lunes, 14 de julio de 2014

INAUGURACIÓN DE LA AVENIDA "RAÚL BLONVAL LÓPEZ"



PALABRAS DEL GOBERNADOR
GEHARD CARTAY RAMÍREZ,
EN OCASIÓN DE INAUGURAR LA “AVENIDA RAÚL  BLONVAL LÓPEZ’’ EN LA CIUDAD DE BARINAS

(Barinas, 20 de Octubre de 1995)

Amigos y amigas presentes,
Barineses, barinesas:
Con legítimo orgullo barinés y en mi condición de Gobernador del Estado inauguramos hoy esta moderna avenida, construida en apenas pocos meses en demostración indiscutible de la eficacia y el dinamismo que caracteriza la gestión de gobierno que me ha correspondido el honor de dirigir por mandato del pueblo de Barinas.
Hace apenas pocos días pusimos en servicio otra moderna avenida en nuestra capital, construida también bajo por mi gobierno y a la cual honramos con el nombre del poeta Alberto Arvelo Torrealba, en ocasión de celebrarse, bajo los auspicios de la gestión que presido, los 90 años del natalicio de tan ilustre barinés. Le pedí entonces al ex presidente Luis Herrera Campíns, amigo del poeta y arveliano de razón y corazón, que pronunciara el discurso con tal motivo, lo que, fiel a su costumbre, hizo de manera admirable y enjundiosa.
Hemos decidido que esta nueva avenida que ahora inauguramos lleve el nombre del doctor Raúl Blonval López, en reconocimiento a este ilustre paisano nuestro que descolló como hombre público, humanista integral, médico, escritor y político. Su muerte, acaecida hace pocos meses, causó honda consternación entre todos los que lo conocimos.
Puedo decir, sin incurrir en exageración alguna, que Raúl Blonval López representó con acierto eso que algunos hemos llamado la barinidad. Cuando por cualquier circunstancia se le entregó alguna responsabilidad, fuera ésta pública o privada, la cumplió con dignidad, honestidad y decoro.
Blonval López quiso entrañablemente a esta tierra nuestra. Aquí sembró su distinguida familia, al lado de su digna esposa Leonor. Aquí ejerció su profesión con sentido humano y con profunda ética. Aquí descolló como dirigente político y funcionario público honesto. Aquí tejió amistades y afectos, gracias a su desbordante simpatía y a su enorme concepto de lo humano.  Por eso, al designar con su nombre esta nueva avenida, estamos cumpliendo un deber con quien fue un barinés estelar, ejemplo, sin duda, para la juventud barinesa.
Con Blonval López, al igual que con Arvelo Torrealba, estamos ensanchando justicieramente el reconocimiento a todos aquellos ciudadanos ejemplares que lo merecen, sin distinciones de ninguna especie.
Permítanme decirles en estas breves palabras que como gobernador me he empeñado en hacer una obra que llegue a todos los espacios de la geografía barinesa y que sea de beneficio popular, por modesta que pueda ser.
Aquí en la ciudad de Barinas también hemos emprendido aquellas obras que reclama la colectividad.
El año pasado, por ejemplo, el gobierno nacional y la gobernación a mi cargo culminamos -luego de varios años de atraso y desidia, que implicaron incluso la suspensión del máximo evento deportivo nacional- y pusimos en servicio la Ciudad Deportiva “Sucre, mariscal de juventudes”, la cual sirvió de brillante escenario de los IX Juegos Nacionales que también me cupo el honor de organizar como primer mandatario regional, conjuntamente con la sociedad civil barinesa.
Hace pocos días inauguramos la “Plaza Sucre” y el “Parque Recreacional Sucre”, aquel en la misma Ciudad Deportiva y este en el sector urbanístico de Alto Barinas Norte, con motivo de los 200 años del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho. 
De igual manera, construimos ahora, habiéndose concluido ya su primera etapa, la avenida que comunicará al sector sur de la ciudad con la avenida “Adonay Parra”, y que, Dios mediante, se enlazará en una segunda etapa con la redoma Industrial de Barinas, a fin de poner en servicio una vía alterna de comunicación entre aquella zona y sector norte de la capital.
Al lado de toda esta obra física tan importante, también puedo destacar, sin falsas modestias, los programas sociales que ha creado mi gobierno en materias tan fundamentales como la salud, el transporte, la educación, el deporte, la cultura, la vivienda y los planes de economía popular.
Me complace, pues, que hoy estemos inaugurando la “Avenida Raúl Blonval López”, con la presencia multitudinaria de todos ustedes y, en particular, de la familia del homenajeado, cuya presencia realza este acto.
Le he pedido al doctor Luciano Valero, nuestro ilustre paisano, ex gobernador y ex ministro, que pronuncie el discurso de orden en esta ceremonia tan significativa. Luciano fue entrañable amigo de Raúl y juntos compartieron responsabilidades, desvelos y alegrías. Sé que su discurso nos revelará al doctor Blonval en el más hondo sentido de su personalidad y de sus ejecutorias.
Con estas breves palabras, improvisadas por la emoción de quien cumple un deber y un compromiso con su pueblo, declaro formalmente inaugurada la “Avenida Raúl Blonval López”.
Muchas gracias (Aplausos).









