miércoles, 9 de marzo de 2016

LO PRIMERO ES LO PRIMERO


LO PRIMERO ES LO PRIMERO
Gehard Cartay Ramírez
     Nadie puede hoy en día dudar que el objetivo urgente y prioritario sea la sustitución del actual régimen, a fin de detener la catástrofe que significa su continuación en el poder.
     Todo lo demás es secundario. Lo que está en juego es el destino de Venezuela: si sigue hundiéndose en manos de la cúpula podrida que manda desde 1999 o si, por el contrario, paramos este desastre y elegimos un gobierno que trabaje por rescatarla de la crisis y enrumbarla hacia el progreso y el desarrollo.
      Por lo tanto, la dirigencia opositora debería tener claro este objetivo y no andar perdiendo tiempo y recursos en otros menos importantes. Y aún cuando aún no se haya definido -hasta el momento en que escribo estas líneas- cuál será el mecanismo para salir de esta tragedia, debe suponerse que tendrá que ser ejecutado este mismo año y cuanto antes.
      Se discuten en la oposición democrática varias alternativas: la enmienda constitucional para recortar el período presidencial actual; la reforma constitucional sobre el mismo asunto; el referendo revocatorio y hasta la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. Resulta obvio que debe acordarse la vía más expedita, pues la urgencia del caso así lo requiere.
      En este sentido, la alternativa que se apruebe -seguramente la enmienda constitucional o el referendo revocatorio, o ambos a la vez- tiene sus lapsos, tanto en su tramitación por la Asamblea Nacional como en la necesaria consulta popular que debe aprobarla. Ya estamos entrando al primer trimestre de 2016 y aún no hay definición al respecto, pero es obvio que los tiempos son muy ajustados.
      La pregunta entonces sería si, planteadas así las cosas de manera urgente, habría tiempo aún para realizar las elecciones de gobernadores en diciembre. A esta fecha no se ha abierto el registro electoral y menos aún se conocen los lapsos de convocatoria, presentación de candidatos y campaña electoral al efecto. Por cierto, tampoco se ha fijado la fecha de las elecciones primarias en las cuales deberán escogerse los candidatos de la MUD.
      Si lo primero es lo primero, parece obvio que la Unidad Democrática le otorgue prioridad absoluta al cambio del régimen cuanto antes. Allí puede estar el comienzo de una nueva era venezolana, al salir de esta nefasta experiencia y prepararnos todos para superarla y trabajar por una Venezuela mejor.
      Y es que sólo cambiando ya el régimen podemos sustituir esta economía fracasada y ruinosa por otra productiva y eficiente. Sólo si cambiamos el régimen podemos atraer inversiones nacionales y extranjeras para abrir las fábricas cerradas y reactivar la producción agropecuaria, creando nuevas fuentes de empleo y produciendo otra vez comida, servicios y oportunidades para todos.
      Sólo si cambiamos al régimen podemos recuperar a PDVSA de su estado ruinoso actual y convertirla otra vez en una poderosa y eficiente empresa, capaz de aumentar su producción petrolera. Sólo si cambiamos el régimen se puede ejecutar una política de seguridad para la vida y los bienes de todos, que tánta falta nos hace. Sólo si cambiamos el régimen podemos recuperar nuestra democracia, hoy secuestrada por una cúpula corrupta.
     Sin embargo, hay cierta dirigencia opositora que anda perdida por sus ambiciones subalternas. Ahogados en sus proyectos personales, que ponen por encima del proyecto nacional -cambiar cuanto antes a Venezuela-, esos dirigentes sólo demuestran miras reducidas y, lo que es peor, una absoluta falta de sintonía con las reales aspiraciones de la gran mayoría de los venezolanos.
      Este tipo de dirigencia poco ayuda a la estrategia de la MUD, dirigida a lograr el cambio del actual régimen cuanto antes. Y es que siendo este un objetivo fundamental, pero difícil y complejo de ejecutar, distraernos en cualquier otro lo hace aún más complicado.
     Lo afirmo porque en todas partes hay alguna gente ensimismada con sus precandidaturas a gobernadores, en virtud de que este año deberían realizarse elecciones con tal fin. (Y digo esto sin perjuicio de las aspiraciones -legítimas o no, ese es otro asunto- de quienes piensan competir al efecto.)
     Obviamente que, analizadas las cosas con objetividad, nadie puede dudar que el cambio de régimen es muchísimo más importante que elegir ya nuevos mandatarios regionales, sobre todo cuando, desde 1999, las gobernaciones han sido reducidas a la nada por la hegemonía centralista del chavismo.
      Por eso creo que los lectores coincidirán conmigo en que, dada la gigantesca y agobiante crisis que padecemos hoy en este país, lo prioritario es resolverla ya. Y esa solución pasa por cambiar al régimen, que es el problema y, por tanto, no puede formar parte de esa solución.
      La MUD podría ganar todas las gobernaciones y eso no cambiaría nada. Porque lo importante, ahora, es cambiar al régimen. Y punto.
 @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 01 de marzo de 2016. 






