lunes, 15 de enero de 2018

MENSAJE A LOS COPEYANOS



MENSAJE A LOS COPEYANOS
Gehard Cartay Ramírez
El Partido Social Cristiano Copei llega a los 72 años de su fundación en difíciles circunstancias.
Diversas y múltiples causas han colocado ahora al partido en la situación más difícil de toda su historia. Gracias Dios –como lo he señalado otras veces– los partidos no se mueren de infarto, sino de mengua.
Ojalá este nuevo aniversario sirva para iniciar el camino de la recuperación de Copei. En el partido nadie sobra y todos somos necesarios. Se impone entonces retornar a la madurez institucional y volver al camino de la grandeza frente a Venezuela, como tantas veces lo demostró Copei a lo largo de estas siete décadas.
Porque si de algo podemos estar orgullosos los copeyanos es justamente del servicio que el partido le ha prestado a Venezuela desde 1946, ya sea en la oposición o en el gobierno. Y cuando el pueblo venezolano nos confió el poder al elegir presidentes a dos venezolanos de excepción, como Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns, se hizo una obra de gobierno fructífera y positiva para todos, sin excepciones ni mezquindades.
Copei fue durante mucho tiempo una escuela de formación ideológica y un digno taller para la fragua de líderes nuevos a todos sus niveles, especialmente entre los más jóvenes, todo lo cual sirvió para que su juventud partidista se destacara como una de las más brillantes.
Quienes siempre hemos militado en Copei desde que éramos apenas unos liceístas y le hemos dedicado la mayor parte de nuestras vidas y compartido sus victorias y sus derrotas, creemos que ha llegado el momento de volver a sentir al partido como una comunidad espiritual, solidaria y comunitaria, por encima de proyectos individuales o grupales. Ha llegado el momento de volver a nuestras raíces socialcristianas, en las que se formaron varias generaciones y convivían solidariamente la experiencia y lo novedoso, tras el compromiso fundamental de luchar “por la justicia social en una Venezuela mejor”.  
Por todas estas razones, corresponde a la militancia copeyana rescatar a la institución partidista. “Salvar el partido” fue la consigna durante la tiranía perezjimenista, cuando algunos dirigentes traicionaron a Copei y se plegaron al gobierno de turno. Esa misma consigna debe ser la de hoy, cuando atravesamos circunstancias aún más difíciles.
Hay que recuperar el sentido de hermandad partidista e ideológica que nos caracterizaba a los copeyanos. Siempre hubo discrepancias dentro del partido, pero los vencedores respetaban a los vencidos, y viceversa. Lamentablemente se abandonó la democrática tradición de respetar los resultados de las elecciones internas. En lugar de reconocer el triunfo del otro y asumir la derrota propia, se procedió a judicializar los pleitos domésticos. Hoy estamos en una fase crítica de todo este proceso, precisamente cuando es necesaria la presencia de un partido demócrata cristiano fuerte, en sintonía con la gente y sus problemas.
Ojalá la responsabilidad y el espíritu socialcristiano hagan posible la recuperación de uno de los más importantes partidos de masas de la historia contemporánea, que hizo una innegable contribución a la democracia con una sólida obra de gobierno al servicio de los venezolanos.

Los expresidentes de Venezuela, Rafael Caldera y Luis Herrera Campís, el entonces gobernador del estado Zulia Oswaldo Álvarez Paz y el Obispo de Barinas, monseñor Antonio José López Castillo, con el gobernador del estado Barinas Gehard Cartay Ramírez, en el acto de su toma de posesión el día 03 de junio de 1993.
 Eduardo Fernández (izquierda), Oswaldo Álvarez Paz (Centro) y Gehard Cartay Ramírez (derecha) en un masivo acto durante la campaña electoral de este último como candidato a la gobernación de Barinas en 1993.






