martes, 1 de agosto de 2017

CONSTITUYENTE FRAUDULENTA Y NEFASTA



CONSTITUYENTE FRAUDULENTA Y NEFASTA
Gehard Cartay Ramírez
La constituyente madurista no resolverá ninguno de nuestros problemas, los agravará aún más y creará otros peores.
Así profundizará entonces el calvario que sufrimos ahora, si se aprueba ese instrumento diseñado en Cuba con el despropósito de atornillar a la oligarquía castrocomunista venezolana –por ahora en el poder– y seguir chupando nuestros petrodólares desde La Habana. Porque, aparte de espuria y fraudulenta, la Constituyente madurista nos terminará de destruir como República y permitirá, si los venezolanos lo aceptamos, consolidar esta dictadura aún más.
No quiero ser agorero, ni creo que todo se acabe este domingo que viene, cuando el régimen y su CNE impongan fraudulentamente la criminal constituyente de Maduro y su cúpula podrida, en contra de la voluntad mayoritaria de los venezolanos. En tal caso, nuestra lucha para salir de esta pesadilla tendrá que continuar, con más fuerza aún, porque si algo está demostrado es que el pueblo venezolano es indomable y no se va a calar una dictadura como la cubana. Estos ciento y pico de días de presencia popular en las calles y los ciento y pico de jóvenes asesinados, los miles de heridos, torturados, presos, secuestrados y exiliados por la dictadura madurista así lo demuestran, si es que alguien duda.
Pero aquí nadie puede llamarse a engaño: vendrán días más difíciles, a menos que se produzca un cambio radical esta misma semana. Si no es así, esa Constituyente madurista va a empeorar más la situación, ya que su único objetivo es que esta cáfila de ladrones e ineptos siga disfrutando del poder, destruyendo el país, empobreciendo aún más su gente y robando a manos llenas, y que Venezuela continúe siendo colonia de la dictadura castrocomunista cubana.
Lo peor de todo es la hipocresía y el cinismo criminal de Maduro y su claque purulenta cuando prometen soluciones imposibles, ya que ellos mismos saben que no pueden resolver la gigantesca crisis que han creado y que los venezolanos los rechazan cada día más por esa misma causa. ¿Cómo podría nuestro pueblo votar por sus hambreadores, por quienes lo han empobrecido ominosamente, le han robado el futuro a sus hijos y se han apropiado de la riqueza más cuantiosa que ha tenido este país como nunca antes?
La verdad es que la cúpula del régimen no puede ofrecer soluciones a ninguno de nuestros problemas. Si no los resolvieron en estos fatídicos 18 años, cuando dilapidaron y se robaron los ingresos de petrodólares más cuantiosos de la historia de Venezuela, ¿los van resolver ahora, cuando en estas casi dos décadas convirtieron a una de las naciones más ricas del mundo en un país pobre, hambriento, sin comida ni medicinas y con más de dos millones de compatriotas que se han marchado al exterior en procura de mejores condiciones de vida?
¿Cómo pueden ahora –insisto– llegar al cinismo y la hipocresía de prometer que con su fulana constituyente van a solventar los problemas que ellos mismos crearon durante los últimas dos décadas, a pesar de haber recibido los más altos ingresos petroleros? ¿Cómo pueden ofrecer paz y progreso si ellos mismos destruyeron a la Venezuela de progreso, paz y desarrollo que consiguieron cuando llegaron al poder en 1998?
Ahora estamos peor que antes en todo sentido. Este régimen forajido y terrorista nos ha convertido en un país que ya es el centro de una gravísima crisis geopolítica que nos arrastra a un conflicto armado de proporciones inimaginables, si el madurismo sigue en el poder.
Porque, aparte de habernos hipotecado a Rusia y China mientras seguimos financiando la dictadura castrocomunista, ya estamos invadidos por aves de rapiña rusas, chinas, iraníes y cubanas, aparte de la narcoguerrilla colombiana y cárteles criollos de narcotraficantes vinculados al poder. Nuestras grandes reservas petroleras, el rico arco minero de Guayana, la posible presencia de uranio y coltán en el Amazonas, están siendo entregadas vilmente a esas aves de rapiña. No hay que ser muy zahorí para darse cuenta de que Estados Unidos adoptará medidas en lo que ellos consideran una zona que afecta su seguridad como nación…
Son hechos y presagios trágicos para los venezolanos si la Constituyente de Maduro es aprobada, porque a esa cúpula podrida sólo le interesa continuar en el poder, a costa del hambre, la pobreza, las enfermedades y la inseguridad que nos acogota a los venezolanos.
Un gran venezolano, Arístides Calvani, de cuyo natalicio se cumplirán cien años en 2018, siempre nos decía: “Sólo el pueblo salva al pueblo”.
Ahora más que nunca debemos tenerlo presente.
@gehardcartay
LA PÑRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 25 de junio de 2017.
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jueves, 27 de julio de 2017