DISCURSO DE ORDEN DEL DOCTOR
 LUCIANO VALERO
 EN LA INUGURACIÓN DE LA AVENIDA “RAÚL BLONVAL LOPEZ”

(Barinas, 20 de Octubre de 1995)


Gran acierto del Gobernador Cartay, ampliar la buena vialidad urbana de esta ciudad, y mejor todavía, la estupenda decisión de honrar la memoria del Dr. Raúl Blonval López, un brillante barinés, de los más ilustres intelectuales contemporáneos, quien se marchó de este mundo temprano, dejando ideas, obra permanente, familia sólida, prestigio, fama, apellido y nombre, “Tierra y Solar”, como dicen los españoles.
No podía ser cualquier calle la tuya, a pesar de que fuiste hombre de vida sencilla, modesta, pero muy valioso, humano, culto, grato, superior. Por eso, esta avenida que lleva tu nombre, bien escogida, la que une la “23 de Enero”, rescatada en buena hora por la democracia, con la “Adonay Parra Jiménez”, justo homenaje a un gran maestro, rendido oportunamente, por otro gobernante regional.

***
Conocí al catire Blonval en Barinitas, así lo llamaban sus compañeros de generación, un joven formal, vestido comúnmente con un paltó bolsa de hielo, músico, telegrafista. Éramos adolescentes y cada quien mostraba su vocación y tendencias; el “negro Coro” entre otros, nos sacaba de la cama a las 4 de la mañana, para ocultarnos entre los matorrales y esperar al santo sacerdote del pueblo, que bajaba a esa hora en su mula, a un baño público llamado Parangulita, con el propósito de comprobar si se trataba de un hombre. Por supuesto, no nos quedaban dudas sobre el particular. El padre Picón, era en lenguaje bariniteño, un hombre completo. Desapareció el “negro Coro” de Barinitas y supimos de él, años más tarde, cuando pagaba condena en la cárcel de San Fernando de Apure.
Arnoldo Matheus Camacho, Madre Mía, se distinguía por buen hijo, buen estudiante, buen amigo. Bueno en todo, menos en el béisbol, donde se consolidó como el Rey del ponche.
Manuel Blonval López, con figura de próspero abogado y radio aficionado con amistades en todo el continente.
Octavio Gómez, Tabito, prototipo del mediano empresario, pendiente del destino de cada uno de sus compañeros.
Ernesto Blonval López, repartiendo telegramas en su flamante bicicleta, con adaptaciones de su propia cosecha, que anunciaban a un futuro Ingeniero Mecánico.
José Antonio Angulo, dirigente político, escritor, periodista, destacado orador.
Samuel Darío Maldonado, médico, dirigente universitario.
Augusto González, Chicharito, pedagogo matemático.
Arévalo Núñez, dirigente sindical internacional, poeta.
Raúl Blonval López, médico, músico, periodista, poeta, escritor, humanista.
La primera noticia que recuerdo como estudiante de primaria, sobre Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, fue una charla de Raúl en la Sociedad Bolivariana de Barinitas, en la casa de los Arvelo La Riva. Todo un pico de oro, este bariniteño, nacido en Guanare. Siempre me contaron los Martínez Angulo, guanareños de estirpe, como los Gómez Álvarez, o como Monseñor Unda, que Raúl, en sus años de estudiante de bachillerato en el Colegio Federal de Guanare, siempre fue el primero de su clase. En esa época se hizo famoso en el colegio y en el pueblo, al escribirle unos bellos versos a una hija del Prefecto de Guanare.
En Mérida, cuando estudiaba Medicina, un día cualquiera se enteró en aviso publicado en El Vigilante, diario local, de la existencia de un concurso literario, consistente en la mejor crónica sobre la Ciudad de los Caballeros. Raúl presentó un trabajo tan original, que el anónimo estudiante universitario ganó el concurso, publicación en la revista de la ciudad del artículo y 500 bolívares en efectivo, lo cual era un capital que lo puso rico en la Mérida de entonces, por unas cuantas semanas. La colonia barinesa, disfrutó el éxito de su novel escritor, hasta el punto de que las merideñas nos empezaron a conocer con algún interés. Muchos de nosotros nos graduamos y dejamos la soltería en Mérida. Menos Raúl y Manuel Blonval López, par de guabinas, que se vinieron con sus títulos de Doctores, pero con “la cabuya en la pata”.
Concluidos sus estudios de medicina, llegó a Barinas, donde fue Médico Residente en el Hospital Luis Razetti, desde donde salió al exterior, con suficientes credenciales, hasta convertirse en un competente especialista, que trabajó en Maracay, San Fernando de Apure, Guanare, hasta volver a su tierra barinesa, a su hospital y a su clínica, donde ejerció como jefe de servicio, hasta jubilarse poco antes de su enfermedad y muerte.
Nuestro homenajeado, fue un polifacético en el mejor sentido de ésta palabra. Orador que hizo carraspear a Jóvito Villalba, a Rafael Caldera, a Luis Herrera Campíns. Periodista, parlamentario político. No es fácil llenar el vacío dejado por este sobresaliente llanero, el único Presidente de la Corporación de los Andes, nacido en la tierra del “Humos” sin gente, como decía con tanta propiedad, nuestro Alberto Arvelo Torrealba.
Ganadero de postín y de corraleja, a quien no pudieron sacar del medio los ricos forasteros de chequeras con varias cifras, para decirlo en el lenguaje del agrado de su colega y hermano, el escritor barinés, contemporáneo José León Tapia Contreras.
Me viene a la mente, lo que una vez me pasó en el consultorio médico de Raúl, como su paciente de muchos años. Me argumentó de manera convincente que debía operarme sin más demora; por cuanto padecía de un mal crónico, no sujeto a tratamiento en mis enfermizas amígdalas. Me defendí expresándole si conocía algún político sin agallas. Claro que sí, fue su rápida respuesta: el Dr. Rafael Caldera. La carcajada de ambos retumbó en todas las salas de la clínica.
Raúl tenía muchas simpatías por la política y la ganadería, temas que dominaba a plenitud y como excelente conversador, los abordaba con mucha frecuencia. Se le metió en la cabeza que la Escoba Amarilla, era una estupenda leguminosa y me convenció de consultar al Profesor Corrales, sobre la idea de sembrar esta maleza. Cuando le informé que al referido científico le parecía una locura su proyecto, me dijo: Qué buena vaina me echa Corrales, pensaba venderle a un ex-Ministro de Agricultura, unos cuantos kilos de semilla de la tanta Escoba que tengo en los potreros de “Corraleja”.
Fue un medico definitivamente culto, como lo demostraba en sus diferentes conferencias y artículos semanales. Espero que alguien se ocupe de recopilarlos, para su publicación, lo cual será muy útil a la juventud universitaria barinesa de estos nuevos tiempos.
En una oportunidad, fui testigo de una fuerte polémica entre Adolfo y Raúl. Ellos eran hermanos que se respetaban y se querían mucho. La familia Blonval, entre sus virtudes, ha sido siempre un equipo con disciplina y jefatura. Al faltar el padre, Don Blom, el hermano mayor Adolfo, asumió la rectoría del grupo. Adolfo criticaba a Rómulo Betancourt, Raúl lo ponderaba como líder y jefe político. El debate sube de tono, los hermanos se pelean y yo trato de conciliarlos. Raúl aprovecha el corchete para argumentar: -Tú eres mi hermano mayor, estamos en tu casa, me puedo retirar como lo ordenas, pero Rómulo Betancourt es el político más importante de estos tiempos. Es el Rey de la Baraja, así lo demuestra la realidad mayoritaria que lo respalda. Tú eres una minoría, aquí somos tres, tu voto es muy importante, pero vale uno contra dos. Gobernador Valero, si este hermano me sigue pataleando arréstelo por conspirador, que yo me encargo de explicárselo a la familia.
En el momento estelar de su vida política es designado Secretario General de Gobierno, donde se convierte en factor de entendimiento entre todos los partidos políticos regionales. Es útil al gobierno y a la oposición. Se comporta como un gobernante con sentido cabal de su misión, su tarea, y su trabajo. Cuando entregamos el gobierno a nuestros sucesores, monta con Arnoldo Sanguinetti, una cervecera llamada “La Oficina”. Como era de esperarse, Arnoldo se bebió la cerveza, los escritorios, la oficina y no se bebió a “Corraleja” por la oportuna intervención de sus hermanos abogados, Adolfo y Manuel Blonval López.
En una oportunidad, el Ejecutivo Regional se trasladó a Barinitas a un acto oficial. Al concluir la ceremonia, se retiraban las autoridades del lugar, entre las cuales se encontraba el doctor Samuel Darío Maldonado, Presidente de la Asamblea Legislativa, el Doctor Raúl Blonval López, Secretario General de Gobierno y quien les habla, como Gobernador del Estado. De pronto aparece como por encanto, el “negro Coro”, quién comenta:
-Estos ilustres bariniteños ahora no me conocen porque están en el poder. Parlamentó con Raúl y le pidió que le entregara diez circuitos, cada circuito valía según su contabilidad 500 bolívares “o tumbo el gobierno de Barinas”. Cuenta Raúl, que el Prefecto, que se mantenía atento a la conversación le pidió autorización para arrestarlo, a lo cual Raúl respondió: -No se te ocurra, si este negro habla, los tres quedamos desempleados.