lunes, 8 de enero de 2018

CENTENARIO DE LORENZO FERNANDEZ



CENTENARIO DEL NATALICIO DE LORENZO FERNÁNDEZ

Este pasado lunes 8 de enero se cumplieron 100 años del nacimiento del doctor Lorenzo Fernández, brillante Ministro de Relaciones Interiores y eficiente operador político que adelantó la pacificación del país bajo el primer gobierno del presidente Caldera (1969-1974.
Hijo de Mariano Fernández Hurtado y de Mila González, hizo sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio La Salle de Caracas. En 1936 acompañó a Rafael Caldera en la fundación de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), escindida de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV).
 En 1938 resultó electo concejal del Distrito Federal en las Planchas de Acción Electoral, antecedente de lo que será después el partido Social Cristiano Copei. Se graduó de Doctor en Ciencias Políticas en la UCV en 1942 y luego ejerce la carrera de Abogado. Entre 1942 y 1945 fundó con Caldera el grupo Acción Nacional. Luego de la llamada Revolución de Octubre preside el Comité de Inscripción Electoral (CIE), que dará paso inmediatamente a la fundación de COPEI el 13 de enero de 1946, del cual será designado vicepresidente.
 En 1946 fue elegido diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y miembro destacado de la comisión redactora del proyecto de Constitución Nacional, aprobado ese mismo año. Luego del golpe contra Gallegos, Fernández participó en la comisión redactora del proyecto de Estatuto Electoral designada por Delgado Chalbaud en 1950. Fue electo nuevamente diputado por el estado Trujillo a la Constituyente de 1952, pero no se incorporó –en cumplimiento de la línea oficial de su partido- en protesta por el fraude cometido por Pérez Jiménez en diciembre de este mismo año. Entre 1955 y 1956 fue encarcelado por la dictadura de entonces y en 1957 se incorporó a la Junta Patriótica.
 En 1958, luego de la caída de Pérez Jiménez, formó parte de los redactores del proyecto de Ley Electoral, suscribirá el Pacto de Puntofijo en representación de COPEI, junto a Caldera y Pedro del Corral y resultará electo diputado por el Estado Trujillo. Designado ministro de Fomento (1959-1962) por el presidente Rómulo Betancourt, dio especial impulso a la industrialización del país en aquellos años.
 Electo senador por el Distrito Federal en 1968, fue nombrado por el presidente Caldera como Ministro de Relaciones Interiores, cargo desde el cual se convcirtió en un eficiente operador de la política de pacificación, uno de sus mayores méritos como político y estadista.
 En 1973 fue candidato presidencial de COPEI, FDP y sectores independientes, siendo derrotado por Carlos Andrés Pérez. En 1978 presentó al país la candidatura de Luis Herrera Campíns, una vez electo como tal por su partido.
 Retirado de la vida pública y aquejado por una penosa enfermedad falleció en Caracas el 4 de octubre de 1982. Lorenzo Fernández es uno de los más sobresalientes civilistas de la política contemporánea de Venezuela.

    





miércoles, 3 de enero de 2018

EL 24 DE DICIEMBRE PASADO SE CUMPLIERON 70 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA JUVENTUD REVOLUCIONARIA COPEYANA (JRC), UNA DE LAS JUVENTUDES POLÍTICAS MÁS AGUERRIDAS QUE RECUERDE LA HISTORIA VENEZOLANA