BAQUIANO, VOLANDO RUMBOS



Toda la obra de Alberto Arvelo Torrealba cobra vigencia en la medida en que pasa el tiempo.
Su poesía, desde luego, ocupa el primer lugar. Arvelo Torrealba es el poeta mayor del llano venezolano y el nativista nacional por excelencia del siglo XX. En el ancho y largo corredor llanero que se extiende desde los confines del Arauca hasta el Delta del Orinoco, su poesía sigue viva: anda en labios de la gente, en sus cantos y en sus dichos. Y los venezolanos de la costa caribeña, de Guayana, de los Andes y del Zulia, al igual que los del centro del país, también la conocen, sobre todo Florentino y el Diablo, su poema más popular.
Lamentablemente, las otras facetas de este venezolano singular siguen en la penumbra, especialmente su pensamiento precursor de la moderna ecología, su condición de brillante jurisconsulto, su labor docente durante largos años y su actuación como ministro, gobernador, embajador y servidor público, honesto y capaz. Estos aspectos permanecen aún ignorados por la gran mayoría de sus compatriotas: el celebrado poeta del llano ha opacado al venezolano poliédrico que fue Alberto Arvelo Torrealba.
Esta obra, Baquiano, volando rumbos. Vida y obra de Alberto Arvelo Torrealba, escrita por Gehard Cartay Ramírez, nos revela en profundidad la brillante trayectoria del ilustre barinés.
La Editorial Jurídica Venezolana ha puesto en circulación el libro "Rafael Caldera, jurista integral", contentivo de tres ensayos suscritos por Alfredo Morles Hernández, Tulio Alberto Álvarez y Gehard Cartay Ramírez, en los cuales analizan al jurista que fue el expresidente socialcristiano ya desaparecido y su preocupación por la paz, así como sus ejecutorias al respecto como gobernante y estadista. De venta en las principales librerías del país.