***
Cuando la terrible enfermedad mina su salud, se preparaba a realizar el sueño de su vida; renunciar a sus largas horas como médico a tiempo completo, para hacer carrera política y parlamentaria. El destino le hizo una mala jugada, al dejarlo con la credencial de Diputado Electo, esperando la instalación de la actual Asamblea Legislativa.  
Mucho podía esperar la Barinidad de quién se preparaba para participar en la vida pública regional. Deja continuadores con una gran responsabilidad representados por sus partidarios, su familia y sus amigos. La sociedad civil de sus afectos, le ha respondido solidariamente, con el mármol, para que su figura vigilante, nos obligue a todos a una lucha permanente por el bien común y la justicia social. La Barinas de nuestros días, busca sus rumbos en medio de dificultades, errores, pero sin olvidar su pasado histórico. Busca su espacio natural, en el seno de un país, que vive una gran crisis nacional.
Necesitamos instituciones regionales fuertes, sanas, líderes, conductores, estadistas, que hagan el milagro de constituir un poder regional adecuado, moderno, profesional, para recuperar la grandeza barinesa de otros tiempos.
Padecemos deterioros superables en la medida que nuestros recursos se utilicen en planes de desarrollo que no toleren el espejismo electorero negativo. Es indispensable incorporar a los mejores barineses del presente, a la vida pública. No pueden ser los peores, los dueños de éste estado. Las crisis solicitan a los auténticos conductores, correr los riesgos que supone cumplir con los deberes cívicos, para que un liderazgo constructivo salve al gobierno democrático, de la corrupción y el agotamiento institucional. Una buena selección de concejales, parlamentarios, gobernantes locales, es indispensable si queremos fortalecer y darle vigencia, a una provincia autónoma, respetada, fuerte, frente a un centralismo todopoderoso que maniobra para retener su dominio.

