jueves, 24 de octubre de 2013

BARINAS: NUEVO ALCALDE, NUEVAS POLÍTICAS


BARINAS: NUEVO ALCALDE, NUEVAS POLÍTICAS
Gehard Cartay Ramírez

Nunca antes el municipio Barinas, al igual que todo nuestro estado, había sido tan abandonado por las autoridades gubernamentales.
Duele decirlo, pero es una gran verdad. Y una verdad dicha sin aspavientos opositores, ni nada que se le parezca. Es la realidad misma la que grita esta verdad a los cuatro vientos.
La ciudad de Barinas confronta hoy gravísimos problemas que, si bien es cierto no son nuevos, han sido profundizados por el actual régimen en estos casi 15 años que cumplirá en diciembre.
Comencemos por la crisis de la inseguridad. Barinas es hoy una de las ciudades más inseguras de Venezuela. Comparativamente, y sin que esta sea una afirmación exagerada, Barinas ahora es tan violenta como Caracas o Valencia. Quien lo dude, sólo tiene que leer la prensa regional y contabilizar las muertes que la inseguridad desgrana cada día. La mayoría son asesinatos cometidos por el sicariato, otros por el hampa y algunos cuantos por eso que las fuentes policiales llaman “ajuste de cuentas”. Únase a lo anterior, el crecimiento de robos, hurtos y tráfico de drogas, sin faltar la arremetida de la delincuencia organizada.
Luego está el calvario de los servicios públicos. A los “apagones” de Corpoelec -un mal nacional, como ya se sabe- se agrega el gravísimo problema del alumbrado público de la ciudad, hoy, literalmente, en tinieblas. La gran mayoría de sus calles y avenidas, así como el centro histórico -que ahora semeja un conjunto de casas muertas, según la expresión de Miguel Otero Silva-, barrios y urbanizaciones, están a oscuras. Y si no fuera por las casas particulares, Barinas estaría sumergida en la más espantosa oscuridad.
Otro problema insoluble bajo este régimen es el pésimo suministro de agua potable, producto de un acueducto colapsado. Miles de barineses sufren cada día la falta del vital líquido debido a la irresponsabilidad e incapacidad de las autoridades que deberían haberlo resuelto hace ya bastante tiempo.
La vialidad está convertida en otro desastre. Calles y avenidas se encuentran en pésimo estado, con muy contadas excepciones. En estos 15 años del actual régimen nada importante se ha hecho al respecto, mientras el tránsito automotor colapsa en profundidad. Apenas dos vías comunican el centro y sur de la ciudad con la parte alta, con el consabido embotellamiento. Por si fuera poco, el transporte público tiene gravísimas deficiencias, en medio de la más absoluta anarquía y falta de conciencia ciudadana al respecto, como lo demuestran el exceso de velocidad y la imprudencia de muchos conductores y motorizados.
La anarquía también reina en el aspecto urbano. Se permite la construcción de nuevas edificaciones, sin prever su impacto ambiental y sus consecuencias en materia vial. Las zonas residenciales vienen siendo invadidas desordenadamente por actividades comerciales. Los vendedores ambulantes continúan abandonados, en perjuicio de los peatones y del comercio formal.
Resulta, pues, inocultable que la calidad de vida de los habitantes de la ciudad de Barinas empeora cada día. Dramas como el colapso de los centros de salud y del Hospital Luis Razetti, así lo demuestran. También el aumento del desempleo y de la pobreza son serias limitantes para el desarrollo humano integral de la capital barinesa.
Todos estos problemas, aunque en menor escala, también existen en las parroquias del municipio Barinas, igualmente desatendidas por los gobiernos nacional, regional y municipal.
Se necesita poner orden cuanto antes para mejorar el nivel de vida de la gente de Barinas y demás poblaciones del municipio capital. Lo mismo vale para el resto de los municipios del estado. Por eso es tan importante elegir un buen alcalde y mejores concejales este domingo 8 de diciembre.
Aquí en la capital de Barinas es necesario elegir como alcalde a un luchador social y a un gerente que, acompañado de un equipo de primera, sea capaz de enfrentar los graves problemas que toca resolver al gobierno municipal.
Y esa tarea no será fácil, vistos los problemas acumulados por la desidia e incapacidad de quienes controlan la alcaldía actualmente y la manifiesta negligencia de los gobiernos regional y nacional al respecto. Creo que dentro de sus competencias, el próximo alcalde, José Luis Machín, y su equipo, deben priorizar acciones muy concretas para enfrentar los problemas de mayor gravedad, antes descritos.
Deberán cumplirse entonces planes eficaces de ordenamiento territorial urbano; mejorar la policía municipal y su combate contra la inseguridad; optimizar los servicios de alumbrado público, vialidad y transporte urbano; dotar a los buhoneros de un centro comercial para sus actividades y devolver las aceras a los peatones; atender barrios y urbanizaciones, así como las comunidades del municipio. Y todo ello bajo la premisa fundamental de mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Estoy seguro, porque lo conozco desde hace tiempo, que Machín Machín como próximo Alcalde pondrá lo mejor de su esfuerzo y voluntad para atender estas prioridades, haciéndolo acompañar por los mejores concejales en esta compleja tarea de optimizar nuestro municipio.
@gehardcartay

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 22 de octubre de 2013)

sábado, 19 de octubre de 2013


GOBERNAR PARA LA GENTE

DISCURSO DE TOMA DE POSESIÓN DE
GEHARD CARTAY RAMÍREZ
COMO GOBERNADOR DEL ESTADO BARINAS, ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA EL DÍA 3 DE JUNIO DE 1993.


