domingo, 4 de junio de 2017

PROTESTA POPULAR vs. TERRORISMO DE ESTADO



PROTESTA POPULAR vs. TERRORISMO DE ESTADO
Gehard Cartay Ramírez
Los sucesos de la semana pasada en Barinas, al igual que en el resto del país, ratifican la indignación popular y la represión y el terrorismo de Estado como su única respuesta.
Pero, ciertamente, pocas veces antes en la capital barinesa se había vivido una situación de muertes, heridos, saqueos y represión indiscriminada, como la que se produjo a comienzos de la semana pasada. Con excepción del incendio de la ciudad y los saqueos de las tropas del realista Puy el 22 de enero de 1814, durante la guerra de Independencia, y el posterior vandalismo que produjo nuevamente quemas y saqueos durante la contienda federal de 1859, no se conocen otros hechos similares a los sucedidos el 22 y 23 de mayo pasados en esta capital llanera.
No es poca cosa, amigo lector. Si en aquellas dos ocasiones murieron numerosos barineses y fue incendiada y arrasada la ciudad de Barinas –“verdadera perla del arte colonial”, la llamó el historiador Domingo Alberto Rangel–, sumiéndola por casi un siglo en el atraso y la miseria, los infaustos sucesos de la semana pasada no son menos graves: varios muertos y cerca de 200 comercios y empresas saqueados por colectivos terroristas armados al servicio del régimen.
En los días anteriores había circulado una sospechosa convocatoria a un supuesto paro, acompañada de amenazas inaceptables. Tal perversión se la intentó achacar a la MUD, quien prontamente la desmintió. Pero la maniobra tenía el sello indiscutible de los laboratorios de guerra sucia del régimen. Y así se comprobó el lunes 22.
Ese día, desde temprano, se produjeron protestas en varias zonas de la ciudad Barinas y otras del interior, que fueron prontamente enfrentadas por policías y guardias nacionales, con saldo de varios estudiantes muertos y heridos. La indignación, como era de suponer, incrementó la protesta en la ciudad capital, se encendieron fogatas y montaron barricadas. En Barinitas, Santa Bárbara y Socopó hubo eventos similares. De inmediato, colectivos armados comenzaron a saquear indiscriminadamente locales comerciales en Barinas y Barinitas, sin que se produjera ninguna intervención de las autoridades y sus fuerzas de orden público. Estas estaban ocupadas reprimiendo las manifestaciones de protesta, sin enfrentar a los saqueadores, que actuaron impunemente y a sus anchas.
La maniobra estaba muy clara: reprimir la protesta, pero no a los saqueadores. Seguramente se pretendió achacar los saqueos a la MUD, así como la violencia ya generalizada a partir del medio día del lunes y todo el martes siguiente. La gente, sin embargo, no se tragó aquella mentira. Como por arte de magia, ese martes en la noche reaparecieron el gobierno regional y las autoridades militares ofreciendo restablecer el orden, después de casi 48 horas sin actuar al respecto. Pero ya el mal estaba hecho: la impunidad de los saqueadores arrasó con cerca de 200 comercios y empresas, arruinando a buena parte de sus propietarios.
La impunidad con que actuaron los saqueadores y la falta de respuesta de las autoridades frente a sus desmanes durante dos días, mientras –por increíble que parezca– que sólo se reprimía la protesta popular, dio lugar a diversas interpretaciones. Algunos han hablado de un supuesto “laboratorio en ensayo” montado en Barinas para ejercitar la fase dos de llamado Plan Zamora, mientras que otros han señalado lo absurdo de una represión selectiva que sólo afectó a los opositores y no a los delincuentes armados que saquearon sin que ninguna autoridad los enfrentara en el momento.
Mientras tanto, como era natural, el temor se extendió aceleradamente. Ese lunes y martes siguiente fueron de obligada vigilia en barrios y urbanizaciones, previendo nuevos saqueos ante la condenable ausencia de las autoridades. En los días subsiguientes, la ciudad capital y otras del interior mostraron una increíble desolación y los terribles efectos de comercios destruidos y arrasados, mientras algunas familias lloraban a sus muertos y otros trataban de comprar alimentos y proveerse de insumos mínimos, aunque sin mayor éxito.
Terribles lecciones las que nos dejan estos nefastos acontecimientos. Nos muestran, por una parte, la infinita perversión del régimen en su afán de perpetuarse, objetivo que pretenden lograr “a sangre y fuego”, sin importar la muerte de jóvenes estudiantes, ni la vida y los bienes de los venezolanos. Y por la otra, que no han vacilado en apoyarse en la delincuencia común para aterrorizar a sus adversarios y así desmoralizarlos, si fuere el caso. Para esa cúpula podrida ya es ley que “el fin justifica los medios”, lo que demuestra una vez más su inmoralidad y falta de escrúpulos.
Tengamos clara, una vez más, la catadura perversa del régimen que enfrentamos.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas - Martes, 30 de mayo de 2017.
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miércoles, 31 de mayo de 2017