sábado, 27 de febrero de 2016

¿HASTA CUÁNDO ABUSAN DE NUESTRA PACIENCIA?



¿HASTA CUÁNDO ABUSAN DE NUESTRA PACIENCIA?
Gehard Cartay Ramírez
           Esta es la pregunta que le hacemos los venezolanos a la cúpula corrupta en el poder.
       Pero esa claque no responde. Piensa que puede seguir burlándose del pueblo. Piensa que se puede mofar de millones de venezolanos que estamos decididos a cambiar esta situación cuanto antes. La cúpula podrida en el poder cree que la paciencia del pueblo no tiene límites. Que vamos a seguir calándonos su ineptitud, corrupción y abuso de poder por siempre. Y están equivocados: la paciencia tiene un límite.
       La paliza que recibieron en diciembre fue apenas un aviso. Pero pretenden no darse cuenta de ello y desprecian la voluntad soberana del país, harto ya del régimen que hemos padecido desde hace 17 largos años. Sin embargo, ya están advertidos. Que no vengan después a decir que los venezolanos no se lo avisamos.
       Precisamente ese cinismo y caradurismo con que han asumido su derrota de diciembre pasado los retrata como una cáfila de ambiciosos y corruptos que pretenden seguir en el poder a costa de lo que sea y como sea. Y qué equivocados están. A estas alturas todavía no conocen la fibra libertaria de los venezolanos, muy distintos al pobre pueblo cubano que tiene casi 60 años soportando la tragedia castrocomunista. Pero los venezolanos no somos cubanos. Que no se equivoquen.
      Aparte de habernos dividido con su mensaje de odio y violencia -creando resentimientos y reconcomios que antes no existían en el alma de nuestra nación-, han destruido a Venezuela como el país que venía ascendiendo hacia su desarrollo y progreso.
     Fue así como -criminalmente- enfrentaron a unos compatriotas contra otros para garantizar su permanencia en el poder, calificando a los suyos como “los buenos” y a los demás como “los malos”. Han apelado a las peores aberraciones, como esa de hacerle creer a algunos que si alguien logra superarse social, cultural y económicamente, es porque lo hizo perjudicando a los demás. La verdad es que cuando existe un decidido espíritu para alcanzar metas de progreso y crecimiento personal, resulta criminal afirmar que esos logros sólo son posibles a costa de dañar a los que no han alcanzado metas similares.
      Desde 1999 han manejado esta argumentación falsa para justificar su enfermiza ambición del poder por el poder mismo y no para ponerlo al servicio del pueblo. A la conseja maquiavélica del “divide y vencerás”, han agregado la siembra del odio entre nosotros, atavismo que llevará un tiempo desterrar en aquellos que han sido contaminados por el resentimiento contra los demás, por creerlos causantes de sus propios fracasos.
      Por si fuera poco, el régimen también ha empeorado nuestra calidad de vida. Comenzando por el derecho humano más esencial, como lo es derecho a vivir, hoy dolorosamente en Venezuela no hay Estado ni gobierno que lo garantice a plenitud. Actualmente, la inseguridad asesina todos los días a cientos de compatriotas, sin que el régimen haga algo para detener este monstruoso genocidio contra los venezolanos.
       Al igual que en esa materia, hoy también nos hemos “africanizado” en cuanto a la carencia de servicios públicos elementales en cualquier parte del mundo, como la electricidad y el agua potable. Los hospitales públicos tampoco funcionan y la gente se muere de mengua a sus puertas, esperando una atención que nunca llega.
      Para empeorar aún más las cosas, se ha vuelto una odisea conseguir los alimentos básicos para nuestra existencia y los pocos disponibles están racionados y a precios muy elevados. La cúpula por ahora en el poder acabó con la industria nacional de alimentos, creyendo que podía sustituirla comprándolos afuera a punta de petrodólares.
      También arruinó la agricultura y la cría, mediante expropiaciones e invasiones de fincas por parte de malandros de la peor calaña. Creyó que los dólares con que compraban afuera la comida -y que aquí se producía antes- le iban a durar toda la vida, a pesar de que se los robaban y derrochaban a manos llenas. Ahora Venezuela no tiene dólares ni comida, gracias a estos “genios” en el poder…
      Lo mismo pasa con los medicamentos, escasos en casi un noventa por ciento y también carísimos, por lo que ya muchos venezolanos han muerto al no poder conseguirlos. Estamos a las puertas de una tragedia humanitaria, a causa de la escasez de comida y medicinas.
      Y todo esto sucede luego de que el actual régimen ha saqueado, robado y despilfarrado más de 950 mil millones de dólares. ¡Con esa montaña de dinero ya se hubieran resuelto los problemas del país y de los venezolanos!
      Ante todo este monumental desastre hay que advertir una vez más que la paciencia tiene sus límites. Que no lo olvide la cúpula podrida que manda.