Barineses, barinesas:
Por decisión soberana del pueblo barinés y consciente del compromiso que se me ha encomendado, comparezco ante la Honorable Asamblea Legislativa a los fines de que se me tome el juramento de ley como Gobernador del Estado, electo por voluntad popular el pasado domingo 30 de mayo.
Sé cuánto significa este momento, no sólo en lo personal, sino para los barineses que me han depositado su confianza y su abrumadora generosidad. Sé que miles de esperanzas están cifradas en la gestión que voy a comenzar. Por esto mismo, como buen llanero, trataré de estar a la altura del compromiso asumido, entregando todos mis esfuerzos a tiempo completo para dirigir un gobierno cuya filosofía no será otra que la de servir a la gente.
La tarea se presenta difícil pero fascinante, compleja pero tentadora, grave pero posible. Lo accidentado que ha resultado este proceso que apenas acaba de concluir el pasado 30 de mayo, como bien lo conocen Barinas y el país entero, me obliga a iniciar mi gestión cinco meses después de comenzado el actual período de gobierno regional. Se ha perdido un tiempo precioso y seguramente conseguiré un presupuesto altamente comprometido y ejecutado en su mayor parte, cuya elaboración, por lo demás, no refleja las prioridades de mi gobierno ni tampoco la visión que particularmente tengo de lo que debe hacerse en función del desarrollo regional. Al pueblo de Barinas, en su momento oportuno, daré información detallada y cierta de la situación administrativa y fiscal en que recibiré esta tarde la Gobernación del Estado.
Como Gobernador electo por el pueblo reitero una vez más mi disposición de trabajar en función de los mejores intereses de la región, más allá de las limitaciones y problemas a que me he referido. Vivimos tiempos de cambios e innovaciones y los gobernadores debemos convertirnos definitivamente en los promotores de nuestras entidades ante el Poder Central, no limitándose a ser simples administradores, sino asumiendo los desafíos con coraje y denuedo, y abriéndonos hacia todos los sectores de la sociedad civil en procura de su efectiva participación.
Me propongo actuar dentro de una dinámica que promueva a Barinas como una región apta para la inversión y el desarrollo integral. En este sentido, haré todo cuanto sea posible para atraer hacia nosotros a quienes desean participar en la lucha por su progreso y bienestar colectivos. Nos haremos presentes en todos los escenarios donde debamos llevar nuestros planteamientos y traeremos a la región las iniciativas que se correspondan con este propósito.
He dicho que vamos a hacer un gobierno que se ocupe de la gente. El mayor reclamo que escuché en mi campaña electoral fue aquél que hacía la gente más humilde, quejándose del abandono y la indiferencia a que han sido sometidos por quienes los gobernaron hasta hoy. La tarea de gobernar es un servicio público y no un rito burocrático y concupiscente. Al lado de la obra material que todo gobernante adelanta en su afán de trascender existe también la obligación de servir a la gente, de atender sus problemas y tramitar sus soluciones, sean positivos o no sus resultados.
Dentro de esta concepción de gobernar comprometo mi esfuerzo y el de mis colaboradores, en la idea de prestar la debida atención a todos los sectores de la sociedad barinesa. Mantendremos un permanente contacto con ellos, de modo que exista una relación franca y fluida entre todos. Y reitero que dedicaremos especial atención a los sectores más humildes de nuestra población, con los cuales mantengo un compromiso prioritario.
Trabajaremos en función de las extraordinarias posibilidades y potencialidades de nuestra región. Barinas reúne excepcionales condiciones desde todo punto de vista. Tenemos tierras aptas para la producción agropecuaria, agua abundante, riquezas forestales y, por sobre todo, un pueblo honesto y trabajador. Lo que nos ha faltado en estos tiempos es un liderazgo con deseos de trascender, capaz de aglutinar a todos en la empresa del desarrollo regional y, desde luego, protagonista de primer orden en la ejecución de un programa que aproveche las ventajas comparativas de que disponemos.
La nota común de toda esta iniciativa tiene que ser la de la convergencia de esfuerzos y voluntades en torno a un proyecto común. Ya no podemos seguir aceptando que persista lo que nos divide por sobre lo que nos une. Converger alrededor de un objetivo superior, sin mayores diferencias de fondo y con una conciencia clara de los fines perseguidos, constituye, a mi juicio, el más fascinante desafío que ahora se nos formula a los barineses.
Como Gobernador del Estado haré en este campo un esfuerzo especial. Mi candidatura encarnó un proyecto cierto de unidad regional, en torno al cual se sumaron distintos sectores de la vida política, económica, social, cultural y religiosa. Mi gobierno, por tanto, será un gobierno de unidad regional, integrado de manera amplia, sin sectarismos ni discriminaciones.
Ofrezco un gobierno transparente y honesto. Mi lucha en este sentido, librada en la plaza pública, en los medios de comunicación, en los tribunales y en el parlamento, continuará ahora con mayor fuerza como gobernante. Voy a predicar con mi ejemplo personal y así también se lo exigiré a mis colaboradores, siendo la honestidad junto a la capacidad los únicos requisitos para ejercer funciones públicas en mi gobierno.
Venezuela y Barinas reclaman gobiernos honestos y limpios de toda mancha. La corrupción ha sido una limitante muy fuerte para el desarrollo de nuestros pueblos en la misma medida en que ha producido efectos sociales y económicos contraproducentes. Una obra mal hecha en función de garantizar el pago de una comisión a quien la otorga, costumbre arraigada, hasta ahora, en nuestro medio, perjudica a la comunidad que inicialmente sería servida por aquella. Así, reiteradamente, se han producido graves males a las colectividades que reclamaban obras de beneficio comunitario cuando, al final, la corrupción terminó restándole calidad y eficiencia a las mismas. Tengo el compromiso de luchar activamente para liquidar tales prácticas y erradicarlas de manera definitiva.
Ofrezco un gobierno que trabaje dinámica y eficientemente por la descentralización. Presentaré, a corto plazo, proyectos concretos en las áreas de la salud, educación y recursos forestales. Soy un convencido defensor de la transferencia de competencias del Poder Central a las gobernaciones y de éstas a los gobiernos municipales. Vamos a trabajar conjuntamente con los alcaldes, a los fines de ejecutar programas comunes con el decidido apoyo del gobierno regional en la búsqueda de una verdadera colaboración y mancomunidad.
Ofrezco un gobierno de prioridades. Dije reiteradas veces en la campaña electoral que gobernar significa establecer prioridades. La difícil situación económica y social de Barinas, tal vez una de las más difíciles en su historia, obliga a hacer un especial énfasis en las áreas agropecuarias, de viviendas, servicios públicos y atención a los sectores desposeídos.
No puedo dejar de lado, en este momento cuando asumo como gobernador, los alarmantes índices estadísticos según los cuales el Estado Barinas ocupa actualmente el primer lugar en desnutrición infantil, el segundo en pobreza crítica, el último en rendimiento escolar, con una elevada tasa de desempleados (más de cien mil, según la CTV de Barinas), con sus servicios públicos descalabrados y con su actividad agropecuaria al borde de la quiebra. Esta es la pesada herencia que ahora recibo de mi antecesor, no obstante el derroche milmillonario de recursos que hubo durante su fracasada gestión gubernamental.
Un panorama desolador como el descrito anteriormente obliga a  hacer un gobierno de prioridades. Y esa es mi principal preocupación desde ahora. Vamos a tomar una serie de medidas en defensa del sector agropecuario, poniendo especial atención en la búsqueda  de recursos para enfrentar el caótico problema de la vialidad agrícola, totalmente deteriorada ahora, y la falta de financiamiento a nuestros productores, a quienes he prometido la creación de un fondo regional a tales efectos.
Un esfuerzo especial dedicaremos al problema de la vivienda, así como al drama de los servicios públicos, primordialmente la falta de suministro de agua, el transporte público y la pésima atención en materia de salud. Y, desde luego, realizaremos un trabajo coherente y realista para poner en ejecución programas de economía popular y familiar, con la participación del sector público y en lo posible también del sector privado. De esta manera, ayudaremos a los pequeños y medianos artesanos e industriales, así como a la noble tarea de la microempresa familiar.
Al lado de estas prioridades, también dedicaremos atención especial a la educación, la cultura, el turismo y el deporte. Me propongo obtener financiamiento de organismos internacionales para rescatar la infraestructura educativa, hoy prácticamente destartalada, y a impulsar un agresivo programa de capacitación de nuestros docentes. Igualmente, adelantaré un vigoroso programa de animación cultural para sacar a este sector de la postración a que la han sometido recientemente gobernantes regionales que siempre lo han despreciado. En cuanto al turismo, me comprometo solemnemente a impulsarlo, para lo cual crearé la Corporación Barinesa de Turismo.
Y en cuanto al deporte, debo recordar que tenemos un gran compromiso con el país, habiendo hasta ahora fracasado en el mismo, y debo decirlo con profunda pena y vergüenza ajena: la celebración de los IX Juegos Nacionales Deportivos, cuya fecha inicial era agosto de este año, teniendo que ser pospuestos porque el gobierno que hoy muere no fue capaz de adelantar las obras ni tampoco el cronograma organizativo. Yo asumo ante Venezuela y Barinas la responsabilidad de salvar esos juegos y me comprometo a realizarlos brillantemente en abril del próximo año. A tales efectos, tan pronto asuma el cargo designaré un nuevo Comité Organizador de los Juegos (JUDENABA 94), con gente capaz y dinámica, a los fines de honrar el compromiso de ser una digna sede de tan importante evento.
Barineses; barinesas:
Al asumir la Gobernación del Estado Barinas pido a todos su colaboración y ayuda ante la compleja y difícil tarea que nos corresponde. Por mi parte, ofrezco toda mi capacidad y energía, mi voluntad entera de lucha y constancia, para trabajar activamente en la construcción de los propósitos anunciados.
Estoy conciente de la magnitud del compromiso asumido con mi pueblo, a quien agradezco haberme hecho su gobernador en los próximos años, y también conozco las dificultades iniciales que me esperan. Pero anuncio igualmente, con optimismo realista y razonable, que haré todo cuanto sea necesario para alcanzar las metas propuestas, seguro de que con la ayuda de Dios y de ustedes saldremos airosos de este honroso encargo que la voluntad popular ha puesto sobre mis hombros.
Muchas gracias.

