domingo, 16 de abril de 2017

LA DICTADURA EN SU LABERINTO



LA DICTADURA EN SU LABERINTO
Gehard Cartay Ramírez
Son muy pocas las alternativas que tiene la dictadura venezolana para salir airosa de la crisis que ella misma ha creado en 18 años de desgobierno.
Por primera vez, el régimen de Maduro está acorralado por casi todas partes. Tanto, que lo único que lo sostiene es el alto mando militar. Ya no tiene pueblo que lo apoye y son evidentes las fisuras surgidas entre algunos de sus dirigentes, para no hablar del inconformismo inocultable de sus menguadas bases populares, que también sufren la terrible crisis que atormenta a los venezolanos.
Lo más importante de todo es que su cúpula podrida sabe que la inmensa mayoría del pueblo quiere su salida del poder. Hay una arrechera generalizada contra Maduro y su claque y ya no existe ningún lugar, a lo largo y ancho de Venezuela, donde la gente no esté harta de su incapacidad, corrupción e insensibilidad. El país se hunde por todos lados, mientras el autócrata hace chistes malos y repite sus barbaridades ya antológicas, para disimular su difícil situación.
Resulta evidente que la mayoría de los venezolanos quiere que se vayan. Lo demuestra la incesante movilización que en todas partes viene registrándose para evidenciar una protesta popular y pacífica, cada vez más multitudinaria, frente a la cual el régimen no tiene otra respuesta que la represión indiscriminada.
(Ya se sabe, por cierto, que esa es la respuesta de toda dictadura agónica. En nuestro caso, la represión contra el derecho constitucional a manifestar se ejerce como nunca antes se había visto, al utilizar armas de guerra y gases tóxicos, prohibidos por la Constitución Nacional y los organismos internacionales de derechos humanos, al considerarlos crímenes de lesa humanidad. Si esos represores creen que nunca serán condenados, tendrán que cavar cuevas en el desierto del Sahara para esconderse. Lo que no podrán, desde luego, es evitarles a sus hijos y nietos la vergüenza de que sus antecesores dispararan y reprimieran a unos compatriotas indefensos que sólo luchaban por la libertad y la democracia.)
Si tal es la insostenible situación de la dictadura, quienes se le oponen y luchan contra ella no pueden darle respiro ni descanso. Ninguno de sus adversarios puede contentarse con victorias pírricas y volver a cometer el error -en que varias veces se ha incurrido- de permitirle recuperarse creyéndole sus ofertas engañosas.
Como la que este domingo, por cierto, asomó Maduro al “ofrecer” elecciones regionales para “darle una pela a la oposición” (¡!). Al respecto, no se puede olvidar que las exigencias de esta lucha no son sólo electorales, sino que van más allá: sacar a Venezuela del tremedal en que la ha hundido el chavomadurismo, lo cual sólo es posible mediante su salida del poder; el reestablecimiento de las instituciones democráticas y la independencia entre los Poderes Públicos; el respeto a la Asamblea Nacional, como expresión soberana de la voluntad popular; libertad para los presos políticos, nombramiento de nuevos TSJ y CNE y -como no- convocatoria a elecciones generales, tanto nacionales como regionales.
Lo que no podemos aceptar es el “caramelo envenenado” de unas simples elecciones regionales. Porque ese no es el problema, ni el anhelo de la gran mayoría de los venezolanos. El problema no es cambiar gobernadores o alcaldes. No. El objetivo esencial de esta lucha es cambiar al régimen por la vía constitucional y democrática, por supuesto.
Hay que rechazar el gradualismo en cuanto a estas exigencias. Tienen que ser planteadas todas en conjunto, y no por partes. Y esto no es un radicalismo estúpido o algo parecido. Es, por el contrario, lo que aconseja la experiencia frente al chavomadurismo.
¿O habrá que recordar que cuando Ledezma ganó la Alcaldía Metropolitana de Caracas lo primero que hicieron fue despojarlo de la sede y sus recursos, y crear inmediata e ilegalmente una “jefatura de gobierno” paralela, sin olvidar que hoy lo tienen preso? ¿O que a cada gobernador electo por la oposición le nombraron un supuesto “protector” que maneja los recursos que se le niegan a aquellos? ¿O, más recientemente, el caso de la Asamblea Nacional electa abrumadoramente por los venezolanos en diciembre de 2015, cuando la oposición democrática obtuvo las dos terceras partes, todo lo cual no impidió que el régimen la desconociera desde el principio, a través de su inconstitucional TSJ, y hasta intentaran disolverla hace poco, como bien se sabe?
La insurrección civil en marcha está por encima de las pequeñas apetencias de algunos; y, si se viene dando con tanta fuerza, es para torcer el rumbo de esta Venezuela arruinada y reconvertirla en el país de progreso que todos queremos.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 11 de abril de 2017



