martes, 7 de mayo de 2013

NO ACEPTAN QUE SON MINORÍA
Gehard Cartay Ramírez
El régimen, y particularmente el usurpador ilegítimo, no quieren aceptar que ahora son minoría.
De allí que estén perdidos en su propio laberinto, deslizándose aceleradamente por la pendiente del autoritarismo,  la represión y la violencia. Por ese camino, si insisten, lo que les espera es un profundo precipicio y su lógica desaparición.
Lo peor de todo es siguen hablando pendejadas como si los venezolanos fuéramos un atajo de retrasados mentales. El discurso risible del ilegítimo sigue calificando a sus adversarios, que hoy son mayoría, de oligarcas, escuálidos, apátridas, vendidos al imperialismo yanqui, golpistas, entre otras bolserías, indignas de un dirigente político que respete a la gente y se respete a sí mismo.
¿Será que no le han dicho el ridículo inmenso en que incurre con ese discursito rayado y ya sin creyentes? Porque hay que ser un estúpido o un cínico para calificar a la mayoría de los venezolanos con tales términos. La cúpula pretende aún hacerle creer a sus partidarios -no a la mayoría que lo adversa y no se traga sus mentiras- que quienes conforman las fuerzas democráticas son un grupo pequeño de burgueses, mientras ellos aún constituyen la mayoría.
¿Qué es lo que no aceptan? Que hoy son minoría y que, por tanto, su supuesta victoria -“victoria de mierda”, podríamos repetir, citando a su extinto jefe único cuando calificó así la de la oposición en 2008- no es tal y hoy es desconocida por la mayoría de los venezolanos y mirada con recelo en el ámbito internacional.
No quieren aceptar su derrumbe. Se niegan a aceptar que ya no son la primera fuerza electoral que, por lo general, les acreditó el CNE en casi todas las elecciones desde 1998, con excepción de la ya citada del referendo de 2008 y las parlamentarias de 2010, cuando las fuerzas democráticas los superaron en votos populares.
Y es que “tanto nadar para ahogarse en la orilla”, como dice el refrán popular. Durante 14 años han manejado más recursos que todos los gobiernos anteriores, incluyendo la época colonial, dicho sea sin exagerar. Catorce años con altos precios petroleros, cobrando, además, impuestos como nunca antes, incluyendo el IVA a los sectores más pobres. Toda esa montaña de recursos financieros fueron dilapidados y robados, y hoy los venezolanos son más pobres que antes.
Ya son catorce años con todos los recursos del poder manejados a su antojo, incluyendo las ramas legislativa y judicial, y muy especialmente el CNE, totalmente a su disposición. En paralelo, han destruido la Fuerza Armada Nacional como institución al servicio de la Nación convirtiéndola en una guardia pretoriana, cuya cúpula viola su juramento de no involucrarse en la política partidista.
Por si esto fuera poco, a la usanza de Hitler y Stalin, organizaron fuerzas paramilitares terroristas para perseguir a sus adversarios y montaron el más grande aparato de propaganda de prensa, radio y televisión del Estado, totalmente al servicio de sus intereses políticos y partidistas. También crearon un sistema de dádivas para financiar sus cuadros partidistas con recursos del Estado y aparentar una lucha contra la pobreza que no es tal.
Fieles a sus prácticas fascistas y comunistas, excluyeron a millones de venezolanos y los persiguieron por no compartir su proyecto político (recuérdense las vergonzosas Listas Tascón y Maisanta, los 20.000 despedidos de PDVSA, los miles de exiliados y desterrados, los centenares de presos políticos, los asesinados y heridos por sus fuerzas policiales y paramilitares, etc., etcétera).
En estos nefastos 14 años, utilizaron el Estado venezolano como si fuera de su propiedad, usaron sin vergüenza alguna sus recursos para beneficiarse política y electoralmente, fomentaron la corrupción como nunca antes y crearon una plutocracia financiera y económica a su servicio.
Y, sin embargo, no pudieron doblegar a la mayoría de los venezolanos. Dicen que ganaron las elecciones del 14 de abril, pero la realidad y su propia actitud los desmienten. Hoy el PSUV es la segunda fuerza electoral del país, detrás de la MUD. Y a la pírrica ventaja de un punto porcentual que les otorgó el CNE sobre la votación de Capriles, hay que añadir que se trata de un estrecho margen que se derrite como una panela de hielo bajo el sol: así como se redujo al escrutarse luego los votos del exterior, con toda seguridad se esfumaría si se hiciera la auditoria negada a las fuerzas democráticas. ¡Tal es la razón para no permitirla, lo que delata el fraude cometido contra la voluntad de los venezolanos!
De allí deriva la desesperación inmadura y descabellada que se ha apoderado del régimen. Los discursos vergonzosos del usurpador, la campaña fascista contra Capriles, la persecución y despido de miles de empleados públicos, la conversión de la Asamblea Nacional en un cuartel, la salvaje agresión contra los parlamentarios opositores, son suficientes muestras al respecto. Y mientras tanto, ellos solos se están hundiendo…
No les va a resultar fácil salir del laberinto que crearon. Ya están condenados.

LA PRENSA de Barinas - Martes, 07 de mayo de 2013

domingo, 5 de mayo de 2013


 
BARINAS: PRESENTE Y FUTURO

DISCURSO DEL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ
AL CLAUSURAR LAS PRIMERAS JORNADAS SOBRE PROBLEMAS URBANOS Y GESTIÓN MUNICIPAL, CELEBRADAS EN LA UNELLEZ, BAJO LOS AUSPICIOS DE PROBARINAS, EL COLEGIO DE SOCIÓLOGOS Y EL CENTRO DE INGENIEROS DEL ESTADO BARINAS

(Barinas, 20 de mayo de 1984)

