sábado, 11 de junio de 2016

EL PAÍS YA NO AGUANTA MÁS



EL PAÍS YA NO AGUANTA MÁS
Gehard Cartay Ramírez
El cambio del régimen es urgente, necesario e imprescindible. El país ya no aguanta más.
Como toda pesadilla, esta que sufrimos también debe terminar. Cada hora, minuto y segundo de Maduro y su combo en el poder son horas, minutos y segundos en que Venezuela sigue destruyéndose.
El régimen chavista no puede continuar. Su cúpula podrida está ética, moral y políticamente inhabilitada para seguir en el poder. Su mil millonaria corrupción, sus colosales latrocinios y sus catastróficos errores económicos, sociales y políticos que arruinaron al país no pueden continuar.
Sería un crimen contra los venezolanos de hoy y de mañana que esta plutocracia ladrona e incapaz permanezca en el poder. Esa cúpula podrida, ni antes ni ahora, estuvo calificada para hacer un buen gobierno. Porque un grupo de facinerosos militares golpistas, bajo la jefatura de un caudillismo alucinado e irresponsable, no podían nunca haber conducido al país hacia el progreso y el desarrollo.
Menos lo han podido hacer sus herederos de hoy, auténticos portentos de una mediocridad, corrupción e incapacidad escandalosas, encabezados por alguien que nunca ha tenido conciencia de su papel y a quien sólo un capricho incalificable pudo haber colocado en la posición que hoy ocupa.
La verdad es que ninguno de ellos tuvo moral ni capacidad para intentar siquiera un cambio en beneficio de los venezolanos, mucho menos para ejecutarlo desde el poder. Su signo ha sido siempre la destrucción, nunca la construcción de un país mejor.
Por esas razones -y muchas otras- su proyecto político e ideológico ha naufragado en el inmenso océano de sus errores. Y lo grave de tal circunstancia es que hoy los venezolanos sufrimos tan nefastas consecuencias, tanto aquellos que los apoyaron como quienes nos opusimos a ellos desde el mismo momento del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, fecha que enlutará por siempre la historia venezolana y latinoamericana, vistos sus devastadoras consecuencias.
El chavismo ha sucumbido en el poder y por eso están invalidados para continuar ejerciéndolo. Por eso hay que desalojarlos de allí, cuanto antes y por las vías constitucionales y democráticas al efecto, pues sus adversarios -a diferencia de ellos- no somos golpistas ni creemos en la violencia armada para cambiar regímenes.
El chavismo ya es una chatarra inservible e inmoral, que bloquea a esa otra Venezuela que quiere abrirse paso en medio de este desastre y superarlo cuanto antes. Esa cúpula que ahora detenta el poder se ha hecho indigna de seguir ejerciéndolo. Han sido una gran estafa y un gigantesco engaño, especialmente  para todos aquellos que les creyeron desde el principio. Por eso hay que impedir que sigan destruyendo, robando y desangrando a Venezuela.
Pero esa tarea exige del liderazgo opositor una dedicación y una lealtad absolutas, sin abandonar la calle ni la protesta y sin caer otra vez en el engaño del “diálogo”, la carta escondida del jugador tramposo que siempre ha sido el régimen. ¿O acaso vamos a olvidar que siempre ha echado mano a tal ardid cuando tiene el agua al cuello? Ya lo hicieron en 2004 y lo repitieron en 2013, y una vez que tomaron un segundo aire volvieron a desplegar sus mecanismos dictatoriales.
Por eso, precisamente, necesitamos líderes opositores que no crean en “cantos de sirena”, hábiles y con experiencia y seriedad suficientes para derrotar las trampas del régimen, ahora y después. Por eso mismo hay que apartar también a cierta cáfila de dirigentes mediocres, enanos moral e intelectualmente, que sólo privilegian sus intereses personales y apuestan por pequeñas cuotas de poder, en lugar de aportar su esfuerzo para el gran propósito de librar a Venezuela de la plaga que la destruye desde 1999.
La tarea de cambiar a Venezuela no será fácil, por supuesto. Habrá que vencer otra vez a quienes ya son una minoría, pero -no nos engañemos- una minoría arrogante, inescrupulosa y corrupta, a la que no le importa Venezuela sino satisfacer sus ansias de poder vitalicio en beneficio de ellos nada más, mientras siguen arruinándonos la vida al resto de los venezolanos.
Es la hora de los verdaderos liderazgos, los que ya han sido probados en los hechos y pueden presentar logros y resultados. Hay que apartar a los improvisados, a los faltos de grandeza y de carácter y a quienes no han entendido la gravedad de esta lucha y el desafío futuro de reconstruir al país, empresa fascinante que requerirá también grandeza de miras, honestidad y capacidad, como pocas veces en nuestra historia.  
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 31 de mayo de 2016.

