miércoles, 14 de febrero de 2018

IRRESPETO A LOS BARINESES

El Palacio del Marqués, ícono de la historia de Barinas.


IRRESPETO A LOS BARINESES

Gehard Cartay Ramírez

El régimen se apropió hace algún tiempo del Palacio del Marqués, símbolo histórico de la ciudad y patrimonio común de todos los barineses, y lo convirtió en una fulana “Casa del Alba”, sin que, al parecer, alguien haya protestado semejante abuso de autoridad.

Vamos a estar claros: eso que llaman Alba -“Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe”- es un organismo internacional del chavismo, financiado con la plata de los venezolanos y que sólo le sirve a sus propósitos políticos. Nada tiene que ver con Barinas, por supuesto, ni con su historia y su gente, lo cual hace más grave aún el abuso que se cometió al utilizar el Palacio del Marqués como sede de fulano Alba.

El régimen chavomadurista, que ha manejado, dilapidado y robado cientos de miles de millones de dólares desde hace ya 19 largos años, hubiera podido construir una edificación que le sirviera de asiento a su papapeto internacional, en lugar de apropiarse indebidamente del Palacio del Marqués. Pudo más, sin embargo, el abuso y el irrespeto del actual régimen contra la memoria histórica de los barineses.

Que se sepa, no ha habido protesta de ningún organismo público sobre el particular, comenzando por el Concejo Municipal de Barinas, que pudiera ser el auténtico dueño de esa edificación, según algunos historiadores. Y si la ha habido, ha sido tan tibia e insignificante que ha pasado por debajo de la mesa, sin que se recuerde la misma. Y conste que se trata de un asunto de mucha importancia para la historia de la ciudad.

Pero la apatía, la estolidez o el miedo -sin duda, este último en la mayoría de los casos-, que también parece haberse apoderado igualmente de los anteriormente llamados “sectores representativos de la región”, los ha llevado a todos a tolerar semejante arbitrariedad. Si esto hubiera sucedido en el pasado, estoy seguro que se habría conformado un movimiento de protesta ante tal abuso e irrespeto a nuestra historia regional.

Tal vez a algunos muy poco o nada les importa tal asunto. En medio de las tantas calamidades que sufrimos bajo el actual régimen, esta situación es apenas un detalle. Tal vez hasta tengan razón. Sin embargo, precisamente ese “detalle” -junto a las demás desgracias que nos acogotan- forma parte de la decadencia que trajo consigo la cúpula podrida que está en el poder desde 1999.

El Palacio del Marqués, como se sabe, simboliza la historia de la ciudad. Al igual que esta, ha tenido también etapas de abandono y ruina. Fue incendiado por los realistas en 1814, pues el Marqués del Pumar apoyaba las fuerzas patriotas. Allí murieron los aguerridos jóvenes de la Guardia Urbana de Barinas, quienes estaban a cargo de la defensa de la ciudad en aquellos tiempos de guerra. A partir de entonces sólo hubo ruinas de lo que había sido una magnífica edificación colonial.

Construido cerca de 1762 por José Ignacio del Pumar, Marqués de las Riberas del Boconó y del Masparro, y luego de aquella destrucción, sus ruinas fueron vendidas a la Diputación Provincial de Barinas, que las cedió al Ayuntamiento de la capital para la instalación de un Colegio, lo que, al parecer, nunca sucedió. Así fue como durante casi todo el siglo XIX y los primeros 37 años del siglo XX, las ruinas del Palacio del Marqués permanecieron en total abandono.

En 1937, siendo Presidente de la República el general Eleazar López Contreras, el entonces gobernador, general Carlos Jordán Falcón, procedió a reconstruirlo, destinándolo para sede del gobierno regional. Y en 1955, bajo el régimen del general Marcos Pérez Jiménez, el gobernador Luis Alberto García Monsant lo amplió en su ala oeste -mediante la construcción de una réplica del palacio original-, la cual se destinó entonces a servir de asiento al Concejo Municipal de Barinas.

El Palacio del Marqués sirvió por largos años y hasta 1999 como sede de la Gobernación del Estado. Desde entonces permaneció cerrado y en el año 2015 fue remodelado, no precisamente respetando la construcción original. Por desgracia, lo que pudo ser un acierto se convirtió en un abuso y un irrespeto a la memoria histórica de Barinas.

Barineses ilustres como los ex gobernadores Virgilio Tosta y Luciano Valero, junto al médico y escritor José León Tapia, plantearon en su momento que el Palacio del Marqués -una vez que dejara de ser la sede del gobierno regional- debía convertirse en un Museo de Historia Regional, a fin de que las actuales y venideras generaciones conocieran el devenir de esta tierra y su gente, que tanto le han dado al país, en tiempo pasado y presente.

