sábado, 14 de mayo de 2016

EL RÉGIMEN DE LA MENTIRA



EL RÉGIMEN DE LA MENTIRA
Gehard Cartay Ramírez
Este es un régimen genéticamente mentiroso. La mentira ha sido siempre su soporte desde que nacieron de las entrañas del golpismo gorila, allá por 1992.
La mentira original estuvo en que sus propulsores eran desde entonces unos felones facciosos, traidores a la Constitución de 1961 y a su propio juramento como oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales. Hipócritamente, y desde las sombras -donde sólo trabaja el crimen, decía Bolívar-, urdieron aquel sanguinario golpe y llegaron al colmo de engañar humildes soldados para exponerlos como carne de cañón en procura de sus torvos propósitos.
Fracasado el golpe de Estado contra el presidente Pérez y puestos en libertad la mayoría de ellos por aquellos contra quienes conspiraron, siguieron su cadena de mentiras. Así lo hicieron al pretender convertir su chapucería golpista en una “hazaña militar” y al “justificarla” con argumentos absolutamente hiperbólicos, por exagerados. En verdad, el país no estaba entonces ni remotamente tan mal como ahora, luego de 17 años de desgobierno -vaya cinismo- de aquellos golpistas.
Fieles a su hipocresía original siguieron mintiendo. En las elecciones de 1998 se disfrazaron de “mansas ovejas” para ocultar su verdadera naturaleza. Por desgracia, hubo quienes les creyeron y cayeron en la trampa votando por ellos. Claro, entonces su candidato negaba ser socialista; decía que en Cuba había una dictadura condenable; que -si ganaba- sólo sería presidente una vez; que acabaría con la corrupción y repetía hasta el cansancio sus ofertas de conciliación, paz y libertad.
Pero esas promesas se convirtieron luego en la más descomunal mentira se les haya dicho a los venezolanos. Llegados al poder, su gestión se convirtió en una siembra permanente de odio entre los venezolanos y en un cínico engaño de lo que le habían ofrecido a los venezolanos. Arruinaron al país -cuando más recursos tenía- y creció la corrupción como nunca antes, robándose centenares de miles de millones de dólares de los venezolanos. La mentira, hecha gobierno, llegó hasta la exageración.
Desde 2000 las elecciones se convirtieron en otro engaño. Trampas, ventajismo corrupto y corruptor y un CNE a su favor, validaron entonces cada resultado. Luego enfermó el jefe de proceso y todo fue otra vez una sucesión de mentiras. Maduro decía que estaba muy bien, que se reunía con ellos y hasta hacía ejercicios, cuando se rumoreaba ya que estaba muerto. Nunca se supo cuando falleció, como nunca se ha sabido donde nació su sucesor, ni de dónde salió este sujeto. En definitiva, el régimen de la mentira, pues.
Por eso mismo, siempre le han mentido a los venezolanos sobre la colosal crisis que nos agobia, causada por el actual régimen y sus desacertadas medidas castrocomunistas, que acabaron con la producción agropecuaria e industrial y crearon la carestía, la escasez y el desempleo que hoy sufrimos. De allí viene la otra mentira cínica de “la guerra económica”, una guerra que inventó la cúpula podrida del régimen y que, por lo visto, la perdió. Una tragicomedia, pues.
Ante su incapacidad, corrupción e ineptitud como gobernantes siempre se escudan en sus mentiras, sin admitir jamás su culpabilidad en el desastre que han creado desde 1999. Por el contrario, siempre culpan a los demás con su disco rayado de mentiras habituales (el imperio, la derecha, la guerra económica, etc) y nunca le han dicho a los venezolanos la verdad sobre las dimensiones catastróficas de la tragedia producida por ellos mismos en estos 17 años. Algún día, no muy lejano, tendrán que ser juzgados por sus crímenes de lesa humanidad contra nuestro pueblo.
¿Nos puede extrañar ahora que la canciller de Maduro haya dicho tantas mentiras en la OEA para negar la crisis que nos atormenta? ¿O que haya afirmado que, por el contrario, aquí no hay problemas y todos estamos muy felices? Porque hay que ser bien caradura para haber mentido, como lo hizo esta funcionaria, diciendo que “aquí no hay problemas de desabastecimiento”, que “los anaqueles de los abastos están repletos” y que “hay comida para alimentar tres países más como Venezuela”.
Carajo, ¡cómo se pueden decir tantos embustes delante de gente que sabe que los venezolanos hacen largas colas para adquirir unos pocos alimentos caros y escasos! Y eso sin mencionar la escasez de medicinas y productos de limpieza personal, entre otras cosas. ¡Cómo se le falta el respeto a los venezolanos y se los rebaja a la condición de estúpidos e ignorantes, como lo hizo la canciller de Maduro en la OEA!
¿Alguien puede dudar entonces que este el régimen de la mentira? 
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 10 de mayo de 2016.