lunes, 30 de mayo de 2016

TIEMPOS DE HAMBRE



TIEMPOS DE HAMBRE
(O de cómo Venezuela pasó de ser una potencia petrolera a un país al borde de la hambruna)
Gehard Cartay Ramírez
Luego de estos 17 años de régimen chavista, Venezuela se adentra en una auténtica tragedia, más propia de cualquier país africano del siglo XX que de una de las potencias petroleras más importantes del mundo.
Uno de sus legados más aterradores es la evidente posibilidad de una severa hambruna, que acabaría con centenares de miles de personas. Esa eventualidad, por cierto, no es una exageración, amigo lector. Los hechos lo vienen anunciando desde hace algún tiempo, como consecuencia de la incapacidad e insensibilidad de la cúpula que manda ante tan grave problema.
Resulta ya un hecho incontrovertible que los venezolanos están ahora comiendo peor, como consecuencia de la obligada “dieta de sobrevivencia” a que han sido sometidos por la escasez de comida. Así, por ejemplo, el consumo de proteínas se ha reducido a su mínima expresión, pues los precios de la carne, el pollo y hasta el de una latica de atún hoy son inaccesibles para los pobres y la propia clase media empobrecida por el régimen.
Como se sabe, el régimen nos somete diariamente a un proceso de violencia alimentaria. Al respecto, la semana pasada Susana Rafalli -nutricionista y experta en seguridad alimentaria en situaciones de emergencia y desastre- declaró que el régimen “decide lo que la población va a comer y el día en que comprará los alimentos y el lugar, lo que ocasiona desesperación y angustia en los consumidores ante la incertidumbre de si encontrarán comida o si estarán expuestos a saqueos, agresiones en las colas o estallidos sociales” (El Nacional, 18-05-2016).
Agregó que Venezuela se encuentra en una crisis de inseguridad alimentaria severa, donde la emergencia nutricional se ha instalado “y ya es irreparable para la población infantil”. Y esto sí es gravísimo, pues se está perjudicando toda una generación de venezolanos. Todo un crimen de lesa humanidad por el que también tendrá que ser juzgada la cúpula podrida en el poder.
Otro especialista en materia alimentaria, Rodrigo Agudo, advirtió que “la escasez de alimentos llegó para quedarse” y que “ahora habrá más carestía e inexistencia” por culpa de las desacertadas políticas del régimen. “Los inventarios de los  mayoristas se acabaron y los de los minoristas también, además se perdió la cosecha de invierno y no hay divisas para satisfacer el consumo con importaciones” (El Nacional, 18-05-2016).
Agudo denunció igualmente que se ha reducido en un 47 por ciento la producción de vegetales, carne, pollo y cerdo, y que este año la caída de los mismos llegará al 57 por ciento. En cuanto al consumo de carne, advirtió que en 2016 disminuirá 79,3 por ciento; el pollo un 80 por ciento y el cerdo un 78 por ciento. Si a esta calamidad se agrega la desconfianza en poder conseguir comida, entonces crece la demanda. Y se “requieren inventarios de alimentos para 4 o 5 meses de sobredemanda”, todo lo cual necesitará al menos un año para restablecer el abastecimiento.
Crece pues la amenaza de una severa hambruna, de acuerdo con lo señalado por ambos especialistas. Sin embargo -insisto-, el régimen nada hace por resolver urgentemente esta aterradora situación. Todo lo contrario: sigue con su habladera de paja, repitiendo la mentira de “la guerra económica” (ahora han agregado otra fábula: la de un supuesto “bloqueo económico”, copiando el manual castrocomunista) y culpando siempre a industriales y productores  del campo, cuando todo el mundo sabe que los únicos responsables son Maduro y su combo.
 (Por cierto, aquí en Barinas continúan las invasiones de fincas agropecuarias productivas, lo que refleja también la falta de interés del régimen por la tan cacareada soberanía alimentaria. Probablemente, el nuestro sea el estado con mayor número de fincas invadidas por traficantes profesionales de tierras ajenas, quienes disfrazados de campesinos han hecho de las invasiones un negocio particular, sin que hayan agregado algo en materia de producción agropecuaria, pues se sólo dedican a “vender” parcelas y luego se marchan al próximo predio a invadir. Y todo ello en medio de la más absoluta impunidad.)
En estos fatídicos 17 años, el régimen logró algo insólito y condenable desde todo punto de vista: convirtió a una potencia petrolera y energética como Venezuela en un país al borde una severa hambruna y de una verdadera tragedia humanitaria.
Sólo por ello, sin contar sus otros crímenes de lesa humanidad, las próximas generaciones de venezolanos los maldecirán por siempre.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 24 de mayo de 2016.