Obligante, a la par que exigente, resulta esta generosa invitación que se me ha formulado para pronunciar las palabras de clausura de las Primeras Jornadas sobre Problemas Urbanos y Gestión Municipal.
Yo agradezco muy especialmente tan alta distinción. La iniciativa, sus promotores y el trabajo que ustedes han adelantado durante estos cuatro días de deliberaciones, así como la profundidad y dedicación conque han sido tratados los tomes discutidos, hacen más comprometedora esta oportunidad de reflexionar en alta voz sobre la que ha constituido el motivo central de tan noble esfuerzo: el presente y futuro de Barinas, nuestra ciudad natal.
Como muy bien lo señalara en sus palabras iniciales el Presidente de PROBARINAS, Ingeniero Luis Rodolfo Mazzei Zúñiga, esta reunión se produce precisamente frente a la coyuntura más crítica de la ciudad de Barinas. Crisis que se opera fundamentalmente por razones de acelerado crecimiento, con todas las secuelas de imprevisión, empirismo y desorganización que han sido las notas comunes de nuestras más importantes ciudades venezolanas. Por esto mismo, la contribución y el aporte que este evento pueda generar, más allá de la teoría y de las buenas intenciones, no será tardío ni inoportuno, a pesar de que desde hace ya algún tiempo los problemas que discutimos han venido condicionando el desarrollo de la urbe presente.
Traducir en los hechos todas estas iniciativas mancomunadamente, ensamblando la urgente tarea del sector oficial con el magnífico concurso de entes privados como los patrocinadores de estas jornadas, debe ser el mejor compromiso que asumamos los barineses con el destino de nuestra ciudad.

***
Montada sobre la planicie que resbala por el piedemonte, Barinas corre libremente sobre la llanura, sin accidentes geográficos o naturales que la detengan. Apenas el río, su obstinado y permanente compañero de viaje, le ha impedido saltar sobre las fértiles tierras de Borburata. Pero la ciudad parece a ratos desbocarse cual caballo indómito que quiere vencer a la llanura.
Así ha venido creciendo en apenas tres décadas. Ya no es el pueblo pequeño y coloquial de nuestra infancia. Barinas crece con propios y extraños, perdiendo mucho de su antigua personalidad de siempre y haciendo concesiones a ese concepto a veces difuso y desconocido que llamamos progreso. Muchas de sus antiguas tradiciones han desaparecido y el desarrollo que presenciamos nos desarraiga de alguna manera de su modo de ser tan nuestro.
Y no se trata de ser nostálgicos, o cosa parecida. De ningún modo. Quienes tenemos apetito de futuro no nos solazamos en lo que se ha ido para no volver. Nos alimenta, sí, la trascendencia de nuestra textura de pueblo transparente y noble, asomado al espíritu venezolano por la ventana de la cordialidad y la amistad auténtica. De lo que se trata entonces -ni más ni menos- es de combinar aquellos valores de siempre con los que se atisban en los tiempos presentes y futuros para moldearlos con la arcilla de lo permanente y de lo que trasciende.
Barinas será así la de siempre, sin que por ello cierre sus puertas a la corriente revolucionaria de la Historia.

***

El signo predominante de la sociedad moderna es el urbanismo. Grandes masas humanas de todo el planeta viven hoy en comunidad, unos con otros, bajo un mismo cielo y sobre un mismo suelo, formando aquello que llamamos ciudad.
Particularmente notable resulta este fenómeno en el caso venezolano. La crisis de valores que ha producido el petróleo, al lado de sus cosas buenas, ha generado -entre otras cuestiones- el abandono del campo y la invasión de las ciudades. Al abandonar a aquél, hemos dejado de lado también la vieja devoción por el trabajo creador y el sacrificio noble que conoció el venezolano hasta principios del presente siglo. Después se apoderó de nosotros -y aún perdura- la tentación del facilismo, el enriquecimiento rápido e inmoral, y todas las demás corruptelas que han venido minando el alma de la Nación.
La ciudad, así, hablando en términos generales, ha pasado a ser una suma de factores y de elementos absolutamente complejos. Su comprensión, por tanto, no puede ser obra de la simple observación o del estudio superficial o casuístico. La ciudad supone un riguroso método científico para su análisis, basado en un conjunto multidisciplinario, diverso y rico. Pudiéramos citar, por ejemplo, la economía, la ecología, la sociología y el urbanismo, sin dejar de lado las muy necesarias de la ingeniería, la arquitectura y el derecho. Frente a todas estas disciplinas, la ciudad insurge como un reto fascinante, coma un desafío a la imaginación.
La ciudad, al menos dentro del subdesarrollo en que vivimos, se ha convertido en un problema qua reclama soluciones drásticas y viables. Son muchísimas sus fallas, multiplicándose en el mismo tiempo a una velocidad asombrosa. La marginalidad, la insuficiencia de sus servicios públicos, la destrucción de su medio ambiente, entre otros, son algunos de los males que aquejan a la urbe moderna
Pero la ciudad, en verdad, es una realidad formidable y como tal perfectible y superable. No podemos dejarnos ganar por el pesimismo o el escepticismo, si realmente creemos en la solución de sus más graves problemas. En todo caso, cualquier proyecto humano que apunte hacia un nuevo orden económico y social pasa indefectiblemente por una auténtica comprensión del fenómeno urbano.