***
Cuando la cruel enfermedad que se lo llevó lo sorprendió, participaba en una contienda electoral, dando pruebas irrefutables de rectitud, capacidad, valor. Fue correspondido por su pueblo al elegirlo, pero la providencia resolvió privarnos de un brillante legislador, que éste parlamento regional necesitaba. Nos quedó su ejemplo, que ojalá otros buenos barineses superen.
Raúl fue un notable, un prócer civil, que bastante falta le hará a la cultura, a la medicina, a la política, a su familia, a sus amigos y a la comunidad. Ahora lo de los grandes varones: Un busto, una avenida, una referencia, llamada Raúl Blonval López. Es la herencia, el testamento, para tratar de consolar a su afligida esposa, a sus hijos, a sus amigos y a sus paisanos barineses. Cuando se pasa por la vida, dejando testimonios como los tuyos, bien vale la pena. El homenaje que tú te mereces, y que hoy te prometemos, es no dejar morir tus ideas, tu obra, tus prédicas, tus mensajes. No abandonar la lucha que abanderaste, como prócer civil de la Barinidad. Recordar el comportamiento que distinguió tu vida profesional, al gran padre de familia, al ciudadano, que fatalmente hemos perdido. Querer y servir con tu pasión a ésta ciudad, a la región, a la provincia de la cual sólo te separaste a la hora de tu muerte y a la cual regresas para no abandonar más nunca, al sembrar tu nombre, en ésta arteria vial, que en buena hora inaugura y pone en servicio, la administración Cartay-Febres, apellidos barineses de mucha tradición.
Raúl fue hombre de grandes amores. Amó a Leonor, su esposa y compañera, quién se identificó tanto con su marido, que su parecido físico la convirtió en alguien a su imagen y semejanza. Es que Leonor de Blonval, es una auténtica Pérez Briceño, con ojos y sonrisa de Blonval López. Amó a sus hijos y a su familia. Amó a su profesión, la cultura, las bellas artes, a los libros.
Amó a su clínica y a su Barinas, con gran pasión. Tanto las amó, que no fue capaz de partir, antes de venir a despedirse de toda su gente, cuando sintió que se marchaba definitivamente. Gravemente enfermo, regresó para rodeado de los suyos enfrentar, como enfrentó, su encuentro final con el más allá. Nos dejó una comunidad que se debate entre ser pueblo y ciudad, con los fenómenos propios de estos cambios imprevistos.
El Doctor Raúl Blonval López, forma parte de un grupo de barineses de excepción, que pueden servirnos de inspiración, a orientar los programáticos modernos, para servir bien esta histórica provincia venezolana.
Las credenciales con que viajó Raúl a la otra vida, si arriba hay democracia y hay elecciones, le sobrarán en todos los campos para aspirar, como en la tierra, a destinos superiores. A estas alturas ya debes haber sido electo “Alcalde del cielo”. Ayuda desde ésta posición al Alcalde de Barinas, al Gobernador y a su pueblo, a lograr un sólido porvenir para ésta tu tierra. No te estamos pidiendo imposibles. Se trata de que luches en el cielo, por una Barinas grande como fue tu vida. Nosotros aquí, seguiremos cooperando hasta que la Divina Providencia, nos llame a reunirnos con los barineses que arriba nos esperan. Entre tanto, tu figura, tu obra, nos llena de orgullo, de vitalidad, de fe, de confianza. Seguiremos siendo tus amigos, tus continuadores, tus admiradores, catire Blonval, como te llamábamos.
Luis Herrera Campíns, un llanero de Acarigua, que como el General José Antonio Páez, ejerció la Presidencia de la República, reconoce que Barinas será próximamente, la capital indiscutible de los Llanos Occidentales. El gigantismo que nos espera, conforme a este pronóstico, en la segunda década del siglo 21, colocará a esta capital regional, entre las grandes de Venezuela. Surgirán los problemas característicos de las concentraciones humanas contemporáneas, tales como el urbanismo exagerado, los servicios públicos chucutos, la inseguridad personal y de los bienes, el narcotráfico, el terrorismo y las versiones modernas del secuestro, que hace padecer cruelmente a distinguidas familias barinesas.
Ojalá la Ciudad Marquesa se aleje de las tentaciones de una fatalidad crónica, que la asaltaron a todo lo largo del siglo pasado.
A nuestra capital le conviene mantenerse alerta contra la piromanía de ayer y de hoy, que ha sido su maldición histórica, hasta el punto de convertirla en ruinas unas cuantas veces. Debemos tener cuidado, con las aguas del Río Santo Domingo, su hermano gemelo, para que no se cumpla la célebre sentencia del famoso capuchino, según la cual sus aguas deben lavar la sangre inocente derramada en el centro, es decir, en su casco histórico.
