domingo, 21 de enero de 2018

LA DESTRUCCIÓN DE VENEZUELA



LA DESTRUCCIÓN DE VENEZUELA
Gehard Cartay Ramírez
El único legado del régimen chavomadurista, luego de casi 20 años, es la destrucción de Venezuela y el empobrecimiento y la ruina del pueblo venezolano.
Y es lo único en que han sido eficientes, aparte de robar y saquear al país. Por eso mismo, siendo exclusiva obra suya, resulta imposible que puedan remediar lo que han destruido desde 1999. Esto quiere decir que el actual régimen es el verdadero problema. En consecuencia, la única manera de resolver esta colosal ruina que nos azota es cambiando al régimen, ya, cuanto antes.
Hoy no hay comida suficiente y el hambre crece cada día porque el régimen arruinó la agricultura y la cría que las producían y, en paralelo, destruyó la industria nacional que la procesaba. A unas y otras las expropió o las mandó a invadir, apelando a su criminal demagogia. Y las que asumió directamente las quebraron y cerraron.
Por esa razón, millones de venezolanos hoy sufren hambre, escasez, carestía y especulación, sometidos al calvario y la humillación de largas colas para tratar de comprar los pocos alimentos que se consiguen a precios muy altos, por cierto, que crecen cada día, gracias a la hiperinflación que ha creado el propio régimen al acabar con el aparato productivo y liquidar la productividad.
Hoy no hay seguridad para los venezolanos y sus bienes, porque el régimen -desde sus inicios- se asoció con el malandraje nacional, los armó y los ha venido utilizando para aterrorizar a sus adversarios. Por esa razón, ya van más de casi cuatrocientos mil venezolanos asesinados y millones de ellos heridos o robados por el hampa y la inseguridad. Y no es obra de la casualidad, sino consecuencia directa de la impunidad y la falta de medidas oficiales para enfrentar eficazmente la delincuencia.
Hoy no hay medicinas porque la mayoría de los laboratorios que las fabricaban se fueron del país, a consecuencia de que el régimen no les canceló una milmillonaria deuda acumulada, por efectos del control cambiario, el mismo que ha permitido el robo de más de 300 mil millones de dólares y el regalo de muchos millones más a gobiernos extranjeros, pretendiendo comprar apoyos internacionales, cuyo altísimo costo nos tiene hoy al borde de la hambruna y la escasez generalizadas.
Por esa razón, hoy los pacientes de cáncer, hipertensión, diabetes y muchas enfermedades más no consiguen las medicinas que les pueden curar esas enfermedades y prolongar su vida. La irresponsabilidad y la insensibilidad de quienes mandan desde 1999 los condena ahora a una muerte anticipada y cruel.
Lo mismo pasa con los repuestos de vehículos, sus baterías y cauchos o los artículos de aseo personal (desodorantes, champús, jabones y cremas dentales, pañales, papel sanitario, etc.), cada vez más escasos y costosos porque se han dejado de producir por el cierre de sus fábricas. Así de sencillo.
Los servicios públicos están colapsados como nunca antes, a consecuencia de la ineptitud del régimen. Por eso no deja de ser una paradoja criminal que siendo Venezuela el país con las riquezas energéticas más grandes del mundo, hoy estemos sometidos a una increíble escasez de gasolina, gasoil, gas doméstico y lubricantes automotores, y a diarios apagones. (Ya se sabe que el dinero que debió invertirse en mantener nuestras refinerías y sistemas de producción y distribución de energía eléctrica también se los robaron los testaferros de la cúpula podrida.)
Hay que estar advertidos de que lo que viene es terrible: nos amenaza una hambruna sin precedentes y ya somos víctimas de la más alta inflación del planeta, que nos ha empobrecido a todos los venezolanos, mientras la cúpula podrida chavomadurista es hoy milmillonaria.
Como queda dicho, estamos a las puertas de una gravísima crisis humanitaria, por más que el régimen la niegue y pretenda desviar la opinión pública con sus trapos rojos y sus mentiras mediáticas.
P.S. Presentamos nuestras más sentidas condolencias a la familia de nuestro amigo Ruvico Ramírez, editor fundador del diario La Prensa y de otros medios impresos del occidente del país, ante su lamentable desaparición física. Lo conocí en el Congreso de la República, cuando él era senador por Portuguesa y yo diputado por Barinas. Fue siempre un hombre de progreso, capitán de exitosas empresas y un luchador comprometido con los mejores intereses del país. Barinas le debe mucho a sus iniciativas, entre las cuales se cuenta La Prensa, obra de la dupla extraordinaria que hizo con Alberto Santeliz Meléndez, director fundador de este medio. Paz a sus restos.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
 LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 16 de enero de 2018-
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lunes, 15 de enero de 2018