***

Todas estas cosas las he recordado esta tarde a propósito del motivo central de las Primeras Jornadas sobre Problemas Urbanos y Gestión Municipal que ahora clausuramos. Y aunque parezcan generalidades sobre el problema urbano -de hecho lo son, en realidad- no he dejado de sentir que de alguna manera tienen que ver con Barinas, su presente y su futuro.
Nuestra ciudad, ahora más que nunca, también se ha convertido en un desafío para sus hijos y sus amigos. Su porvenir, por tanto, dependerá a la larga del esfuerzo conjunto que hagamos tanto el sector público como el privado, y de que seamos capaces de lograr tal empeño con el entusiasmo y la acción de todos los que aquí vivimos.
Esa ciudad posible es la qua nos congrega hoy aquí. Su porvenir y desarrollo futuro debe modelarse a partir de su realidad actual. Nadie niega que Barinas se ha convertido en un vigoroso polo de atracción en el occidente venezolano. Y la razón de tan acelerada metamorfosis puede analizarse desde varios puntos de vista. En primer lugar, su privilegiada ubicación geográfica, pero también por sus potencialidades crecientes como productor agrícola y pecuario, a tal punto que se debería convertirse en la capital agropecuaria por excelencia y proyectarse también como un importante polo industrial y de servicios a mediano plazo.
Sin embargo, Barinas se nos ha ido de las manos. Su acelerado desarrollo la encuentra hoy convertida en una modesta pero moderna ciudad, con los problemas que acarrea tal circunstancia y sin que estuviéramos preparados para afrontar esa nueva realidad.
La coyuntura actual nos obliga a replantearnos el porvenir de nuestra ciudad. Debemos prever con suficiente antelación la complejidad que encierra su ya evidente crecimiento desordenado. Debemos vencer la improvisación y derrotar esa afición tan venezolana de no resolver los problemas a medida que surgen.
La ciudad requiere un plan realista para su desarrollo urbanístico. Cualquier decisión en esta materia, si no acierta en su proyección, puede limitar enormemente el crecimiento de la ciudad. Un ambicioso Plan de Desarrollo Urbano que contenga las previsiones capaces de ordenar y regular la expansión urbana de la capital, cuando menos hasta los próximos cincuenta años, aparece ante nosotros como una prioridad urgente e impostergable, sobre todo si se lo concibe con criterios futuristas y funcionales. Solo así evitaremos que nuestros hijos hereden una Barinas caótica e invivible.
Pero esa planificación de la urbe del futuro debe anudarse a las exigencias del hombre barinés, y no al revés. Quienes profesamos el ideal cristiano humanista hacemos de la persona el punto convergente de todo el entorno que la rodea. De tal modo que nos negamos a creer en una ciudad que no sea el espacio vital para la realización personal y colectiva de todos y cada uno de sus habitantes. La ciudad, entonces, sólo existe en función de la trascendencia del fenómeno humano y de su progreso y bienestar.
Basta mirar a las ciudades modernas para darnos cuenta hasta qué punto han convertido al hombre en un ser impotente ante la estructura de cabilla y cemento qua lo limita. Afortunadamente, Barinas no es ahora ni por asomo una de esas urbes inhumanas. Aún estamos a tiempo, gracias a Dios, de construirnos la ciudad que queremos para nosotros y para nuestros hijos.
Pero debemos tomar conciencia de la ciudad que tenemos hoy, de sus problemas y sus fallas. La ciudad ha crecido mucho últimamente. Se extiende hacia todas partes, acercándose a Torunos, Quebrada Seca o Los Guasimitos. Tiende su mano poderosa para asir hacia su cuerpo las dispersas poblaciones que antes la rodeaban. Se trata, en cierto modo, de un proceso obligado, ya considerado normal en el desarrollo urbano venezolano.
Sus problemas también comienzan a sentirse con mayor fuerza. Emerge así, en primer término, la marginalidad social. Diaria y sigilosamente, multitudinarios ejércitos de desempleados engrosan su cinturón de miseria, en busca de una mejor vida para sus familias. Levantan rancherías sin importar la ausencia de los servicios básicos e indispensables. ¿Acaso pueden esperar a tenerlos? Rodean la ciudad, ensanchando así su magro esqueleto urbano hacia la extensa llanura circundante. Parejamente, con la ciudad van creciendo igualmente sus numerosos y graves problemas.
El desarrollo ordenado de la ciudad también exige un programa integral de zonificación que incluya racionalmente los sectores residenciales, comerciales e industriales, debidamente demarcados y separados. Su ejecución rigurosa y disciplinada supondría un crecimiento ajustado al deseo colectivo de una ciudad que pueda ser lugar digno y agradable para vivir y trabajar.
Exigencia impostergable y señalada reiteradamente lo es la necesidad de articular cuanto antes una red vial urbana que permita mayor fluidez al tráfico de la ciudad. Se ha dicho, y lo hemos repetido anteriormente, que deben ampliarse algunas de sus arterias centrales, bien la Avenida Medina Jiménez o la Marqués del Pumar. Del mismo modo, y con similar urgencia, debemos acometer la construcción de una arteria de circunvalación de la capital, aprovechando la ya existente Avenida Industrial, como solución adelantada en materia de vialidad rápida para el acceso a Barinas, sin descontar, por supuesto, la tantas veces exigida y prometida vía alterna a la actual Avenida 23 de Enero. De igual manera, hay que construir una gran avenida de entrada a la ciudad por la parte alta, que la comunique con la carretera nacional hacia el eje andino y la ciudad de San Cristóbal.   
Barinas será cada vez más exigente con nosotros mismos. Debemos pensar en soluciones permanentes, tanto por lo que respecta al área de los servicios públicos y médico-asistenciales, como por lo que se refiere a las instalaciones recreativas y deportivas para nuestra niñez y juventud. Debemos luchar también por programas intensivos de equipamiento de barrios y viviendas populares cómodas e higiénicas. El problema del agua, hasta ahora sin solución por distintas e igualmente injustificadas razones, no puede esperar más, como tampoco deban demorar más tiempo las dificultades de energía eléctrica, teléfonos, drenajes y otros aspectos de vital importancia para la ciudad.
La Barinas que queremos no es una simple ilusión, dibujada por quienes como ustedes se angustian ante su presente y su futuro. La ciudad que queremos es un sueño realizable, como todas las grandes ideas. Tarea exigente, desde luego, pero no imposible. Requerirá constancia y esfuerzo saltar los obstáculos presentes en el camino hacia esa meta. Pero debemos superarlos, a pesar de que puedan escasear los recursos o los planes y proyectos parezcan difíciles de ejecutar a mentes apáticas o desinteresadas.
La ciudad que queremos, ese sueño hermoso que nos congrega hoy aquí, surgirá en la medida en que mentes y manos de imaginación y trabajo seamos capaces de bosquejarla y plasmarla más allá de los buenos deseos o de las quiméricas ilusiones.