Son sus enemigos también el populismo, la demagogia y la corrupción, enfermedades tropicales, peores que la económica, el paludismo, o el dengue tan de moda en nuestros tiempos.
Este año 1995, luce afortunado porque estamos cumpliendo, aún cuando con retardo, con el poeta Alberto Arvelo Torrealba y hoy, con Raúl Blonval López, valores eternos de la más pura Barinidad. Estamos comprometidos con Alfredo y Enriqueta, con Rafael Ángel Insausti, poeta universal, maestro del idioma, con Luis Fadul Hernández, poeta popular, con el olvidado Monseñor Ramón Ignacio Méndez, Arzobispo llanero de Caracas, como el actual acarigüeño, que despacha en los alrededores de la Plaza Bolívar de la capital de la República.
Pienso, que hemos sido mezquinos con el General Carlos Jordán Falcón, un Presidente de Estado de la época del General Eleazar López Contreras, que con treinta y cinco mil bolívares de situado constitucional, reconstruyó el Palacio del Marqués y fue capaz de construir el viejo Hospital Luis Razetti, sede administrativa de la actual Alcaldía de la ciudad de Barinas, donde un cirujano español hacía emergencias y altas cirugías, como un auténtico veterano de la medicina de aquellos tiempos.
Propongo, repitiendo al Doctor Raúl Blonval López, que el futuro Museo Histórico de la Barinas de todos los tiempos en que debe convertirse el actual Palacio del Marqués cuando la Gobernación ocupe los edificios en construcción para sus dependencias administrativas, sirva como ocasión para un reconocido homenaje a quien fue electo Presidente del primer Congreso de la República, diputado por la provincia de Barinas, Juan Antonio Rodríguez Domínguez. Me consta el interés que ha tomado el escritor barinés José León Tapia por encontrar los perdidos restos del gran bolivariano Manuel Palacios Fajardo, a quien desde hace muchos años espera el Panteón Nacional. Raúl Blonval, amigo probado de toda la vida, se lamentaba de que no me hubiera correspondido el honor de recibir en el Panteón estos restos, cuando fui Ministro de Relaciones interiores, dada la circunstancia poco conocida que fue mi padre, Luis Eloy Concha Parra, quién como Senador del Estado Barinas, propuso el Panteón para tan esclarecido e importante coterráneo.
La colocación de tu busto, Raúl, en este sitio tan apropiado te convierte en vecino permanente de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora, de Rafael Ángel Insausti, de Alberto Arvelo Torrealba, de Adonay Parra Jiménez. Estás como en tu vida, muy bien acompañado. Me dá la impresión, de que has sido tú mismo el autor del milagro, al escoger con tanto acierto tus eternos compañeros. Ahora, como alguna de tus hijas, tienes solar en la Urbanización Alto Barinas. Desde aquí contemplarás cómo tu ciudad, en tiempo récord, poblará las sabanas Arveleñas, el Zancodal, las cabeceras del Barro, las sabanas del Hato Modelo, La Arenosa, Banco Alegre y los sitios cercanos a nuestra estupenda Ciudad Deportiva, importante obra de la administración Cartay-Febres, hijos ambos de paisanos con quienes recorrimos todos estos lugares en excursiones rurales, de las cuales sólo quedan gratos recuerdos, aplastados por el despegue vigoroso de una gran ciudad en formación.
Recuerdo que con mucha propiedad planteabas que Barinas sería el Estado Ganadero por excelencia de Venezuela. Opinabas que como en los tiempos de Páez, los Pulido o del General Zamora, se volvería hablar con gran orgullo de la ganadería instalada en las sabanas de Barinas. Que repetiríamos lo de la Calzada Páez, El Orticero, La Marqueseña, El Corozo, Santa Inés, Punta Gorda, Caroní.
La Barinas moderna de tus hijos y nietos, la que gobierna Gehard Cartay Ramírez, el hijo de Domingo, sobrino de Manuel Antonio, compañero de generación de nuestros hijos, es hoy la Capital de la Ganadería Cebú de Venezuela. Los testimonios de ésta impresionante realidad pueden comprobarse con las estupendas muestras que se exhiben en las subastas del Cebú Brahmán, en el Parque Ferial de la ciudad de Barinas, instalaciones que fueron donadas por la Gobernación del Estado a la Asociación de Ganaderos, cuando el Doctor Raúl Blonval López, se desempeñaba como Secretario General de Gobierno.
Como los llanos barineses se distinguen por ser tierra de grandes  poetas, invoco para concluir mis palabras la ayuda competente de un gran amigo y contemporáneo, el Cronista de la ciudad de Barinas, maestro de la poesía y del soneto, Carlos Giusti Vargas, amigo y hermano del Doctor Raúl Blonval López, quien lleno de tristeza escribió para despedirlo estos sentidos versos:

