jueves, 21 de enero de 2016

EL CENTENARIO DE CALDERA



EL CENTENARIO DE CALDERA
Gehard Cartay Ramírez
El próximo 24 de enero se cumple el centenario del natalicio de Rafael Caldera, un venezolano -dicho sea con todas sus letras- excepcional, como pocos en nuestra historia.
La suya fue una figura polifacética: estadista, político, jurista, sociólogo, laboralista, profesor universitario, académico, poliglota, escritor, constitucionalista y parlamentario, fueron algunas de sus múltiples actividades. En todas y cada una de ellas se destacó de manera brillante.
Sin embargo, su dimensión más conocida ha sido la de líder político y estadista. Ya habrá tiempo para que los historiadores futuros destaquen los otros campos donde también trascendió y brilló el intelecto, la voluntad y el carácter de Caldera. Ya llegará también el momento en que la historia lo juzgue en la distancia del tiempo, más allá de apasionamientos y enconos.
Por supuesto que la brevedad de un artículo de opinión impide analizar a profundidad cada uno de los lados del inmenso poliedro que constituye su legado. Destaquemos entonces, por ahora, al líder político, estadista y pacificador que fue Caldera desde 1936 hasta 1999, cuando entregó su segunda presidencia, obtenida, al igual que la primera, en libérrimos comicios populares.   
Como fundador del Partido Social Cristiano Copei en enero de 1946, Caldera introdujo en nuestro país el pensamiento demócrata cristiano, al tiempo que liderizó un formidable instrumento de lucha popular y política. Pero no sólo eso: convirtió a su partido en una moderna organización de masas y en una de las columnas que sostuvieron el sistema democrático entre 1958 y 1998.
 Su primer período como presidente de la República (1969 -1974) es uno de los mejores en la historia venezolana -si no el mejor- pues su obra fue realmente admirable. Por una parte, pacificó el país, luego de la lucha guerrillera castrocomunista, mediante una audaz política de convencimiento de los guerrilleros derrotados que terminó incorporándolos -a casi todos- a la vida democrática e institucional. Por la otra, aquél fue un gobierno progresista y honesto, con trascendentes logros en materia de obras públicas, en la economía y en lo social.
Su segunda gestión (1994-1999) también tuvo importantes resultados, especialmente su firme decisión de haber mantenido una política de paz, convivencia y estabilidad institucional, luego de las secuelas del Caracazo en 1989 y de los violentos golpes de Estado de 1992. Con la nueva elección de Caldera, la institución presidencial recuperó autoridad y prestigio. No se repitieron intentonas golpistas y se restauró la unidad de las Fuerzas Armadas Nacionales. No hubo desordenes violentos, ni muertos o heridos en manifestaciones públicas, ni violaciones a los derechos humanos, como lo confirmaron organismos internacionales especializados.