Ojalá que, en un futuro cercano, este hermoso proyecto pueda hacerse realidad para rescatar la memoria histórica de Barinas, simbolizada en el antiguo Palacio del Marqués de las Riberas del Boconó y del Masparro.

martes, 13 de febrero de 2018

EL PATRIMONIO HISTÓRICO BARINÉS

La antigua Cárcel Colonial de Barinas, donde estuvo preso José Antonio Páez, convertida en Casa de la Cultura desde 1969.


EL PATRIMONIO HISTÓRICO BARINÉS

(Y la necesidad de una política para rescatar lo poco que queda)
                                                 Gehard Cartay Ramírez

“La Venezuela de 1859 era un país surcado de injusticias, sin duda, pero al cual podríamos simbolizar por la ciudad de Barinas, verdadera perla del arte colonial. En la América Española de la primera mitad del siglo XIX ninguna otra ciudad progresó tanto como ella. Los incendios reiterativos y la guerra endémica destruirían a Barinas. El tabaco ‘cura negra’, el más famoso del mundo, los hatos, las artesanías que habían costado siglos yacían sólo en el recuerdo, el bochinche los liquidó en pocas décadas”.
                                                 Domingo Alberto Rangel
                              (“Entre gochos y maracuchos”, página 134)
La larga cita que sirve de epígrafe a este artículo ilustra contundentemente el esplendor de la ciudad de Barinas en los años finales del siglo XVII y comienzos del siguiente, todo lo cual se redujo a cenizas con las guerras de la Independencia  y la Federación para dar paso a un triste y famélico villorrio a finales de los años 1800.
Son numerosos los testimonios de historiadores que hablan de ese pasado esplendoroso. Y es que, sin duda, por aquellos años, la nuestra era una ciudad comparable con la propia Caracas, capital de la Capitanía General de Venezuela. Algunos, incluso, la llamaban “la segunda Caracas”. Por eso no es una exageración la afirmación del escritor Domingo Alberto Rangel cuando califica a Barinas como una “verdadera perla del arte colonial” de entonces y afirma, a continuación, que “en la América Española (…) ninguna otra ciudad progresó tanto como ella...”
Barinas fue tenida en aquel tiempo como una de las ciudades de mayor progreso en el continente. Desafortunadamente, todo eso lo liquidó el turbión de las guerras mencionadas. Barinas fue entonces, como ninguna otra, la ciudad que ofrendó el mayor de los sacrificios.
Por esas razones, son muy escasas las edificaciones coloniales que puede exhibir actualmente. Las más importantes -el Palacio del Marqués, la Catedral y las actuales Casa de la Cultura y Museo Arvelo Torrealba, más unas pocas casonas en la antigua Calle Real (la actual Calle Bolívar)- se mantienen aún en pié, salvadas milagrosamente de las llamas que acabaron con Barinas en los tenebrosos días de la llamada Guerra Federal.
Lamentablemente, siglo y medio después, la negligencia, el desprecio por su valor histórico y la ineptitud de funcionarios insensibles e inescrupulosos parecen condenarlas definitivamente a una nueva etapa de ruina y abandono. Lo afirmo así porque produce pena ajena constatar la reciente remodelación del Palacio del Marqués, hecha por gente que desconoce su valor arquitectónico e histórico, y el deterioro de la llamada Casa Pulideña, actual Museo Arvelo Torrealba.  
Las otras dos instalaciones mencionadas aparentemente escapan al deterioro de las anteriores. Afortunadamente, en 1995, iniciamos el rescate de la Catedral, obra que fue continuada por mi sucesor y que, aún hoy, espera por su definitiva conclusión. La Casa de la Cultura -la antigua Cárcel Colonial- ha sido sometida recientemente a una restauración y esperamos que se haya respetado su arquitectura original. Por cierto que en 1993, siendo Gobernador de Barinas, decreté la creación de una Comisión para la Conservación del Patrimonio Histórico regional, integrada por distinguidos paisanos y especialistas, cuyo objetivo era sistematizar un estudio sobre la materia y posteriormente producir los proyectos que permitirían la conservación de todas estas riquezas culturales e históricas, incluyendo los hallazgos arqueológicos, sometidos a un vulgar saqueo durante muchos años. Por desgracia, quienes vinieron después abandonaron esta iniciativa.
En un futuro cercano, cuando superemos la actual etapa de destrucción nacional, corresponderá a un gobierno regional preocupado por los valores de la Barinidad rescatar nuestro patrimonio histórico, comenzando por tareas de conservación y manteniento de la casona colonial que hoy es sede del Museo Arvelo Torrealba y revertir la antihistórica y absurda remodelación del Palacio del Marqués, que fuera por muchos años sede del Poder Ejecutivo del Estado.
Ciertamente que el Palacio del Marqués de la riveras del Boconó y del Masparro debería ser transformado en el Museo de la Historia Regional, al cual acudan los barineses y sus hijos, así como estudiosos e investigadores, para conocer nuestro devenir como pueblo, al mismo tiempo que reciba turistas y visitantes en general, con idéntico propósito.