Hoy no quiero elogiar tu inteligencia
con la crónica larga y minuciosa;
que me diga tu pluma primorosa
si estoy quedando mal con mi conciencia.

Tu prosa inmersa en aguas de sapiencia
produce la analectas laboriosa,
el discurso de página armoniosa
de culta y luminosa transparencia.

Lirios, Violetas, Dalias, Margaritas
de aquel viejo jardín de Barinitas
perfuman tu fatídico destino.

Y en gesto adusto, venerable y serio,
me cuenta tu Patrón San Eleuterio
que ve tristeza por tu entorno andino.  











sábado, 12 de julio de 2014

LA OFENSIVA MILITARISTA



LA OFENSIVA MILITARISTA

Gehard Cartay Ramírez
 “Es insoportable el espíritu militar en el mando civil”.
Simón Bolívar
Carta al General O´Leary, 13 de septiembre de 1829.
“Un militar no tiene virtualmente que meterse sino en el Ministerio de las Armas”.
Simón Bolívar
Carta al general Santander, 26 de abril de 1826.
“El sistema militar es el de la fuerza y la fuerza no es el gobierno”.
 Simón Bolívar
Carta al canónico Cortés de Madariaga, 26 de noviembre de 1826.
“Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del gobierno; es el defensor de la patria”.
Simón Bolívar
Discurso en el Convento de los Franciscanos, 2 de enero de 1822.