Las instituciones democráticas recuperaron su normal desenvolvimiento. Hubo también, al igual que en su primera gestión, paz social y paz laboral, a pesar de que al final de su gobierno se produjo una gravísima caída de los precios del petróleo. Y contra lo que muchos pensaron, Caldera terminó su período presidencial y entregó el poder a quien una mayoría de venezolanos eligió para sucederlo en diciembre de 1998.
 Por cierto que su decisión de haber sobreseído a los golpistas de 1992 ha sido considerada por algunos como un error inexcusable, que trajo como consecuencia automática la llegada al poder del régimen que hoy padecemos. A mi juicio, constituye una equivocación atribuirle a esa medida la posterior elección de teniente coronel Hugo Chávez Frías en diciembre de 1998. Se olvida que aquella decisión de 1994 tuvo un importante apoyo en la opinión pública y respondió al planteamiento mayoritario de los líderes opositores y los principales candidatos presidenciales en 1993.
Pero no fue, insisto, la causa básica para que el militar golpista ganara las elecciones de 1998, pues su aceptación electoral -luego de su sobreseimiento- fue insignificante. Sólo sería en aquel mismo año cuando, apoyado por grandes medios de comunicación, empezó a repuntar hasta alcanzar la victoria. De tal manera que si hay que culpar a alguien porque Chávez haya sido elegido presidente sería a quienes votaron por él.
Además, todas las medidas en beneficio de los militares golpistas se habían iniciado antes. El propio presidente Pérez dictó los primeros sobreseimientos a un numeroso grupo de oficiales que intentaron derrocarlo, lo que demuestra también su talante democrático y conciliador. Posteriormente, el presidente interino Ramón J. Velásquez decretó otros en 1993. Al tomar Caldera posesión como presidente en marzo de 1994, ya habían sido sobreseídos 270 de los golpistas detenidos. Por cierto, poca gente conoce estos hechos.
No tengo duda alguna de que el tiempo, juez implacable, reconocerá en su justa dimensión su obra histórica como gobernante y líder político. Más allá de sus equivocaciones y errores como ser humano que fue, sus virtudes y aciertos serán suficientes para que ocupe un sitial de honor en nuestra historia republicana.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas - Martes, 19 de enero de 2016.

