jueves, 21 de septiembre de 2017

LA OPOSICIÓN Y EL REALISMO POLÍTICO


LA OPOSICIÓN Y EL REALISMO POLÍTICO

Gehard Cartay Ramírez
Ya la MUD escogió sus candidatos a gobernadores en todo el país. Ahora debe enfrentar lo que viene, pero con realismo político.
Resulta obvio que el régimen no esperaba que la mayoría de la oposición democrática participara en la supuesta elección de gobernadores. Resulta obvio también que calculó mal su jugada, al dar por seguro que aquella no participaría, presionada por alguna gente decepcionada por la elección de la fraudulenta Constituyente madurista o porque ya no sienten que podamos salir de la dictadura de manera inmediata.
Se sabía de antemano que si la oposición no postulaba candidatos, entonces el régimen haría sus elecciones y se cogería todas las gobernaciones, sin mucho esfuerzo y gracias al criterio de quienes sostenían la conveniencia de no participar. Está claro que ahora la realidad es otra.
Pero no hay que llamarse a engaño con lo que viene al respecto. La perversidad y el carácter decididamente dictatorial del régimen madurista los llevará a adoptar cualquier medida para prolongar su permanencia en el poder, no importa si la misma es inconstitucional, ilegal e inmoral.
Los “juristas” perversos del oficialismo podrían estar barajando, a mi juicio, cuatro escenarios. Uno: nuevo aplazamiento de las elecciones, apelando a cualquier argumento, por traído de los cabellos que pueda ser. Ya lo hicieron el año pasado y no pasó nada. Lo pueden volver a hacer otra vez, confiados en que tampoco ocurrirá nada.
Dos: convocan las elecciones, pero a través de su fraudulenta “constituyente” madurista “inhabilitan” los mejores candidatos de la MUD, tratando de debilitar su opción y escoger indirectamente aquellos que le más convendrían. Este es un escenario bastante probable también, aunque, por lo visto, el voto opositor va apoyar a cualquier candidato suyo.
Tres: La oposición gana la mayoría de las gobernaciones, pero la fraudulenta “constituyente” madurista termina de quitarle atribuciones a aquellas, hasta hacerlas perfectamente inútiles. Ese camino lo vienen transitando desde hace tiempo, de manera que no tendría nada de extraño que lo intenten.
Cuarto: la fraudulenta “constituyente” madurista elimina la figura de gobernadores y alcaldes en función de su proyecto de Estado Comunal, o también podría aprobar que los gobernadores sean designados otra vez por el presidente de la República.
Alguien me dirá que todo esto es inconstitucional. Y es verdad. Pero todo lo aprobado por la fraudulenta “constituyente” madurista lo ha sido, alegando la escandalosa mentira de que son un poder “supraconstitucional” y “originario”. Y no lo son: ni una ni otra cosa. Ellos no pueden sustituir la vigente Constitución de 1999, ni su poder es originario.
Lo que sí es cierto es que no quieren hacer las elecciones de gobernadores porque se saben derrotados de antemano. Saben que el repudio generalizado del pueblo venezolano a la dictadura les impedirá ganar alguna gobernación, si acaso. Saben que si se cuentan en unas elecciones regionales quedarán, una vez más, desnudos de apoyo popular ante la comunidad internacional y se comprobaría de nuevo que carecen del respaldo de la gran mayoría de los venezolanos.
Ahora unas brevísimas reflexiones sobre las primarias de la MUD. Lo primero que debe anotarse es que los resultados en todo el país no son para engolosinarse. (En el caso particular de Barinas los resultados fueron muy estrechos entre los aspirantes. Por lo tanto, el ganador necesita de los otros dos precandidatos y quienes los apoyan, porque pretender asumir el próximo desafío electoral de manera personalista y sectaria sería un gravísimo error.)
 Por otra parte, la altísima abstención también obliga a los precandidatos triunfadores a trabajar más duro y en unidad con los derrotados y sus equipos. Ya se sabe, desde luego, que en este tipo de procesos la abstención siempre se hace presente. También se sabe que muchos opositores consideraban este evento como una competencia entre los partidos de la MUD y que de antemano votarán por los elegidos.
Todo eso se sabe. Pero algo ocurrió y hay que analizarlo, porque la concurrencia ha debido ser mayor, especialmente luego de la exitosísima jornada del 16 de julio pasado. Todo ello obliga, insisto, a no confiarse en un triunfalismo estúpido ni a subestimar al adversario. Cuidado con ambas tentaciones.
No quiero ser “aguafiestas”, sino realista. Hay que estar preparados para lo que viene: las emboscadas del régimen, sus maniobras perversas para seguir aferrados al poder, su desconocimiento continuado a la soberanía popular. Si hay elecciones, los candidatos de la MUD deben saber que no van a un carnaval electoral, sino a una dura prueba, donde tendrán que sumar y no dividir, y poner en el terreno su compromiso, su coraje y hasta su vida.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 12 de septiembre de 2017.
LAPATILLA.COM
 