LA URGENCIA DE UN NUEVO GOBIERNO



LA URGENCIA DE UN NUEVO GOBIERNO
Gehard Cartay Ramírez
Venezuela no necesita ahora ninguna Constituyente. Lo que necesita es un nuevo gobierno cuanto antes.
Y necesita un nuevo gobierno cuanto antes, porque el actual régimen no puede resolver ninguno de los gravísimos problemas que creó en estos últimos 18 años. Por eso mismo, está moral y políticamente inhabilitado para seguir en el poder. Hay que sustituirlos y, repito, cuanto antes, mejor.
La lógica indica que lo que no sirve hay que apartarlo. Este régimen no sirve, nunca ha servido, ni serviría luego, si es que se aceptan sus pretensiones de continuar en el poder. Se trata de un hecho que no admite discusión alguna ya: pocas veces antes, Venezuela sufrió un régimen más incapaz, corrupto  y criminal como el chavomadurista.
Esta no es una exageración. Recuérdese que la cúpula chavomadurista ha gobernado casi 20 años, robado y dilapidado más de 900 mil millones de dólares (con menos de esa cantidad fueron reconstruidos Europa y Japón, luego de la Segunda Guerra Mundial), y hoy Venezuela es un país arruinado, sin comida ni medicinas, con inflación e inseguridad como nunca antes y la peor calidad de vida de su gente en mucho tiempo.
Solamente esta desgracia del chavomadurismo constituye un gigantesco crimen de lesa humanidad, que ni siquiera podría tener perdón de Dios, y mucho menos de los venezolanos de hoy y del futuro. Piénsese que, por ejemplo, Europa y Japón, que necesitaron muchísimo menos de 900 mil millones de dólares para su reconstrucción, hoy son potencias mundiales desde todo punto de vista.
 En cambio aquí, luego de que el régimen actual derrochó y robó esa cantidad milmillonaria de dólares, estamos más arruinados y pobres que nunca, sin justificación alguna, pues éramos en 1999 un país rico y no existía esta pobreza generalizada de ahora, con excepción de la cúpula podrida que manda, ricos como jamás lo fueron los corruptos de todos los tiempos.
¿Habrá que agregar algo más para convencer a alguien de que vivimos una crisis sin precedentes en nuestro país? ¿Habrá que agregar algo más para convencer a alguien de que la tragedia que sufrimos es responsabilidad exclusiva de Chávez y Maduro, de su colosal incapacidad y corrupción, como nunca antes lo registra la historia venezolana?
Por eso hay que insistir, con ocasión o sin ella, que así como en 1999 recibieron un país con los graves problemas de entonces –aunque nunca como los de ahora y que entonces ofrecieron solucionar y no lo hicieron–, también han dilapidado los más altos ingresos por concepto de venta de petróleo, como nunca antes los cobró gobierno anterior alguno y, tal vez, ninguno en el futuro.
Pero, además, los venezolanos no podemos calarnos otra dictadura más. No es posible que, a estas alturas de la humanidad, en la patria de Simón Bolívar nos vuelva a sojuzgar una dictadura.
Eso corresponde al pasado, como lo demuestra la historia, y es un hecho aberrante –y, por tanto, inaceptable– que el chavomadurismo pretenda eternizarse en el poder en contra de la voluntad mayoritaria de los venezolanos, a costa de la represión y la muerte de centenares de jóvenes, mientras condena a nuestro pueblo al hambre, la miseria y a una crisis humanitaria sin precedentes.
Todo ello sucede porque son unos enfermos de poder, corruptos, codiciosos y sin ningún interés en favorecer a los venezolanos. 18 años en el poder lo comprueban y no admiten prueba en contrario. Esa minoría abyecta, podrida y envilecida que, por ahora, manda sólo para beneficiarse ella sóla, no puede seguir en el poder. Por lo tanto, constituye obligación de todo venezolano que le duela el país y piense en sus hijos y nietos hacer todo lo posible para salir de ella.
Por eso, insisto, en Venezuela no necesitamos ahora ninguna Asamblea Constituyente, la nueva trampa del chavomadurismo para continuar mandando. Lo que requerimos con urgencia es un cambio de régimen, a través de elecciones generales y regionales, a fin de poner en ejecución políticas públicas que resuelvan la escasez de comida y medicinas, derroten la crisis de la salud, generen millones de empleos y garanticen nuestra seguridad personal, social y jurídica.
Como ya está demostrado que con esta cúpula nefasta y ladrona no hay salida a la actual crisis, toca ahora a los venezolanos dignos sacar adelante a Venezuela.  
      @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Viernes, 26  de mayo de 2017.
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lunes, 22 de mayo de 2017