Fundada el 24 de diciembre de 1947 por Luis Herrera Campíns, Rodolfo José Cárdenas, Mauro Páez Pumar y otros jóvenes universitarios socialcristianos, aquella fue una escuela política en la que nos formamos muchos dirigentes, iniciada en las luchas estudiantiles y continuada luego en las vivencias democráticas, donde la obediencia ciega no existía, los caudillismos eran cuestionados y todo estaba sujeto a discusión, comenzando por los liderazgos más importantes.
Esa escuela política nos enseñó el valor de la confrontación democrática, pero también el del debido respeto por las ideas ajenas, la tolerancia frente a las diferencias, la imprescindible necesidad del relevo y la rotación en el liderazgo, la primacía del diálogo con los contendores y el sentido exacto de que la lucha política no es una guerra de exterminio, sino una competencia donde se gana y se pierde, por lo que el triunfador siempre está obligado a respetar al vencido y a valorarlo como alguien necesario.
Durante la penúltima dictadura (1948-1958), sus líderes más importantes fueron expulsados del país (Herrera Campíns, Cárdenas, entre otros) o presos (Cárdenas, Pedro Pablo Aguilar, Hilarión Cardozo y otros) y al retornar la democracia en 1958 la juventud copeyana mantuvo su papel protagónico de primer orden frente a las fuerzas marxistas durante el gobierno del "Pacto de Puntofijo" siendo presidente Rómulo Betancourt (1959-1964) y aún despúes, a pesar de que ya el partido no estaba en ejercicio del gobierno.
Pero la lucha estaba planteada entonces en el campo ideológico, ya que eran dos cosmovisiones y dos planteamientos doctrinarios los que se confrontaban, tanto en el campo de las ideas como en el terreno de los hechos. El combate se libraría, en algunas ocasiones de manera encarnizada y violenta, ya en las calles o en los centros de estudio, y no era solamente una lucha muchas veces cuerpo a cuerpo, hombre a hombre. También era una confrontación, insisto, fundamentalmente ideológica, de la cual saldrían finalmente airosos los jóvenes socialcristianos, tal como lo ha demostrado fehacientemente la historia, vista desde la madura perspectiva del tiempo.
Aquellos jóvenes marxistas fracasaron entonces en su empeño y muchos se frustraron tempranamente, mientras quienes los enfrentamos desde la opciones demócrata cristiana y social demócrata nos sentiríamos luego asistidos por la razón histórica, al producirse la caída del Muro de Berlín en 1989 y, consecuencialmente, el derrumbe de la Unión Soviética y de la Europa Comunista, a lo que habría que agregar la conversión de China Comunista en una economía capitalista salvaje y la comprobación inevitable de que la revolución cubana sólo había sido una gigantesca mentira y una gran estafa ideológica.
Se podría decir, en síntesis, que aquella competencia entre los jóvenes socialcristianos y marxistas fue una dura lucha entre la democracia y la subversión. Ese era, ni más ni menos, el dilema de entonces. Unos luchábamos por fortalecer el sistema democrático de libertades y derechos humanos iniciado en 1958, y los otros por conducirlo hacia un régimen socialista-marxista, calcado del esquema dictatorial montado por Fidel Castro en la isla cubana, ensayo que por entonces concitaba sólidos y entusiastas apoyos entre la juventud y la intelectualidad internacional, la mayoría de los cuales, pocos años después, terminaron abandonándolo y abjurando ante una de las dictaduras más abyectas de los tiemposesde modernos.
Por lo demás, durante el primer gobierno del presidente Caldera, buena parte de los guerrilleros y terroristas de aquellos tiempos abandonaron su equivocada estrategia y se insertaron dentro del juego democrático, gracias a la política de pacificación que se impondría en el país a partir de 1969. Este hecho habla, por sí solo, sobre la justicia y la fuerza de los ideales que desde entonces y por siempre hemos sostenido los jóvenes de ayer y de hoy en Copei.






A propósito de los 70 años de la JRC consegui en mis archivos esta foto donde aparecen nuestro siempre bien recordado Régulo Arias Moreno -autor del himno jotaerrecista-, Abdón Vivas Terán y su esposa, y José Ramón Solano, también secretario juvenil nacional de Copei a finales de los años sesenta.