La Iglesia Nuestra Señora del Pilar de Barinas.

sábado, 10 de febrero de 2018

¿ELECCIONES A LA NICARAGÜENSE?



¿ELECCIONES A LA NICARAGÜENSE?
Gehard Cartay Ramírez
El régimen chavomadurista quiere continuar en el poder aplicando el método de Daniel Ortega en Nicaragua para “ganar” las próximas elecciones.
Ese método es muy sencillo: el régimen inhabilita los candidatos que considere peligrosos y escoge aquellos que supuestamente le harían más fácil la tarea, apoyándose –desde luego– en las muy manoseadas políticas de fraude electoral que aplica desde 1999, a través del manejo de un CNE al servicio de sus bastardos intereses, de un registro electoral a su conveniencia y de un proceso automatizado sobre el cual también ejerce un exclusivo y tramposo control.
Pero, además, aquí en Venezuela se adelanta también un proceso inconstitucional y antidemocrático dirigido a “ilegalizar” los partidos políticos que el régimen ordene, a través de decisiones contrarias al Estado de Derecho. Y es que, en lugar de facilitar la presencia de organizaciones partidistas, consustanciales al sistema democrático y además formidables mecanismos de participación popular, el CNE chavomadurista los inhabilita, les pone trabas a su funcionamiento y si no fuera porque aún quieren disfrazarse de “demócratas” ante el mundo, hace rato los hubieran eliminado para consagrar un sistema de partido único al estilo castrocomunista.
Ya se sabe que, en paralelo, los tribunales de “justicia” chavomadurista también intervienen en el funcionamiento interno de los partidos políticos, a fin de beneficiar a algunos de sus dirigentes y perjudicar a otros, siempre dentro del objetivo final de debilitarlos en beneficio del régimen. (Lamentablemente, no han faltado sectores de esos partidos que han incurrido en el error de judicializar pleitos domésticos que bien podían resolverse aplicando los estatutos partidistas y respetando la democracia interna.)
Por desgracia, Venezuela debe ser uno de los poquísimos países del mundo donde el organismo electoral, en lugar de promover la participación de los votantes y de los partidos políticos –tal y como lo obliga la Constitución–, se dedica a desestimular y bloquear a los primeros y a inhabilitar a los segundos.
Como ya se anotó antes, se dice que el CNE mantiene un registro electoral amañado, con nóminas de electores fantasmas que algunos estiman en varios millones, y que serían una especie de “colchón” de ventaja del PSUV en cada proceso electoral. Pero no sólo eso. Dispone también de un sistema computarizado para votar, mecanismo hoy en desuso en casi todas partes por prestarse a trampas y chanchullos. (¡El propio Bill Gates, inventor del Microsoft, ha advertido que todo sistema computarizado puede ser programado para producir resultados previamente determinados!)
Por supuesto que todas estas maniobras pueden ser derrotadas –y lo han sido en otros países– sólo si una masiva avalancha de votos opositores impide la trampa y el fraude, independientemente del candidato que se escoja, aunque desde luego este debería estar entre los mejores. Está comprobado que no hay fraude electoral que valga si la votación contra un régimen tramposo es masiva, desbordada y contundente.
Porque, amigo lector, esa decisión tiene que llevar aparejada necesariamente la defensa del triunfo obtenido, ya en las calles o donde sea. Allí está la clave del porqué una masiva afluencia de electores puede vencer el fraude del régimen. Esa misma presencia multitudinaria de votantes en las mesas puede derrotarlo también en las calles, a través de una vigorosa protesta popular que desconozca las tentativas de fraude y haga respetar la voluntad popular.
No sería, por cierto, la primera vez. En 1992 y 1993 –y perdóneseme la referencia personal– en Barinas lo logramos cuando derrotamos un fraude que intentó despojarme de la gobernación limpiamente ganada en aquellas elecciones. Lo mismo sucedió en Sucre, con la también candidatura triunfante de Ramón Martínez. En ambos casos, la presencia de la mayoría del pueblo en las votaciones y luego en las calles derrotó el fraude electoral que se pretendía cometer. En otros países hay también claros ejemplos al respecto.
Quienes siempre hemos sostenido que la lucha debe ser a través de las vías electorales, así como de una vigorosa protesta callejera y del acompañamiento permanente a los venezolanos en su lucha por liberarse de esta maldición que ha resultado el chavomadurismo, estamos obligados también a luchar para eliminar las prácticas fraudulentas del régimen y su CNE.
Pero también estamos obligados a entusiasmar a todos los electores a votar, a fin de reducir al mínimo el abstencionismo, que siempre ha sido un aliado de los propósitos continuistas del chavomadurismo.
Sólo en estos términos podremos vencer a quienes han destruido al país y robado el futuro a nuestros jóvenes.   
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 06 de febrero de 2018.
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viernes, 9 de febrero de 2018