domingo, 9 de abril de 2017

AHORA MÁS QUE NUNCA



AHORA MÁS QUE NUNCA
Gehard Cartay Ramírez
Si alguien tenía alguna duda de que Venezuela padece hoy un régimen dictatorial, la reciente sentencia golpista de la Sala “Constitucional” del TSJ la disipó.
Porque, sencillamente, la única verdad es que el TSJ no tiene potestad para despojar a la Asamblea Nacional de sus facultades. Tamaño abuso no aparece en ninguna de las atribuciones constitucionales que le señala el artículo 266, al igual que no aparece por ningún lado la figura del “desacato” que ellos han inventado para acabar con el parlamento venezolano. Todo es una simple superchería.
Lo peor es la manera como resolvieron el impasse, según Maduro: el Poder Ejecutivo le ordenó al TSJ revisar la sentencia y recular en todo lo actuado. Y lo hizo por TV, como para que no quedaran dudas de que aquí no hay división de poderes, sino un régimen totalitario.
Por eso mismo, intentaron acabar con el Poder Legislativo, lo que -aquí y en cualquier parte- constituye un vulgar golpe de Estado. Ya lo venían haciendo por partes. Desde el mismo momento en que los venezolanos elegimos la nueva Asamblea Nacional (AN) en diciembre de 2015, y le dimos la mayoría de sus dos terceras partes a la oposición democrática, el régimen madurista se propuso desconocerla, con la abierta obsecuencia del Tribunal Supremo.
Desde entonces, casi todas las leyes aprobadas por la AN fueron automáticamente declaradas nulas por el TSJ, sin otra razón como no sea la de desconocer al Poder Legislativo y suplantarlo. Por eso mismo cometieron la barbaridad de “recibirle” la Memoria y Cuenta a Maduro, aprobarle créditos presupuestarios y, en definitiva, asumir las competencias legislativas, todo ello en abierta violación de la Carta Magna.
Con estos antecedentes, ningún venezolano informado podía extrañarse de tan criminal acción. Lo digo porque desde hace varios años el país ha retrocedido en todos los órdenes y ya no somos la democracia que fuimos entre 1958 y 1998.
Ahora estamos sometidos a una dictadura postmoderna, si cabe el término, más propia de un mundo globalizado, sin que pueda sustraerse de la observación internacional y sus respectivas presiones. Y porque si bien es cierto que internamente existe la censura y autocensura en la mayoría de los medios de comunicación social, la internet y las redes sociales permiten todavía denunciarla aquí y afuera como lo que es. El mundo entero lo sabe, y el régimen chavomadurista ya no puede seguir ocultando su propia naturaleza dictatorial.
La oprobiosa decisión del tribunal de marras terminó de quitarles la careta de “demócratas” con la que han intentado ocultar su condición de golpistas genéticos. No hay que olvidar, a este respecto, que el chavismo nació de un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, cuyos proyectos de decretos, si hubieran triunfado, configuraban una dictadura militarista y fasciocomunista. 
Ya se sabe que en 1998 aquel lobo se disfrazó de inocente oveja para ganar las elecciones. Por supuesto que quienes fueron engañados sabían que aquellos eran una cáfila de golpistas redomados. Pero la hipocresía del candidato felón (que negó entonces ser socialista; calificó a Cuba como una dictadura; y se comprometió a respetar la democracia, la propiedad privada y el pluralismo) llevó a muchos ingenuos a apoyarlo. Ya sabemos que aquellas promesas eran puras mentiras y que luego en el poder hizo todo lo contrario de lo que ofreció al país entonces.
Estamos, pues, ante un régimen de facto, que actúa al margen de la Constitución y del Estado de Derecho, ante lo cual el pueblo venezolano debería hacer uso del artículo 350 de la Constitución, que lo autoriza a desconocer “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Claro: esta es la letra, pero hay que ponerle música. “Y ahí está el detalle”, como decía Cantinflas.
Por de pronto, ahora que la dictadura está atorada, la señora Fiscal General de la República, una vez que hizo la denuncia “de la ruptura del hilo constitucional” por parte del TSJ, deberá adelantar el enjuiciamiento de sus miembros, a fin de condenarlos por su actuación violatoria de la Constitución.
Y la Asamblea Nacional deberá, ya, “declarar la nulidad de las designaciones de los magistrados express, exigir la liberación de los presos políticos, destituir a todos los miembros de la Sala Constitucional y desautorizar uno a uno los actos írritos que decretó el ejecutivo sin someterlos a su control”, tal como lo ha propuesto el constitucionalista Tulio Álvarez.
Ahora más que nunca.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 04 de abril de 2017.
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martes, 4 de abril de 2017