viernes, 20 de mayo de 2016

LA DESESPERACIÓN DEL RÉGIMEN




LA DESESPERACIÓN DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
El régimen está desesperado y en esa actitud suicida pretende bloquear las salidas constitucionales y democráticas.
La desesperación de su cúpula podrida tiene una sóla explicación: saben que perdieron el apoyo popular y que ahora son un leproso político, a quien nadie quiere y del que todos huyen.
Cualquier ciudadano de a pié lo constata en las largas colas para buscar comida, en las farmacias sin remedios o en los hospitales arruinados, en sus casas sin electricidad ni agua. Y es que en cualquier parte donde campean groseramente la ineficacia, la insensibilidad y la corrupción del régimen, la arrechera contra esa cúpula corrupta es hoy una realidad innegable y se convertirá en un tsunami que los echará del poder más temprano que tarde.
Porque la verdad es que no sólo perdieron el respaldo que antes tuvieron. No, la cosa es mucha más grave: los venezolanos estamos hartos de la cúpula en el poder y queremos ya un cambio en la conducción del país, por las vías constitucionales y democráticas.
Pero el régimen desprecia esa opinión mayoritaria del pueblo. Si antes hacían gargarismos con aquello de “la sagrada voluntad del soberano” y de “la democracia participativa y popular”, hoy le temen y tratan por todos los medios de impedir que la gran mayoría del país resuelva por la vía democrática la revocatoria del mandato de Maduro.
Esta claque podrida y egoísta quiere seguir pegada de la teta del poder. Eso es lo único que les importa. Se han hecho inmensamente ricos a costa de los dineros públicos, mientras han empobrecido como nunca a los venezolanos. Por eso no tienen perdón de Dios ni de nadie. Por eso tendrán que pagar sus crímenes contra el pueblo de Venezuela, al que arruinaron precisamente cuando el país había recibido una montaña de petrodólares con los que se hubieran podido resolver todos sus problemas.
Sin embargo, con un cinismo que ya habrían envidiado Hitler o Stalin y sus secuaces, ahora se muestran retadores y pretenden desconocer la voluntad mayoritaria. Se sienten “guapos y apoyados”, protegidos por la actual cúpula militar y por sus subalternos del tribunal supremo. Pero bien se sabe que eso no les bastará. Cuando un pueblo ha decidido cambiar al régimen de turno, no hay nadie -absolutamente nadie- que pueda impedírselo. Y eso vendrá, ineluctablemente, amigo lector.
Porque no basta silbar cuando se está atravesando un cementerio para alejar el miedo. Y eso es lo que hacen ahora Maduro y su combo. Pero no les bastará el fulano Estado de Excepción, ni las amenazas criminales de Cabello, Rodríguez o Istúriz, ni el celestinaje del TSJ o del CNE, para frenar la decisión de cambio del pueblo venezolano. Nada de eso les bastará.
Podrán poner grandes obstáculos -y lo harán, sin duda, dadas su perversidad y ruindad, junto a su miedo al pueblo- en el camino del revocatorio, pero eso no impedirá su salida del poder, tarde o temprano. “Nada es eterno” y “todo tiene su final”, son grandes verdades, y contra ellas no podrá la cúpula podrida que, por ahora, manda.
“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento”, dijo Víctor Hugo, para enfatizar la fuerza arrolladora del pueblo en la historia. Nadie ni nada pueden contra ella. No hay manera de detenerla ni de contenerla, al igual que resulta imposible frenar la fuerza de un río crecido. La historia es imparable, nada la ataja y arrasa todo cuanto pretenda interponerse en su curso final.
Por eso, insisto, el régimen se muestra tan desesperado. Pero los venezolanos que luchamos por un cambio no podemos darle tregua. Todo lo contrario: hay que subirle la apuesta y derrotarlo. Un pueblo decidido y en la calle, pacífico pero valiente, con la Constitución y las leyes como únicas armas, derrotará sin problemas a una cúpula incapaz y corrupta, por muy poderosa que pueda sentirse.
Pero debemos exigir también un liderazgo a la altura de este extraordinario desafío. Hay que apartar de raíz a los dirigentes mediocres, que andan detrás de unos mendrugos de poder para satisfacer sus vanidades enanas. Ha llegado la hora de los líderes verdaderos, valientes y decididos, con visión y real capacidad de convocatoria, a quienes no los asuste la dimensión del compromiso por grande que sea y estén dispuestos a jugarse el todo por el todo al lado de la gente y sus sueños e ilusiones.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 17 de mayo de 2016.

