sábado, 22 de agosto de 2015

EL RÉGIMEN LOS NECESITA POBRES



EL RÉGIMEN LOS NECESITA POBRES
Gehard Cartay Ramírez
Al igual que el modelo castrocomunista cubano -que los dirige y manda-, el chavismo también se sostiene manteniendo más pobres a los pobres y empobreciendo a la clase media. Sus cúpulas podridas, en cambio, se enriquecen cada vez más.

Por tal razón, ambos modelos no tienen otra cosa que presentar como logros sino más pobreza, y con ella autoritarismo militarista, destrucción de la democracia y del aparato productivo, con su secuela de violación de los derechos humanos, desabastecimiento, carestía e inflación.

Ambos modelos -insisto- han multiplicado la pobreza en términos exponenciales, como nunca antes en sus respectivos países. Por eso, ambos han terminado convertidos en una absoluta estafa histórica.

En el caso cubano, detrás de la gran mentira de una “revolución” que reivindicaría a aquel pueblo, lo que muestra hoy la realidad es un pueblo tiranizado, empobrecido y hambriento, mientras una cúpula corrupta y enriquecida se aferra al poder que han ejercido durante más de 50 años. El resultado no puede ser más vergonzoso y trágico: Cuba ahora está peor que antes de la llegada al poder de los guerrilleros de Castro.

Tan grave resulta la situación de Cuba que la cúpula podrida del castrocomunismo ha tenido que “meterse por el bolsillo de atrás” -dijera el filósofo de Sabaneta- su prédica antiimperialista de más de medio siglo. Ahora mismo se acercan a los Estados Unidos en busca de dólares, vista la actual quiebra chavista de Venezuela -que los ha mantenido a flote en la última década-, como antes lo hizo la extinta Unión Soviética durante 30 años. Toda una estafa histórica, coronada por esta entrega final al “imperio”, lo cual no deja de ser trágico cómico, pero eso a los chulos castrocomunistas no les importa.  

Sin embargo, el régimen castrochavista venezolano es peor aún, porque en 16 años acabaron con la democracia más sólida de Latinoamérica; arruinaron un país inmensamente rico, destruyendo su economía y productividad; demolieron una PDVSA que estaba entre las empresas más poderosas del mundo, dilapidando y robándose nuestros petrodólares; y, cuando arrasaron con la plata de todos, terminaron  hipotecándonos a los chinos, quién sabe por cuantas generaciones más.

La realidad nos ha indicado ya muy claramente que todo ha sido producto de la criminal ambición de un grupo de desalmados, corruptos e ineficientes -en quien una buena parte de venezolanos confiaron-, cuyo único objetivo era llegar al poder para saciar sus apetitos desenfrenados, y no para mejorar la calidad de vida de las grandes mayorías, sino todo lo contrario. ¿O alguien, a estas alturas, puede dudarlo?

Ya lo ha dicho el Papa Francisco: “A la gente la empobrecen para que luego voten por quienes los hundieron en la pobreza”. 

Bastaría a este respecto citar las palabras que el gurú de la economía chavista, Jorge Giordani, le dijera al entonces presidente de PDVSA, general Guaicaipuro Lameda, y que este ha citado varias veces, sin ser desmentido. Giordani le señaló que eran los pobres los que le daban “el piso político” al chavismo: “Ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así… Entretanto, hay que mantenerlos pobres y con esperanza” (El Universal, 04-03-2014).

Por si faltara algo más sobre esta criminal manera de mantenerse en el poder a costa de los pobres, el anterior ministro chavista Héctor Rodríguez soltó esta perla de desvergüenza y cinismo: “No vamos a sacarlos de la pobreza para que se vuelvan escuálidos” (El Nacional, 25-02-2014). Y compitiendo también en desvergüenza y cinismo, el actual gobernador de Aragua puso lo suyo al señalar: "Mientras uno más consigue pobreza, hay más lealtad a la revolución y más amor por Chávez; mientras el pueblo es más pobre es más leal al proyecto revolucionario" (El Universal, 04-09-2014).