LA REFUNDACIÓN DE COPEI



LA REFUNDACIÓN DE COPEI
Gehard Cartay Ramírez
Habrá que trabajar ahora por la refundación de Copei, luego de los resultados del domingo pasado.
Quienes luchamos por la validación del partido, a pesar del gran trabajo que hicimos en medio de maniobras de baja calaña y de una gran confusión inducida desde afuera y desde adentro, lo hicimos en función de un último esfuerzo para salvar a Copei.
Fue una dura lucha enfrentando adversarios externos -los del régimen (CNE) y los de cierta oposición que volvió con sus mañas históricas- y también un discurso desde dentro del partido, opuesto a la revalidación, pero sin plantear otra alternativa.
No podía faltar, por supuesto, el cuento chino de que con la revalidación estábamos haciéndole el juego al régimen. Argumento absurdo por donde se le analice, pues todos los partidos democráticos también vienen revalidando su situación en el proceso en marcha desde hace cuatro semanas, y otros lo van a seguir haciendo.
(Y todo ello para no entrar en el terreno grotesco de los insultos y las descalificaciones, nada socialcristianas por cierto, de cipayos, chavistas, agentes del régimen, etc. Quienes hemos combatido a este régimen desde su intento golpista en 1992, sin acercarnos nunca a sus jefes ni haber elogiado a los autores de aquella felonía, no podemos aceptar este tipo de agresiones gratuitas, y menos cuando son una mentira paranoide para justificar una posición interna. Pudieran haberlo hecho con nobleza y sin faltar a la verdad histórica.)     
Habrá entonces que producir un gran debate sobre la crisis de Copei y procurar soluciones radicales a la misma. No se puede seguir perjudicando al partido en nombre de intereses personales o grupales que, en el fondo, no están motivados por la reconstrucción del socialcristianismo como movimiento partidista.
Personalmente no he apoyado ninguna de las dos facciones en pugna. Creo que ambas le han hecho un daño inmenso al partido social cristiano, agravando aún más un proceso deterioro que ya tiene, al menos, tres décadas en desarrollo. De allí que sean múltiples las causas y múltiples los responsables, si se hace un examen autocrítico sincero, lo que hasta hoy no ha sido posible. Cada bando interno acusa al otro y nadie asume sus responsabilidades ni errores.
Por esto mismo se ha perdido entre algunos dirigentes el sentido de hermandad partidista e ideológica. De allí que hayan surgido disputas internas -que siempre las hubo-, pero con el agravante de que luego no se respetaran a los vencedores y a los vencidos. No incurro en el error de señalar a nadie en particular, porque se trata de un proceso mucho más complejo de lo que pueda dictar la ojeriza de unos contra otros o la acomodaticia posición de quienes se consideran exentos de responsabilidad.
Lamentablemente se abandonó también la democrática tradición de respetar los resultados de las elecciones internas. En lugar de reconocer el triunfo del otro y asumir la derrota propia, se procedió a judicializar los pleitos domésticos. Hoy estamos en una fase crítica de todo este proceso, precisamente cuando es necesaria la presencia de un partido demócrata cristiano fuerte, en sintonía con la gente y sus problemas.
Copei debe conquistar su futuro, rescatando su historia como lo que fue hasta hace algún tiempo: una escuela política en la que nos formamos muchos dirigentes, iniciados en las luchas estudiantiles y luego en las vivencias democráticas del partido.
Por esa razón surgió una brillante generación de relevo, tal vez la mejor formada en su momento -dicho sea apartando la modestia-, pero a la cual, antes y después, diversas causas le negaron la posibilidad de asumir la conducción del país.
Esa escuela política nos enseñó el valor de la confrontación democrática, el respeto por las ideas ajenas, la tolerancia, la necesidad del relevo y la rotación en el liderazgo, la primacía del diálogo y el sentido exacto de que la lucha política no es una guerra de exterminio, sino una competencia donde se gana y se pierde, por lo que el triunfador siempre está obligado a respetar al vencido y valorarlo como alguien necesario.
Ojalá la responsabilidad y el espíritu socialcristiano hagan posible la recuperación de uno de los más importantes partidos de masas de la historia contemporánea, que hizo una innegable contribución a la democracia y una sólida obra de gobierno al servicio de los venezolanos.
Volveremos sobre este tema.   
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 28 de marzo de 2017.
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lunes, 27 de marzo de 2017