2018 Y SUS EXIGENTES RETOS



2018 Y SUS EXIGENTES RETOS
Gehard Cartay Ramírez
2018 presenta decisivos y complejos retos en la lucha por lograr el imprescindible cambio que exige Venezuela.
Son ya 19 largos años de sufrir un régimen que, como muy pocos antes, le ha hecho gravísimos e inmensos daños al país y su gente. Hoy Venezuela sufre una hora aciaga y nefasta: hambre, miseria y muerte constituyen el legado ominoso del llamado “socialismo del siglo XXI” o de la fementida “revolución bolivariana”, adjetivo que, desde luego, no le calza por ningún lado.
Son 19 años de contínua y criminal destrucción de Venezuela. En honor a la verdad hay que reconocer que ha sido en lo único que el chavomadurismo resultó muy eficiente: en casi dos décadas arruinaron el país, destruyeron su aparato productivo –incluyendo PDVSA, “la gallina de los huevos de oro”–, acabaron con la comida y los empleos, dividieron a los venezolanos, saquearon y robaron como nunca antes el tesoro público (marcando un récord mundial insuperable de corrupción) y destruyeron las instituciones democráticas construidas entre 1958 y 1998.
No es poca cosa, amigo lector. Sin embargo, a pesar de que los venezolanos ya estamos hartos de tanta ineptitud, ladronismo e indolencia, el régimen continúa en el poder, como si nada. Este es un asunto que debe analizarse en profundidad, a fin de poder enfrentarlo y derrotarlo, si queremos rescatar a Venezuela de los hambreadores, saqueadores y depredadores que hoy están en el poder.
Las causas de tal situación son muy claras y variadas: el apoyo del estamento militar al régimen, excesivamente retribuido; un sistema electoral a su servicio; una dirigencia opositora por lo general mediocre e inhábil; unos partidos de oposición esperpénticos; una abstención irresponsable y estéril; y el conformismo vergonzoso de unos cuantos que sólo piensan en sus intereses y no en el país. Y es esta lamentable situación la que nos tiene anclados en la gran tragedia humanitaria que es la Venezuela actual.
Lo que sí resulta absolutamente cierto es que sólo un cambio de régimen garantizaría el cambio necesario. Todo lo demás no sirve a tales efectos. Porque, como lo he señalado otras veces, el actual régimen es el problema. Por lo tanto, sólo el urgente reemplazo del chavomaurismo en el poder y su sustitución por un gobierno capaz y honesto pueden asegurarnos salir de esta lastimosa maldición que nos agobia.
Y esa debe ser la tarea prioritaria en lo adelante por parte de la oposición democrática, más allá de las aspiraciones e intereses de algunos y sus partidos. Hay que aprender de los errores del pasado y no volver a incurrir en ellos. Hay que relevar a quienes han sido sus responsables y encargar a otros más capaces y menos erráticos. Hay que desterrar las aspiraciones vitalicias de quienes siempre quieren ser candidatos y sólo han sumado derrota tras derrota.
En esta materia, debemos dedicarnos todos a seleccionar ya un candidato presidencial de consenso, que reúna las condiciones de liderazgo político, experiencia, habilidad y convocatoria para encabezar la histórica tarea de derrotar al chavomadurismo en el poder. No es la hora de la antipolítica, sino la hora de los estadistas conocedores del país, con formación para gobernar y con vocación indiscutible de servicio público.
La gravedad de la descomunal crisis venezolana nos exige a todos la mayor responsabilidad patriótica, dejando de lado intereses personales o de grupo, poniendo por encima el más alto interés nacional, que no es otro que sacar al país del precipicio en que ahora se encuentra y conducirlo hacia el progreso y el desarrollo. Quien no entienda esta premisa no puede integrarse a una extraordinaria tarea que debe estar por fuera de cálculos personalistas o de intereses grupales, mercantilistas y bastardos.
En esta tarea tan compleja y trascendente no caben radicalismos de ningún tipo, ni posiciones rígidas e intolerantes, ni “salvadores de la patria”, ni “predestinados” gratuitos. Esas son reliquias inútiles del pasado reciente que, por cierto, seguimos pagando muy caro. Ahora se impone el realismo político y la madurez por parte de la dirigencia opositora. Ya basta de absurdas tesis generacionales fracasadas. Ya basta de seguir actuando a base de “ensayo y error”. El país exige políticas racionales que puedan mostrar resultados prácticos y convenientes para todos.
2018 nos presentará desafíos y retos cada vez más complejos. Es necesario, por tanto, otra dirección política opositora experimentada, asertiva, coherente, realista y hábil políticamente, capaz de tender puentes hacia otros sectores no comprometidos en esta lucha y que pueda nuclear a su alrededor a la cada vez más gigantesca mayoría de venezolanos que exigimos un cambio urgente.   
  @gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 09 de enero de 2018.
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MENSAJE A LOS COPEYANOS