@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 23 de febrero de 2016.

sábado, 20 de febrero de 2016

EL SOCIALISMO COMO FRACASO



EL SOCIALISMO COMO FRACASO

Gehard Cartay Ramírez
El actual régimen se cataloga como “socialismo del siglo XXI, justamente luego de que esa etiqueta ideológica resultara uno de los fraudes históricos más notables de la historia.
No tiene nada de raro, entonces, que esta tragedia que vivimos los venezolanos desde hace varios años también se defina como socialista. Cualquiera que haya leído un poco de historia sabe que el socialismo ha fracasado en todas partes porque fue incapaz de desarrollar un modelo económico que permitiera distribuir la riqueza, promover la iniciativa personal de cada quien y respetar el derecho de propiedad como una conquista humana lograda por el trabajo de hombres y mujeres.
El socialismo fracasó estruendosamente en todas partes, al igual que ha fracasado en Venezuela. Esa es la gran verdad. Primero fue la caída del Muro de Berlín y la liquidación de la Alemania Comunista por haber llevado al hambre, la miseria y al atraso aquella parte del pueblo alemán. Luego vino el derrumbe de la Unión Soviética, la gran mentira del siglo XX, considerada por sus seguidores como el paraíso socialista del mundo. Pero se acabó porque su fracaso económico fue de tal magnitud que, sin que nadie disparara un tiro en su contra, los propios rusos decidieron liquidarla. El efecto dominó no se hizo esperar: como si fueran un castillo de naipes también se acabaron las Repúblicas Socialistas satélites de la Unión Soviética.
Desde la década de los 90, China también abandonó el socialismo como sistema económico, si bien se mantiene, por ahora, un régimen comunista en lo político. Algo parecido ocurre con Vietnam, reconvertido también al capitalismo, luego de 20 años de sistema socialista marxista. A estas alturas, apenas Corea del Norte y Cuba mantienen esquemas socialistas, lo que ha significado su fracaso, tanto en el plano político, como en el campo económico y social. Ambos países son víctimas de férreas dictaduras, donde se irrespetan los derechos humanos, no hay libertades de ningún género y sus pueblos están condenados a ser eternamente pobres y miserables.
La mejor demostración del fracaso socialista lo constituye el hecho indiscutible de que en hoy en Cuba, por ejemplo, la gente huye o trata de huir hacia los Estados Unidos, aún a riesgo de que los devoren los tiburones. Nunca se ha visto que los estadounidenses huyan hacia “el mar de la felicidad” cubana. Todo lo contrario. Lo mismo pasaba entre 1946 y 1989 con la gente de Alemania Comunista que escapaba hacia la Alemania Demócrata Cristiana, pero nunca ocurría al revés. La explicación está en que el socialismo es contrario a las aspiraciones de progreso y superación del ser humano, y por eso siempre estará condenado al fracaso.