EL TRIUNFO DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL



EL TRIUNFO DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL
Gehard Cartay Ramírez
El pasado domingo triunfó la desobediencia civil del pueblo venezolano frente a la dictadura madurista.
Se trata de un hecho sin precedentes en Venezuela y el mundo. Se trata de un trascendental hecho histórico -superior a muchas gestas de desobediencia civil ocurridas antes en otras partes del planeta-, pero que por su gigantesca proporción y contagioso entusiasmo revela la condición libertaria de la patria de Bolívar.
Que más de siete millones de venezolanos hayan respondido afirmativamente a la Consulta Popular, convocada por la Asamblea Nacional en cumplimiento del artículo 70 de la Constitución Nacional, revela así mismo la plena disposición de nuestro pueblo para producir un cambio de gobierno cuanto antes, y abrir así una nueva etapa de paz, progreso y bienestar al producirse la salida del poder de la claque madurista que hoy lo detenta.
Fueron más de siete millones de venezolanos los que acabamos de rechazar y desconocer la Constituyente fraudulenta que pretende realizar el régimen madurista sin la aprobación del pueblo de Venezuela. Fueron más de siete millones de venezolanos los que acordamos, como sus mandantes legítimos, demandar “a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la Constitución de 1999 y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional”.
Fueron más de siete millones de venezolanos los que también le hemos ordenado, como sus mandantes legítimos, a la Asamblea Nacional que de inmediato designe los nuevos magistrados del TSJ y los nuevos rectores del CNE, conforme lo señala la Constitución, a fin de de que Venezuela pueda contar con una alta magistratura judicial honesta, honorable y respetable, así como con un árbitro electoral confiable y decente.
Finalmente, fueron más de siete millones de venezolanos los que hemos aprobado que se proceda “a la realización de elecciones libres y transparentes, así como a la conformación de un Gobierno de Unión Nacional para restituir el orden constitucional”.
No es poca cosa lo que acaba de ocurrir, amigo lector. Una mayoría determinante del pueblo venezolano ha resuelto la hoja de ruta que debemos seguir para salir de la tragedia que hoy nos atormenta a todos, como consecuencia del desgobierno que sufrimos.
Por si fuera poco, esos más de siete millones de venezolanos salimos a votar espontáneamente el pasado domingo desafiando todo tipo de adversidades y obstáculos. ¿O acaso vamos a olvidar que el régimen impuso su férrea censura a medios televisivos, radiales y escritos,  mediante amenazas de todo tipo? ¿Vamos a olvidar que otros medios de comunicación se acobardaron y se autocensuraron cuidando sus particulares intereses y dejando de lado los intereses de los venezolanos?
¿Vamos olvidar acaso que el régimen madurista, a través de Conatel, prohibió abusivamente a televisoras y emisoras radiales que difundieran la campaña propagandística de la Asamblea Nacional promoviendo la Consulta Popular y que, incluso, amenazó a esos medios si tan sólo mencionaban el evento en referencia? ¿Vamos a olvidar, incluso, que esa Consulta Popular fue organizada en menos de 15 días, con escasos recursos, pero con un voluntariado entusiasta de miles de venezolanos que sólo aspiran una mejor Venezuela?
Y, lo que es más importante, en medio de todas estas adversidades, ¿vamos a ignorar la decidida voluntad de esos más de siete millones de venezolanos que, retando el miedo y el terror impuestos por el régimen, dieron tan cabal muestra de patriotismo y de valentía? Habría que ser muy estúpido para negar el formidable triunfo de la desobediencia civil de nuestro pueblo este 16 de julio de 2017, fecha fundamental en la moderna historia venezolana.
(Contrasta toda esta epopeya democrática con el esmirriado, raquítico y escuálido simulacro que intentó el CNE del régimen ese mismo día y cuyo tufo derrotista nos anuncia desde ya la orfandad popular de la fementida constituyente madurista.)
Esa mayoría determinante de venezolanos ha aprobado una hoja de ruta y a ella debemos ceñirnos, si queremos salir de la pesadilla madurista y legar a nuestros hijos y nietos una Venezuela distinta a esta que hoy se encuentra arruinada y empobrecida, a pesar de ser uno de los países con las mayores riquezas del mundo.
El camino está, pues, despejado y en buenas condiciones para transitarlo con decisión y valentía. No hay vuelta atrás. Que nuestro bravo pueblo lo siga recorriendo hasta la victoria final sólo depende de nosotros mismos y de nadie más.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 18 de julio de 2017.
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miércoles, 12 de julio de 2017