MENSAJE A LOS COPEYANOS
Gehard Cartay Ramírez
El Partido Social Cristiano Copei llega a los 72 años de su fundación en difíciles circunstancias.
Diversas y múltiples causas han colocado ahora al partido en la situación más difícil de toda su historia. Gracias Dios –como lo he señalado otras veces– los partidos no se mueren de infarto, sino de mengua.
Ojalá este nuevo aniversario sirva para iniciar el camino de la recuperación de Copei. En el partido nadie sobra y todos somos necesarios. Se impone entonces retornar a la madurez institucional y volver al camino de la grandeza frente a Venezuela, como tantas veces lo demostró Copei a lo largo de estas siete décadas.
Porque si de algo podemos estar orgullosos los copeyanos es justamente del servicio que el partido le ha prestado a Venezuela desde 1946, ya sea en la oposición o en el gobierno. Y cuando el pueblo venezolano nos confió el poder al elegir presidentes a dos venezolanos de excepción, como Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns, se hizo una obra de gobierno fructífera y positiva para todos, sin excepciones ni mezquindades.
Copei fue durante mucho tiempo una escuela de formación ideológica y un digno taller para la fragua de líderes nuevos a todos sus niveles, especialmente entre los más jóvenes, todo lo cual sirvió para que su juventud partidista se destacara como una de las más brillantes.
Quienes siempre hemos militado en Copei desde que éramos apenas unos liceístas y le hemos dedicado la mayor parte de nuestras vidas y compartido sus victorias y sus derrotas, creemos que ha llegado el momento de volver a sentir al partido como una comunidad espiritual, solidaria y comunitaria, por encima de proyectos individuales o grupales. Ha llegado el momento de volver a nuestras raíces socialcristianas, en las que se formaron varias generaciones y convivían solidariamente la experiencia y lo novedoso, tras el compromiso fundamental de luchar “por la justicia social en una Venezuela mejor”.  
Por todas estas razones, corresponde a la militancia copeyana rescatar a la institución partidista. “Salvar el partido” fue la consigna durante la tiranía perezjimenista, cuando algunos dirigentes traicionaron a Copei y se plegaron al gobierno de turno. Esa misma consigna debe ser la de hoy, cuando atravesamos circunstancias aún más difíciles.
Hay que recuperar el sentido de hermandad partidista e ideológica que nos caracterizaba a los copeyanos. Siempre hubo discrepancias dentro del partido, pero los vencedores respetaban a los vencidos, y viceversa. Lamentablemente se abandonó la democrática tradición de respetar los resultados de las elecciones internas. En lugar de reconocer el triunfo del otro y asumir la derrota propia, se procedió a judicializar los pleitos domésticos. Hoy estamos en una fase crítica de todo este proceso, precisamente cuando es necesaria la presencia de un partido demócrata cristiano fuerte, en sintonía con la gente y sus problemas.
Ojalá la responsabilidad y el espíritu socialcristiano hagan posible la recuperación de uno de los más importantes partidos de masas de la historia contemporánea, que hizo una innegable contribución a la democracia con una sólida obra de gobierno al servicio de los venezolanos.