Pero todo esto no es sino una derivación de aquella célebre frase del extinto jefe del proceso: “Ser rico es malo”. Ella resume una inmoral justificación de la pobreza, una negación de la necesaria superación de los seres humanos y del mejoramiento de su calidad de vida. Sólo que, como ya se ha demostrado con creces, en tal aseveración nunca ha creído la cúpula podrida que manda, para quienes “ser rico sí es bueno”. Por eso hoy en día son multimillonarios, mientras la gente de abajo que los apoya están obligados a ser pobres para que el chavismo se mantenga en el poder. Ni más ni menos, amigo lector.

El chavismo necesita a los venezolanos “pobres y con esperanza”. Pero la esperanza ya se está acabando, como es lógico. Después de 16 años el país está peor y los pobres son más pobres. Y la paciencia, entre tanto, se está agotando también.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 18 de agosto de 2015.

jueves, 13 de agosto de 2015

EL RÉGIMEN ESTÁ HERIDO DE MUERTE



EL RÉGIMEN ESTÁ HERIDO DE MUERTE

Gehard Cartay Ramírez
Ya hemos advertido que el régimen hará todo lo que sea necesario para tratar de ganar las elecciones parlamentarias o, en última instancia, posponerlas o impedirlas.

Y lo hará sin escrúpulos, pues carece de ellos. Eso deberían saberlo la MUD, sus partidos y sus candidatos. Deberían saber que esta campaña electoral no será un carnaval, ni un torneo de juegos florales. A veces, cuando uno observa ciertos candidatos a diputados, nota que hay algunos que no se han dado cuenta lo que está en juego este 6 de diciembre.

Lo afirmo porque este será el proceso electoral más sucio, tramposo y ventajista que hayamos presenciado. Porque, en verdad, si todos los comicios electorales desde el 2000 lo han sido, este lo será mucho más. Sólo que ahora la opción victoriosa de la oposición democrática luce indiscutible y la derrota aplastante del régimen -si se cuentan bien los votos y se impide el fraude- es una realidad de la que ellos mismos están más concientes que nadie. Por si fuera poco, crece aceleradamente el descontento popular, y cuando explote nada ni nadie podrá pararlo.

Todo lo cual hace más peligroso al régimen, hoy convertido en un tigre herido de muerte. Por tanto, van a abusar aún más de su poder, derrocharán miles de millones de dólares para su campaña y la compra de votos, y tendrán su lacayuno CNE dispuesto a permitirles el más descarado ventajismo y corrupción electorales.

Así ha sido hasta ahora y con mayor razón lo será en este proceso. No habrá nuevamente árbitro confiable y los dineros públicos serán otra vez despilfarrados en la campaña de los candidatos del régimen, sin que quienes están obligados por ley a impedirlo -si este fuera un país democrático y sus instituciones funcionaran- hagan algo. No hay tampoco Contraloría (muy ocupada “inhabilitando” candidatos opositores), ni Fiscalía (persiguiendo dirigentes de la oposición), ni TSJ (cambiando directivas de partidos opositores como si fueran sus empleados, gracias a la estupidez de quienes han acudido al mismo a ventilar problemas internos), ni mucho menos tribunales a los cuales asistir para denunciar estos crímenes. Otra vez reinarán la más absoluta impunidad y abuso de poder, como ha venido sucediendo desde 1999.

No digo estas cosas para crear desánimo, ni para que algunos comeflores de la oposición se molesten. Las digo porque aquí todo el mundo las sabe. Todos estamos advertidos desde hace mucho tiempo sobre la falta de escrúpulos del régimen y la corrupta utilización que hace de los dineros y recursos del Estado para favorecer sus candidatos en cada ocasión, como jamás lo hizo ningún gobierno anterior.