miércoles, 16 de octubre de 2013

EL CIRCO “ANTICORRUPCIÓN” DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
El régimen ha montado un verdadero circo con su supuesta lucha contra la corrupción.
Con la hipocresía que los caracteriza, sus ruidosas declaraciones y supuestos propósitos “moralizadores” son una burda excusa para hacerse aprobar otra Ley Habilitante y gobernar por decreto, como en cualquier dictadura. No lo es, por supuesto, luchar contra la corrupción. Y ello por una razón muy simple: un régimen corrupto como el actual no podría luchar contra sí mismo. Eso sería, como dijo alguien hace años, un “autosuicidio”.
Porque ya está más que demostrado que este es el régimen más corrupto de toda nuestra historia. Ha batido ya todos los récords en la materia, tanto por el monto de los recursos robados como por la refinada red de corrupción que, desde el alto gobierno hasta más abajo, participa en el saqueo de los recursos públicos de todos los venezolanos.
En esta acción depredadora, la corrupción chavista dejó muy atrás la corrupción del pasado. Los corruptos de antes ahora son apreciados como simples rateros, si se los compara con los eficientes métodos de los ladrones actuales y, sobre todo, por el monto de lo robado al erario público.
Ahora estamos en presencia de toda una estructura bien armada, nacional e internacionalmente, para hacer colosales negocios en dólares -aprovechándose de los milmillonarios recursos del Estado venezolano-, auspiciada por la más alta cúpula del régimen y sus clanes financieros corruptos. Y no son negociados de cientos de millones, sino de miles de millones de dólares, con lo cual quienes hoy ejercen el poder han creado una plutocracia financiera mucho más poderosa que las que surgieron en el pasado.
La cúpula podrida del régimen ha devenido en un holding financiero sumamente poderoso a nivel mundial. Algunos de sus integrantes disponen de una eficiente organización con depósitos mil millonarios en bancos nacionales y sobre todo del exterior, especialmente en los llamados “paraísos fiscales”, donde sus cuentas no pueden ser investigadas. Tienen, así mismo, mil millonarias propiedades fuera y dentro del país, algunas a nombre de testaferros ya famosos en los medios internacionales, como los llamados bolichicos, jóvenes escandalosamente enriquecidos con el manejo paralelo de recursos públicos y de contratos de obras del régimen con empresas del exterior.
Esta gigantesca corrupción, como bien se sabe, comenzó tan pronto Chávez y su grupo tomaron el poder. El saqueo se inició con el ya famoso Plan Bolívar 2000, a través del cual se robaron y despilfarraron cuantiosos recursos que han debido invertirse en obras públicas. Nunca fueron castigados sus autores, altos oficiales militares. Más adelante, vino la mil millonaria corrupción generada a propósito de la nunca culminada reconstrucción del Estado Vargas, luego del deslave de 1999. No hubo tan siquiera un detenido por tal latrocinio.
Después aparecieron la corrupción mil millonaria del Fondo Único Social, de Fondur, del desaparecido Banco del Pueblo, Banco Industrial, Seniat, Centro Simón Bolívar, Convenio Petrolero con Cuba, Fondo de Inversiones Macro Económicas, la emisión y reventa ilegal de bonos de la deuda pública y pagarés, el fraude de las “notas estructuradas”, el latrocinio continuado del Bandes hasta hoy día, CVG, Edelca, la gigantesca partida secreta creada con el Fondo Especial de PDVSA (más los contenedores de Pdval con 200 millones de kilos de comida podrida, el desfalco al fondo de pensiones de la estatal petrolera o el robo descarado de la cúpula petrolera), los saqueos en varias gobernaciones afectas al régimen, etc., etcétera.
Billones y billones de bolívares fueron así robados ante la vista gorda del jefe de la robolución bolivarera y nada pasó. Todo este colosal saqueo ha ocurrido -y sigue ocurriendo- desde hace ya 15 años, y ningún jerarca está preso. Ni la Contraloría, ni la Fiscalía, ni ningún tribunal investigaron y mucho menos castigó a estos ladrones de cuello rojo rojito.
Y eso para no referirnos a la descomunal corrupción subterránea estimulada por el régimen en todos estos años para asegurarse el control de mafias militares y civiles que contrabandean la gasolina en la frontera con Colombia, saquean oro y piedras preciosas en Guayana o Amazonas y manejan impunemente las redes de narcotráfico, actividades que dejan milmillonarias ganancias, ante la mirada cómplice de las autoridades.
Por eso nadie puede creer en el circo que ha montado el régimen de Maduro con su supuesta lucha contra la corrupción. La gente sabe que se trata de una farsa de estos fariseos, cuyo objetivo es perseguir y poner presos a algunos líderes opositores -porque aquí, según el régimen, los corruptos son de la oposición, y no ellos que han saqueado al país- y también castigar a sus disidentes, que ahora también son corruptos porque abandonaron al PSUV.
El colmo de este circo “anticorrupción” es que andan comprando o ya compraron al diputado 99 para que les ayude a aprobar la Ley Habilitante… ¡contra la corrupción! ¿Habrase visto mayor cinismo?
@gehardcartay
 (LA PRENSA de Barinas - Martes, 15 de octubre de 2013)