Los expresidentes de Venezuela, Rafael Caldera y Luis Herrera Campís, el entonces gobernador del estado Zulia Oswaldo Álvarez Paz y el Obispo de Barinas, monseñor Antonio José López Castillo, con el gobernador del estado Barinas Gehard Cartay Ramírez, en el acto de su toma de posesión el día 03 de junio de 1993.
 Eduardo Fernández (izquierda), Oswaldo Álvarez Paz (Centro) y Gehard Cartay Ramírez (derecha) en un masivo acto durante la campaña electoral de este último como candidato a la gobernación de Barinas en 1993.






lunes, 8 de enero de 2018

CENTENARIO DE LORENZO FERNANDEZ



CENTENARIO DEL NATALICIO DE LORENZO FERNÁNDEZ

Este pasado lunes 8 de enero se cumplieron 100 años del nacimiento del doctor Lorenzo Fernández, brillante Ministro de Relaciones Interiores y eficiente operador político que adelantó la pacificación del país bajo el primer gobierno del presidente Caldera (1969-1974.
Hijo de Mariano Fernández Hurtado y de Mila González, hizo sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio La Salle de Caracas. En 1936 acompañó a Rafael Caldera en la fundación de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), escindida de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV).
 En 1938 resultó electo concejal del Distrito Federal en las Planchas de Acción Electoral, antecedente de lo que será después el partido Social Cristiano Copei. Se graduó de Doctor en Ciencias Políticas en la UCV en 1942 y luego ejerce la carrera de Abogado. Entre 1942 y 1945 fundó con Caldera el grupo Acción Nacional. Luego de la llamada Revolución de Octubre preside el Comité de Inscripción Electoral (CIE), que dará paso inmediatamente a la fundación de COPEI el 13 de enero de 1946, del cual será designado vicepresidente.
 En 1946 fue elegido diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y miembro destacado de la comisión redactora del proyecto de Constitución Nacional, aprobado ese mismo año. Luego del golpe contra Gallegos, Fernández participó en la comisión redactora del proyecto de Estatuto Electoral designada por Delgado Chalbaud en 1950. Fue electo nuevamente diputado por el estado Trujillo a la Constituyente de 1952, pero no se incorporó –en cumplimiento de la línea oficial de su partido- en protesta por el fraude cometido por Pérez Jiménez en diciembre de este mismo año. Entre 1955 y 1956 fue encarcelado por la dictadura de entonces y en 1957 se incorporó a la Junta Patriótica.
 En 1958, luego de la caída de Pérez Jiménez, formó parte de los redactores del proyecto de Ley Electoral, suscribirá el Pacto de Puntofijo en representación de COPEI, junto a Caldera y Pedro del Corral y resultará electo diputado por el Estado Trujillo. Designado ministro de Fomento (1959-1962) por el presidente Rómulo Betancourt, dio especial impulso a la industrialización del país en aquellos años.
 Electo senador por el Distrito Federal en 1968, fue nombrado por el presidente Caldera como Ministro de Relaciones Interiores, cargo desde el cual se convcirtió en un eficiente operador de la política de pacificación, uno de sus mayores méritos como político y estadista.
 En 1973 fue candidato presidencial de COPEI, FDP y sectores independientes, siendo derrotado por Carlos Andrés Pérez. En 1978 presentó al país la candidatura de Luis Herrera Campíns, una vez electo como tal por su partido.
 Retirado de la vida pública y aquejado por una penosa enfermedad falleció en Caracas el 4 de octubre de 1982. Lorenzo Fernández es uno de los más sobresalientes civilistas de la política contemporánea de Venezuela.

