de convivencia. Hoy, por desgracia, la agresividad y la anarquía determinan el comportamiento de mucha gente. No hay respeto por los mayores, como nos enseñaron en el hogar y la escuela. No hay respeto por las normas elementales de educación y cortesía.
(El no acatamiento a las normas del tránsito, por ejemplo, revela en toda su magnitud la anarquía que nos carcome. Mucha gente conduce a la ofensiva, sin consideración por los demás, sin respetar los semáforos, a altas velocidades en el perímetro urbano, saltándose los canales de las vías, sin importar que existan unos para desplazamientos rápidos y otros para andar despacio, y sin faltar quienes marchan a contravía, como sucede con algunos motorizados.)
Tal vez será más fácil enderezar la crisis económica del país cuando salgamos de esta pesadilla. Pero no lo será superar este nefasto legado del actual régimen.
 
LA PRENSA de Barinas – Martes, 08 de mayo de 2012.