viernes, 11 de octubre de 2013

LAS BURDAS MENTIRAS DEL RÉGIMEN
Gehard Cartay Ramírez
El país se desplaza hacia un profundo abismo, mientras el régimen sigue con su campaña de mentiras y de engaños, incapaz de enfrentar la grave crisis que sufrimos.
Esa actitud criminal incluye ocultar a la opinión pública la magnitud de la tragedia económica y social que se avecina. Porque si algo ha caracterizado a este régimen desde hace casi 15 años es su falta de transparencia y de claridad. Se diría que actúa, en sus siniestros propósitos, desde la sombra y la oscuridad.
Para intentar justificar su colosal fracaso entonces acude también a todo tipo de mentiras y de engaños. Y como la base fundamental de esta actitud es no reconocer nunca su responsabilidad absoluta en la crisis que ellos ahondaron desde 1999, entonces siempre culpan a la oposición venezolana, al imperio mesmo, al capitalismo o a las faces de la luna, pero jamás pueden aceptar que ellos, y sólo ellos, son los culpables del desastre político, económico y social en que estamos envueltos hoy.
Maduro, como antes su predecesor y tutor, siempre está “lavándose las manos” ante los problemas. Esta actitud ponciopilatesca, cobarde e irresponsable, lo lleva siempre a refugiarse en la mentira, no importa cuán increíble pueda ser, lo que se traduce en una falta absoluta de respeto a los venezolanos, sean o no partidarios de este régimen.
Recordemos ahora, por ejemplo, sus mentiras sobre la enfermedad del difunto presidente anterior. Con qué cinismo y caradurismo le dijo al país que aquel “se estaba recuperando”, que “habían hablado por espacio de cinco horas”, que ya estaba “haciendo ejercicios en su habitación”, que “había hecho algunos nombramientos y estaba al frente del Estado”.
Puras mentiras, absolutas mentiras. Nada era verdad como lo comprobaron posteriormente los hechos. Todo indica que Chávez nunca se recuperó, luego de la intervención quirúrgica que le fue practicada y que estuvo sometido a un coma provocado o sencillamente cayó en la inconciencia generalizada. En una situación tan grave como esta no podía ejercer sus funciones y ha debido ser relevado como la manda la Constitución. Sin embargo, Maduro se esmeró en esconder la verdad a propios y extraños, lo que dice mucho de su “talento” para mentir.
Sobrevino la muerte del interfecto, sin que nadie supiera la verdad de los hechos, gracias a la campaña de mentiras y engaños de Maduro y su cúpula podrida. Sin embargo -como dice el refrán popular-, "la mentira siempre sale”. Ya se han ido conociendo las circunstancias que rodearon aquella muerte. Y como “la mentira también tiene patas cortas”, por aquello de que quien miente a veces lo olvida y se contradice luego, resulta que ahora el propio Maduro habla de “la gravedad y de los dolores terribles” del aquel paciente moribundo, sin reparar que por esos días había dicho que se estaba recuperando y hasta hacía ejercicios diariamente.
Si pudo mentir en aquel caso tan importante para sus partidarios y el país entero, nadie puede hoy dudar de que mentirá siempre. Por eso, en estos meses que tiene en el Palacio de Miraflores, la mentira sigue siendo su filosofía y la base de su régimen.
A él, desde luego, parece no importarle que ya nadie le crea sus embustes, por estrafalarios e insólitos. Sigue diciéndolos, cada vez más absurdos y sin respaldo en la terca realidad de los hechos. Acude a los más inverosímiles y ridículos, convertido hoy en el hazmereír de los mandatarios latinoamericanos. Así como aquí nadie le cree, afuera tampoco. Y eso nos afecta como país serio en la comunidad internacional.
Bastaría recordar algunas mentiras demasiado gruesas y cómicas, como aquella del “magnicidio”, como siempre sin pruebas que lo confirmen. O esa otra según la cual Estados Unidos y el ex presidente colombiano Álvaro Uribe “planeaban invadir Siria tan sólo con el pretexto de “asesinarlo” a él, y así “desviar la atención mundial sobre su magnicidio”. O la última, al explicar que no fue a la reciente reunión de la ONU en Nueva York, donde participaron casi todos los jefes de Estado del planeta, “porque Obama y su gobierno tenían organizado un complot para asesinarlo”.
Si no fuera porque resultan cómicas, lo cierto es que estas acusaciones sólo pueden ser hechas si se tienen las pruebas que las comprueben. Por eso mismo, el gobierno estadounidense se las exigió inmediatamente, lo que, por supuesto, no sucederá jamás porque ya se sabe que estas mentiras, luego de ser lanzadas a la opinión p
lica, nunca son compos a la opir quien las hace er lanzadas a la oponiñon pso, el gobierno estadunidense le exigiras y engaños ública, nunca son comprobadas por quien las hace.
O es que acaso no recordamos esas otras hablando del “golpe eléctricoopositor” para explicar el pésimo servicio de energía eléctrica. O la del “saboteo de la oposición” para incendiar refinerías e instalaciones de PDVSA. O esa otra del“saboteo opositor” en la producción agropecuaria e industrial para acaparar y producir escasez, por ejemplo, todas las cuales no son sino burdas mentiras que nunca se han comprobado, ni se comprobarán.
¿Hasta cuándo abusarán de la buena fe de su gente?
@gehardcartay
(LA PRENSA de Barinas - Martes, 08 de octubre de 2013)