Por supuesto que frente a un panorama como este, lo menos que podemos exigirle a los candidatos por los que vamos a votar es que estén a la altura de tan difíciles circunstancias. Están obligados no sólo a ganar, sino a defender sus victorias. Porque un candidato a quien despojen del triunfo y no lo defienda como debe ser, no merece el respeto de nadie, sino todo lo contrario.

(Por esa sola razón, un venezolano eminente como Jóvito Villalba no volvió a obtener el favor popular al no defender su victoria en las elecciones de 1952. Y justamente por haber defendido la suya, Rafael Caldera fue presidente en 1968. En mi caso particular -y perdonen la referencia tan personal, pero la Historia es la Historia-, bien se sabe que como candidato a Gobernador de Barinas y con la mayoría de nuestro pueblo derrotamos el fraude en 1992 y triunfamos otra vez en 1993.)

Por otra parte, lo menos que podemos exigirle a la MUD es que no siga cometiendo errores, ni edulcorando la situación. La exclusión de los candidatos de Copei -otra especie de “inhabilitación”, pero desde la oposición- es uno de ellos, con lo que se les niega a algunos dirigentes valiosos la posibilidad de ser parlamentarios. No sólo apelaron a argumentos artificiosos al respecto, sino que luego otros partidos se repartieron las posiciones que tenían asignadas los candidatos socialcristianos. Y sin embargo, estos últimos lo han aceptado -en un gesto de hidalguía- porque el país está por encima de cualquier interés parcial y lo prioritario, ahora, es derrotar al régimen para salvar a Venezuela. Ni más ni menos.

Pero como unidad no es unanimidad, hay que hablar con claridad absoluta. Justamente, este domingo pasado, el editorial de El Nacional así lo hizo: “Venezuela no perdonaría a la dirigencia opositora desperdiciar la oportunidad de propinarle una monumental derrota al régimen en las elecciones parlamentarias. Pero esas elecciones se comienzan a ganar desde hoy, asumiendo los errores, reflexionando y corrigiendo”.   

@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 11 de agosto de 2015. 