ENFERMOS DE PODER



  
ENFERMOS DE PODER
Gehard Cartay Ramírez
Luego de haber arruinado al país, saqueado sus riquezas y con el 90 por ciento de los venezolanos en contra, la cúpula podrida del régimen, enferma de poder, pretende prolongar su dictadura.
Cual garrapatas pegadas de la ubre gubernamental, esta cáfila de corruptos quiere continuar esquilmando a los venezolanos, como si no estuvieran suficientemente ahítos de petrodólares y narcodólares. Ya se sabe, sin embargo, que “Dios ciega a quienes quiere perder”: están tan enfermos con el poder, y envilecidos con sus inmensas riquezas mal habidas, que pretenden alargar –como sea– su ya larga estadía en él, a pesar de que cada día crece la indignación popular en su contra.
Sin embargo, enfermos de codicia también, aspiran terminar de raspar la olla. Lo harán mientras puedan, porque ellos saben que les queda poco tiempo. Y como no tienen que hacer maletas con los dólares robados a nuestro pueblo, como sí lo hizo Pérez Jiménez en 1958, ya que en estos tiempos de banca digital sus fortunas están a buen resguardo en varios paraísos fiscales, entonces pretenden continuar mancillando a los venezolanos, sometiéndolos a las peores condiciones de vida que han sufrido en mucho tiempo.
Mientras les llega el momento de ser echados del poder, la cúpula podrida chavomadurista ya ha sacado del país –con suficiente antelación– a sus familias, con preferencia hacia el “odiado” imperio yanqui o a Europa. Milmillonarios, residen en costosas  mansiones o apartamentos, mientras sus hijos estudian en universidades caras y su tren de vida es opulento y desvergonzado (famosos restaurantes, vestimenta de marca, extravagantes compras, ostentosos vehículos y yates, flamantes aviones, etc.), como si fueran descendientes de una monarquía ladrona y rica en el exilio. Entre tanto, los chavistas pobres de vaina reciben la miserable bolsa de los Clap.
 No deja de ser una monumental hipocresía y un cinismo descarado que la cúpula podrida chavomadurista no haya enviado sus familiares a Cuba (“el mar de la felicidad”, según su extinto jefe) o Corea del Norte, siendo como dicen ser socialistas y anticapitalistas. Si acaso, y parece que no son muchos, tal vez algunos estén en China o Rusia, hoy neocapitalistas. Pero, la verdad, los revolucionarios del régimen prefieren Estados Unidos y su detestado “capitalismo neoliberal y explotador”.
Por eso mismo, no deja de ser también un colosal monumento a su condición de farsantes incurables la muy demostrativa circunstancia de que no hayan inscrito a sus vástagos en las universidades piratas fundadas por ellos aquí, desde que llegaron al poder. Por lo visto, tampoco quieren que sus afortunados herederos se gradúen en las profesiones chimbas que allí se ofrecen.
Todo esto demuestra que, al final, en Venezuela el llamado socialismo del siglo XXI es otra gigantesca estafa histórica, como lo ha sido en Cuba o lo fue en la desaparecida Unión Soviética o en la anterior China, reconvertida hoy al capitalismo salvaje, aunque con una dictadura comunista hasta nuevo aviso.
Pero, como bien se sabe, en cada una de esas dictaduras la cúpula siempre vivió de manera opulenta, enriquecida por el saqueo criminal de los recursos de cada país, mientras a los pobres les echaban las migajas de su festín baltasariano. Dicho en otras palabras: ellos milmillonarios, mientras el pueblo llano sufría hambre y pobreza, tal cual sucede en la Venezuela actual.
Nunca los venezolanos le perdonarán al chavomadurismo haber arruinado uno de los países más ricos del mundo. Nunca le perdonarán que los empobrecieran como lo han hecho desde 1999. Nunca le perdonarán que hayan destruido miles de industrias y empresas agropecuarias, liquidando así el aparato productivo nacional. Nunca le perdonarán que los hayan sometido al hambre, la escasez de comida y medicinas, la inseguridad, el desempleo y el empeoramiento de su calidad de vida, mientras la cúpula chavomadurista se ha enriquecido groseramente.
A esa cúpula, por supuesto, le importa un comino la desgracia que ahora sufren los venezolanos como consecuencia de 18 años de destrucción del país desde el poder. A ellos sólo les importan ellos mismos. Si no fuera así, sus familiares estarían aquí, sufriendo también la crisis. Pero resulta todo lo contrario: hoy viven como magnates mil millonarios fuera de Venezuela, mientras en Venezuela sobrevivir es cada día más difícil.
Ese es el legado del socialismo del siglo XXI y sus enfermos de poder…
      @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) -Martes, 16 de mayo de 2017.
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domingo, 14 de mayo de 2017