jueves, 21 de diciembre de 2017

LA LUCHA QUE NO CESA




LA LUCHA QUE NO CESA
Gehard Cartay Ramírez
La lucha contra este nefasto régimen no ha sido ni será fácil, como ya está harto demostrado.
Por eso afirmamos la semana pasada que hay que adoptar ya las necesarias rectificaciones en el difícil combate contra el chavomadurismo inepto y corrupto que, por ahora, detenta el poder. Desde luego que para derrotarlo resulta obvio que las fuerzas opositoras deben actuar con mayor inteligencia y eficacia que como lo han hecho hasta ahora.
Una de las primeras medidas es relevar la actual dirigencia de la MUD. Y es que por aquello de que en política los resultados son los que cuentan, resulta muy claro que una dirigencia perdedora no puede seguir dirigiendo una lucha tan difícil como esta.
Hay que sustituirlos entonces por otros dirigentes, más experimentados y hábiles, conocedores profundos del adversario y sus trampas, sin compromisos económicos con nadie e insospechables de algún trato financiero o político con el régimen. Lo deseable es que quienes han cosechado las dos últimas dolorosas experiencias electorales renunciaran para facilitar las cosas. Ojalá lo hagan y, si no lo hacen, hay que removerlos.
Y la tarea prioritaria de la nueva dirigencia que los sustituya debe ser la lucha por mejorar las condiciones electorales, retomar la protesta popular y explorar la búsqueda de un candidato presidencial de consenso, en caso de que se convoquen elecciones confiables.
El primero de esos objetivos es esencial. Hay que luchar por elecciones limpias y pulcras, derrotando el fraude mediante la concurrencia masiva de nuestros votantes y preparándonos para estar vigilantes en las mesas electorales y en cada una de las fases del proceso.
(Está demostrado que si logramos esos objetivos, tal como lo hicimos en diciembre de 2015, cuando ganamos las dos terceras partes de la Asamblea Nacional con este mismo CNE, es posible revertir el proceso de destrucción nacional que realiza el chavomadurismo desde 1999.)
Hay que retomar la protesta popular. Cada día que pasa los venezolanos nos empobrecemos más y más, mientras la cúpula podrida del régimen se enriquece más y más. Cada día la comida cuesta más y se hace más difícil conseguirla. Cada día nuestra calidad de vida empeora, los pobres se hacen más pobres y la clase media también. Son suficientes razones para protestar, pero hay que liderizar ese movimiento.
Debemos también buscar desde ya un candidato presidencial de consenso, con experiencia y sabiduría políticas, descartando los que ya han fracasado y a quienes aspiran sin ser capaces de concitar el apoyo mayoritario de la población. Hay que descartar también la antipolítica, que nos trajo a Chávez en 1998 y nos tiene cada día peor.
Si aquí la dirigencia opositora se despojara de ambiciones bastardas y personales, lo lógico sería que todos reconocieran a quien puede ser el mejor candidato y brindarle su apoyo, sin esperar que unas elecciones primarias los desgasten a todos y produzca más enfrentamientos.
Al respecto, quiero recordar aquí la extraordinaria lección que dio la oposición democrática chilena, luego de la derrota de Pinochet en el referendo con el que aspiraba continuar su dictadura. Había entonces dos candidatos con clara opción: el demócrata cristiano Patricio Aylwin y el socialista Ricardo Lagos. Sin embargo, este último declinó y apoyo al primero, evitando así unas primarias que los habrían desgatado y enfrentado inútilmente. En un acto de grandeza y desprendimiento, Lagos señaló que Aylwin era quien estaba entonces en mejores condiciones para derrotar y enfrentar la dictadura. Y tuvo razón, pues no sólo ganó las elecciones sino que condujo una ejemplar transición hacia la democracia. Años más tarde, el propio Lagos también fue elegido presidente de Chile.
En este espejo, si quiere actuar con inteligencia, debería mirarse la oposición venezolana a la hora de decidir la candidatura presidencial. Unas primarias significarían costos enormes en lo económico, en lo político y en lo emocional, pues los reconcomios afloran y hacen mucho daño. En cambio, el consenso, si fuera posible, sería la mejor vía para escoger nuestro abanderado presidencial.
Con estas reflexiones cierro mis artículos de opinión por este año. Me despido de los lectores hasta el 09 de enero de 2018, Dios mediante. La verdad es que, en las actuales circunstancias, no sabemos si es una ironía desearles “una feliz navidad y un próspero año nuevo”, como se hacía en el pasado. Lo digo porque vivimos uno de los peores momentos de la Venezuela de siempre. Sin embargo, no debemos perder la esperanza y, sobre todo, luchar por hacerla una realidad. Ojala que la reflexión de estos días navideños sea propicia para renovar la lucha en el próximo año.
    @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 19 de diciembre de 2017.
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viernes, 15 de diciembre de 2017