sábado, 8 de agosto de 2015

VENEZUELA POR UN DESPEÑADERO


VENEZUELA POR UN DESPEÑADERO
Gehard Cartay Ramírez
Sin duda, Venezuela va por un despeñadero. Se necesita estar desconectado de nuestra aterradora realidad para no darse cuenta de ello.
Y el régimen lo sabe, por supuesto. ¡Cómo no lo va a saber, si la ruina del país es producto de sus erráticas políticas económicas, desde hace ya 16 largos años! (Porque cuando hablo del régimen, me refiero al anterior presidente y, por supuesto, a quien designó como su heredero, a la usanza de una rancia monarquía europea.) El desastre que hoy sufrimos los venezolanos, en consecuencia, es el producto exclusivo del proyecto castrocomunista de Chávez, con todas sus nefastas consecuencias.
Así las cosas, los resultados no podían ser otros. Porque sólo un proyecto político criminal, basado en una ambición de poder bastarda e inescrupulosa, podía arruinar un país que venía siendo próspero, a pesar de sus problemas. Luego de una década y media, el chavismo acabó con el aparato productivo del sector privado y arruinó también el aparato productivo del sector público.
Al sector productivo privado lo liquidó porque su proyecto castrocomunista no tolera otros factores de poder diferentes a la cúpula que manda. Así fue como destruyeron trescientas mil industrias y unidades de producción agropecuaria, muchas estranguladas financieramente, y otras confiscadas, expropiadas o invadidas. Y al sector productivo del Estado venezolano -Pdvsa, Sidor, Alcasa, etc-, a pesar de su antigua fortaleza financiera, lo demolió la ineptitud, la ineficacia y la corrupción que, como bien se sabe, son características innatas del actual régimen.
Con el mayor cinismo creyeron que a punta de petrodólares podían suplir lo que producía nuestro sector privado. Y medida que iban cerrando industrias y expropiando o invadiendo fincas particulares, derrochaban (y se robaban) miles de millones de dólares, comprando afuera la comida que aquí podíamos producir. El resultado no pudo ser más criminal: mientras arruinaron a nuestros industriales y productores agropecuarios, han enriquecido, en cambio, a los de Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Como dice el refrán: Luz afuera y oscuridad en la casa…
 Y ahora tienen la desfachatez de hablar de una supuesta “guerra económica” -en la que muy pocos creen, pues es otra mentira madurista- para intentar tapar el desastre que han creado y esquivar su gravísima culpa en toda esta ruina en que han convertido a Venezuela.
Por desgracia, el sucesor del extinto jefe del proceso ha perdido una oportunidad extraordinaria para corregir el rumbo errático del chavismo en el poder y pasar a la historia como alguien que pudo frenar a tiempo este desastre. No tuvo la inteligencia y mucho menos la valentía para hacerlo.
Pudo haber actuado, por ejemplo, como lo hizo el general Eleazar López Contreras en 1935, a la muerte de su jefe, el dictador Juan Vicente Gómez, cuando, en lugar de atarse al monstruoso legado de este, por el contrario actuó con sabiduría para soltar sus amarras con la fenecida tiranía y conducir al país hacia la democracia y la modernidad. Hoy ocupa un sitial de honor en la historia venezolana. Claro: López Contreras era un militar e historiador a quien le dolía su país, a diferencia del estólido que hoy manda.
Este último, en cambio, ha preferido seguir abrazado al legado de miseria, pobreza y muerte que le dejó su antecesor. Por eso mismo, tendrá que atenerse a las consecuencias de tan inexcusable error. Lo grave es que los fatídicos resultados de tanta irresponsabilidad y ceguera política ya los padecen millones de venezolanos.
Hoy Venezuela -insisto- marcha por despeñadero, sin que el régimen tome medidas para evitarlo. La gente ya se está desesperando y arrechando, mientras la cúpula podrida en el poder quiere seguir “corriendo la arruga”, despreciando los alertas que se vienen produciendo, como los recientes de San Félix y otros sitios.
Por increíble que parezca, no se dan por aludidos: insisten en “seguir metiendo la pata”, radicalizando el intervencionismo estatal, en lugar de estimular la inversión privada para producir más y crear empleos. ¡Este es el “ABC” del progreso económico, y hoy hasta los comunistas chinos y cubanos se han dado cuenta!    
 Está visto, por tanto, que no hay solución a esta colosal crisis en el marco del actual régimen. Habrá entonces que cambiarlo y abrir camino otro país, con desarrollo, paz y mejor calidad de vida. No será fácil, desde luego. Las elecciones de diciembre, sin que sean la panacea que algunos dicen, serán al menos un primer paso si las gana -como parece- la oposición democrática y hace valer su triunfo, cueste lo que cueste.
Pero el cambio, para que sea efectivo y positivo, tiene que ser total.
Twitter@gehardcartay
 LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 04 de agosto de 2015.

miércoles, 5 de agosto de 2015

VENEZUELA: UN ESTADO FALLIDO



VENEZUELA: UN ESTADO FALLIDO

Gehard Cartay Ramírez
Hoy en Venezuela estamos en presencia de un Estado fallido.

Lo grave, en nuestro caso, es que se trata de un Estado que tuvo dinero a manos llenas hasta hace muy poco tiempo, pero particularmente desde 1999, cuando el chavismo tomó su control. Desde entonces, ha sido el régimen venezolano que ha manejado más recursos financieros en toda nuestra historia.

Sin embargo, hoy es un Estado fallido, es decir, un Estado ineficaz. Porque un Estado fallido es aquel que incumple sus funciones primordiales en beneficio de su población y de sus propios fines. Dos de esas funciones elementales son garantizar la calidad de vida de sus habitantes y proteger la integridad de su territorio.