lunes, 11 de septiembre de 2017

VIVIMOS CADA VEZ PEOR



VIVIMOS CADA VEZ PEOR
 Gehard Cartay Ramírez
En Venezuela, desde hace al menos 60 años, nunca como ahora se había deteriorado tanto la calidad de vida de nuestra gente.
Los venezolanos vivimos cada vez peor. Esta es una verdad que no necesita comprobaciones adicionales. Basta mirar a nuestro alrededor, en nuestras ciudades y pueblos, o en los campos, para verificarla. Basta mirar la cara de la gente para darse cuenta.
Hoy Venezuela es un país trágico, hundido en problemas de toda laya, mientras la cúpula podrida del régimen se aferra al poder sólo para seguir enriqueciéndose. Por eso no se ocupan de resolver los problemas.
Ahora todo está peor que antes de 1999. Lo afirmo sin exageración alguna. Los problemas que teníamos entonces –ahora pálidos al lado de los creados por el régimen chavomadurista en estos largos 18 años– se han profundizado. Esto significa que no sólo no los resolvieron, como lo prometieron en 1998 quienes hoy mandan, sino que los multiplicaron. Pero no sólo eso: ahora hay nuevos problemas, mucho más graves y complejos, que también empeoran por la incompetencia de la cúpula del actual régimen.
Veamos. La inseguridad ha crecido de manera alarmante. Desde 1999, aquí “la vida no vale nada”, como en la ranchera de José Alfredo Jiménez. Todos los días decenas de compatriotas son asesinados por el hampa. Ya suman, a estas alturas de la tragedia chavomadurista, más de 300.000 muertos por el hampa y sus terroristas al servicio del régimen. No hay prácticamente familia venezolana a la que no le hayan asesinado alguno de sus miembros. Vivimos una guerra de exterminio contra la Venezuela decente y trabajadora, sin que el régimen haga algo por impedirlo. Ha sucedido todo lo contrario: haber armado a la delincuencia y garantizarle plena impunidad provoca este genocidio que nos devasta.
Venezuela es hoy un país sin comida suficiente para alimentar a su gente. El régimen acabó con la producción nacional de alimentos, al expropiar o invadir miles de fábricas y fincas agropecuarias. El resultado no podía ser otro que el que hoy sufrimos: una gravísima escasez de comida, especulación y alto costo de la vida y, como lógica consecuencia, la familia venezolana  está subalimentada, sin ingerir las proteínas necesarias, especialmente sus niños. En cambio, los jerarcas de la cúpula podrida del régimen –comenzando por su cabeza– cada día están más gordos y barrigones.
Hoy la inflación galopante nos empobrece más a todos cada día, menos al milmillonario cogollo chavomadurista. Los sueldos cada vez son más insuficientes y no alcanzan ni siquiera para cubrir la cesta alimentaria. Cada semana aumentan los precios de la comida y de los artículos básicos de consumo, si es que se consiguen. Ya se sabe que el bien de consumo que escasea es también el más caro. Todo ello es la consecuencia directa de políticas económicas protocomunistas o socialistas, que han fracasado en todos lados. Y aquí no podía ser la excepción.
Al arruinar la producción nacional, no sólo no hay comida suficiente, sino que tampoco hay trabajo suficiente. Por eso han crecido el desempleo y la falta de oportunidades. Los que trabajan ganan muy poco para adquirir lo fundamental. Y los que no tienen empleo, están aún en peores condiciones.
No hay medicinas para nuestros enfermos. La salud pública está cada día peor. La salud privada se ha encarecido también. La consecuencia no puede ser otra que el crecimiento de enfermedades de todo tipo –algunas eliminadas en el pasado y que ahora reaparecen- y la tragedia del venezolano común al no tener garantías para su salud y promedio de vida.
Y todo ello para no hablar de la pésima educación pública que ha retrocedido un siglo o de la crisis general de los servicios públicos, como la energía eléctrica y la falta de agua potable, todo ello en un país que tuvo en el pasado una de las más grandes hidroeléctricas de Suramérica y posee fuentes naturales de agua que ya quisieran en otras latitudes del mundo.
Lo peor es que todo esto acontece en uno de los países más ricos del planeta y en el que posee las reservas petrolíferas más grandes del globo terráqueo. Sin embargo, la terrible paradoja es que ese mismo país hoy alberga uno de los pueblos más pobres del mundo, sin comida suficiente y con pésimos niveles de vida.
El chavomadurismo, en estos 18 años, acabó con la Venezuela que venía superándose y desarrollándose. Esa podrida cúpula terminó siendo un Midas al revés: todo lo ha convertido en miseria, ruina y pobreza.
Todo esto ya lo sabemos, pero el tiempo nunca será suficiente para repetirlo.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes 05 de agosto de 2017.
LAPATILLA.COM











lunes, 4 de septiembre de 2017

DICTADURA Y “HEGEMONÍA COMUNICACIONAL”