***

Unas palabras finales sobre el tema de la gestión municipal. Ya es lugar común aseverar que el municipio es la institución más cercana al ciudadano. O como bien lo expresa la Constitución Nacional al definirlo como “la unidad primaria y autónoma dentro de la organización nacional”.
Pero en Venezuela el Municipio no ha pasado de ser una entelequia o cuando menos una ilusión. Sus glorias pasadas, aquellas que signaron nuestro inicio como patria soberana, parecen haber palidecido bajo el influjo de la Historia. Nuestro sistema político enfermizamente centralista, no obstante guarecerse en un marco federalista que no pasa de ser una mentira histórica más, ha sido la causa predominante del languidecimiento de nuestra institución municipal. Además, los regímenes de fuerza qua tuvimos que soportar por largos años, también ayudaron a liquidar la existencia del municipio autónomo y democrático. Por si fuera poco, el proyecto democrático instaurado en l958 sigue en deuda con el compromiso de fortalecer nuestros Concejos Municipales.
Así fue como hubo que esperar 18 años en diseñar una ley orgánica sobre la materia, que desarrollara y ampliara los artículos 25 al 34 de la Carta Fundamental de la República. El nuevo texto legal contiene algunos aspectos positivos y viables para asegurar la participación de los ciudadanos. Podríamos mencionar, muy brevemente, la creación de los Distritos Metropolitanos; las Mancomunidades y algunos mecanismos para la cooperación intermunicipal; la jerarquización de las figuras del Administrador y Contralor Municipal, allí donde corresponda; la instauración de la carrera administrativa municipal; los cabildos abiertos; las Asociaciones de Vecinos, etc.
Sin embargo, la ley vigente no ha logrado superar las expectativas que creó su aprobación. Algunos han llegado a decir, y con razón, que es incompleta e insuficiente. Y el tiempo lo ha demostrado con creces. Por esto mismo, su reforma se ha convertido en un clamor urgente, como una vía -al menos teórica- de fortalecer nuestros Concejos Municipales.
Lo fundamental de esta ansiada reforma lo constituye, a mi juicio, la necesidad de establecer un verdadero sistema de selección democrática de nuestros concejales, permitiendo su elección uninominal, en listas abiertas, que hagan posible una mayor comunicación entre la comunidad que elige y el elegido. Lamentablemente no ha sido posible, durante la presente legislatura nacional, conformar una mayoría capaz de motorizar la verdadera democratización del Municipio.
Por lo demás, son extendidas y variadas las críticas a nuestras instituciones municipales. Ahora, cuando estamos a las puertas de un proceso electoral, aquellas abundan, no siempre signadas por el ánimo constructivo y autocrítico. Pero nadie niega la validez de algunos cuestionamientos. Sin embargo, sería pueril y superficial ubicar la causa de sus fallas solamente en los propios Cabildos. A mi modo de ver, se trata de fallas estructurales. Por vía de ejemplo podemos señalar la insuficiente legislación nacional en materia municipal o la poca o ninguna coordinación en la ejecución de programas y en la prestación de servicios fundamentales con las Gobernaciones de Estado o con el Ejecutivo Nacional.
Salvo notables excepciones, la verdad es que nuestros Concejos Municipales carecen de fuentes de autofinanciamiento. Muchos de ellos, los más pobres y alejados, apenas sustentan su magra burocracia con la figura -a veces oprobiosa y grotesca- del llamado situado constitucional, especie de limosna compasiva que aporta el todopoderoso gobierno central, por lo general insuficiente y tardía. La misma ausencia de conciencia impositiva en las ciudades en crecimiento conspira contra los recursos municipales. Se podrá decir, claro está, qua mientras la prestación de servicios no compense el pago de los impuestos, estos deben mantenerse bajos o sencillamente impagados. Tal argumentación, obviamente, conduce a un círculo vicioso, aunque en el fondo no sea más que una excusa para aquellos a quienes el dios petrolero ha acostumbrado a vivir del maná presupuestario.
Por ello resulta reconfortante comprobar que algunos Concejos Municipales han sido capaces de hacer obras sentidas y valiosas para la comunidad, no obstante lo exiguo de sus recursos.

***

La lucha, pues, por fortalecer el Municipio sigue adelante, ahora más que nunca cuando amplios sectores de las comunidades se incorporan para asegurar una participación más plena y efectiva, sobre todo cuando próximamente vamos a celebrar la elección de los concejales. Estoy seguro de que iniciativas como estas ayudarán a lograr la auténtica  democratización del Municipio.
Al clausurar estas Jornadas tan alentadoras y promisoras, sólo me resta hacer un llamado a todos lo que aquí convivimos y trabajamos: Barinas nos convoca, sin excepciones posibles, para luchar por su desarrollo y bienestar. Dejemos de lado las banderías políticas, los sectarismos de grupo, las mezquindades pequeñas, y pongámonos todos, absolutamente todos, a trabajar siguiendo el hermoso ejemplo que PROBARINAS, el Colegio de Sociólogos y el Centro de Ingenieros del Estado Barinas nos han dado al organizar estas jornadas que son un soplo de brisa fresca -como diría Andrés Eloy- “sobre los horizontes de la esperanza, por los caminos de la voluntad”.
Muchas gracias (Aplausos).



