GUERRA CONTRA EL PUEBLO



GUERRA CONTRA EL PUEBLO
Gehard Cartay Ramírez
El actual régimen mantiene, casi desde sus inicios, una guerra inaudita contra el pueblo venezolano.
Se trata de una guerra en todos los sentidos. Una guerra en la cual la exclusión, el sectarismo y la división entre nosotros han alcanzado niveles pocas veces vistos. Una guerra que ha creado odios y enfrentamientos en muchas familias y que ha llegado al colmo de distinguir entre venezolanos de primera y venezolanos de segunda. Aquellos son, obviamente, los que disfrutan del poder, y los demás somos quienes nos oponemos a un régimen hambreador, asesino, incapaz y corrupto, casi sin precedentes en el devenir de Venezuela.
El régimen libra una guerra contra las instituciones democráticas que venían funcionando regularmente desde 1958, luego de la caída de la dictadura perezjimenista. Una guerra que nos ha hecho retroceder al siglo XIX y que volvió a privilegiar el caudillismo, la violencia armada desde el poder contra los ciudadanos, el desconocimiento de los derechos humanos y la violación sistemática de la Constitución y las leyes, mediante la instauración de una tiranía de ambiciosos e inmorales que se creen dueños del país y su gente.
El régimen libra una guerra contra la clase media y los pobres, empobreciendo a la primera y llevando a la miseria más deplorable a los segundos. Una guerra que ha liquidado las inversiones nacionales y extranjeras, cerrado miles de fábricas y fincas agropecuarias productivas y acabado con millones de puestos de trabajo. Por eso mismo hoy escasean la comida, las medicinas y los empleos, al punto de convertirnos ya en un país africano marcado por el hambre y el desempleo.
El régimen libra una guerra contra el progreso alcanzado luego de varios años por los venezolanos. Así, los logros fundamentales de la República Civil entre 1959 y 1998, que crearon una clase media en ascenso y sacaron de la pobreza a centenares de miles de familias, han sido destruidos por el empeño en establecer aquí un modelo calcado de la dictadura castrocomunista cubana. Ahora campea la falta de oportunidades, sobre todo para los más jóvenes, y se extiende sobre nosotros la tragedia del hambre y la miseria más desoladora. Al igualarnos por debajo, nos han empobrecido a todos.
El régimen libra una guerra contra la juventud venezolana, es decir, una guerra contra nuestro futuro. Una guerra que ha asesinado centenares de jóvenes, quienes sólo vienen haciendo uso del derecho a vivir en un país mejor y exigir que se vayan los que, por ahora, detentan el poder y desgobiernan a Venezuela. Una guerra que mantiene como presos políticos a miles de compatriotas, a quienes se les viola el debido proceso, muchos de los cuales han sido sometidos a torturas infamantes y criminales, a la usanza de las peores dictaduras que ha padecido la humanidad.
Se trata de una guerra que apela al uso de las armas ante la imposibilidad del régimen de convencer a los venezolanos de que lo está haciendo bien. Por esa razón, Maduro acaba de señalar “que lo que no han logrado con los votos lo lograrían con las armas”, ratificando así la guerra que vienen ejecutando desde hace tiempo contra los venezolanos.
Si tuvieran un ápice de vergüenza, la cúpula podrida del régimen debería haber renunciado hace tiempo. En lugar de hacerlo, pretenden -a sangre, fuego y muerte- acabar con la protesta de las grandes mayorías nacionales que ya no los soportan y piden a gritos su salida del poder. Tal es el signo característico de las dictaduras que entran en el túnel sin retorno de su caída definitiva.
Se trata entonces de una guerra fratricida de la cúpula envilecida que está en el poder, ejecutada con perversidad y saña criminal contra sus propios conciudadanos, sin que fronteras o límites de moralidad y humanismo los detengan en su carrera genocida.
Ya han perdido la más mínima vergüenza, y por eso arrecian su guerra contra nuestro pueblo, masacrándolo diariamente con sus cuerpos policiales, militares y paramilitares, conducidos como un ejército que ocupa a Venezuela con el único propósito de eliminar a cualquier precio la disidencia contra el régimen.
Bien lo acaba de declarar el Cardenal Jorge Urosa Savino: “El gobierno tiene una guerra contra el pueblo”, al exigirle al régimen que renuncie a su Constituyente fraudulenta y antipopular. “Que el gobierno desista –agregó– de estar utilizando recursos legales para desmantelar al Estado, implantar un sistema totalitario marxista y ahora también militar, militarista. Todo eso es reprochable e intolerable y no es el camino que desea la mayoría del pueblo” (El Nacional, 01-07-2017).
Pero esa guerra asesina y criminal la perderán irremediablemente. No podrán contra el pueblo venezolano y más temprano que tarde pagarán por sus crímenes de lesa humanidad.  
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 04 de julio de 2017
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