miércoles, 9 de octubre de 2013

ANTE UNA HORA DRAMÁTICA Y UN COMPROMISO MAYOR

ANTE UNA HORA DRAMÁTICA Y UN COMPROMISO MAYOR

DISCURSO DE ORDEN DEL DIPUTADO
 GEHARD CARTAY RAMÍREZ
 ANTE EL CONCEJO MUNICIPAL DE PEDRAZA, ESTADO BARINAS

(Ciudad Bolivia, 05 de julio de 1990)





Celebramos hoy una de las fechas más importantes de la venezolanidad: la de nuestro nacimiento como nación libre y soberana.
Y me complace que sea justamente aquí, en la Plaza Bolívar de Ciudad Bolivia, ante tan calificado y numeroso auditorio, que pueda hoy consignar algunas reflexiones, a propósito de tan trascendente fecha patria, en esta hora dramática que vivimos los venezolanos y que nos coloca ante un compromiso mayor con nuestro país y su gente.

***

“No creo en la Historia nacional -escribió alguna vez Don Mario Briceño-Iragorry- como fuente de romántica complacencia; juzgo, en cambio, con sentido jaspersiano, que sus datos, como espejo del hombre, nos ayudan a conocernos a nosotros mismos en la riqueza de lo posible”.
Esa línea de continuidad que conlleva la Historia debe ser tomada como su impulso vital. Y debe ser asumida con sentido realista, pero con ambición; con los pies en la tierra, pero poniendo alas a la imaginación. Y, sobre todo, siendo consecuentes con la idea de que ahora somos nosotros -como antes fueron ellos, los Padres Fundadores que hicieron posible el 5 de Julio de 1811- los continuadores de la Patria en desarrollo. Mañana serán nuestros hijos, y después los hijos de nuestros hijos. Porque así es la Historia: una constante batalla, un diario trajinar, un cuotidiano afán.
Por eso debernos hablar de los nuevos 5 de Julio que nos aguardan, en lugar de venir este mañana a recordar los episodios de aquel 5 de Julio. Las circunstancias en que se encuentra Venezuela en este momento obligan a una profunda meditación sobre el presente y el porvenir de la Patria. No tendría sentido, por tanto, venir hoy y aquí a rememorar con sentido patriotero y solemne las razones de esta fecha que casi todos conocemos desde las aulas de la escuela, ni tampoco los episodios históricos que se sucedieron alrededor de tan trascendente acontecimiento.
Se impone, sí, al rememorar el significado extraordinario de la Declaración de Independencia suscrita hace ya 179 años, afrontar los desafíos que la hora presente y futura nos plantean a los venezolanos de este nuevo tiempo. 
Porque no tendría sentido enorgullecernos de aquella fecha en la cual los Padres Fundadores de la Patria nos declararon independientes, si hoy pareciera que algunos se empeñan en entregarnos de nuevo a poderes extranjeros, bajo el argumento de que necesitamos más recursos financieros para salir de la crisis en que nos hundieron precisamente quienes ahora juegan al papel de salvadores de esta pobre Venezuela, convulsa y enferma.
Porque hay que decir, además, que si ayer estábamos atados por las cadenas de la opresión a la España imperial, hoy nos quieren encadenar de nuevo a otro yugo: el yugo del Fondo Monetario Internacional, el más poderoso imperialismo de la modernidad financiera y un mecanismo diabólico que superpone los intereses de las naciones más ricas por sobre las más pobres, sometiéndolas a sacrificios inaceptables.
 Se diría, pues, que los venezolanos de hoy estamos obligados a luchar por una nueva independencia, por un nuevo 5 de Julio. No se trata ya de esforzarnos por ser independientes políticamente, ni tampoco por obtener derechos que sempiternamente -como antes sucedió- nos fueron negados y desconocidos, de hecho y de derecho, por una autoridad ilegitima y usurpadora. Tampoco se trata de luchar por nuestra autodeterminación y autonomía plenas. Sería exagerado plantear estas cuestiones en términos absolutos y radicales. Somos un país libre, ciertamente, con una democracia funcional -aunque tambaleante y descreída-, con autoridades legítimamente constituidas  -aunque no siempre acatadas- y con una cierta dosis de autodeterminación en el concierto de las naciones. Nadie podría dudar de todas estas conquistas y muchas otras más, por modestas y rutinarias que a veces puedan parecer.
La que no podemos olvidar, al lado de todo lo anteriormente dicho, es que Venezuela soporta hoy una de las más grave crisis de toda su Historia, bajo el peso agobiante de una deuda descomunal que no es precisamente la contraída con los bancos extranjeros, sino con nuestro propio pueblo, el menos favorecido en los tiempos de la abundancia grosera de la Venezuela Saudita, y el más castigado y esquilmado en estos tiempos de escasez.
Lo que no podemos negar es que el país está acogotado por todo tipo de problemas, sean grandes o pequeños, pero sin solución inmediata por ahora. La que no podemos ocultar es que hoy por hoy a Venezuela la arropa una grave crisis moral, económica y política. Lo que no podemos esconder es que nuestros gobernantes actuales cada día se muestran más incapaces para sacarnos del atolladero inmenso en que nos encontramos, mientras un reducido sector de nuestra clase política, económica, militar y sindical continúa saqueando el Tesoro Público, como si estuviéramos francamente ya al final de una era y se impusiera entonces tomar el botín, antes de abandonar la nave que naufraga.
Vivimos, pues, un ciclo histórico que debe cambiar, y sin duda alguna va a cambiar por la propia dinámica de la Historia. Nuestra tarea no puede ser otra que la de impedir que esos cambios nos desborden y que sectores del autoritarismo caudillista y de la antipolítica puedan conducirlos por los atajos del retroceso. Porque hay que decirlo de una buena vez: Hay factores golpistas subterráneos que sigilosamente viene acechando (*) y sería estúpido no detenerlos a tiempo e impedir que lleguen al poder.
Nuestra tarea consiste en canalizar y liderizar esos cambios necesarios e inaplazables y, desde luego, protagonizarlos para avanzar y no para retroceder. Tenemos entonces que prepararnos para las nuevas luchas contra los verdugos de la Patria de hoy: los malos gobiernos, la mediocridad, la corrupción, la demagogia, el centralismo y la entrega del país a los centros financieros internacionales. Pero también contra los posibles verdugos del mañana, esos que representan el militarismo, el golpismo, el neoautoritarismo, el fascismo, el anacronismo, el caudillismo y cualquier tentación totalitaria del signo que fuere.  
Por eso he hablado de los nuevos 5 de Julio que todavía nos aguardan. Vamos a asumirlos con sentido de Historia, aprendiendo la lección y asimilando todo cuanto guardan de experiencia. Vamos a apoyarnos en los hechos gloriosos del pasado de la Patria para producir los nuevos cambios que el país reclama, porque la grandeza del ayer debe ser la palanca para la grandeza del mañana.
Y esa, y no otra, es la lección de la Historia.
***