martes, 30 de abril de 2013

ILEGITIMIDAD, VIOLENCIA Y REPRESIÓN
Gehard Cartay Ramírez
El régimen desnuda su propia ilegitimidad acentuando la represión y la violencia, luego de las elecciones del pasado 14 de abril.
Por esa razón, tal vez no deberíamos detenernos en mayores explicaciones. Tan clara es esta situación, que el usurpador se encuentra hoy en un verdadero laberinto, producto del fraude y el desconocimiento del régimen a la voluntad popular.
Como lo señalamos en anterior artículo, la burda respuesta del régimen y de su Asamblea Nacional, CNE, TSJ, Fiscalía, Defensoría y demás incondicionales negando el recuento de votos planteado por Capriles, es la mejor evidencia de que no obtuvieron la victoria en las pasadas elecciones presidenciales.
Porque resulta de una lógica indiscutible que si hubieran ganado sin problemas, ellos serían entonces los más interesados en la auditoría planteada por las fuerzas democráticas. Sería una respuesta contundente al reclamo de recontar los votos y reafirmaría entonces su victoria, si efectivamente se hubiera producido.
Pero han hecho todo lo contrario. Y lo han hecho bajo sospecha de todo el país. Porque todos aquí sabemos que el ilegítimo aceptó la misma noche de las elecciones que se abrieran las cajas y se recontaran los votos. Al día siguiente, luego de que la inefable presidenta del CNE negara el conteo planteado por Capriles y proclamara ipso facto a Maduro como “Presidente Electo” con una velocidad nunca antes vista en estos casos, el ilegítimo le hizo coro. Anunció entonces que no aceptaba el reconteo.
Lógico es suponer también, entonces, que alguien le dijo que las cifras del CNE no cuadrarían a su favor si se hacía un nuevo conteo voto a voto, con cuadernos de votación y actas incluidas. Sin embargo, para aparentar frente a la comunidad internacional y engañar a los demás gobiernos -de cara a la “investidura” del ilegítimo-, el CNE abrió la rendija de una supuesta auditoría. Pasada la ceremonia en cuestión, inmediatamente, las rectoras dijeron que los resultados eran irreversibles por lo que nadie debía hacerse ilusiones con la fulana auditoría. La respuesta de Capriles y las fuerzas democráticas no podía ser otra que rechazar esta farsa.
Como se sabe, desde el mismo lunes 15 de abril, vino una contundente respuesta popular. La reacción del régimen fue una brutal violencia y represión contra manifestantes que ejercían su derecho frente a lo que consideraban un descomunal fraude electoral. A tales efectos, guardias nacionales y policías enfrentaron, armados -lo que está prohibido por la Constitución Nacional-, a manifestantes pacíficos y desarmados en las calles de todo el país. La respuesta bestial del régimen se tradujo en varios muertos y centenares de heridos y detenidos, algunos de ellos torturados, desconociendo así el derecho a manifestar que consagra la Carta Magna y creando una suerte de terrorismo de Estado para someter a la disidencia activa.
Y es que, ante la evidencia del fraude, el régimen ha puesto en marcha de nuevo la criminalización de la protesta. Esta práctica autoritaria y totalitaria, propia del fascismo y del comunismo -sistemas que son “hermanos mellizos”, como los describió en su momento Hannah Arendt-, parte de la falsa premisa según la cual todos somos terroristas, por lo que los derechos de manifestación y protesta son conculcados automáticamente.
Por eso hicieron aprobar la llamada Ley Antiterrorismo, un instrumento inspirado en las leyes nazis de Hitler. Se trata de un mecanismo muy discrecional que, en manos de fiscales y jueces inescrupulosos, convierte la protesta -consagrada constitucionalmente como un derecho humano- en un delito, castigado con cárcel e incautación de bienes. Hasta una acción tan inofensiva como la de cacerolear pretende ser castigada a tales efectos. Accesoriamente, puede aplicarse para despojar a cualquiera de sus legítimos derechos constitucionales a manifestar y protestar pacíficamente.
Un hecho gravísimo, denunciado por la organización defensora de derechos humanos Provea -a la que intentan desprestigiar sicarios del régimen-, es que, ahora mismo, tribunales militares están enjuiciando civiles, lo que viola el principio general según el cual nadie puede ser juzgado sino por sus jueces naturales. Tal aberración la pretenden sostener en la Ley de Seguridad de la Nación, que manejada discrecionalmente facilitaría abusos y violaciones de todo tipo contra los derechos humanos.
La conclusión es obvia: el régimen está cerrando espacios para la protesta pacífica y criminalizando a quienes lo adversan. Esto sólo conduce al totalitarismo, donde no se permite a nadie disentir. Si toman ese camino se profundizaría lo que ya muchos catalogan como una dictadura, disfrazada de democracia por unas elecciones cada vez más desprestigiadas.
No es fácil lo que viene. El panorama económico y social va a agravarse, luego de 14 años de incapacidad, corrupción e improvisación. No le conviene al régimen apelar a la violencia y la represión contra la mayoría de los venezolanos. Está demostrado históricamente que en estos casos tal absurdo se revierte contra sus autores.  

(LA PRENSA de Barinas - Martes, 30 de abril de 2013) 

viernes, 26 de abril de 2013

PRESENTACIÓN DEL LIBRO
 “POLITICA Y PARTIDOS MODERNOS EN VENEZUELA”,
DEL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ

DISCURSO DEL DOCTOR
 RAFAEL ISIDRO QUEVEDO C.,
 RECTOR DE LA UNELLEZ, AL PRESENTAR EL LIBRO “POLITICA Y PARTIDOS MODERNOS EN VENEZUELA”, DEL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMÍREZ

(Barinas, 08 de septiembre de 1983)