LA CAIDA DEL VERGONZOSO MURO DE BERLIN
Gehard Cartay Ramírez
El pasado 29 de noviembre se cumplieron 28 años de la caída del Muro de Berlín.
Tal acontecimiento pareció haber pasado inadvertido. Sin embargo, pocos hechos puntuales de la historia moderna dicen tanto como este, por lo ominoso y vergonzoso para el género humano y porque su derrumbe significó también el derrumbe del comunismo soviético y europeo.
Conocí a Alemania en mayo de 1973, invitado a un seminario para dirigentes de las Juventudes Demócratas Cristianas de América Latina, evento celebrado en la entonces República Federal de Alemania (RFA), llamada Alemania Occidental, en contraposición a la Alemania del Este o Alemania Comunista, cuyo nombre oficial era el de República Democrática Alemana (RDA).
Eran los años de la Guerra Fría y existían dos Alemanias. Una, la RFA, la verdaderamente democrática y progresista, gobernada alternativamente por demócratas cristianos y socialdemócratas. Aquel era un país en franco proceso de desarrollo, gracias a una poderosa economía social de mercado, unida a una democracia estable y vigorosa, cuyo fundador, luego de la tragedia nazi de Adolfo Hitler, fue un estadista singular: Konrad Adenauer (1876-1967).
La otra Alemania, en cambio, era un protectorado de la Unión Soviética -cuyo apellido de Democrática le quedaba grande por ajeno-, con un régimen de partido único (el comunista, desde luego), sin libertades, sin progreso económico y sumida en la pobreza y el desconsuelo. Entre ambas naciones había un pronunciado contraste y la mejor comprobación del fracaso de su modelo comunista, al lado de un exitoso sistema democrático y de economía social de mercado puesto en marcha por la Alemania Occidental.
Para subrayar aquel chocante contraste, el gobierno títere de la Unión Soviética en la República Democrática Alemana había construido en 1961 un muro que partió en dos mitades a Berlín, la histórica capital alemana antes de la división. Así, los comunistas convirtieron en una verdadera cárcel la parte oriental de Berlín, impidiendo el tránsito de sus ciudadanos hacia Berlín occidental, que pasó a ser una especie de isla dentro de la Alemania Comunista, sostenida por Estados Unidos e Inglaterra, gracias a lo cual pudo sobrevivir al cerco soviético al finalizar la II Guerra Mundial. Fue merced al famoso puente aéreo por donde le llegaban alimentos y medicinas. Aún así, pocos años después, Berlín occidental, a pesar del aislamiento y del muro, logró prosperar y desarrollarse a tal punto que los berlineses del sector oriental comenzaron a escapar hacia el sector occidental, como lo venían haciendo desde la posguerra, buscando la libertad y el progreso.
El Muro de Berlín -derribado en 1989, diez y séis años después de mi visita al mismo- fue conocido también como el Muro de la Vergüenza, aunque la jerigonza burocrática comunista lo bautizó "Muro de protección antifascista" (¿?). La historia, por supuesto, adoptaría el primer nombre, nacido del sentimiento popular, en tanto que el otro sería olvidado rápidamente. Lo cierto fue que, al tratar de saltarlo o escapar de algún modo, centenares de personas perdieron la vida en su fuga hacia la libertad.
Estuve entonces allí, en compañía de Alfredo Salazar (Venezuela), Iván Garay (Nicaragua) y Alberto Manzano (Venezuela).