lunes, 18 de enero de 2016

EL PAÍS SE CAE A PEDAZOS



EL PAÍS SE CAE A PEDAZOS
(… Mientras la cúpula podrida del régimen sólo se preocupa por los retratos de su extinto jefe!)
Gehard Cartay Ramírez
Mientras Venezuela se cae a pedazos, la cúpula podrida del régimen sólo se preocupa por los retratos de su extinto jefe que fueron sacados de la Asamblea Nacional.
Esta soberana estupidez da una idea clara de sus prioridades. Se trata, además, de algo tragicómico. Trágico, porque es absolutamente imperdonable que estando el país sumido en tan grandes calamidades, creadas por este mismo régimen desde 1999, sus jerarcas sólo se ocupen de cosas tan triviales como las fulanas fotos de su jefe único.
Y no deja de ser también cómico que en un país como el nuestro, que debería estar ya entrando al primer mundo, se vean estas muestras primitivas de fetichismo y culto cuasi religioso a alguien, como si esa fuera una fórmula mágica para salir adelante en medio de la colosal crisis que a todos nos golpea. Para completar el absurdo, ahora quieren empapelar el país con más fotos del extinto.
 Por supuesto, todo esto retrata al régimen que arruinó a Venezuela en estos largos 17 años. Lo retrata como una pandilla que coloca sus propios intereses por encima de los intereses de los venezolanos. Siempre ha sido así, por cierto. Esta gente llegó al poder (luego de haberlo intentado por la vía de un sangriento golpe de Estado) mediante unas elecciones donde engañaron a todo el mundo disfrazándose de oveja para esconder a la fiera que llevan por dentro.
¿Qué han hecho en todo este tiempo sino privilegiar sus intereses, saqueando y robando a manos llenas los dineros de todos los venezolanos? Hay suficientes pruebas al respecto, aunque no haya aún ningún investigado y menos alguien enjuiciado, gracias a la impunidad absoluta que les ha proporcionado desde 1999 el sistema judicial corrupto y parcializado que hoy vergonzosamente exhibe Venezuela ante el mundo.
Han sido miles de millones de dólares los que se ha robado la cúpula corrupta del régimen y sus testaferros. Precisamente el diario El Nacional  de este domingo pasado publicó un reportaje al respecto. Allí se destacan 10 escándalos de corrupción “bolivariana” que han dado la vuelta al mundo, sin que nadie del régimen se haya referido a ellos, y mucho menos investigarlos o enjuiciar a sus culpables. Sería, por supuesto, pedirles peras al olmo.
 Bastaría apenas referirse a uno sólo para desnudar la profunda podredumbre oficial: el de los “narco sobrinos” detenidos en Estados Unidos, acusados de traficar 800 kilos de cocaína. Imagine el lector si esto hubiera ocurrido en otro país o en el nuestro, con otra pareja presidencial. Nunca ocurrió antes, por cierto. Pero sucede ahora, y nadie del régimen se ha referido al asunto. Creen que con su silencio pueden tapar el sol con un dedo. El silencio, en este caso, lo hace aún más inmoral, por lo que revela.
O el escándalo de los 25 mil millones de dólares robados a través de CADIVI y denunciado por el exministro Giordani, tutor de Chávez en el pasado y hoy caído en desgracia, y la ex presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmeé Betancourt, también chavista. ¡25 mil millones de dólares birlados a los venezolanos por un grupete de testaferros de la cúpula del régimen, y aún no hay nadie preso por este gigantesco saqueo a los recursos públicos!
(Hay más casos de corrupción del régimen, por supuesto. Hay muchos ya conocidos y otros que aún no se conocen, pero que cuando se hagan públicos asombrarán al mundo y dejarán pequeños la corrupción espectacular del Sha de Irán, Chapita Trujillo, Perón, Pérez Jiménez, Somoza o de los hermanos Castro y el rumano Ceaucescu, por citar también dictadores comunistas.)
Pero al gobierno no le preocupan estos asuntos. Le preocupa, sí, que saquen los retratos de Chávez que estaban en el hemiciclo de la Asamblea Nacional. ¡Caramba, qué cosa más importante para la cúpula podrida! Eso sí que les preocupa.
Lo demás no. Tampoco les preocupa el alto costo de la vida, la galopante inflación que sufrimos (la más alta del mundo), la escasez de comida o la crisis de la salud, con gente muriéndose de mengua en los hospitales. Mucho menos les preocupa que no se consigan medicinas o que crezcan la pobreza, la miseria y el desempleo. Nada de eso.
Ah, pero cómo les angustia que Ramos Allup haya sacado de la Asamblea Nacional las fotos del “comandante”. Sus prioridades, como queda demostrado, son otras.
Venezuela les importa un carajo.
   @gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 12 de enero de 2016.