DICTADURA Y “HEGEMONÍA COMUNICACIONAL”
Gehard Cartay Ramírez
Como para que nadie se llamara a engaño, desde sus inicios el régimen chavista desde anunció que una de sus metas era lograr la llamada “hegemonía comunicacional”.
Detrás de tan elegante denominación lo que se escondía era un propósito siniestro y dictatorial: liquidar la libertad de expresión y de información que habíamos disfrutado desde 1958, a pesar de que algunos gobiernos atentaron contra ella, pero nunca en las proporciones que sufrimos desde hace al menos una década.
Y es que no podemos olvidar que, luego de la caída de la penúltima dictadura, en Venezuela se fortalecieron tanto la libertad de expresión como la de información. Se crearon nuevos diarios y revistas, se permisaron numerosas estaciones televisivas y radiales, y a través de esos medios de comunicación social los venezolanos se enteraban de los acontecimientos mundiales, nacionales y regionales. Había entonces libertad de información –salvo las excepciones que confirmaban esa regla–, sin que la censura oficial y la autocensura impidieran a la gente enterarse de lo que estaba ocurriendo.
Hubo también respeto por la libertad de expresión y opinión. Por lo general, columnistas y periodistas escribían sobre cualquier tema sin limitaciones serias. Comenzó entonces a florecer otra vez el periodismo de denuncia, especialmente sobre hechos de corrupción administrativa. Y hubo en aquel tiempo plenas garantías al respecto, tantas que por un caso planteado en la prensa por José Vicente Rangel, el otrora periodista de denuncias y hoy apologista del régimen más corrupto que haya existido, el entonces presidente Carlos Andrés Pérez fue destituido y enjuiciado en 1993.
(Por cierto, contrasta aquel hecho histórico con el silencio actual de los organismos encargados de investigar y sancionar la corrupción administrativa ante la gravísima denuncia que la fiscal Ortega Díaz ha hecho en estos días contra quien ocupa la presidencia de la República y su presunta vinculación directa con empresas relacionadas con los llamados “clap”.)
Hoy la situación resulta todo lo contrario. La llamada “hegemonía comunicacional” del régimen viene acabando con televisoras, radios y periódicos que no le hagan coro a sus mentiras o publiquen la trágica realidad de un país sin gobierno, con las más altas tasas de asesinatos e inseguridad, sin comida ni medicinas, desempleo galopante, con una de las inflaciones más elevadas del planeta, una milmillonaria corrupción roja rojita sin precedentes por el dinero público robado y la jerarquía de esos ladrones, todo ello dentro del creciente desempeño dictatorial y antidemocrático de quienes están en el poder.
Y en este sentido, “la hegemonía comunicacional” les viene como anillo al dedo. Mientras menos medios de comunicación informen el drama que sufrimos los venezolanos, mejor para el régimen. Mientras menos medios de comunicación informen sobre la escandalosa corrupción de la cúpula del régimen, el cogollito madurista en el poder se siente a sus anchas. Ya se sabe que cuenta con la total impunidad de quienes deberían investigarlos y enjuiciarlos, si en este país hubiera justicia.
Por eso es que vienen cerrando impunemente varias televisoras interioranas y centenares de radios en todo el país, abusando de la atribución legal de administrar el espectro radioeléctrico. Lo que hizo Chávez al clausurar Radio Caracas Televisión hoy es un atropello multiplicado por su heredero. Y en el caso de los medios escritos, también son decenas de diarios que han dejado de circular, ya sea porque el régimen no les vende el papel periódico para ser impresos; o bien porque les niegan las pautas publicitarias oficiales –a las que tienen perfecto derecho–, lo cual constituye otro perverso mecanismo para ahogarlos económicamente y llevarlos al cierre definitivo.  
Sin embargo, su cinismo los hace repetir a cada rato la mentira de una supuesta “canalla mediática” que los ataca, siendo que son cada vez menos los medios de comunicación independientes y objetivos. Por desgracia para ellos, las radios y televisoras oficialistas casi nadie las oye o las mira. Sus periódicos también tienen muy pocos lectores.
Y como esa hegemonía comunicacional cada día cierra los escasos medios de comunicación autónomos, entonces al país democrático no le quedan otros recursos que las redes sociales y el internet. Pero la dictadura también quiere eliminarlos, para lo cual la constituyente fraudulenta madurista está por “aprobar” una supuesta “ley contra el odio” (¡!). Cinismo puro, pues ellos tienen más de 20 años sembrando el odio entre los venezolanos.
Pero todo ello, en verdad, forma parte de la llamada “hegemonía comunicacional”, más propia de una dictadura que de una democracia.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 29 de agosto de 2017.
LAPATILLA.COM