     

sábado, 14 de mayo de 2016

EL RÉGIMEN DE LA MENTIRA



EL RÉGIMEN DE LA MENTIRA
Gehard Cartay Ramírez
Este es un régimen genéticamente mentiroso. La mentira ha sido siempre su soporte desde que nacieron de las entrañas del golpismo gorila, allá por 1992.
La mentira original estuvo en que sus propulsores eran desde entonces unos felones facciosos, traidores a la Constitución de 1961 y a su propio juramento como oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales. Hipócritamente, y desde las sombras -donde sólo trabaja el crimen, decía Bolívar-, urdieron aquel sanguinario golpe y llegaron al colmo de engañar humildes soldados para exponerlos como carne de cañón en procura de sus torvos propósitos.
Fracasado el golpe de Estado contra el presidente Pérez y puestos en libertad la mayoría de ellos por aquellos contra quienes conspiraron, siguieron su cadena de mentiras. Así lo hicieron al pretender convertir su chapucería golpista en una “hazaña militar” y al “justificarla” con argumentos absolutamente hiperbólicos, por exagerados. En verdad, el país no estaba entonces ni remotamente tan mal como ahora, luego de 17 años de desgobierno -vaya cinismo- de aquellos golpistas.
Fieles a su hipocresía original siguieron mintiendo. En las elecciones de 1998 se disfrazaron de “mansas ovejas” para ocultar su verdadera naturaleza. Por desgracia, hubo quienes les creyeron y cayeron en la trampa votando por ellos. Claro, entonces su candidato negaba ser socialista; decía que en Cuba había una dictadura condenable; que -si ganaba- sólo sería presidente una vez; que acabaría con la corrupción y repetía hasta el cansancio sus ofertas de conciliación, paz y libertad.
Pero esas promesas se convirtieron luego en la más descomunal mentira se les haya dicho a los venezolanos. Llegados al poder, su gestión se convirtió en una siembra permanente de odio entre los venezolanos y en un cínico engaño de lo que le habían ofrecido a los venezolanos. Arruinaron al país -cuando más recursos tenía- y creció la corrupción como nunca antes, robándose centenares de miles de millones de dólares de los venezolanos. La mentira, hecha gobierno, llegó hasta la exageración.
Desde 2000 las elecciones se convirtieron en otro engaño. Trampas, ventajismo corrupto y corruptor y un CNE a su favor, validaron entonces cada resultado. Luego enfermó el jefe de proceso y todo fue otra vez una sucesión de mentiras. Maduro decía que estaba muy bien, que se reunía con ellos y hasta hacía ejercicios, cuando se rumoreaba ya que estaba muerto. Nunca se supo cuando falleció, como nunca se ha sabido donde nació su sucesor, ni de dónde salió este sujeto. En definitiva, el régimen de la mentira, pues.
Por eso mismo, siempre le han mentido a los venezolanos sobre la colosal crisis que nos agobia, causada por el actual régimen y sus desacertadas medidas castrocomunistas, que acabaron con la producción agropecuaria e industrial y crearon la carestía, la escasez y el desempleo que hoy sufrimos. De allí viene la otra mentira cínica de “la guerra económica”, una guerra que inventó la cúpula podrida del régimen y que, por lo visto, la perdió. Una tragicomedia, pues.
Ante su incapacidad, corrupción e ineptitud como gobernantes siempre se escudan en sus mentiras, sin admitir jamás su culpabilidad en el desastre que han creado desde 1999. Por el contrario, siempre culpan a los demás con su disco rayado de mentiras habituales (el imperio, la derecha, la guerra económica, etc) y nunca le han dicho a los venezolanos la verdad sobre las dimensiones catastróficas de la tragedia producida por ellos mismos en estos 17 años. Algún día, no muy lejano, tendrán que ser juzgados por sus crímenes de lesa humanidad contra nuestro pueblo.
¿Nos puede extrañar ahora que la canciller de Maduro haya dicho tantas mentiras en la OEA para negar la crisis que nos atormenta? ¿O que haya afirmado que, por el contrario, aquí no hay problemas y todos estamos muy felices? Porque hay que ser bien caradura para haber mentido, como lo hizo esta funcionaria, diciendo que “aquí no hay problemas de desabastecimiento”, que “los anaqueles de los abastos están repletos” y que “hay comida para alimentar tres países más como Venezuela”.
Carajo, ¡cómo se pueden decir tantos embustes delante de gente que sabe que los venezolanos hacen largas colas para adquirir unos pocos alimentos caros y escasos! Y eso sin mencionar la escasez de medicinas y productos de limpieza personal, entre otras cosas. ¡Cómo se le falta el respeto a los venezolanos y se los rebaja a la condición de estúpidos e ignorantes, como lo hizo la canciller de Maduro en la OEA!
¿Alguien puede dudar entonces que este el régimen de la mentira? 
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 10 de mayo de 2016.