sábado, 7 de mayo de 2016

EL CAMBIO INDETENIBLE



EL CAMBIO INDETENIBLE
Gehard Cartay Ramírez
El éxito indiscutible de la reciente recolección de firmas para abrir el proceso revocatorio a Maduro revela el hartazgo de los venezolanos frente al actual régimen.
Por lo tanto, resulta claro también que esta es la primera tarea de quienes queremos urgentemente un cambio en Venezuela, más allá de la responsabilidad específica de la MUD, que es muy importante, por lo demás. Ese cambio, como bien se sabe, es un clamor del país entero y quien no se haya dado cuenta de este hecho no tiene los pies sobre la tierra.
Se trata pues de un verdadero sentimiento nacional, porque salir cuanto antes del actual régimen es condición imprescindible para que podamos comenzar a superar esta gigantesca crisis que a todos nos golpea, y muy especialmente a los sectores más necesitados.
Pero ese desafío exige claridad en su búsqueda. Debe ser el objetivo principal, por encima de todos los demás. Ninguna otra cosa puede ser más importante este año para la oposición democrática que entregarnos por completo a revocar a Maduro. Todo lo demás es secundario, y ojalá todos estemos concientes de ello.
En este sentido hay que recordar que el gobierno nacional, y concretamente quien lo presida, son constitucionalmente los que tienen el verdadero poder. Siempre ha sido así, desde luego, pues en este país el federalismo y la regionalización históricamente fueron una mentira, salvo entre 1989 y 1999, cuando se dieron pasos muy importantes para convertir a Venezuela en un verdadero Estado Federal, regionalizado y desconcentrado.
Pero, como bien se sabe, ese proceso descentralizador fue revertido con la llegada al poder en 1999 de quienes todavía mandan hoy. Su naturaleza caudillista así lo exigía, por estar enmarcada en la ecuación facistoide líder-ejército-pueblo que el argentino Norberto Ceresole le metió en la cabeza a Chávez (y que este aceptó de muy buena gana, pues se ajustaba a sus torvos propósitos si llegaba al poder). Y así fue como la incluyeron en la Constitución actual, demasiado centralista y excesivamente presidencialista, hecha a la medida -insisto- de quien era el jefe único del proceso en marcha.
Quien se tome el trabajo de leer el artículo 156, que se refiere a las competencias del Poder Nacional, puede constatarlo. Suman 33 y copan las materias más importantes de la República (mantenimiento del orden público, defensa nacional, régimen financiero y monetario, minas e hidrocarburos, sistema judicial, aduanas, etc., etcétera).
Pero hay más todavía: el artículo 236 establece las atribuciones del Presidente de la República como Jefe de Estado (facultado para dirigir al gobierno, nombrar al vicepresidente, ministros y otros altos funcionarios, entre ellos, al presidente de PDVSA); Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, cuyo mando supremo ejerce y decide los ascensos a partir del grado de coronel o capitán de navío; Administrador de la Hacienda Pública Nacional; Jefe de la política exterior de la República; además de estar autorizado para declarar estados de excepción y suspender las garantías constitucionales; entre otras.
Por si todo esto fuera poco, el actual régimen ha venido arrebatándoles facultades a los gobernadores. Lo mismo ha hecho con los alcaldes. Unos y otros ahora son simples ordenadores de pago, como lo eran antes de ser elegidos por el pueblo. Recordemos que, a partir de 1999, a casi todos los gobernadores que no comulgaban con el proceso les intervinieron las policías regionales y les regatearon -todavía lo hacen- los ingresos que por ley les corresponden.
Todo lo anterior se agrava también por la actitud títere de los gobernadores chavistas, quienes se deben íntegramente a su proyecto político y nunca a sus regiones, con las que debería ser su compromiso fundamental. Ellos también han contribuido con su mediocridad y obsecuencia a devaluar aún más las gobernaciones.
 Coincidirá conmigo el lector sobre las razones por las cuales el revocatorio presidencial es más importante que cualquier otra cosa, si en verdad queremos acabar con esta tragedia que sufrimos y abrir camino a un cambio radical para garantizar el desarrollo y el progreso de Venezuela.
Afortunadamente, la gran mayoría de los venezolanos así lo ha entendido. Lo demuestra el extraordinario éxito obtenido en la recolección de firmas para iniciar el revocatorio presidencial. Por supuesto que hay tener muy claro también que este será un proceso difícil, por las trabas y el bloqueo del régimen y su CNE. Pero, al final, la voluntad de cambio indetenible del pueblo superará y derribara los obstáculos que se presenten.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes 03 de mayo de 2016.