Venezuela -ya se ha dicho- vive hoy una grave crisis a todos los niveles. Hay un vacío de conducción en las altas esferas del Poder Público y una peligrosa falta de representatividad y de solidaridad social en los organismos de dirección popular.
Eminentes pensadores e historiadores han reconocido esta dramática y angustiosa realidad. Y es que no se necesita, en verdad, haber estudiado algo para palpar la situación: el pueblo, con su inmensa sabiduría, sabe que vivimos una grave crisis porque nadie como él la siente y la sufre.
El país hierve en comentarios, susurros y presagios de mal agüero. Hasta de Golpe de Estado escuchamos hablar en estos días, tanto pública como privadamente, en los periódicos y en la charla amistosa. Hay como una calma tensa, una tranquilidad sospechosa que a ratos pareciera reventar ante tantas premoniciones. El país se siente en vilo porque el gobierno no gobierna y su máximo conductor gusta más de los viajes internacionales que del diario afán aquí en Venezuela, tan urgido hoy de las sabias reflexiones del estadista sobrio y de las necesarias decisiones que reclama la crisis.
Vivimos una difícil coyuntura. A ella hemos llegado a fuerza de marchas y contramarchas. Hubo un tiempo, todavía cercano, en que pudimos aprovechar todo lo que teníamos y quienes nos gobernaron entonces no supieron, no pudieron o no quisieron trabajar para que esa riqueza nacional pudiera beneficiar a todos los venezolanos. Hace escasos años, bajo esa misma conducción errática, el país vivió los locos años de la abundancia. Lo tuvimos todo a manos llenas en aquel tiempo. Lo que nos faltó fue un liderazgo conciente de que, luego de la abundancia, asomaría la inmensa crisis que tercamente nos advirtió Pérez Alfonzo, y que ahora todos padecemos.
Tuvimos entonces malos administradores de nuestros recursos. A pesar de que teníamos recursos financieros, los que gobernaban se empeñaron en endeudar, sin ninguna necesidad, aún más al país. Fue así como se esfumaron recursos milmillonarios, sin utilizarlos para combatir la pobreza y el desempleo, garantizar la seguridad de personas y bienes y mejorar los servicios públicos.
Fue así como se produjo la paradoja de un país con abundantes recursos, cuyo gobierno dilapidó cuanto tenía y terminó endeudado con la poderosa banca internacional. Aquel fenómeno absurdo fue llamado economistas norteamericanos y europeos “el Efecto Venezuela” para describir lo que no debe hacerse desde el gobierno en materia económica, fiscal y social.
Hoy vivimos las funestas consecuencias de la improvisación y a incapacidad de aquellos gobernantes. Ellos seguramente no verán las más funestas consecuencias de lo que en mala hora le hicieron al país. Corresponderá a otros líderes enfrentarlas y luchar por superarlas en el porvenir inmediato.
Por ahora, como dice la propaganda oficialista, Venezuela es otra. Por ahora somos un país más pobre, con más dificultades y menos posibilidades. Más del 60 por ciento de los venezolanos viven en situación de pobreza crítica, mientras la clase media cada día se empobrece más, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. La inflación no cesa de golpearnos todos los días. El desempleo crece cada vez con mayor fuerza. La agricultura y la cría están virtualmente quebradas por los efectos de las medidas gubernamentales. La muerte acecha a todos en cualquier camino o vereda, porque el país ha sido tomado por todo tipo de delincuentes y no hay seguridad en ninguna parte.
Vivimos de escándalo en escándalo. Hemos perdido la capacidad de asombro ante los desmanes de la corrupción y de los corruptos. Ahora se habla de rebatiña de contratos entre dirigentes del gobierno, y por Barinas anda un ejército de comisionistas vendiendo contratos de obras públicas, a cambio de un porcentaje para la corrupción o para el silencio, porque también aquí se compra a muchos que deberían vigilar el manejo de la administración nacional y regional.
La corrupción lo ha invadido todo, al punto de ser hoy Venezuela un país de delitos sin delincuentes, porque la impunidad campea mientras la justicia parece caminar en sentido inverso a la realidad.