Bolívar fue un permanente y contumaz adversario del militarismo.
¿Habrá otro venezolano -militar y guerrero como lo fue él- más autorizado para opinar sobre el tema? Lo dudo, amigo lector. Por eso mismo, los epígrafes suyos que cito antes definen, sencilla y sintéticamente, lo que es el militarismo.
Por desgracia, han sido los regímenes militaristas los que más han utilizado en su provecho la figura del Libertador. No es casual que se haya exaltado abusivamente al Bolívar militar, y no al Bolívar civil, estadista, magistrado, legislador y hombre de ideas. Sin embargo, allí están sus opiniones en contra de los regímenes militaristas y favor de los civilistas, y a ellas deberían ceñirse los jefes militares que hoy actúan politiqueramente y pretenden poner a la institución armada al servicio de una parcialidad política.
Hay que diferenciar, por supuesto, a la institución militar del militarismo. Este constituye una desviación que implica desnaturalizar la función estrictamente constitucional y  profesional de la Fuerza Armada al servicio de la Nación, para convertirla en un instrumento en beneficio de un sistema autoritario y antidemocrático.
Una cosa muy distinta es, por supuesto, el papel activo y cada vez más necesario de la Fuerza Armada en los planes y programas del desarrollo nacional, sobre todo a los fines de aprovechar su capacidad técnica, profesional y organizativa; y otra la predeterminada intención de convertirla en el brazo armado de una parcialidad política, en violación del artículo 328 de la Constitución, como ahora ocurre. Esa concepción corresponde a regímenes dictatoriales, abiertos o encubiertos, y no a una democracia.
Lamentablemente, desde el mismo momento en que Chávez y su logia golpista irrumpieron contra la democracia en 1992 renació en Venezuela la amenaza militarista.
Veníamos de cuarenta años ininterrumpidos en los cuales se había institucionalizado la sujeción de las Fuerzas Armadas al poder civil, nacido de la voluntad popular. Aquel proceso, iniciado en 1958, constituye un período excepcional en nuestra historia republicana, cuya característica recurrente había sido el militarismo como forma de gobierno durante casi todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.
Estas reflexiones vienen al caso, una vez más, a propósito de otras medidas del régimen en torno al papel de la Fuerza Armada. La primera, una descabellada decisión de Tribunal Supremo rechazando una acción que exigía el acatamiento del artículo 328 de la Constitución, a fin de que la institución armada cumpla su obligación de “estar al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Sin embargo, el TSJ desconoció esta norma constitucional y señaló que los militares pueden participar libremente en actos de militancia o proselitismo político, lo que abre la puerta a su abierta partidización y su consiguiente destrucción como institución al servicio de la Nación.
La segunda decisión es la nueva Ley de Registro y Alistamiento para la Defensa Integral de la Nación, que consagra de manera inconstitucional un registro militar obligatorio de los venezolanos entre 18 y 60 años. Y la tercera, la creación de “brigadas contra grupos generadores de violencia”, aberración que consagra la tesis del “enemigo interno”, a la que apelaron las dictaduras militares del cono sur y utiliza aún la tiranía castrocomunista cubana para perseguir y aniquilar a los disidentes.
El militarismo siempre ha sido un peligroso enemigo de la democracia y de la libertad. No en balde se sostiene en taras como la obediencia ajena al debate democrático, la xenofobia, la uniformidad del pensamiento, la autoridad indiscutible, el verticalismo, la amenaza a la diversidad y el culto a las armas. Un régimen que se sostenga sobre tales bases no puede ser otra cosa que una dictadura.
Y ello para no hablar de otras perversiones, como esa sostenida por el general Padrino en su discurso del 5 de julio pasado, al afirmar que la Fuerza Armada es “chavista”. La Fuerza Armada sólo tiene un adjetivo y no es otro que el de venezolana.
Hay que estar, pues, en guardia frente a la ofensiva militarista que desde hace 15 años pugna por oprimirnos.
  @gehardcartay
LA ´RENSA de Barinas - Martes, 08 de Julio de 2014.