lunes, 11 de enero de 2016

LA CONFRONTACIÓN O EL SUICIDIO DEL RÉGIMEN



LA CONFRONTACION O EL SUICIDIO DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
¿Persistirá el régimen en su política de confrontación de estos 17 años?
A juzgar por los últimos acontecimientos parece que así será. Se trata de una postura que, si bien antes les dio resultado, ahora es una conducta suicida, rechazada por los venezolanos, incluyendo muchos que lo apoyaban o, incluso, aún lo apoyan con serias reservas.
Sin embargo, Maduro y su cúpula podrida insisten en tamaño error. No han asimilado la lección que el pueblo acaba de darles el pasado seis de diciembre. Pretenden hacerse los desentendidos y ahora quieren desconocer la voluntad popular que se expresó ese día. De sus discursos llamando “a respetar los resultados” y de sus elogios “al sistema electoral más perfecto del mundo”, ahora han pasado a hablar de “fraude y compra de votos”, en un acto de ridícula desesperación y sin que nadie, ni siquiera su propia gente, les crea una palabra. Se trata, sin duda, de una actuación tragicómica.
Lo grave es que esa actitud tiene la complicidad del tribunal supremo y de otras instituciones del Estado, manejados como feudo propio por el régimen. Por eso vienen armando trampas y componendas para desconocer la Asamblea Nacional recién electa, donde los sectores democráticos lograron las dos terceras partes. Pero no lo van a lograr. El pueblo hará respetar su voluntad y si el régimen resuelve mantener su política de confrontación suicidándose.
La verdad es que el país está harto de esa política. Su carga de odio y violencia nunca ha conducido a nada positivo. Los efectos están a la vista y son tan desgraciados que han dividido a la familia venezolana. Ese sólo hecho resulta gravísimo en nuestra historia. Pero sus consecuencias también han estimulado una espiral delincuencial sin precedentes, donde casi todos los delitos que a diario se cometen culminan con el asesinato de las víctimas, de manera  vesánica y cruel.
Ya habrá tiempo en el porvenir para que sociólogos, criminólogos e historiadores estudien en profundidad cómo ese discurso del odio y la violencia nos trastocó de una sociedad mayoritariamente solidaria a otra totalmente dividida, donde grupos delincuenciales fueron estimulados desde el poder en sus más bajos instintos y utilizados como brazo armado de aquel contra sus adversarios. Pero, como se ha demostrado luego, la impunidad que se les brindó multiplicó exponencialmente sus delitos y hoy suman más de 250.000 asesinatos en estos 17 años.
Esa criminal estrategia de confrontación igualmente hizo que el régimen asimilara la política civil con la liquidación del adversario, como si estuviéramos en una guerra. Desde luego, se trata de una concepción militarista del debate político, muy propia del extinto jefe del régimen instaurado en 1999. Y esa terrible noción de la política manu militari se ha sostenido hasta ahora desde el poder, pero resulta obvio que los venezolanos la repudian y claman volver a otra noción civil, civilizada y democrática, como la que hubo entre 1958 y 1998.
La política bien entendida -decía Pío XII, palabras más, palabras menos- constituye “otra de las nociones excelsas de la caridad”. La política supone, por tanto, diálogo y entendimiento, en aras de la dignidad humana y el bien común. Lo contrario es la confrontación violenta y el odio cainita. Los venezolanos debemos volver a aquellos principios y desterrar estos últimos, si queremos recuperar la senda de la paz, la solidaridad y el entendimiento entre todos.
Venezuela requiere hoy más que nunca de diálogo y entendimiento. Requerimos cuanto antes, luego de salir de esta pesadilla, de un nuevo Pacto de Puntofijo, desde hace algún tiempo vituperado por sectores interesados en negarlo y por ignorantes crasos que no conocen sus extraordinarias dimensiones históricas y sociales. Requerimos de un gran acuerdo nacional entre todos, que fije unas grandes metas de concordia, desarrollo y progreso para las próximas décadas. Pero está claro, insisto, que tal objetivo no será posible mientas el actual régimen se mantenga en el poder. Por eso hay que lograr su sustitución cuanto antes.
Sólo así será posible liquidar esa concepción totalitaria, según la cual quienes no piensan igual al poder -o no apoyan sus políticas- son enemigos a muerte y deben ser “convertidos en polvo cósmico”, como decía el difunto en aquella frase infeliz que desde 1999 ha traído como resultado miles de muertos, heridos, exiliados y presos políticos, aparte de sufrimiento y llanto para centenares de miles de familias.
Si el régimen, insisto, permanece aferrado a la confrontación estará acelerando de manera irremediable su sustitución. Por supuesto que apostamos porque esta se produzca democráticamente y en paz. Si Maduro y su claque pretenden lo contrario, tendrán, una vez más, al pueblo en su contra.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 05 de enero de 2016.