***

Yo digo todas estas cosas no para sembrar pesimismo, sino para que seamos realistas en la dura lucha que nos corresponde a los venezolanos de hoy. Una lucha, por cierto, que debemos librar con optimismo y realismo para no volver a caer en los errores y fallas que ahora criticamos.
Como lo he afirmado en otras ocasiones, Venezuela tiene inmensas posibilidades y condiciones para superar esta gravísima crisis. Pero la primera de ellas no son sus riquezas materiales. La primera condición para derrotar la problemática que nos agobia es la de que una nueva mística y una nueva moral tomen el poder a todos los niveles. Sólo así será posible realizar los cambios que requerimos, con honestidad, capacidad y sensibilidad.
Los recursos económicos y naturales siempre los hemos tenido y, bajo algunos gobiernos mediocres y corruptos que hemos soportado, buena parte de ellos se han perdido miserablemente. El problema, entonces, reside en luchar por liderazgos capaces y honestos en la cima del poder, cuyo ejemplo irradie a todos los demás niveles del Estado y del gobierno.
Un liderazgo de tal naturaleza podría entonces aprovechar nuestras ventajas como país con recursos y posibilidades. Sólo así nuestra riqueza fundamental, el pueblo venezolano, volcado al trabajo creador, con empleos bien remunerados, mejor seguridad social y mayor estabilidad política -la fórmula de la que habló Bolívar en su tiempo-, puede convertirse en la columna vertebral de todo este ciclópeo esfuerzo. Y sólo así también, nuestras inmensas reservas petroleras y minerales, nuestros fértiles suelos para la agricultura y la cría, la ausencia de traumas históricos y sociales, todas estas condiciones que registramos como nación, pueden ser la base fundamental para luchar y lograr una Venezuela mejor.
Otros pueblos del mundo lo han logrado, con menos recursos y muchas más limitantes. ¿Por qué, entonces, no podemos lograrlo también nosotros, los venezolanos? ¿Será que estamos condenados por una especie de maldición permanente a sufrir los malos gobiernos, las peores dictaduras, los más criminales caudillismos, como hasta ahora lo ha demostrado nuestra accidentada historia republicana?
¿O será posible que derrotemos estas taras y entremos al siglo XXI como un pueblo que rompió amarras con nuestros males crónicos y decidió estar a la altura de las comunidades que luchan por mejorar sus condiciones de vida y aspiran a construir una sociedad más justa o más humana?
Está en nuestras mentes y manos alcanzar un mejor estadio como nación. Está en nosotros y en nadie más. Ojalá podamos lograrlo y liquidar cualquier rémora que nos regrese a ese pasado ominoso que siempre nos ha condenado como comunidad nacional.      

Ciudadano Alcalde:
Ciudadanos Concejales:
Al agradecer infinitamente su generosidad por haberme permitido hablar desde esta digna Tribuna, sólo me resta señalar que en fechas como la de hoy los venezolanos debemos reencontrarnos con nuestro destino mayor, sin temores ni equivocaciones, repitiendo las sabias palabras del joven Simón Bolívar ante la Sociedad Patriótica el 4 de Julio de 1811: “Vacilar es perdernos!”.
Muchas gracias.











miércoles, 2 de octubre de 2013

VENEZUELA EN EBULLICIÓN
Gehard Cartay Ramírez
Que este país está en ebullición, es una verdad que poquísimos podrían negar hoy, bien por estúpidos o por fanáticos.
Porque todo pareciera indicar que no se puede descartar en el futuro una explosión social, una rebelión ciudadana, un estallido popular o un reventón nacional ante la difícil situación que padecemos en todos los órdenes.
Por una situación mucho menos trágica que la actual, en 1989 se produjo El Caracazo, con saldo de muertes y pérdidas materiales, evento que -a juicio del presidente difunto y sus partidarios- fue la causa de los golpes de Estado de 1992 y de la posterior “revolución bolivariana”, como ellos llaman este desastre que sufrimos desde hace 15 años.
Ahora asistimos a una situación peor. Lo indican así la creciente indignación nacional y los comentarios de cualquier conversación cuotidiana. Se palpa en las caras de la gente, en su descontento generalizado, en su impaciencia ante esta feroz embestida de la inseguridad, el alto costo de la vida, la inflación, el desabastecimiento, la escasez, el desempleo, la crisis de los servicios públicos, el drama de la salud, el crecimiento escandaloso de la corrupción administrativa, entre otras vicisitudes provocadas por el actual régimen, sin que se ocupe siquiera por tratar de enfrentarlas y menos de resolverlas.
Como no son chismes ni “bolas” que la gente inventa, esta crisis la muestran las encuestas, entre ellas, la de IVAD, vinculada al régimen, que a principios de septiembre reveló la gigantesca magnitud del descontento popular ante la situación actual y, en particular, frente a la gestión de Nicolás Maduro.
La cifra es colosal: 66,9% considera que la situación del país es políticamente inestable. Y esto es muy grave, porque la mayoría no sabe qué pueda ocurrir en el futuro. Más grave aún es que la percepción negativa sobre la situación económica ascendió a 67,5%, lo que demuestra el pesimismo, la desconfianza y la inconformidad de las grandes mayorías ante las políticas económicas fracasadas del actual régimen.
No son inventos de la gente, insisto. El domingo pasado, el doctor Pedro Palma, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, advirtió que “vamos derecho al precipicio”. Dijo que la inflación acumulada es de 32,9%, la economía ha decrecido 4,2% en un año, las reservas internacionales registran un descenso de 24% (sus dólares en efectivo no superan los dos mil millones) y que el tipo de cambio oficial está sobre valuado 100% (El Universal, 29-09-2013).
Estas cifras revelan una economía en ruinas, luego de 15 años en los que el régimen ha dilapidado los más altos ingresos petroleros de nuestra historia (más de 950 mil millones de dólares). Y no conforme con ello, el difunto presidente, y ahora su heredero, nos han endeudado como nunca antes, entregado nuestras reservas petroleras a China Comunista y dejado a las actuales y futuras generaciones el pago una deuda colosal. Este crimen no tiene otro nombre que traición a la patria.
Lo más grave es que, en paralelo, la corrupción del régimen también ha crecido como nunca. Mientras los venezolanos se empobrecen, los jerarcas oficialistas se enriquecen a manos llenas. Hoy por hoy la gran mayoría cree que el actual régimen ha sido más corrupto de todos. Según la encuesta que venimos citando, así lo considera el 52%, mientras que el 62,8% cree que Maduro y su cúpula podrida son los responsables del avance de la corrupción en Venezuela. Por cierto que en una última encuesta de Hercom, del 28 de septiembre de 2013, esta percepción creció a 65%.
Ante una situación como esta, la indignación colectiva es su lógica consecuencia. Y esta no es infundada, ni producto de la imaginación de la gente. No es tampoco “producto de una guerra psicológica de la prensa”, como dijo Maduro. Nada de eso, amigo lector. Según esa misma encuesta de IVAD la opinión pública sitúa como principales problemas del país a la inseguridad, con un 80,8 %, luego el desabastecimiento con 54,3 %, el alto costo de la vida con 35 %, el desempleo en un 24,2 % y el servicio de electricidad en un 13,1 % (Los apagones afectan al 73% y el 62% responsabiliza de este problema al régimen y a Corpoelec, concretamente).
Ojalá, pues, no haya una salida violenta a la presente tragedia, creada por el régimen en estos 15 años. Los demócratas apostamos por una solución democrática, constitucional y electoral. Afortunadamente, también esas encuestas reflejan que al menos el 63% de los venezolanos están seguros de votar este 8 de diciembre, y que de estos casi un 60% lo hará por los candidatos de unidad democrática.