domingo, 6 de julio de 2014

EL LEGADO DE RAMÓN J. VELÁSQUEZ



EL LEGADO DE RAMÓN J. VELÁSQUEZ
 (Y algunas reflexiones sobre la mediocridad política, otro signo de la crisis actual)
Gehard Cartay Ramírez
Con el reciente fallecimiento del doctor Ramón J. Velásquez, intelectual, historiador, periodista, parlamentario y ex presidente de la República, no sólo ha muerto el último ex jefe de Estado, sino uno de los venezolanos más brillantes del siglo XX y esta parte del XXI.
Su obra como historiador es prolífica y densa. El sólo hecho de haber investigado, recopilado y editado, por ejemplo, las colecciones del pensamiento político venezolano de los siglos XIX y XX, lo consagra como un relevante historiador, amén de su portentosa obra escrita.
 Capítulo aparte merece su destacada actuación como hombre público. Fue ministro de los presidentes Rómulo Betancourt -con quien colaboró estrechamente entre 1959 y 1964- y Rafael Caldera, entre 1969 y 1971. También fue senador por largos años y primer presidente de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), desde donde dio especial impulso a la descentralización y regionalización de la administración pública.
Por si fuera poco, en 1993 fue designado por el Congreso como Presidente para culminar el período constitucional de Carlos Andrés Pérez. Velásquez dirigió entonces un difícil período de transición, en medio de una singular crisis política e institucional, hasta entregarle la presidencia a Rafael Caldera, elegido en diciembre de 1993.
En lo personal, puedo dar testimonio de su singular actuación como Jefe de Estado, pues me tocó trabajar con él cuando fui elegido como gobernador de Barinas en mayo de 1993, precisamente por los mismos días en que el doctor Velásquez asumió la Presidencia de la República. Aparte de su magistral conducción en aquella compleja transición política, hay que destacar también el impulso preciso, contundente y coherente que le dio al proceso de descentralización. Nunca antes -ni después- se les concedió a los gobernadores electos por voluntad popular mayor poder de decisión y autoridad sobre los organismos del gobierno nacional en sus respectivas entidades federales, al colocar en sus manos la designación de los directores estadales de los ministerios e institutos autónomos, mediante decreto presidencial en agosto de 1993. La experiencia fue positiva y útil en todo sentido, pues permitió una cierta unidad de acciones y propósitos entre el gobierno nacional y los gobiernos regionales. Lamentablemente, aquel ensayo fue efímero y no tuvo la continuidad necesaria.
Puedo agregar que cuando lo conocí, siendo él senador por Táchira y yo diputado por Barinas, nació una amistad que, sin ser cercana, fue cordial y muy provechosa para mí. Lo escuché varias veces hablar sobre diversos temas históricos, ya en el hemiciclo o en las oficinas del recordado editor José Agustín Catalá, ocasiones en las que, como era lógico, era yo quien oía a aquel maestro. Siempre me estimuló a escribir sobre temas de historia contemporánea, al comentar mis trabajos ya publicados.
Velásquez fue uno de los pocos intelectuales que ejerció la presidencia de la República. Junto a él -en ese “dudoso catálogo” de los presidentes venezolanos, como lo calificara Arturo Uslar Pietri -, muy pocos pueden considerarse hombres de intelecto y de Estado. Salvo los casos de José María Vargas, Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paúl, Eleazar López Contreras, Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Luis Herrera Campíns y Ramón J. Velázquez -cuya trayectoria ya citamos-, no hubo otros intelectuales que ejercieran la Presidencia de Venezuela.
No está demás, pues, a propósito de la muerte del doctor Velásquez, agregar una breve reflexión sobre la actual mediocridad política, ese otro signo de la presente crisis venezolana.
La más estruendosa y dañina -por razones obvias- es la que se aloja en la cúpula podrida del actual régimen. Quien funge como su jefe seguramente pasará a la historia como uno de los presidentes con menos luces intelectuales y de atributos de capacidad y liderazgo -Giordani dixit- desde los tiempos de Julián Castro, uno de los peores que hayan ocupado la presidencia de Venezuela. Lamentablemente, otro tanto sucede en la oposición, donde no escasean también pragmáticos de toda laya y dirigentes que aspiran a gobernar sin haberse preparado debidamente.
Nadie, por supuesto, exige al liderazgo político que sus miembros sean académicos, especialistas o doctores. Nada de eso. Rómulo Betancourt, por ejemplo, no egresó de ninguna universidad, pero tuvo una formación intelectual como pocos líderes venezolanos. Porque lo mínimo que puede demandársele a quien aspire las más altas responsabilidades públicas es que se forme a tales fines, lea, estudie y escriba si ello es posible. Que evite llegar a posiciones de poder sin haberse preparado para entenderlas y ejercerlas con acierto y responsabilidad.
 Y este es, en parte, el legado que nos deja Ramón J. Velásquez, honroso ejemplo de un intelectual de la política.
@gehardcartay
LA PRENSA de Barinas, 01 de julio de 2014.