Apreciados amigos:
Esta noche, nos reunimos aquí, en el Hotel Bristol, un grupo de amigos, en un acto sencillo, lleno de frescura y de amistad, haciendo un alto en el camino de esta encrespada campaña electoral, para tributar un voto de reconocimiento a quien es capaz; en medio de la lucha y la diatriba, de tener el tiempo necesario para reflexionar e investigar, analizando la historia reciente de Venezuela, en un esfuerzo de pedagogía política muy útil para todos, y muy especialmente, para los jóvenes que inician su vida cívica en la Venezuela contemporánea.
Aquí, en esta reunión se han dado cita políticos activos de las más diversas toldas y algunos que, como quien habla, ha dejado la arena de la lucha callejera por el Claustro Universitario y la Academia, para colocar su esfuerzo universitario en la solidaridad de todos los barineses. Compañeros y adversarios partidistas juntos, en un acto como este, ofrecen una imagen de la madurez que ha venido alcanzando la Venezuela de hoy y reflejan la grandeza de espíritu y la amplitud de miras de todos aquellos que han tenido el valor de vencer el sectarismo y la animadversión para concurrir a este encuentro con la inteligencia y con la razón, al asistir a la presentación del libro Política y partidos modernos en Venezuela, (Guía para memoria de estudiantes, con especial referencia al Socialismo Marxista, la Social Democracia y la Democracia Cristiana), del joven político, ideólogo y escritor, Gehard Cartay Ramírez, a quien más allá de la amistad y el afecto que nos identifica en un compromiso común, debemos reconocer su brillantez de pensamiento, su esmero para el estudio de las ideas políticas y sociales, su preocupación constante por elevar la calidad del combate político y su permanente preocupación por darle al quehacer social un contenido ético y un mensaje ideológico, tan necesario en estas horas de tanto pragmatismo e interés material.
Su libro, escrito en un lenguaje claro, de redacción sintética, como una narrativa de la historia política del presente siglo, dentro del cual podemos ubicar en estilizadas pinceladas, la presencia de los hombres que han llenado con su polémico quehacer la vida nacional, muchos de ellos vivos y activos hoy por hoy; permitirán al joven lector que abra sus páginas, encontrar las raíces más cercanas de la Venezuela en que vive y comprender mejor, a la luz de los hechos allí citados, las coordenadas de ubicación de los hombres y de los partidos en la política de nuestros días.
Es muy placentero y estimulante asistir al nacimiento de un nuevo libro. Cualquiera que sea su contenido, es una expresión elevada de la civilización. A través de la historia ha sido la forma clásica de manifestar, no solo para el entorno cultural e histórico que vive el autor, sino también para el futuro, la expresión del pensamiento, la elaboración de las ideas, la contribución al acervo del conocimiento que la humanidad ha venido acumulando, como el mejor tesoro de su largo peregrinar por los tiempos, para justificar en su trascendencia espiritual e intelectual su condición de ser superior en el cultivo de grandes valores que han dado su configuración de género humano.
No cabe duda, a estas alturas, que una de ellas, es esa condición intrínsecamente social de la persona humana. El hombre como ser, nace inerme y débil. Cualquier otro animal adquiere una capacidad propia para sobrevivir casi al nacer. El hombre no. Necesita de la protección de los demás por muchos años y continúa requiriendo del concurso ajeno para satisfacer sus necesidades fundamentales, por el resto de su vida. No es un ser autosuficiente, necesita del concurso de los demás; pero también es sobreabundante, es decir tiene capacidades para producir más allá de lo que puede necesitar para sí mismo en un campo determinado. Un agricultor alimenta a muchos otros artesanos, comerciantes, pintores, escritores, artistas y políticos; pero se beneficia, se alegra y se satisface con la producción y los servicios de aquellos. De allí que el hombre, a diferencia de otros animales, haya tenido que organizarse en la Sociedad Civil; para realizarse, para protegerse, para satisfacer sus necesidades no sólo materiales sino también espirituales, para ser más, para valer más. De allí que el hombre en sociedad, haya superado progresivamente la anarquía, el desorden y el caos; estableciendo las reglas del juego para poder sobrevivir, definiendo normas de obligatorio cumplimiento y disponiendo un compromiso armónico entre la liberta individual y los derechos del hombre y la necesidad de una sociedad organizada y de una autoridad que sea garantía de esos derechos de la persona y de esas normas o leyes que se ha impuesto, para limitar la libertad de acción de cada uno hasta donde empieza la libertad del otro.
En ese esfuerzo común por convivir en sociedad nació la actividad política, primero como un arte, como un don, como una habilidad para comprender el fenómeno humano, para manejar las relaciones humanas, para interpretar las aspiraciones colectivas y para liderizar a las comunidades logrando con ello la delegación de autoridad y el ejercicio del poder. Con el tiempo se han ido estableciendo leyes, se han ido encontrando principios generales que explican la conducta humana y que permiten comprender con mayor claridad las relaciones entre los hombres. Poco a poco, la política ha ido matizando el arte y la habilidad personal con el conocimiento y con la ciencia; pero siempre ha requerido de dotes personales de cierta excepcionalidad, brillantez intelectual, elocuencia, fortaleza de espíritu y de cuerpo, arrojo, audacia, valor a veces cercano a la temeridad, simpatía, resistencia, tenacidad y por encima de todo, consistencia ideológica, seguridad para conducir y liderizar a las masas, sentido de la historia, concepto de globalidad en la estrategia. Es decir, un carisma que inspire en el pueblo, fe y esperanza en su conducción. Por todo ello, la política se convierte en una vocación especial, en una carrera de servicio colectivo, en una entrega sacrificada al trabajo social. El político auténtico no tiene horario, ni tregua ni descanso; carece de fortuna personal, pues su interés no está en el dinero ni en los bienes materiales; debe ser un hombre honesto, sincero y transparente, pues de ello dependerá la credibilidad que el pueblo ponga en él y no podrá desmayar un sólo instante, su presencia es símbolo de acción, de disciplina, de trabajo y diligencia. Como la sociedad debe seguir su marcha por el camino de la historia, cada vez con más y mayores exigencias; el político da por cumplido su papel para dar paso a otro, siempre con mayores exigencias, ya que la sociedad se hace cada vez más compleja. De allí que el ejercicio auténtico de la política, al decir del Papa, sea, después de la religión, la más alta expresión de la caridad, es decir del amor y de la entrega al servicio del prójimo. Quienes no actúan así no son políticos y como aventureros y farsantes sólo sirven para desacreditar frente al pueblo, la imagen legítima de una actividad trascendente. Ninguna Sociedad estable puede existir sin la política y sin los políticos. Quien quiera sustituirlos, entra inmediatamente en su esfera de acción y se convierte en tal. Lo importante entonces, es darle a la política como actividad esencial del hombre el contenido científico, filosófico e ideológico; artístico, ético y moral; social y humano que requiere para que la sociedad se fortalezca y progrese haciendo florecer la civilización en todo su esplendor. Cuando ella fracasa se presenta la hora de la decadencia y al ocurrir tal desgracia, las sociedades se deterioran y colapsan; el vicio, la guerra y la anarquía devoran el esfuerzo que muchas veces ha costado siglos de trabajo y de constancia.