MENSAJE A LOS COPEYANOS



MENSAJE A LOS COPEYANOS
Gehard Cartay Ramírez
Sin dudas de ninguna especie, los copeyanos debemos revalidar al partido los días sábado 25 y domingo 26 de marzo.
Lo sostengo, porque revalidar al Partido Social Cristiano Copei puede ser la última y más eficaz forma de resolver el conflicto interno que sufre el partido desde hace algún tiempo.
Ha llegado el momento de restablecer la normalidad puertas adentro de Copei. En el partido nadie sobra y todos somos necesarios. Se impone retornar a la madurez institucional y volver al camino de la grandeza frente a Venezuela, como tantas veces lo demostró Copei a lo largo de sus 71 años.
Porque si de algo podemos estar orgullosos los copeyanos es justamente del servicio que el partido le ha prestado a Venezuela durante estas siete décadas, ya sea estando en la oposición o en el gobierno. Y cuando el pueblo venezolano nos confió el poder al elegir presidentes a dos venezolanos de excepción, como Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns, se hizo una obra de gobierno fructífera y positiva para todos, sin excepciones ni mezquindades.
Copei ha sido durante esos 71 años una escuela de formación ideológica y un digno taller para la fragua de líderes nuevos a todos sus niveles, especialmente entre los más jóvenes, todo lo cual sirvió para que su juventud partidista se destacara como una de las más brillantes.
Ha llegado el momento de volver a sentir a Copei como una comunidad espiritual, solidaria y comunitaria, por encima de proyectos individuales o grupales. Ha llegado el momento de volver a nuestras raíces socialcristianas en las que se formaron varias generaciones y convivían solidariamente la experiencia y lo novedoso, tras el compromiso fundamental de luchar “por la justicia social en una Venezuela mejor”.  
La oportunidad de revalidar este 25 y 26 de marzo al partido constituye también una ocasión propicia para que los militantes asumamos nuestra responsabilidad de liberarlo de un absurdo conflicto interno. Vale la pena insistir en que Copei no tiene otro dueño que su propia militancia y por encima de ella nadie puede estar.
Tal como lo ha sostenido el jurista socialcristiano Román Duque Corredor “es el Partido y no las facciones el que se juega su futuro después de siete décadas de vigencia como expresión del socialcristianismo”, agregando también que la renovación de Copei “no es una legitimación de la intervención judicial”.
No validar a Copei sí sería facilitar su destrucción, así como la de los demás partidos democráticos, si estos se hubieran abstenido de validarse. Eso sí hubiera sido caer en la estrategia del régimen para acabar con nuestras instituciones partidistas.
Sabemos -por supuesto- de las trabas y obstáculos del régimen y su CNE para bloquear este proceso, pero también sabemos que los partidos revalidados hasta ahora han derrotado esas dificultades. Si ellos han  podido, los copeyanos también podremos.
Y todo ello a pesar de que, en nuestro caso, los obstáculos parecen ser mayores. Uno de ellos es la confusión creada por algunos dirigentes llamando a no validar al partido, sin ofrecer ninguna otra alternativa. El otro es la actitud de gente de otros partidos argumentando que “Copei no va a validar” e invitando a hacerlo por los suyos. Hay que enfrentar ambas desviaciones y alertar a la militancia copeyana al respecto.  
Por todas estas razones, ha llegado el momento en que la militancia copeyana asuma su papel de rescatar la institución partidista y evite su desaparición. “Salvar el partido” fue la consigna de Caldera durante la tiranía perezjimenista, cuando algunos dirigentes traicionaron a Copei y se plegaron al gobierno de turno. Esa misma consigna debe ser la de hoy, cuando atravesamos circunstancias aún más difíciles.
Vayamos, pues, a revalidar al partido este sábado 25 y 26 de marzo y trabajemos todos por el fortalecimiento de nuestro Copei, precisamente cuando es necesaria la presencia de un gran partido demócrata cristiano, en sintonía con la gente y sus problemas.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 21 de marzo de 2017.