    





miércoles, 3 de enero de 2018

EL 24 DE DICIEMBRE PASADO SE CUMPLIERON 70 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA JUVENTUD REVOLUCIONARIA COPEYANA (JRC), UNA DE LAS JUVENTUDES POLÍTICAS MÁS AGUERRIDAS QUE RECUERDE LA HISTORIA VENEZOLANA

Fundada el 24 de diciembre de 1947 por Luis Herrera Campíns, Rodolfo José Cárdenas, Mauro Páez Pumar y otros jóvenes universitarios socialcristianos, aquella fue una escuela política en la que nos formamos muchos dirigentes, iniciada en las luchas estudiantiles y continuada luego en las vivencias democráticas, donde la obediencia ciega no existía, los caudillismos eran cuestionados y todo estaba sujeto a discusión, comenzando por los liderazgos más importantes.
Esa escuela política nos enseñó el valor de la confrontación democrática, pero también el del debido respeto por las ideas ajenas, la tolerancia frente a las diferencias, la imprescindible necesidad del relevo y la rotación en el liderazgo, la primacía del diálogo con los contendores y el sentido exacto de que la lucha política no es una guerra de exterminio, sino una competencia donde se gana y se pierde, por lo que el triunfador siempre está obligado a respetar al vencido y a valorarlo como alguien necesario.
Durante la penúltima dictadura (1948-1958), sus líderes más importantes fueron expulsados del país (Herrera Campíns, Cárdenas, entre otros) o presos (Cárdenas, Pedro Pablo Aguilar, Hilarión Cardozo y otros) y al retornar la democracia en 1958 la juventud copeyana mantuvo su papel protagónico de primer orden frente a las fuerzas marxistas durante el gobierno del "Pacto de Puntofijo" siendo presidente Rómulo Betancourt (1959-1964) y aún despúes, a pesar de que ya el partido no estaba en ejercicio del gobierno.
Pero la lucha estaba planteada entonces en el campo ideológico, ya que eran dos cosmovisiones y dos planteamientos doctrinarios los que se confrontaban, tanto en el campo de las ideas como en el terreno de los hechos. El combate se libraría, en algunas ocasiones de manera encarnizada y violenta, ya en las calles o en los centros de estudio, y no era solamente una lucha muchas veces cuerpo a cuerpo, hombre a hombre. También era una confrontación, insisto, fundamentalmente ideológica, de la cual saldrían finalmente airosos los jóvenes socialcristianos, tal como lo ha demostrado fehacientemente la historia, vista desde la madura perspectiva del tiempo.
Aquellos jóvenes marxistas fracasaron entonces en su empeño y muchos se frustraron tempranamente, mientras quienes los enfrentamos desde la opciones demócrata cristiana y social demócrata nos sentiríamos luego asistidos por la razón histórica, al producirse la caída del Muro de Berlín en 1989 y, consecuencialmente, el derrumbe de la Unión Soviética y de la Europa Comunista, a lo que habría que agregar la conversión de China Comunista en una economía capitalista salvaje y la comprobación inevitable de que la revolución cubana sólo había sido una gigantesca mentira y una gran estafa ideológica.
Se podría decir, en síntesis, que aquella competencia entre los jóvenes socialcristianos y marxistas fue una dura lucha entre la democracia y la subversión. Ese era, ni más ni menos, el dilema de entonces. Unos luchábamos por fortalecer el sistema democrático de libertades y derechos humanos iniciado en 1958, y los otros por conducirlo hacia un régimen socialista-marxista, calcado del esquema dictatorial montado por Fidel Castro en la isla cubana, ensayo que por entonces concitaba sólidos y entusiastas apoyos entre la juventud y la intelectualidad internacional, la mayoría de los cuales, pocos años después, terminaron abandonándolo y abjurando ante una de las dictaduras más abyectas de los tiemposesde modernos.
Por lo demás, durante el primer gobierno del presidente Caldera, buena parte de los guerrilleros y terroristas de aquellos tiempos abandonaron su equivocada estrategia y se insertaron dentro del juego democrático, gracias a la política de pacificación que se impondría en el país a partir de 1969. Este hecho habla, por sí solo, sobre la justicia y la fuerza de los ideales que desde entonces y por siempre hemos sostenido los jóvenes de ayer y de hoy en Copei.






A propósito de los 70 años de la JRC consegui en mis archivos esta foto donde aparecen nuestro siempre bien recordado Régulo Arias Moreno -autor del himno jotaerrecista-, Abdón Vivas Terán y su esposa, y José Ramón Solano, también secretario juvenil nacional de Copei a finales de los años sesenta.