Es por ello, creo yo, que es necesario fortalecer y reivindicar el sentido existencial y espiritual de la política; devolviéndole todos sus atributos, comprendiendo sus múltiples exigencias y depurando a sus actores de falsos, de farsantes y oportunistas.
Es propicia esta ocasión para señalar la necesidad perentoria de enseñar a los jóvenes la naturaleza y la práctica de tan distinguida exigente actividad. La educación política es difícil, porque requiere no solo de una teoría, de un ideal de un proyecto histórico, sino también de un testimonio existencial que no acepta dobleces. Hay que acometer este esfuerzo como uno de los objetivos esenciales de nuestra sociedad actual. Hemos conquistado, a base de luchas políticas, una sociedad democrática que con todos los defectos que pueda tener, nos garantiza la libertad, la afirmación de los derechos fundamentales de la persona, la paz y el bienestar general, permitiendo caminos para hacer perfectible la Sociedad Civil.
Esa Sociedad Democrática, con sus instituciones fundamentales debemos protegerla y mejorarla. La existencia de los tres poderes independientes y autónomos entre sí: el ejecutivo, el legislativo y el judicial; la elección popular directa y secreta de los gobernantes; la libertad de expresión del pensamiento sin otras restricciones que el respeto a la dignidad y el honor de las personas; la garantía de la vida, de la seguridad personal y de la paz social; la posibilidad de participar en las organizaciones básicas, intermedias y superiores de la Sociedad Civil; la existencia de los partidos políticos con sus plataformas ideológicas y sus programas de gobierno, las prioridades de bienestar social en alimentación, en educación y salud para la población; y muchas otras connotaciones más, hacen de la democracia como régimen político “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” un bien inestimable y un sistema de vida que vale la pena defender.
Tiene defectos, que debemos superar, puesto que aún queda el rescoldo de viejas experiencias caudillescas, de roscas interesadas en mantener el control de la participación ciudadana y de intereses equívocos que a veces pretenden colocar los fines prioritarios del bien común al servicio de sus propios y particulares intereses. Todo ello tendrá que irse superando. Cada día debemos acercarnos a formas más amplias y directas de participación y al logro de un mayor compromiso de todos los ciudadanos en la gestión de su propio destino. La elección unipersonal de los parlamentarios y de los Concejales debe ser una meta a alcanzar; la alternabilidad en el liderazgo dentro de los partidos y la frecuente renovación de sus cuadros directivos constituye una necesidad de la política venezolana; la formación ideológica y la incorporación de la ciencia y de la técnica en el funcionamiento de las organizaciones políticas constituye una exigencia de estos tiempos, porque la práctica política tiene también que adaptarse al desarrollo que los pueblos van alcanzando. Es necesario reivindicar la credibilidad del ciudadano en los compromisos electorales y lograr la comprensión y la convicción en el elector, de que no se trata de escoger al que más ofrece, o al que más critica, sino al que en base a su capacidad y experiencia garantiza el cumplimiento de su promesa, muchas veces a costa de sacrificios y de más trabajo para todos. Es importante avanzar en la perfectibilidad de la Democracia, para sacar provecho a estos 25 años de su ejercicio corrigiendo sus fallas y fortaleciendo sus logros.
Ese esfuerzo educativo lo invoco esta noche, porque se hace necesario el rescate de la juventud, que ejercerá el liderazgo próximo. La preocupación y el interés por la política, en su legítimo sentido, es una alternativa formativa para hacer un ciudadano integral, que si bien, no tenga porque llegar a ser un líder, si pueda constituirse en ciudadano crítico, en elector consciente, en persona exigente de sus propios dirigentes. Esa alternativa, venida a menos, vista con desprecio por algunos y calificada como deleznable por quienes se aprovechan de la falta de formación cívica y política del pueblo, tiene que ser reivindicada. La política, como el deporte o como las artes, constituye para el joven una fortaleza frente al vicio, la droga, la alienación cultural y la confusión que suele invadir y desesperar a muchos jóvenes. No olvidemos ahora, que ha sido la juventud políticamente formada, la generación conductora de las grandes horas de nuestra historia.
De allí que, debamos estimular en la juventud de hoy, la lectura de libros, revistas y periódicos. Vivimos en una época en la cual los medios radioeléctricos han invadido la esfera de atención del ser humano. Ellos penetran en nuestras propias casas a cualquier hora. Lo que ocurre en cualquier lugar de nuestra tierra lo sabemos casi de inmediato a través de la radio o de la televisión, oyendo y viendo la realización de los hechos, casi como si fuéramos espectadores invisibles de un escenario universal. Del mismo modo, el espectáculo recreativo que se ofrece a través de la magia de la video-cinta y del televisor, han transformado la intimidad de la vida familiar en un pequeño teatro cuya programación es permanente e inagotable. Todo ello ha traído progreso, ha acercado a los hombres y a las naciones, y ha llevado educación, recreación y alegría a muchos hogares; pero también ha provocado un abandono casi obligado de la lectura, cuyo papel en la formación personal es necesario reivindicar. Debemos hacer un especial esfuerzo por destinar algún rincón apropiado de nuestras casas para ubicar los libros, para establecer una biblioteca que aunque modesta, nos permita ese recogimiento silencioso y meditativo de la lectura que tanta falta nos hace en esta hora, para devolver al espíritu el sosiego y la paz, que el estudio, la reflexión y la contemplación devuelven al ser angustiado de nuestro tiempo. Debemos comprometernos a promover el libro y a estimular su diaria lectura no solo como una fuente indispensable de ilustración sino también como el mejor amigo para encontrar el camino de la tranquilidad espiritual y de la sabiduría.
Recordemos, pues, con este nuevo libro, ameno, sencillo y breve, que nos regala el Diputado Gehard Cartay Ramírez, cuál es el escenario político de nuestra Venezuela, cuáles sus mensajes, sus hombres y sus partidos y hagamos votos porque nuestro amigo, reciba en el lector interesado, el estímulo necesario para que continúe escribiendo, no solo en las páginas de nuevos libros, su pensamiento, sino también en el testimonio personal de una vida generosa y abnegada como líder político al servicio de su pueblo.
Muchas gracias.