ASESINO DE JUVENTUDES



ASESINO DE JUVENTUDES
Gehard Cartay Ramírez
Asesinar: Matar a una persona con premeditación, alevosía, etc. 2. fig. Causar viva aflicción o grandes disgustos. 3. fig. Engañar en un asunto grave una persona en quien se confía.
Diccionario de la Lengua Española (DRAE).

Esta es la definición exacta del régimen chavomadurista, luego de 18 largos años en el poder.
Y es que, en este caso, asesinar cabe exactamente en el sentido integral que le da el DRAE en el epígrafe de estas notas, pues el régimen, al mismo tiempo que ha liquidado físicamente a centenares de jóvenes estudiantes, también le ha robado el futuro a un importantísimo sector de la juventud venezolana.
No otra cosa significa la destrucción del país y sus extraordinarias posibilidades de futuro, especialmente para sus jóvenes. Aquel era un país en ascenso, a pesar de sus muchos problemas, pero nunca arruinado ni destruido al extremo como lo ha hecho el chavomadurismo. Era un país donde el optimismo y la esperanza tenían lugar, y no se había instalado aún el pesimismo y la desesperanza.
Lamentablemente, hoy hay múltiples daños colaterales contra la juventud venezolana. A la tendencia adoctrinadora fasciocomunista en la educación oficial, se suma también el empeño criminal del régimen por destruir las universidades autónomas, al negarles los recursos que está obligado a entregarles. Mientras tanto, en paralelo, han creado universidades improvisadas para profesionalizar la mediocridad de alguna gente suya e incorporarlos a las nóminas oficiales.
En esta materia, las cosas funcionaron de manera distinta hasta 1998. Había entonces oportunidades para la juventud en general. Había también una educación aceptable en casi todos los niveles y en algunos, sin duda, la hubo de excelencia. A partir de 1958, la República Civil multiplicó las escuelas, los liceos y las universidades como nunca antes y facilitó el acceso al proceso educativo de millones de niños y jóvenes. Luego, a partir de 1974, Venezuela se dio el lujo de enviar al exterior a miles de jóvenes profesionales a especializarse en diversas áreas.
Pero, por desgracia, todo aquello quedó atrás. Hoy los jóvenes no encuentran oportunidades de ningún tipo. Lo más significativo de todo es que la mayoría de ellos eran apenas unos niños -o no habían nacido- en la Venezuela anterior a 1999. Por lo tanto, sólo han conocido y sufrido la pesadilla chavomadurista. Todo ello demuestra el fracaso de este oprobioso proceso: quienes han nacido y crecido bajo su régimen son justamente quienes más lo combaten. He allí la condena más rotunda contra la cáfila incapaz y corrupta, hoy envilecida en el poder.    
Por todas estas razones, tal vez ningún gobierno anterior haya asesinado de manera generalizada –en los términos del DRAE ya citado– a tantos millones de jóvenes, no sólo al arrebatarles su vida, sino también sus posibilidades de estudio, de superación y de progreso, así como su derecho inalienable a vivir en un país mejor.
Hoy comprobamos también, con inmenso pesar, cómo la delincuencia impune –aliada y armada por el régimen– también ha asesinado desde hace tres lustros a cientos de miles de jóvenes en ciudades y pueblos venezolanos. Todas esas muertes de muchachos y muchachas que querían ganarse el porvenir deben ser igualmente acreditadas a la abultada cuenta de las víctimas fatales del régimen.
Por eso, y aunque pueda parecer pantagruélica la afirmación anterior, lo cierto es que en estos 18 años el régimen ha asesinado más jóvenes que cualquier otro gobierno. Ha herido más jóvenes que cualquier otro gobierno. Ha detenido más jóvenes que cualquier otro gobierno. Ha torturado más jóvenes que cualquier otro gobierno. Y muchos más jóvenes se han ido fuera del país en busca de oportunidades que aquí ahora se les niegan, como nunca antes sucedió en ningún gobierno anterior.
Porque, por desgracia, nunca antes nuestra juventud fue tan asesinada, escarnecida, perseguida, torturada y privada de libertad como ahora. Pero más temprano que tarde, este régimen genocida pagará sus crímenes y delitos de lesa humanidad, aunque se escondan debajo de las piedras.
      @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 09 de mayo de 2017.
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