martes, 3 de mayo de 2016

ESTAMOS MAL Y VAMOS PEOR
Gehard Cartay Ramírez
No hay duda alguna de que es así, amigo lector. Las cosas andan muy mal y seguramente van a empeorar.
Resulta insólito que hayamos llegado a este punto. Un país como el nuestro, con todos los elementos para que su gente progresara y se desarrollara hasta haber alcanzado los altos niveles de vida del llamado Primer Mundo, hoy está en la bancarrota, empobrecido y a las puertas de una verdadera tragedia humanitaria.
A esto nos traído este nefasto régimen desde 1999. Porque ellos -y nadie más- son los culpables de este desastre. Y es que, con todos los problemas que teníamos antes, el país marchaba hacia su progreso y desarrollo, sus niveles de calidad de vida iban en aumento y no sufríamos con tal intensidad ninguno de los problemas que hoy nos aquejan.
Tal vez esto último moleste a algunos opositores que -para disfrazarse de “nuevos”, “sin compromisos con el pasado”, algo ridículo- han hecho suyo el discurso del régimen, según el cual Venezuela antes era un país donde los pobres comían perrarina, no los aceptaban en liceos y universidades, no se construían viviendas para las clases populares, sólo mandaban unos “ricos” que “odiaban” a los pobres y todo era un infierno… hasta que llegaron ellos en 1999 y nos crearon este paraíso actual.
No fue así, obviamente. Y hay que insistir en este asunto. La verdad histórica es otra, y no ese maniqueísmo estúpido del chavismo. Aquella Venezuela era mucho mejor que la actual en todo sentido. Los problemas existían, pero nunca llegaron a la extrema gravedad que tienen ahora, por ejemplo, el crecimiento exponencial de la pobreza, la destrucción de la clase media, el hambre que hoy sufren muchos, los salarios de hambre, la aguda escasez de comida, la monstruosa corrupción roja-rojita, el racionamiento, la carestía y la inflación, la inseguridad desbordada, el desempleo que juega garrote, etc., etcétera.
Y todo esto ocurre luego de que el actual régimen malbaratara, derrochara, regalara y se robara más de 900 mil millones de dólares, desde que llegó al poder. Porque nunca antes Venezuela tuvo tantos ingresos por concepto de venta de petróleo, como en estos 17 años. Nunca antes el barril petrolero promedió los 100 dólares, como ha ocurrido en los últimos tiempos (¡Durante el último gobierno de Caldera, entre 1994 y 1998, cada barril se vendió en nueve dólares promedio!)
El chavismo logró el “milagro” de empobrecer una de las naciones más ricas del mundo, a pesar de haber recibido en 17 años ocho veces más ingresos que la República Civil (1959-1998) en 40 años. Hoy somos, vergonzosamente, el único país petrolero que sufre recesión económica y está a las puertas de una tragedia humanitaria.
Y es que Venezuela está hoy peor que antes desde todo punto de vista. El régimen madurista nos está “africanizando”. Ya no funcionan regularmente ni siquiera los servicios básicos en cualquier parte del mundo, como el agua potable y la energía eléctrica. Nos están racionando la comida, y el régimen humilla a los venezolanos con una bolsita de comida con un litro de aceite, un paquete de harina pan, un kilo de arroz, uno de azúcar y otro de pasta. La carne o el pollo escasean también. Por este camino, nos están condenando a un futuro de hambre a todos.
Pero lo peor que nos podría pasar es que nos acostumbremos a esta desgracia, como lo han hecho los cubanos desde hace casi sesenta años. Eso sería lo peor. Porque si eso llegara ocurrir, no podríamos decir que somos herederos de Simón Bolívar.
Si eso llegara ocurrir, habría que eliminar lo del “bravo pueblo” en la letra del Himno Nacional. Nos resignaríamos a ser unos grandes cobardes, timoratos y conformistas, que aceptan pasivamente que los que hoy mandan sigan destruyendo el país. Y lo que es peor: seríamos cómplices pasivos de que nuestros hijos y sus hijos hereden entonces una Venezuela en ruinas, peor que esta de hoy.
Por eso, con toda razón y justicia, debemos luchar para acabar contra tanta injusticia, abuso y robo por parte del régimen. La verdad es que no merecemos más atropellos y burlas, luego de que la cúpula podrida que manda acabó con centenares de miles de millones de petrodólares y nos ha traído hasta esta desgracia que hoy sufrimos.
Estamos, pues, obligados a luchar para cambiar este régimen nefasto, por las vías democráticas y legales que pauta la Constitución.     
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 26 de abril de 2016.