En nuestro caso, el socialismo que ofrece el régimen que padecemos desde 1999 está fundado en las mismas limitantes e ingredientes por los cuales ha fracasado en otras partes. Uno de ellos es la conversión de nuestra gente en pedigüeños de dádivas oficiales, a través de las fulanas Misiones. Se anula entonces su capacidad para ser autónomos económicamente, susceptibles, por tanto, de ceder a la presión del régimen cada vez que sea necesario. Lo mismo pasa con los Mercal y los servicios y bienes que oferta el sector público, siguiendo el esquema de racionamiento cubano, capaz de controlar así a la gente para sus fines políticos y clientelares.
No hay en estos mecanismos socialistas ningún incentivo a la superación de la persona, a su crecimiento económico y social, a su capacidad para tener su propia empresa o actividad de lucro. Sólo se busca que todos sean empleados al servicio del Estado, y no de la sociedad, de sus familias y de sí mismos.
No se persigue crear una sociedad de propietarios -como debe ser-, sino de obreros asalariados en función de las metas del régimen y su cúpula corrupta. Por eso mismo, el régimen destruyó la industria nacional y quebró al sector agropecuario. De esta forma se ha producido un empobrecimiento general, estrangulada la iniciativa personal, impedida la creación y distribución de la riqueza y casi liquidado el derecho de propiedad como uno de los derechos humanos fundamentales en toda sociedad auténticamente participativa.
¿Será esto lo que desean los venezolanos? Yo estoy seguro que no. Este es un pueblo libertario, con capacidades creadoras, sentido de progreso y espíritu de superación. Por eso mismo, no podemos a aceptar que se nos siga convirtiendo en un país más empobrecido, sumido en la miseria, la tristeza y el desamparo como ahora le ocurre al hermano pueblo cubano.
Esto tiene que acabarse pronto, como se acabó en otras latitudes del planeta que también sufrieron la maldición del socialismo.

@gehardcartay

 LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 16 de febrero de 2016

domingo, 14 de febrero de 2016

SAQUEO, CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD



SAQUEO, CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD

Gehard Cartay Ramírez

Los venezolanos sufren como nunca el saqueo de las riquezas del país, la corrupción galopante y una impunidad criminal, todo oculto dentro de una caja negra.

Toda esa opacidad y falta de transparencia pareciera que está en los genes de la cúpula podrida que manda desde 1999.

Su extinto jefe y la logia militarista que lo acompañó en su larga carrera de golpistas dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales actuaron siempre en la oscuridad, fingiendo la lealtad que habían jurado a la Constitución entonces vigente.

Así procedieron también durante los golpes de Estado que intentaron contra la democracia venezolana en 1992. Lo hicieron luego de haber infiltrado la institución castrense desde finales de los años setenta, ocultos bajo la piel de corderos que escondía sus siniestras intenciones.