Está suficientemente demostrado que ninguna de las dos las cumple ahora mismo el Estado venezolano. Y es que, si no garantiza la vida de nadie en nuestro país, mucho menos puede responder por la seguridad de nuestras familias y bienes. Porque, por desgracia, hoy y aquí nadie se siente a salvo ante la delincuencia que manda en todo el territorio nacional.

Tan dramática situación es la consecuencia directa del inexcusable error del régimen actual al convertirla en su aliada política, armándola y dejándola actuar a sus anchas. Con tal falta de escrúpulos y obsesionado por mantener el poder a costa de lo que sea, el Estado venezolano ha renunciado al monopolio en el uso de la fuerza. El resultado está a la vista: cerca de 300.000 asesinatos cometidos por el malandraje desde que -en mala hora- Chávez asumió el poder.

Por supuesto que este Estado fallido tampoco protege la calidad de vida de los venezolanos: hoy estamos al borde una posible hambruna, si continúa agravándose la falta de alimentos, así como su carestía galopante, mientras el Estado nada hace porque, gracias a sus erráticas políticas económicas, no hay producción alimentaria y cada vez será más difícil importar la comida por falta de petrodólares, en buena parte robados por la cúpula podrida que detenta el poder.

Estamos ante un Estado fallido porque ni siquiera es capaz de suministrar los servicios públicos indispensables en forma eficiente. No creo valga la pena abundar en esta afirmación. Todos somos testigos de la irregular prestación de los servicios básicos como son energía eléctrica, agua potable, aseo urbano y, fundamentalmente, en materia de salud, ya que nuestros hospitales están colapsados e inservibles, mientras la gente pobre que acude a ellos se muere de mengua.

La otra característica esencial de un Estado fallido estriba en que ni siquiera es capaz de garantizar la propia integridad de su territorio. En el caso venezolano, bien se sabe que extensas zonas de nuestras fronteras no cuentan con la presencia vigilante y protectora de las fuerzas armadas, cuya obligación esencial es justamente esa, y no la de actuar como un partido político.

En la frontera sur occidental, nuestro Estado fallido tolera la existencia de grupos guerrilleros colombianos, así como de otros elementos paramilitares, para no hablar del milmillonario contrabando de extracción que se practica en tales zonas, sin hacer algo al respecto. En nuestras fronteras sur orientales la presencia permanente de garimpeiros brasileros depreda el medio ambiente, mientras se siguen robando nuestras riquezas mineras.

Pero donde ese Estado fallido queda al desnudo es en relación al Esequibo, zona territorial en reclamación por parte de Venezuela desde hace muchos años. Sin embargo, el régimen de chavista la ha descuidado como nunca antes lo hizo ningún gobierno, con el argumento pueril y estúpido de que se trata de “intrigas” de Estados Unidos para desmejorar nuestras relaciones con Guyana.

Hay otros elementos más que comprueban que Venezuela es hoy un Estado fallido. A juicio de Christopher Sabatini, profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, esos elementos son “el deterioro acelerado de la economía, abusos contra los derechos humanos, violación de las leyes, corrupción galopante, persecución a opositores, desmantelamiento de la independencia de las instituciones públicas, politización de la Fuerza Armada -ya anotada-, favorecimiento del narco tráfico y radicalización del gobierno”, todo lo cual, a su juicio, “levanta el espectro de un Estado fallido en el hemisferio occidental” (gocando@laverdad.com/27-07-2015).20 de Marzo de 2015 - 12:00am

Finalmente, es el propio chavismo el que confiesa a cada rato que el suyo es un Estado fallido: ¡tienen 16 años acusando a la oposición de ser la culpable de todos los males! Si ello fuera cierto -y no lo es-, esa sóla declaración probaría que Venezuela es hoy un Estado fallido.

Pero sí lo es por las razones ya anotadas en esta columna de hoy. 

 @gehardcartay
LA PRENSA de Barinas (Venezuela) - Martes, 28 de febrero de 2015.