  

PALABRAS DEL DIPUTADO
GEHARD CARTAY RAMIREZ
AL PRESENTAR SU LIBRO
 “POLÍTICA Y PARTIDOS MODERNOS EN VENEZUELA”

(Barinas, 8 de septiembre de 1983)

Comienzo por agradecer las generosas y sabias palabras de presentación que acaba de pronunciar el señor rector de la Universidad Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora”, mi distinguido amigo y paisano, doctor Rafael Isidro Quevedo. Él ha logrado no solamente captar lo que constituye la parte medular de este librito que presentamos hoy, sino, además, recoger -a grandes trazos- la inquietud que se vive frente a la política y sus partidos y, en general, frente al sistema democrático.
Esta noche estamos presentando ante la opinión pública regional el resultado del esfuerzo de algunos meses de trabajo y de investigación. Un esfuerzo que nació por la angustia que nos provocó la presencia numerosa, diaria y permanente de jóvenes de distintos centros de educación media y universitaria que acuden a los partidos políticos para recoger información sobre la fundación y evolución de nuestras instituciones partidistas, así como sobre sus proyectos políticos e ideológicos. También solicitan una interpretación cabal del proceso de vida democrática e institucional del país, fundamentalmente a partir de la muerte del general Juan Vicente Gómez.
Por lo general, esos jóvenes acuden a nuestros líderes políticos y no encuentran satisfecha su inquietud, su angustia, su interrogante. Y muchas veces, dado el fenómeno del pragmatismo galopante que pareciera copar a la mayoría de los partidos políticos, esos jóvenes no obtienen la respuesta a sus planteamientos.
Viendo esos muchachos, escuchándolos, pensé que tal vez un esfuerzo de sistematización sencillo y modesto podría ayudarlos a comprender algunos datos fundamentales del proceso de formación de nuestros partidos políticos. Y acometí la tarea sin ningún tipo de pretensiones, sabiendo que no iba realizar un trabajo de investigación ni de virtudes académicas, sino fundamentalmente con el propósito de servir de guía a nuestros estudiantes, a nuestros jóvenes y a quienes tengan inquietud por conocer el tema que desarrollarnos en esta muy sencilla obra (Aplausos).
Decimos en el prólogo que “para esos jóvenes, fundamentalmente, fue escrito este libro. Nos conformarnos, pues, conque la obra sea una guía útil para quienes se inician en el conocimiento y estudio de los partidos políticos venezolanos. Por eso hemos afirmado al inicio de estas páginas que no abrigamos ninguna pretensión, como no sea la de prestar un modesto servicio a los jóvenes estudiantes del país y a quienes requieran información directa y concisa sobre al particular”.
La estructura del libro está concebida con un criterio didáctico. Abordamos en tres partes algunos temas que ayudan a comprender este proceso evolutivo. La primera se refiere a la génesis de los partidos políticos contemporáneos. Se abordan en tres capítulos la dictadura hegemónica del general Gómez; la actividad política contra su régimen, así como los partidos formados por sus opositores fuera del país y, finalmente, la transición operada bajo el gobierno de Eleazar López Contreras. Una segunda parte se destina al tratamiento de lo que consideramos son los cuatro partidos políticos modernos de la Venezuela de hoy. Cronológicamente se asume el análisis del Partido Comunista de Venezuela, del partido Acción Democrática, del Partido Social Cristiano Copei y del Movimiento Al Socialismo. Y la tercera parte, recoge un conjunto de inquietudes en relación a lo que han sido nuestros partidos políticos y nuestro proceso democrático.
Yo deseo esta noche agradecer la motivación y la colaboración que recibí de esos jóvenes, que me llevaron indirectamente a asumir esta tarea. Deseo, desde luego, agradecer al editor José Agustín Catalá -cuya presencia nos honra esta noche- su particular interés en los temas y reflexiones vertidas en este libro. Su estimulo y colaboración han sido fundamentales para que el mismo pueda llegar a las manos del público lector.
Sentimos que en esta hora que vivimos los venezolanos hay necesidad de hacer un alto en el camino para evaluar lo que ha sido hasta ahora nuestro proyecto político institucional. Quien ha escrito este libro es un joven dirigente político desde la temprana edad de los trece años. Ha asumido su papel con pasión venezolana y en sus reflexiones recoge inquietudes que en la discusión y en el diálogo ha escuchado y planteado a otros dirigentes políticos jóvenes pertenecientes a partidos distintos al suyo. Por eso piensa que muchas de esos planteamientos son compartidos por miembros de su generación, indistintamente de su posición política ideológica.
Y hemos tratado el tema de la democracia y de los partidos, sin dejarnos vencer por posiciones extremas o radicales. No hemos sido tentados por quienes piensan que la democracia ha fracasado en el país. Pero tampoco participamos de la idea de aquellos que creen que la democracia lo ha logrado todo y que, en consecuencia, no merece ninguna transformación auténtica y revolucionaria.
Pensamos que lo mismo sucede con nuestros partidos políticos. Nos negamos a creer que la democracia sea un simple régimen de partidos. Pensamos que el proceso democrático implica la existencia de un conjunto de sociedades intermedias entre el ciudadano y el Estado y que, por tanto, los partidos políticos son una de esas instituciones primordiales. Pero al lado de ellos, y muchas veces a pesar de ellos, han venido organizándose sociedades intermedias, como las asociaciones de vecinos o los grupos ecológicos y culturales, que aspiran a satisfacer necesidades y demandas que muchas veces no han podido resolver las propias instituciones partidistas.
Estamos ante una coyuntura histórica para nuestro país. Como se ha dicho muchas veces, la época de las vacas gordas parece declinar, al menos por ahora. Los venezolanos deberíamos entonces reencontrarnos con nuestra vocación de pueblo trabajador y austero que, a costa de sacrificios, pueda obtener los grandes objetivos de nuestro destino nacional. Sentimos que este país de hoy ha cambiado su entorno notablemente. No es el país dormido que despierta a la muerte del general Juan Vicente Gómez. No es tampoco el país que encontró la Revolución de Octubre de 1945. Y ha dejado muy atrás, inclusive, los objetivos planteados por la implantación de la democracia el 23 de enero de 1958.
Estamos avanzando hacia una nueva etapa histórica del país. Las propias circunstancias políticas y económicas que vivimos en estos días son un claro indicio de que hay que adaptarse a modelos de conducción y de liderazgos robustos, honestos y austeros. La Venezuela post petrolera parece comenzar a surgir ante nosotros como una evidencia de lo que siempre temimos y frente a lo cual no hemos sido capaces de prepararnos.
A la generación del presente y a las del futuro nos corresponde una tarea fundamental en esta hora. Justamente en este año de 1983 celebramos los primeros 25 años de la implantación de nuestra joven democracia. Algunas voces autorizadas han dicho en estos días que hay necesidad de relanzar la democracia, dándole un énfasis muy especial a sus aspectos sociales y económicos. Creemos que allí está, realmente, la tarea que puede servir de convergencia a los distintos sectores de nuestra vida nacional.
Los años futuros serán para todos nosotros años de desafíos. Años en los cuales será posible probar nuestra propia estirpe de pueblo que siempre superó las dificultades, por complejas que ellas fueran. En este momento en que nos encontramos ante una nueva hora y un nuevo desafío, el reto de transformar nuestra democracia y nuestros partidos políticos se convierte -ahora más que nunca- en una tarea urgente que no puede, en ningún caso, tardar más, ni sufrir un nuevo aplazamiento.
Al hacer estas reflexiones, con ocasión de la presentación de esta modesta obra, deseo recoger una palabras que en la tarde de hoy nos dijera nuestro querido amigo y paisano barinés, el escritor José León Tapia, cuya presencia en este acto nos honra igualmente. Nos decía que cuando se presenta un libro se tiene la sensación de que nos ha nacido un hijo. Yo creo que ese sentimiento es justamente el que puede interpretar la emoción y la satisfacción que experimento esta noche al presentar a los barineses esta obra, modesta y sencilla, sin pretensiones de ninguna clase -insisto-, y que sólo se verá compensada en su esfuerzo en la medida en que sintamos que será de utilidad para los jóvenes y fundamentalmente para los estudiantes.
Muchísimas gracias (Aplausos).