2016: AÑO DE DEFINICIONES



2016: AÑO DE DEFINICIONES
Gehard Cartay Ramírez
Duro y difícil, pero lleno de definiciones, se presenta este próximo año.
Las recientes elecciones para elegir la nueva Asamblea Nacional, ganadas abrumadoramente por la oposición democrática, abren la puerta a un nuevo ciclo venezolano. Y es que al romperse el esquema hegemónico que el chavismo se trazó como meta desde 1999, se liquida tal pretensión de cara al futuro.  Esa circunstancia facilitará, sin duda, el rescate de la alternabilidad en el poder, y con ella el restablecimiento de la democracia plena.
Por esta misma razón, la actuación de esa Asamblea Nacional será la prioridad, a fin de restablecer el necesario equilibrio de poderes. De un parlamento sumiso y perruno -plegado a un régimen inepto, corrupto e insensible- como el que está muriendo el próximo 4 de enero, hay que pasar a uno que legisle, discuta, controle e investigue a todas las instituciones, comenzando por el Poder Ejecutivo, que ha actuado como le ha dado la gana en estos casi 17 años de desgobierno.
Esa tarea exige ocupación a tiempo completo de los diputados electos, pues tal fue el compromiso con los electores que los llevaron a sus curules. Que no vengan, por tanto, a estar desde ya aspirando otras posiciones, porque sería una deslealtad con aquellos. Lo primero es lo primero.
La próxima Asamblea Nacional debe, en primer término, aprobar una ley de amnistía para liberar a todos los presos políticos del régimen. Debe, igualmente, aprobar instrumentos legales que reactiven la economía y atraigan la inversión privada, tanto nacional como extranjera, promuevan el empleo y mejoren los sueldos de todos los venezolanos. Y luego remitirlos al régimen para que las ejecute, visto que es su responsabilidad. Si este no lo hace, quedará en evidencia lo que ha sido hasta ahora: una cáfila de ineptos, incapaces y corruptos, destructores del país.
La otra gran tarea de la Asamblea Nacional es buscarle una solución política a la gravísima crisis de ilegitimidad e ingobernabilidad en que está sumido el régimen de Maduro, lo que hace necesario su relevo cuanto antes. Hay dos caminos a tales efectos: referéndum revocatorio o recorte del período constitucional, visto que la renuncia voluntaria de quien ocupa la presidencia no parece posible, por ahora. Pero cualquiera de ellas obligarían a convocar nuevas elecciones y no esperar hasta el 2019, lo que sería una eternidad en medio de este desastre que todos sufrimos.
A finales de 2016 seguramente también deberán celebrarse las elecciones de gobernadores. No es, por ahora -en virtud de lo que ya hemos señalado antes-, el tema prioritario, aunque no faltan algunos desbocados poniéndolo en el tapete de la discusión. Ya llegará el momento, desde luego. Ahora lo más urgente y necesario es enderezar el rumbo de toda la nación, mediante decisiones políticas, económicas y sociales de gran calado, que impliquen un cambio profundo y radical.
A veces a uno le surge la duda acerca de si toda la dirigencia opositora a su más alto nivel está clara en estas prioridades. Yo aspiro a que sí lo esté, pues hay allí gente con claridad, experiencia y patriotismo. Por desgracia, hay otros que parecieran no estar a la altura de los retos de este momento, tan grave y peligroso. Ha habido declaraciones irresponsables y estúpidas que en lugar de consolidar la unidad le abren pequeñas grietas. Ojalá entiendan que esto no es conveniente, como no lo es tampoco estar asomando candidaturas desde ya.
El momento actual exige firmeza, seriedad y ponderación, así como habilidad política y sentido de la oportunidad. La MUD debe guiarse por estas coordenadas para hacer más efectivo el triunfo de  pasado seis de diciembre. Debe frenar a los impacientes y a los que no han comprendido tamaña responsabilidad histórica con el país.
Quienes hemos respaldado a la MUD debemos recordarle a sus dirigentes que nadie les ha dado un cheque en blanco, que esa victoria del 6-D no les pertenece sino que es obra de la gran mayoría de los venezolanos y que están obligados a administrarla con inteligencia. Por lo tanto, deben dejar de lado sus intereses parciales y ocuparse, ahora, de manejar su mayoría en la Asamblea Nacional en beneficio del pueblo de Venezuela.
Con estas reflexiones, dictadas por la razón y el deseo de rescatar a Venezuela del foso a donde la han conducido en estos últimos años, envío mi saludo fraternal de Año Nuevo a todos, con la esperanza de que 2016 abra la puerta del progreso, la paz y el desarrollo a nuestros compatriotas.
@gehardcartay
El Blog de Gehard Cartay Ramírez
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 29 de diciembre de 2015.