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 01 de octubre de 2013)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

SIN EXCUSAS
Gehard Cartay Ramírez
Luego de 15 años en el poder y de dilapidar novecientos cincuenta mil millones de dólares, el actual régimen carece de excusas para explicar su colosal fracaso.
Por eso, cuando a cada rato lo intenta, la gente no les cree. Porque, en realidad, eso de estar culpando a la oposición de todos los males y problemas que sufrimos -cuando el régimen tiene todo el poder en sus manos desde hace tres lustros- es el colmo del caradurismo de Maduro y su cúpula podrida. Eso de estar inventando que sus opositores sabotean todo y que nada le sale bien al régimen porque aquellos lo tienen en jaque, es también el colmo de su imbecilidad, al apelar a un argumento increíble desde todo punto de vista.
¿Cómo puede ser creíble, insisto, un régimen que con tales argumentos confiesa su incapacidad absoluta? Habría que imaginarse al presidente estadounidense Obama o al ruso Putin declarando a la prensa que ellos no hacen nada por culpa de la oposición, que todo lo sabotea. Estoy seguro de que serían el hazme reír de sus países -como ocurre aquí- y de la comunidad mundial.
Porque, en verdad, resulta absurdo un gobierno que teniendo todo bajo su control no sea capaz de reconocer su culpa, no sólo al no resolver los problemas, sino también al agravarlos e, incluso, crear otros nuevos. Así, resulta sencillamente infantil culpar a los opositores por todo lo malo que ocurra. Habría entonces que pensar que el oficialismo cree que los venezolanos somos unos soberanos pendejos, dispuestos a tragarnos todo este tipo de mentiras.
Y es ya se ha convertido en una especie de disco rayado eso de que cuando algo no funciona o funciona mal, inmediatamente el régimen dice que es culpa de la oposición. Pasa casi siempre con el pésimo funcionamiento de los servicios públicos. Los continuos “apagones” son consecuencia del “saboteo de los opositores”. Lo mismo ocurre con los reiterados incendios en las refinerías e instalaciones de PDVSA. Si se va el agua, también es un “saboteo opositor”. Y, desde luego, el desabastecimiento, la escasez, la inflación y la pésima situación económica de Venezuela también son responsabilidad de la oposición, según la cantaleta estúpida del régimen.
Se diría, entonces, que aquí quien gobierna es la oposición y no el régimen chavista. Porque, como es de suponer, si los opositores tienen más poder que quienes gobiernan, ¿qué carajo hacen estos sujetos al frente del Estado? ¿Cómo es entonces que si el actual régimen controla todos -absolutamente todos- los poderes del Estado, de manera exclusiva, excluyente y sectaria, la oposición puede más que aquel, y supuestamente desbarata sus planes de gobierno, los sabotea y en la práctica, es mucho más eficiente que la rosca madurista en el poder?
(A este respecto, por cierto, vale la pena citar la aguda observación del humorista  Laureano Márquez, quien refiriéndose a esas acusaciones se preguntaba, con toda razón, si la oposición es tan eficiente saboteando, por qué no ha comenzado por sabotear el mismísimo sistema electoral que, en última instancia, siempre la ha perjudicado, dada su dependencia de la actual cúpula del poder.)  
Definitivamente, el oficialismo no tiene sentido del ridículo y abusa de su caradurismo, pretendiendo engañar a los venezolanos. Allí está lo del cuento chino de los “magnicidios” que vienen denunciando desde hace 15 años. El extinto lo hizo hasta el cansancio, y nunca aparecieron los responsables. Ahora su sucesor, imitándolo siempre, acude a la misma invención, sin pruebas serias. En un país con un presidente responsable y digno de crédito una acusación tan grave sólo sería denunciada públicamente si en verdad elementos probatorios así lo confirmaran.
Fíjese usted, amigo lector, la risible denuncia de Maduro al acusar del plan de su supuesto magnicidio al ex presidente colombiano Álvaro Uribe y al actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama… nada menos! Lo cómico es que, según esta truculenta versión, la posible invasión de Estados Unidos a Siria sólo sería la excusa para desviar la atención al producirse el magnicidio de Maduro. Bueno, ni un guionista de películas de ficción podría inventar un argumento más retorcido.
En materia de argumentos retorcidos hay otro al cual acuden los voceros del régimen: responsabilizar al capitalismo por la avasallante inseguridad que reina en Venezuela, porque ellos, por supuesto, no son culpables al efecto. Se trata de una ridícula teoría que choca contra un hecho indiscutible: en los países capitalistas por excelencia la inseguridad es mucho menor que en  esta “patria socialista”, si se las compara en base a población y delitos cometidos. Ergo, la inseguridad no podría ser un efecto directo del capitalismo.
En conclusión, el régimen nunca tiene la culpa de los problemas, y nunca es responsable de nada de lo que nos afecta, sólo de lo bueno que, por lo visto, es casi inexistente: la oposición es la culpable de todo lo malo, incluyendo la corrupción de la cúpula podrida que está en el poder.
¿Habrase visto mayor caradurismo y cinismo en nuestra historia? Ya está bueno de tanta falta de respeto a los venezolanos, incluyendo a los partidarios del propio régimen.
Twitter: @gehardcartay