lunes, 25 de abril de 2016

HACIA UNA CRISIS HUMANITARIA



HACIA UNA CRISIS HUMANITARIA
Gehard Cartay Ramírez
Todo indica que en Venezuela nos aproximamos a una crisis humanitaria de grandes proporciones.
Sin embargo, el régimen imperante nada hace para enfrentarla y resolverla. Lo que sucede, en realidad, es que siendo obra suya exclusivamente -producto de estos 17 largos años de saqueo y destrucción del país-, resulta imposible que pueda remediarla en lo más mínimo. Porque, en dos platos, el régimen es el problema. Y la única manera de resolver esta colosal crisis que sufrimos es cambiándolo. Así de sencillo. No hay otra forma, amigo lector.
Hoy no hay comida suficiente porque el régimen arruinó la agricultura y la cría que las producían y, en paralelo, destruyó la industria nacional que la procesaba. A unas y otras las expropió o las mandó invadir, apelando a su criminal demagogia. Así de sencillo. El régimen creyó que podía sustituirlas mediante una política indiscriminada de importaciones de alimentos de otros países, a punta de los abundantes petrodólares que dilapidó en todos estos años. Así, terminó arruinando a ganaderos y agricultores nacionales y enriqueciendo a sus colegas argentinos, nicaragüenses, bolivianos, brasileños y uruguayos.
Por esa razón, millones de venezolanos están sometidos hoy al calvario y la humillación de largas y aberrantes colas para tratar de comprar los pocos alimentos que se consiguen en estos tiempos de escasez y a precios muy altos, por cierto. Y eso no es obra de la casualidad, ni de ninguna “guerra económica”, ni del “imperio” o “la derecha”. Todo esto es culpa del régimen y su proyecto de destrucción nacional.
Hoy no hay seguridad para los venezolanos y sus bienes, porque el régimen -desde sus inicios- se asoció con el malandraje nacional, los armó y los ha venido utilizando para aterrorizar a sus adversarios. Así de sencillo. Hoy esos “colectivos de paz” -como cínicamente los llaman- controlan importantes zonas de ciudades venezolanas, donde no entra la policía ni ningún organismo de seguridad.
Por esa razón, ya van más de 250 mil venezolanos asesinados y millones de ellos heridos o robados. Y no es obra de la casualidad, sino consecuencia directa de la impunidad y la falta de medidas oficiales para enfrentar eficazmente la delincuencia.
Hoy no hay medicinas porque la mayoría de los laboratorios que las fabricaban se fueron del país, a consecuencia de que el régimen no les ha pagado una milmillonaria deuda acumulada, por efectos del control cambiario, el mismo que ha permitido el robo de más de 300 mil millones de dólares y el regalo de muchos millones más a gobiernos extranjeros, pretendiendo comprar un liderazgo mundial, cuyo altísimo costo nos tiene hoy al borde de la hambruna y la escasez generalizadas.
Por esa razón, hoy los pacientes de cáncer, hipertensión, diabetes y muchas enfermedades más no consiguen las medicinas que les pueden curar esas enfermedades y prolongar su vida. La irresponsabilidad y la insensibilidad de quienes mandan desde 1999 los condena ahora a una muerte anticipada y cruel.
Lo mismo pasa con los repuestos de vehículos, sus baterías y cauchos o los artículos de aseo personal (desodorantes, champús, jabones y cremas dentales, pañales, papel sanitario, etc.), cada vez más escasos porque se han dejado de producir por el cierre de sus fábricas. Así de sencillo.
Los servicios públicos están colapsados como nunca antes, a consecuencia de la ineptitud del régimen para mejorarlos cuando recientemente tuvimos los más altos precios petroleros de la historia. Por eso no deja de ser una paradoja criminal que siendo Venezuela el país con las riquezas energéticas más grandes del mundo, hoy estemos sometidos a apagones diarios y a las puertas de un apagón generalizado. Ya se sabe que el dinero que debió gastarse en comprar generadores eléctricos se los robaron los testaferros de la cúpula podrida y que se descuidó el mantenimiento de las hidroeléctricas que se construyeron en la segunda mitad del siglo pasado.
Por eso hoy sufrimos apagones constantes, luego de que el régimen le resolviera problemas de electricidad a Cuba, Nicaragua, Bolivia y varios países del Caribe. Nunca como ahora se puede aplicar el refrán de que han sido “luz en la calle y oscuridad en la casa”.
Como queda dicho, estamos a las puertas de una gravísima crisis humanitaria, por más que el régimen la niegue y pretenda desviar la opinión pública con sus trapos rojos y sus mentiras mediáticas.    
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 19 de abril de 2016.