Lo hicieron durante las elecciones de 1998, cuando se disfrazaron de demócratas y engañaron a casi todo el mundo prometiendo villas y castillos y dándose golpes de pecho en defensa de la democracia, aunque, ciertamente, sólo se proponían copiar aquí “el mar de la felicidad” castro comunista.

Durante aquella campaña electoral, el golpista candidato negó ser socialista, afirmó que en Cuba existía una dictadura, dijo que respetaría la libertad de expresión y la empresa privada y que, si ganaba las elecciones, sólo estaría en la presidencia por un período de cinco años. Puras mentiras, como se demostró luego. Pero, como siempre ocurrió, mentía para esconder sus siniestros propósitos.

En realidad, sólo lo movía una ambición enfermiza por el poder. Existen testimonios de íntimos amigos de Chávez entonces -entre ellos, los de Herma Marksman, Urdaneta Hernández y Nedo Paniz-, según los cuales aquel habría dicho que si llegaba a la presidencia jamás la entregaría porque sólo “lo sacarían a plomo”. Los hechos demostraron que sólo se trataba de un grupo de ambiciosos de poder vitalicio.

Por eso mismo, una vez que lo asumieron, iniciaron la destrucción de todas las instituciones democráticas, con la complicidad de algunas de ellas, como la extinta Corte Suprema de Justicia, que en 1999 -violando flagrantemente la Constitución- dio luz verde a la realización de la Constituyente. A partir de allí, con la cobardía de muchos y la colaboración de otros más, el chavismo inició una auténtica demolición de la democracia venezolana para sustituirla por este bodrio de ineptitud y ladronismo que hoy padecemos.

Ese régimen devino luego en la caja negra que es hoy. Así como escondió sus verdaderos propósitos en la campaña electoral de 1998, una vez en el poder ha mantenido una permanente política de ocultamiento sistemático, como corresponde a su verdadera naturaleza. Nunca ha habido transparencia en el manejo de patrimonio público, ni en la ejecución de sus planes y proyectos.

En ese objetivo de ocultar la realidad de los hechos e imponer su matriz de opinión, el régimen ha cerrado televisoras, radios y diarios, y comprado todos los que ha podido con los dineros de su corrupción pestilente e infinita. Los ya muy escasos medios de comunicación dignos y plurales que aún existen están sometidos a duros embates para cerrarlos a como dé lugar. Lo que se pretende es ocultar la dramática situación que ahora padecemos.

Por eso hoy también pretenden ocultar la tragedia que sufrimos. La disfrazan denunciando una supuesta “guerra económica”, cuando todos sabemos que no hay comida, pero sí inflación, especulación y alto costo de la vida, gracias a las erráticas políticas económicas del chavomadurismo, que acabaron con el aparato productivo nacional.

Así también han venido ocultando la milmillonaria corrupción de la cúpula podrida del régimen, de la cual no se ocupa ninguna de las instituciones que deberían investigarla y castigarla. Del mismo modo han ocultado la partida de defunción de su extinto jefe y la mismísima partida de nacimiento de quien lo sustituyó en el cargo.

Este domingo anterior, en el semanario La Razón, el ex parlamentario Carlos Tablante denunció que a Cadivi le robaron 165 mil millones de dólares y que, con motivo de la emergencia eléctrica decretada por Chávez en 2010, también se timaron otros 60 mil millones de dólares. Antes, el exministro chavista Jorge Giordani había denunciado el saqueo al Sitme (Sistema de Transacciones con Título en Moneda Extranjera)  por 25 mil millones de dólares. Por cierto, este exministro calcula que les han robado más 300 mil millones de dólares a los venezolanos desde hace 10 años. Y eso sólo para hablar de la corrupción con los dólares de la República.

El régimen es, pues, una caja negra, sin transparencia alguna, para ocultar sus perversiones y vicios.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) Martes, 09 de febrero de 2016.