09 de febrero de 2018




lunes, 5 de febrero de 2018

LA DIFÍCIL LUCHA OPOSITORA



LA DIFÍCIL LUCHA OPOSITORA
Gehard Cartay Ramírez
Dura y difícil ha sido la lucha opositora contra la dictadura chavomadurista.
No es fácil combatir por medios democráticos a quienes usan métodos antidemocráticos. No es fácil combatir contra quienes se han apropiado del Estado venezolano y utilizan inescrupulosamente todos sus recursos para consolidarse en el poder e implantar aquí una dictadura de factura castrocomunista.
No es fácil combatir a una cúpula podrida que, a fuerza de corromper, se ha asegurado el control de todas las instituciones públicas y las usa en función de perpetuarse en el poder. No es fácil combatir a una coyunda de corruptos e ineptos que han destruido al país, apoyados en la cúpula militar y en el malandraje de todo tipo, con el sólo propósito concupiscente de disfrutar el poder y enriquecerse groseramente, como lo han hecho desde 1999.
Dentro de este difícil cuadro ha actuado y le toca actuar a la oposición democrática venezolana, con sus aciertos –los menos– y sus errores –los más– y en contra de poderosas adversidades.
Ahora, en 2018, los desafíos que debe enfrentar son cruciales. Por una parte, la crítica desmesurada y muchas veces cómplice del régimen –sea o no intencional– por parte de ciertos opositores contra la dirigencia de la oposición y sus actuaciones, que conforma lo que Fernando Mires, politólogo chileno y amigo de Venezuela, denomina cretinismo político, por cuanto sólo critican a los adversarios del madurismo sin ofrecer alternativas realistas para salir de la pesadilla que sufrimos los venezolanos.
Por la otra, la presencia en la oposición –y particularmente dentro de la MUD– de intereses inmediatistas y subalternos, que se agotan en sus aspiraciones personales, legítimas o no, pero inviables ahora, por cuanto la transición que viene exigirá un liderazgo sólido, con experiencia, sapiencia y habilidad, con amplitud y sin sectarismo, aunque no figure hoy en las fulanas encuestas y los novatos lo puedan descalificar por “viejo” o “dinosáurico”. O la siempre presente aberración de la antipolítica (es decir, la reacción contra los políticos), que parió a Chávez y su desastre actual, y ahora pretende sacar de su sombrero mágico otra fórmula –con rostro, pero muda–, como si el país estuviera para pruebas de ensayo y error.
Por si fuera poco, la oposición democrática tiene otro reto fundamental: participar o no en unas probables elecciones presidenciales en marzo o abril próximos. El problema es que esos comicios han sido “convocados” por un órgano inconstitucional y fraudulento, como lo es la “constituyente” madurista. Y esto, para comenzar, no es algo que pueda obviarse. Tampoco puede obviarse una convocatoria nueve meses antes de la toma de posesión del próximo presidente, violando así expresas disposiciones constitucionales.
Y menos aún podría obviarse que con este CNE y sin garantías plenas de unas elecciones limpias y transparentes, a la oposición democrática le resultaría cuesta arriba participar. Por lo tanto, lo menos que puede hacer su dirigencia es exigir un cambio radical de las condiciones electorales para poder participar. Si el supuesto diálogo o negociación con el régimen va a continuar, esa debe ser una condición ineludible, entre otras más.
Por lo que a mí respecta, no me cansaré de repetir –en este espacio y en otros– que nuestra vía para el cambio del régimen es y debe seguir siendo electoral, acompañada, eso sí, de la protesta en las calles, de la denuncia frontal y del acompañamiento a los venezolanos en la tragedia humanitaria que hoy a todos, de una forma u otra, nos afecta, herencia del chavomadurismo.
Pero eso no significa renunciar a la exigencia de imparcialidad y pulcritud que debe caracterizar al CNE y las elecciones que convoque. Y este es un nudo gordiano que la dirigencia opositora democrática debe cortar antes de ir a otro proceso eleccionario.
No es fácil, como afirmé al comienzo de estas líneas, la lucha opositora en las actuales condiciones, sobre todo si lo que tenemos a mano es únicamente el arma del voto. Y si otros lo han logrado (Europa Oriental, algunos países africanos, Nicaragua, Chile, y antes Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay), nosotros también podríamos, pero se requiere inteligencia, experiencia y realismo, así como cero cretinismo político, sin dirigentes buchiplumas, mucho menos políticos pendejos (viejos o novatos) y mercachifles “opositores”.
¡Cuánta falta nos hace aquí un Patricio Aylwin para liderizar la derrota de la dictadura y encabezar una transición exitosa hacia la democracia!
 @gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) -Martes, 30 de enero de 2018.
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