OTRO GOBIERNO Y OTRA OPOSICIÓN



OTRO GOBIERNO Y OTRA OPOSICIÓN
Gehard Cartay Ramírez
Las recientes elecciones de alcaldes terminaron de demostrar varias cosas.
La primera, elemental, es que la gente no cree en el CNE, ni en sus procesos electorales, así como no cree en Maduro y su nefasto régimen, ni tampoco en la actual dirigencia opositora.
No es poca cosa, y lo digo a pesar de que no estoy descubriendo el agua tibia. Pero está demostrado que aquí lo que hay, más que una generalizada decepción, es un estado general de indignación porque el país se hunde en una tragedia humanitaria de inmensas proporciones, que nada les a quienes están en el poder, mientras la actual dirigencia de la MUD se hunde en sus incoherencias y contradicciones.
 Vamos hacia el despeñadero y, sin embargo, el régimen imperante nada hace para evitarlo, sino todo lo contrario. Y es que siendo exclusiva obra suya, resulta imposible que pueda remediar este desastre. Porque, en dos platos, el régimen es el problema. Y la única manera de resolver esta colosal crisis que sufrimos es cambiándolo.
El segundo problema es que no hay liderazgo en la oposición para lograr, a corto plazo, la salida del régimen chavomadurista. Por supuesto que esa tarea no es nada fácil. Se trata de un asunto complejo por la naturaleza totalitaria de la neodictadura madurista y por el apoyo del estamento militar, aparte del poderoso entramado que también lo sostiene, compuesto por sus corruptos mil millonarios, sus aliados del narcotráfico y el respaldo de rusos, chinos, iraníes y cubanos, interesados en continuar saqueando nuestras riquezas naturales.
Por desgracia, los actuales conductores opositores han demostrado una incapacidad patética para articular una táctica realista al respecto. (Conste que no acostumbro a criticarlos y siempre han contado con mi apoyo en la medida en que me parecía correcto lo que hacían.) Deben, por tanto, ser relevados en la conducción de la MUD o del mecanismo que la sustituya, si fuera el caso. Hay que darle paso a otro liderazgo, más experimentado, inteligente y hábil.
No podemos seguir con dirigentes incoherentes y erráticos que un día señalan que van a elecciones y en las siguientes dicen que no participarán. Eso de competir en las elecciones de gobernadores –a conciencia de que enfrentamos un régimen tramposo–, sin haberse preparado para neutralizar el fraude, ni movilizar sus electores, y al día siguiente anunciar que no participarían en los comicios de alcaldes, pero que se prepararían para las presidenciales, no puede ser calificado sino como una tremenda irresponsabilidad e incoherencia.
Y vamos a estar claros en cuanto a lo electoral: se trata de una vía que nunca –nunca, insisto– debe ser desechada, a pesar de los fraudes y las trampas. Por supuesto, que si la actual oposición fuera un movimiento guerrillero o terrorista, de golpistas militares al estilo Chávez o de cualquier otra categoría de medios violentos de acceso al poder, sería muy difícil pedirles que se acogieran a la vía electoral.
Y, sin embargo, la reciente historia demuestra que aún esos movimientos utilizan la vía electoral, sin abandonar las otras ilegales e irregulares. Aquí, en la década de los años sesenta, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional –FALN– (integradas por el Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria) la usaron, sin abandonar la lucha guerrillera y el terrorismo contra civiles indefensos.
Igual sucede en Colombia, y más ahora que las FARC dice haberse acogido a la lucha pacífica. En Irlanda el ejército del IRA o ETA en el país vasco participaban también en elecciones sin abandonar su lucha armada y terrorista. Pongo estos  ejemplos para que se vea que, aún en los casos más extremos, la lucha electoral sigue siendo una opción, aunque, incluso, no se crea en ella como medio legítimo de acceso al poder.
Por todo ello, y con más razón, por supuesto, debemos utilizarla quienes somos demócratas por convicción. Las elecciones son un medio para movilizar, activar y motivar a la gente. Ir de casa en casa llamando a votar, denunciando al régimen y dejando un mensaje, resulta  mucho más útil que encerrarse el día de las elecciones y dejar que el régimen las manipule sin que alguien esté allí para hacerles más difícil su perversidad.
Por supuesto que las elecciones son uno más de los varios instrumentos de lucha, a saber, la protesta de calle y la rebelión popular. Porque, como quedó una vez más demostrado este domingo, la abstención es un camino que no conduce a ninguna parte. Como simple omisión carece de utilidad y, aún en el caso de que se imponga, no tiene nunca fuerza suficiente para cambiar algo y producir efectos reales al respecto.
Merecemos, pues, otro gobierno y otra oposición. El martes próximo seguimos con este tema.
   @gehardcartay
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LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 12 de diciembre de 2017.
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